What If, Naruto con byakugan - Capítulo 84
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- Capítulo 84 - 84 Capítulo 84 Legados de sangre y ecos de la niebla
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84: Capítulo 84: Legados de sangre y ecos de la niebla 84: Capítulo 84: Legados de sangre y ecos de la niebla 15 días antes del regreso a Konoha.
Ubicación: Un claro en los bosques fronterizos del País del Fuego.
El viaje de retorno era una marcha silenciosa, una procesión de sombras bajo la luz de una luna que parecía observar a Naruto con un juicio plateado.
El peso del secreto de Kirigakure se había vuelto una carga física, una interferencia en su frecuencia que ni siquiera el control del Tenseigan podía filtrar.
El “Dueño del Vacío” se sentía, por primera vez, como un hombre con grietas en su armadura de hielo.
Naruto caminaba unos metros por delante de Jiraiya.
El Sannin lo observaba con una mezcla de orgullo y preocupación.
Notaba que el aura de su alumno ya no era solo ese frío absoluto y nítido; ahora había un matiz de estática, una vibración de calor que aparecía y desaparecía como un pulso nervioso.
Finalmente, al acampar frente a la hoguera, el silencio se rompió.
—Sucedió algo en la Niebla, Jiraiya-sensei —soltó Naruto, con la mirada fija en las llamas que bailaban reflejadas en sus pupilas cristalinas—.
Algo que no estaba en el manual de entrenamiento, ni en los pergaminos que me diste.
Jiraiya, que estaba escribiendo en su cuaderno de notas, levantó la vista.
La seriedad en el rostro de su alumno lo hizo cerrar el libro de inmediato.
Escuchó el relato completo: el colapso del sistema tricapa, la intrusión forzosa de Isobu y la “intervención técnica” de Mei Terumī.
Naruto describió el proceso con una frialdad técnica, pero sus manos temblaban levemente.
Esperaba una reprimenda, un sermón sobre la integridad del shinobi o, al menos, una mirada de decepción por haber roto su promesa de lealtad hacia Ino.
En su lugar, Jiraiya soltó una carcajada estrepitosa que espantó a las aves de los árboles cercanos.
—¡Ja, ja, ja!
¡Vaya, muchacho!
—se rió el Sannin, dándose una palmada en el muslo—.
¡Derrotas al Rinnegan, sometes a un Bijuu y encima sales de allí con el favor de la mujer más deseada de las cinco naciones!
Algunos dirían que eres el ninja más afortunado del mundo.
Naruto apretó los dientes, su rostro contraído por una culpa que quemaba más que su propia lava.
—No es divertido.
Ino me está esperando.
Siento que he manchado el ancla que me mantuvo cuerdo estos tres años.
Me siento…
como un traidor a mi propia voluntad.
—Escucha, Naruto —Jiraiya suavizó el tono, aunque mantenía esa mirada de “perro viejo”—.
Lo que te pasó es más común de lo que crees en este estilo de vida.
Los shinobis de élite somos imanes para situaciones extremas.
A veces, la supervivencia exige intercambios que la moral de una aldea no entiende.
Probablemente no sea la última vez que te encuentres en una posición donde el deber, la biología y el destino choquen de frente.
No eres el primero, ni serás el último.
—No volverá a pasar —sentenció Naruto con una frialdad cortante—.
He sellado esa frecuencia.
No soy como tú, que vas dejando rastros por cada taberna del mundo.
Jiraiya volvió a reír, esta vez con un tinte de nostalgia amarga.
—Yo dije lo mismo a tu edad, muchacho.
Exactamente lo mismo.
Pero a diferencia de ti, mi “ancla” nunca me hizo caso.
Ella siempre prefirió sus propios fantasmas, y yo…
bueno, yo me dejaba llevar por la corriente para intentar olvidar el frío que sentía cuando ella no estaba.
Tú tienes suerte, tienes a alguien que te espera.
No dejes que la culpa te hunda el barco antes de llegar a puerto.
Naruto lo miró con una expresión de absoluto desprecio.
—Eres un pervertido sin remedio, sensei.
No me compares contigo.
Yo tengo voluntad.
Justo cuando Naruto intentaba cerrar el tema, una punzada de calor quemó su hombro derecho.
El sello de Hiraishin que había dejado en Mei Terumī empezó a vibrar con una frecuencia específica.
