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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 82

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  4. Capítulo 82 - 82 Capítulo 82 El colapso de la vasija
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82: Capítulo 82: El colapso de la vasija 82: Capítulo 82: El colapso de la vasija La agonía de Naruto no era un grito humano; era el sonido del metal retorciéndose bajo una presión hidráulica infinita.

El sistema tricapa —la arquitectura perfecta que había diseñado con Jiraiya para equilibrar su sangre, su rayo y al Zorro— había estallado.

La intrusión voluntaria de Isobu fue como verter un océano de plomo líquido en un motor de precisión de alta fidelidad.

Naruto cayó de espaldas en medio de la plaza en ruinas, su columna arqueándose violentamente.

Vapor cian del Tenseigan y un aura azul oscuro del Sanbi emanaban de sus poros, chocando entre sí y creando micro-explosiones de chakra que desgarraban su ropa y su piel.

Dentro de su paisaje mental, la llanura de cristal blanco se había convertido en un caos.

El agua pesada de Isobu inundaba el horizonte, chocando contra las llamas de Kurama.

Naruto apareció en medio de ambos, parpadeando como una señal de radio interferida.

—¡¿Tienes idea de lo que acabas de hacer, maldita tortuga?!

—rugió Naruto, insultando con una precisión técnica quirúrgica—.

He pasado años calibrando la resistencia de mis nervios para que el Raiton no me incinere.

¡Acabas de inyectar una frecuencia de masa bruta sin filtrar!

¡Vas a fundir mis canales!

Isobu retrocedió, sus tres colas agitando el agua mental.

—Escúchame, portador del Tenseigan…

Mi energía es estabilidad hidrostática.

Si dejas de luchar, mi chakra recubrirá tus nervios como un aislante acuático.

Yo seré el refrigerante que tu Hyōton apenas emula.

Podrás usar el Tenseigan sin que tu cerebro se queme.

—¡Es un riesgo estúpido!

—intervino Kurama—.

Pero tiene razón.

Si logramos sincronizar el frío de Naruto con la densidad de la tortuga, la superconductividad será absoluta.

Pero afuera…

afuera la situación se está complicando.

Fuera, en la realidad, el cuerpo de Naruto seguía temblando sobre el suelo mojado.

Los ninjas de la resistencia estaban ocupados asegurando a Yagura y apagando los incendios, pero Mei Terumī no se movió de su lado.

Sus ojos verdes brillaban con una intensidad peligrosa.

Ella había escuchado que Naruto habia humillado a un “Dios” y ahora someter a una Bestia, pero ahora lo veía vulnerable, con el manto del Tenseigan parpadeando como una vela al borde de la extinción.

Su instinto de mujer y su ambición política colisionaron.

Antes de que Ao o cualquier médico pudiera acercarse, Mei selló su decisión.

Realizó una secuencia de sellos con una mano.

—Shunshin de Vapor.

En una explosión de niebla caliente, ambos desaparecieron.

Mei no lo llevó a un hospital; lo llevó a un refugio subterráneo privado bajo los acantilados de la costa, una cámara oculta donde el vapor natural mantenía una temperatura constante.

Al materializarse, Naruto colapsó sobre una cama de piedra cubierta de pieles finas.

Mei se deshizo de su túnica de batalla, quedando solo con la malla táctica.

Se subió a la cama, poniéndose a horcajadas sobre Naruto, usando su peso para mantenerlo clavado contra las pieles.

Naruto intentó enfocarla, con el Tenseigan parpadeando en sus ojos.

—Mei…

estás loca…

el sello…

si no lo equilibrio…

—jadeó Naruto, su voz rota por el dolor de la rotura del sistema tricapa.

—¿Quién me va a detener, Naruto-kun?

—dijo ella, con una sonrisa que rozaba la locura seductora—.

¿Tú?

No puedes ni levantar un dedo sin que ese Bijuu te desgarre por dentro.

Estás a mi merced.

Solo será una noche…

un recuerdo de lava en medio de tu invierno.

Después puedes volver a tu pequeña flor en Konoha, pero esta marca…

esta frecuencia, te la daré yo.

Mei tomó las manos de Naruto, que aún sufrían espasmos.

Con una fuerza decidida, las guió hacia su cuerpo.

Presionó la mano derecha de él firmemente sobre su seno izquierdo, obligándolo a sentir el latido de su corazón bajo la malla, y deslizó la mano izquierda de él hacia abajo, apretándola contra la curva de su nalga desnuda.

—Tócame de verdad —susurró ella, su aliento caliente provocando un contraste violento con el aura gélida de Naruto—.

Deja de ser una máquina por un segundo.

Usa mi calor como válvula de escape.

No luches contra el incendio, Naruto…

déjame ser tu refrigerante de una forma que la tortuga no entiende.

Dentro de Naruto, Kurama gruñó.

—Cachorro…

su energía de Elemento Lava está actuando como un catalizador térmico.

Si dejas que su chakra fluya por tu piel, reducirá la presión interna del Sanbi.

Naruto apretó los dientes, mirando a la mujer que lo observaba con ojos hambrientos.

No era la forma en que él quería estabilizarse, pero la lógica de Mei, por retorcida que fuera, era su única salida inmediata.

—Solo una noche, Mei —sentenció Naruto, su voz recuperando un rastro de su gravedad gélida—.

Después de esto…

me iré.

Y no habrá deudas entre nosotros.

Mei no respondió con palabras.

Se inclinó y selló el trato con un beso que sabía a ceniza y mar.

La cámara subterránea respiraba con un siseo rítmico.

