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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 80

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  4. Capítulo 80 - 80 Capítulo 80 La invitación de la niebla
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80: Capítulo 80: La invitación de la niebla 80: Capítulo 80: La invitación de la niebla 3 meses antes del regreso a Konoha.

Ubicación: Fronteras del País del Agua.

Naruto Uzumaki estaba sentado sobre una roca negra en una costa olvidada.

El mar rugía frente a él, pero sus ojos estaban fijos en su mano izquierda.

Desde que su wakizashi gris se rompió en la pelea contra Pain, Naruto se sentía extrañamente inquieto.

Había dominado el vacío, sí; había sometido al Rinnegan, también.

Pero el aburrimiento empezaba a ser un enemigo más insidioso que el rayo.

—¿Estás aburrido, mocoso?

—la voz de Kurama resonó en su mente—.

Es lo que sucede cuando te conviertes en una constante.

El mundo deja de ser un reto.

—No es eso —murmuró Naruto—.

Es que siento que el silencio se está volviendo demasiado pesado.

Antes de que pudiera profundizar en su propia melancolía, una presencia apareció en su rango sensorial.

No era un asesino; su frecuencia era cálida, húmeda y cargada de una intención seductora.

De la niebla emergió una mujer de cabello cobrizo y una mirada que prometía tanto fuego como lava: Mei Terumī.

Mei se acercó con un contoneo elegante, sus ojos verdes analizando al “Fantasma Gris” con una curiosidad carnal.

Había enviado una invitación formal para que Naruto ayudara a la resistencia de la Niebla a derrocar al cuarto Mizukage, Yagura.

—Así que tú eres el joven que hizo temblar al portador del Rinnegan —dijo Mei, deteniéndose a solo centímetros de él.

El vapor de su aliento rozó el cuello de Naruto—.

Eres mucho más…

frío de lo que decían los informes.

Me pregunto si bajo ese hielo hay algo que valga la pena quemar.

Naruto no se movió.

No hubo sonrojo, ni tartamudeo.

Sus ojos azules, gélidos y nítidos, se clavaron en los de ella.

—Mei Terumī.

Has pedido mi ayuda para terminar con una guerra civil.

No he venido aquí para juegos de palabras.

Mei rió, una nota baja y vibrante.

Durante las semanas siguientes, mientras planeaban el asalto a la capital de la Niebla, ella no perdió oportunidad.

Lo provocaba en las reuniones tácticas, rozaba su hombro “accidentalmente” y, antes del ataque final, Mei citó a Naruto en sus aposentos privados bajo la excusa de “revisar los mapas de las corrientes marinas”.

El ambiente en el despacho privado de Mei Terumī era sofocante.

No era solo por el vapor que emanaba de las tuberías de la aldea, sino por la carga eléctrica que Naruto Uzumaki traía consigo.

Naruto estaba de pie frente a un mapa, analizando las rutas de suministro del Mizukage Yagura con una frialdad clínica.

Mei, vestida con su túnica azul de seda que apenas contenía la fuerza de su cuerpo, lo observaba desde las sombras.

Durante semanas, sus insinuaciones habían rebotado contra Naruto como si él fuera un muro de granito.

Decidió que, si el “Fantasma Gris” no reaccionaba a las palabras, lo haría a la carne.

Mei se acercó por detrás, sus pasos amortiguados por la alfombra.

Sin previo aviso, rodeó a Naruto y lo empujó suavemente contra la mesa de mapas.

Naruto no activó su defensa; su Byakugan pasivo le decía que no había un arma oculta, solo una intención depredadora.

—Naruto-kun…

eres tan eficiente que resulta insultante —susurró Mei, su voz cargada de una humedad seductora—.

Dicen que el vacío es tu poder, pero yo solo veo a un hombre que ha olvidado cómo arder.

Antes de que Naruto pudiera responder, Mei tomó las manos del joven con una fuerza decidida.

Fue un movimiento rápido y agresivo.

Guió la mano derecha de Naruto hacia arriba, abriendo sus dedos y presionando su palma directamente sobre su seno izquierdo, obligándolo a sentir la firmeza y el calor de su anatomía bajo la fina seda.

Al mismo tiempo, deslizó la mano izquierda de él hacia atrás, bajándola hasta apretarla con fuerza contra la curva de su nalga desnuda bajo el talle del vestido.

—Tócame de verdad —dijo ella, acercando sus labios a los de él hasta que sus alientos se mezclaron—.

Siente este calor.

No hay nada en Konoha, ninguna niña o academia, que pueda ofrecerte el fuego de una mujer que gobierna la niebla.

Quédate aquí.

Sé mi arma, mi amante…

mi Mizukage.

Naruto permaneció inmóvil.

Sus dedos se hundieron ligeramente en la suavidad de la piel de Mei, pero su pulso no se alteró ni un solo latido.

Sus ojos azules, nítidos y plateados en los bordes por el Tenseigan pasivo, se clavaron en los verdes de ella con una intensidad que hizo que Mei se estremeciera, pero no de placer, sino de duda.

Tras unos segundos que parecieron eternos, Naruto retiró sus manos con una calma absoluta, deshaciendo el contacto como quien se quita un guante.

—Tienes un fuego envidiable, Mei —dijo Naruto, y su voz fue como el choque de dos témpanos de hielo—.

Pero mi ancla ya tiene nombre.

Hay una mujer en Konoha llamada Ino Yamanaka.

Ella es la que aprendió a estabilizar mi mente cuando yo no era más que un despojo.

Mi corazón no es una frecuencia que puedas sintonizar con provocaciones.

Tu cuerpo es hermoso, pero mi lealtad es absoluta.

Mei retrocedió, jadeando levemente, sintiendo el frío residual donde las manos de él habían estado.

Estaba humillada, pero la lealtad casi inhumana de Naruto la dejó sin aliento.

Semanas después, la seducción quedó atrás.

El asalto final a Kirigakure fue una carnicería técnica.

Naruto cruzó la plaza principal de la aldea como un relámpago de plasma frío, dejando tras de sí una estela de enemigos con los nervios fritos y el chakra congelado.

Frente a la Torre del Mizukage, Yagura Karatachi lo esperaba.

El pequeño Jinchūriki, bajo el control de las sombras, levantó su vara.

—Has venido a morir en el mar, intruso.

Naruto no perdió el tiempo.

Invocó su espada de hielo molecular y activó el Tenseigan.

La pelea fue una danza de alta velocidad.

Yagura usó el Suiton: Espejo de Agua para crear un duplicado de Naruto, pero el original usó la repulsión gravitatoria del Tenseigan para hacer estallar el espejo antes de que el clon pudiera siquiera moverse.

Apareció detrás de Yagura en un destello de Hiraishin, cortando el aire con su tajo de frecuencia.

Yagura, viéndose superado, rugió.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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