What If, Naruto con byakugan - Capítulo 81
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- Capítulo 81 - 81 Capítulo 81 El rugido del mar
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81: Capítulo 81: El rugido del mar 81: Capítulo 81: El rugido del mar La plaza de Kirigakure se había convertido en un escenario de pesadilla.
La presión del chakra era tan densa que el oxígeno parecía haber sido reemplazado por plomo líquido.
Yagura Karatachi, el Cuarto Mizukage, se encorvó mientras su cuerpo emitía un sonido de desgarro biológico.
No era una transformación controlada; era una expulsión.
Las colas de Isobu brotaron de su espalda como raíces de sangre, destrozando su columna y su red de chakra.
Con un rugido que sacudió los cimientos de la isla, el Sanbi emergió por completo, materializándose en una colosal tortuga acorazada de tres colas, dejando el cuerpo diminuto y destrozado de Yagura cayendo como una muñeca rota sobre los escombros.
A unos metros, un grupo de ninjas de la resistencia, liderados por Ao, se abalanzaron sobre el cuerpo del Mizukage.
Ao activó su Byakugan, esperando ver la firma de chakra del dictador, pero se detuvo en seco.
—El flujo…
ha cambiado —susurró Ao, con horror—.
El genjutsu…
se ha roto.
Yagura abrió los ojos.
Ya no eran pupilas vacías y purpúreas; eran los ojos de un hombre que acababa de despertar de un sueño de años.
Tosió sangre, su pecho colapsando por la falta del Bijuu.
—Fue…
una sombra —balbuceó Yagura, mientras los médicos de la resistencia intentaban sellar sus heridas abiertas—.
Alguien con…
un ojo rojo…
me controlaba desde la oscuridad.
Yo no…
yo no quería la Niebla Sangrienta…
—¡Cállate y ahorra fuerzas!
—gritó un ninja, aplicando ninjutsu médico de emergencia—.
No morirás ahora.
Tienes que responder ante la historia.
Yagura intentó decir algo más sobre el hombre de la máscara, pero el dolor fue demasiado y cayó inconsciente.
Lo encadenaron con sellos de supresión incluso en su estado agónico; la justicia de Kiri sería implacable, pero al menos, el velo de Obito se había desvanecido.
Frente a la bestia completa, Naruto Uzumaki parecía una mota de polvo.
El Sanbi no era como Yagura; era una fuerza primordial de odio y agua.
—¡Modo Chakra del Tenseigan!
—rugió Naruto.
Su cuerpo estalló en llamas cian.
Naruto se lanzó al ataque, pero algo iba mal.
Los “recuerdos” genéticos que Tsunade le había implantado sobre el uso del Tenseigan de Homura Otsutsuki eran fragmentados.
Intentó invocar la Rueda de Plata, pero su brazo derecho vibró violentamente, rechazando la magnitud del poder.
Isobu golpeó el suelo con una de sus colas, creando un tsunami de chakra que barrió la plaza.
Naruto usó la repulsión gravitatoria para elevarse, pero el Sanbi disparó una Bijū-dama a quemarropa.
—¡Maldición!
—Naruto cruzó sus brazos, creando una barrera de vacío—.
¡Ginka Tansho!
La explosión fue colosal.
Naruto fue lanzado contra un edificio, atravesando tres paredes de concreto.
Escupió sangre, sintiendo cómo sus costillas crujían.
El Tenseigan exigía una estabilidad que su cuerpo, aún humano, apenas podía sostener.
—¡Cachorro, no intentes copiar a un Dios!
—gritó Kurama en su mente—.
¡Usa lo que tú eres!
¡Usa el frío!
Naruto se puso en pie, su mirada plateada nítida por la furia.
Isobu se preparaba para otra carga.
Naruto extendió ambas manos, conectando con la humedad extrema del ambiente de Kiri.
—Hyōton: Prisión del Cero Absoluto.
Enormes pilares de hielo surgieron del suelo, encadenando las patas del Sanbi.
Naruto voló hacia el hocico de la bestia, imbuyendo su espada de hielo con todo el Raiton que su sistema podía generar.
El choque fue una danza de estática y rugidos.
Naruto fue golpeado, mordido y aplastado, pero cada vez que caía, se levantaba con un tajo más preciso, desgarrando la armadura de la tortuga hasta que ambos quedaron al borde del colapso, jadeando en medio de un cráter de vapor y hielo roto.
Naruto, con el manto del Tenseigan parpadeando y la sangre corriendo por su rostro, se detuvo frente al ojo masivo de Isobu.
—Se acabó —dijo Naruto, su voz resonando con la autoridad de los Otsutsuki—.
No quiero matarte.
Si mueres aquí, tardarás años en reaparecer en alguna parte del océano.
Pero tienes otra opción.
Escoge un recipiente.
Escoge a alguien en quien sellarte para que esta aldea no te cace como a un animal.
Isobu miró a Naruto.
Vio el Tenseigan, vio la sombra de Kurama tras él, y vio algo que ninguna de las sombras que lo habían controlado antes tenía: Sinceridad gélida.
Sin previo aviso, el Sanbi no miró a los ninjas de Kiri ni a Mei.
La bestia soltó un rugido sordo y se convirtió en un torbellino de chakra azul oscuro que se abalanzó directamente sobre Naruto.
—¡¿Qué?!
—Naruto no tuvo tiempo de reaccionar.
El chakra del Sanbi perforó su sello actual, forzando su entrada en el mismo espacio donde residía Kurama.
El impacto fue devastador.
Naruto cayó de rodillas, gritando mientras su piel se tornaba de un color azul grisáceo y sus venas se marcaban con una presión insoportable.
—¡¿Qué haces, estúpida tortuga?!
—rugió Kurama, sorprendido por la intrusión.
—Mejor con el portador del Tenseigan que con los humanos de esta aldea —retumbó la voz de Isobu en la psique de Naruto antes de sellarse voluntariamente—.
Uzumaki…
ahora carga con mi mar.
Naruto colapsó sobre el suelo mojado.
Su sistema tricapa, ya al límite por el Tenseigan, ahora tenía que contener a dos Bijuus.
El dolor era un fuego frío que le recorría los nervios.
Mei Terumī corrió hacia él, pero se detuvo al sentir la presión: Naruto ya no era solo el “Fantasma Gris”.
Ahora era algo que el mundo no había visto desde el Sabio de los Seis Caminos.
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