El vapor de las aguas termales, cargado de minerales azufrados, se condensaba en las paredes de piedra volcánica y goteaba sobre la cama de pieles donde el “Dueño del Vacío” yacía vulnerable.

Naruto sentía que su cuerpo era una vasija de cristal a punto de estallar bajo la presión hidrostática de Isobu y el incendio descontrolado de Kurama.

Sus canales de chakra, forjados para la precisión del rayo y el frío, estaban siendo dilatados por una masa bruta que amenazaba con incinerar su sistema nervioso.

Mei Terumī, despojada de su túnica y de cualquier inhibición, se cernía sobre él.

Su piel, húmeda y encendida, parecía emitir un fulgor ambarino en la penumbra.

Se sentó a horcajadas sobre sus muslos, sintiendo los espasmos que sacudían el cuerpo del joven.

—Escúchame bien, cachorro —la voz de Kurama retumbó en su psique con una autoridad ancestral—.

El Tenseigan no es solo un ojo de batalla.

Al haber alcanzado su despertar genuino por el trauma del Sanbi, ahora posees la matriz de las cinco naturalezas básicas y el equilibrio del Yin-Yang.

Tienes los elementos, pero te falta la estructura molecular para unirlos.

Esa mujer es la clave.

—Usa el contacto —añadió Isobu, su voz resonando como una marea profunda—.

Sincroniza tu pulso con el suyo.

Si analizas cómo su ADN fusiona la tierra y el fuego mientras fluyes dentro de ella, el Tenseigan creará el Yōton artificial.

No necesitas su sangre, necesitas su ritmo.

Naruto, aunque su mente gritaba por la imagen de Ino, sucumbió a la necesidad biológica de supervivencia y evolución.

Sus manos, que Mei aún presionaba contra sus propios senos, dejaron de temblar.

Sus dedos se cerraron sobre la carne firme y caliente de la mujer con una fuerza posesiva que la hizo soltar un gemido de sorpresa.

Naruto la atrajo hacia sí, eliminando cualquier espacio, sintiendo los pezones endurecidos de Mei rozar su pecho desnudo.

Mei soltó un grito ahogado cuando Naruto la penetró con una urgencia que no tenía nada de ternura.

Fue una invasión, una colisión de dos naturalezas opuestas.

El frío absoluto de la red de Naruto chocó contra el calor volcánico de la matriz de Mei.

La mujer arqueó la espalda, sus manos enterradas en el cabello rubio de él, mientras sus senos se sacudían violentamente con cada embestida rítmica que Naruto le propinaba.

El acto se volvió una danza de poder y asimilación.

Naruto no se movía como un amante, sino como un depredador que consume una estrella.

Sus manos bajaron hasta las nalgas de Mei, apretándolas con tal fuerza que dejaría marcas, levantándola ligeramente para que cada penetración fuera más profunda, más absoluta.

El vapor en la habitación se tornó denso, casi sólido, cargado con el aroma a ceniza y mar.

—Confiesa…

—susurró Naruto, su voz vibrando directamente contra la boca de Mei entre besos feroces que sabían a hierro—.

Dime cómo late la lava en tu centro.

¿Cómo haces que el fuego no consuma la piedra?

Mei, perdida en el clímax de la penetración y con su voluntad quebrada por la mirada hipnótica de los ojos plateados que brillaban en la oscuridad, comenzó a gemir los secretos de su linaje.

Sus muslos apretaban los flancos de Naruto, buscando más, buscando ser vaciada por esa energía fría y dominante.

—Es…

una rotación inversa en el dantian…

—jadeó Mei, sus ojos en blanco mientras sus músculos vaginales se contraían rítmicamente alrededor del miembro de Naruto—.

Tienes que…

comprimir el elemento tierra hasta que el fuego lo vuelva líquido…

¡Ah!

¡Siente la presión, Naruto!

¡Siente cómo quema!

Naruto absorbió la información a través de la piel, del sudor y de la unión íntima.

Con el dominio de los cinco elementos que el Tenseigan le otorgaba, su sistema empezó a replicar la frecuencia.

El chakra de Isobu, denso y pesado, se encontró con el chakra de Kurama bajo el nuevo molde.

La “Frecuencia Fría” de su brazo derecho se entrelazó con la “Frecuencia Hirviente” que estaba asimilando de Mei.

El ritmo aumentó hasta volverse frenético.

Las pieles de la cama estaban empapadas de sudor y fluidos, reflejando la luz cian que emanaba de los ojos de Naruto.

El joven ya no era solo un hombre; era una tormenta de naturalezas fusionándose.

Mei gritaba su nombre, su cuerpo convulsionando en un orgasmo tras otro mientras la energía del Jinchūriki dual fluía dentro de ella, purificando su propia red de chakra con un poder divino.

Finalmente, Naruto llegó al clímax.

No fue una descarga silenciosa.

Un pulso de energía naranja y plateada barrió la habitación, apagando las antorchas y agrietando el suelo de piedra.

Naruto se hundió en ella, liberando su esencia mientras el Yōton artificial se grababa permanentemente en sus nervios.

El sistema tricapa se cerró, estabilizado por fin.

Horas después, Naruto se vistió en silencio.

Mei permanecía en la cama, exhausta y marcada, observándolo con una mezcla de adoración y temor.

Naruto no la miró.

Su rostro era una máscara de hierro.

El aburrimiento se había ido; el vacío ahora tenía un núcleo ardiente.

—Dije que no habría deudas —dijo Naruto, ajustando su guantelete sobre el brazo derecho, donde las runas ahora brillaban con un tenue color ámbar—.

Gracias por el refrigerante, Mei.

Sin esperar respuesta, desapareció en un Hiraishin, dejando tras de sí un rastro de ceniza y escarcha.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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