No era una señal de peligro; era una llamada.
Un tirón en el espacio-tiempo que exigía su presencia.
—Maldita sea…
—susurró Naruto.
Sin responder a las preguntas de Jiraiya, Naruto desapareció en un destello de estática cian.
Reapareció instantáneamente en la cámara privada de Mei en Kirigakure.
La habitación estaba envuelta en una neblina tenue y perfumada.
Mei estaba allí, de pie frente a un gran espejo, vestida apenas con una bata de seda.
Al verlo aparecer, sonrió con una victoria silenciosa.
—Te dije que no me llamaras a menos que fuera una emergencia de estado, Mei —siseó Naruto, su Tenseigan activándose involuntariamente por la molestia.
—Pero es una emergencia, Naruto-kun —dijo ella, acercándose con ese contoneo depredador—.
Kirigakure se siente muy fría desde que te fuiste.
El Sanbi dejó un vacío en mis arcas y tú dejaste un vacío en mi…
hospitalidad.
Estaba pensando que tal vez la técnica de anoche necesitaba un “refuerzo”.
Para asegurar la estabilidad, ya sabes.
Mei puso sus manos sobre el pecho de Naruto, sus dedos trazando las placas de su armadura.
Su persistencia era necia, casi infantil en su intensidad.
Ella quería repetir lo que para él era una condena.
—No va a volver a pasar —dijo Naruto, sujetándole las muñecas con firmeza—.
Lo de la otra noche fue una necesidad técnica inducida por el colapso de Isobu.
Ahora estoy estable.
Mi sistema tricapa está cerrado.
—Oh, vamos —Mei se inclinó hacia su oído, su aliento caliente provocando un contraste violento con la piel gélida de él—.
No me digas que lo que dices ahora es cierto.
Tus acciones de la otra noche no parecían las de alguien “insatisfecho”.
¿Por qué no lo repetimos?
Esta vez sin el drama de los Bijuus.
Solo tú y yo.
Naruto la apartó con una presión de chakra que hizo que las cortinas de la habitación ondularan.
Su paciencia estaba en el límite.
—Espero que, como mínimo, esto no traiga consecuencias permanentes.
No necesito un heredero del Tenseigan y la Lava complicando más el tablero mundial —soltó él con molestia.
Mei soltó una carcajada genuina.
—Tranquilízate, pequeño genio.
Conozco mi cuerpo.
Estaba en mis días infértiles.
No habrá cachorros de zorro en mis cunas.
Pero acepta que me extrañas.
Naruto desapareció sin decir una palabra más, dejando a Mei sola con su neblina, satisfecha por haberle recordado que, aunque él lo negara, ahora ella formaba parte de su arquitectura elemental.
Al regresar al claro, Naruto se sentó en posición de loto, tratando de calmar el rugido de su propio chakra.
Jiraiya dormía al otro lado de la hoguera.
Naruto cerró los ojos y se hundió en su paisaje mental, buscando el silencio abisal.
—Cachorro…
deja de pelear con la mujer y presta atención —la voz de Kurama retumbó—.
El Tenseigan finalmente ha madurado.
Entra en el núcleo del sello.
Hay alguien que ha estado esperando el momento en que tu red de chakra fuera lo suficientemente estable para manifestarse.
Naruto caminó a través de su mente hasta llegar al centro del sello.
Allí, la luz cambió.
El espacio se volvió blanco y cálido.
En el centro, una figura rubia con una capa blanca de Hokage lo esperaba.
—Has crecido mucho, Naruto —dijo Minato Namikaze.
Naruto se quedó paralizado.
El niño que nunca tuvo un padre emergió tras la máscara del “Dueño del Vacío”.
Corrió hacia él y estalló en quejas.
—¡Papá!
¡¿Por qué el sello era tan complicado?!
¡Casi me muero diez veces tratando de equilibrar tu legado!
Y para colmo, terminé metido en un lío en la Niebla porque tu diseño no previó que yo absorbería a otro Bijuu.
Minato rió suavemente, escuchando pacientemente las quejas de su hijo.
—Lo siento, Naruto.
Pero dime…
esos ojos…
¿de quién son?
No reconozco ese patrón plateado.
—Es el Tenseigan —respondió Naruto—.
Tsunade-baachan hizo una cirugía en mis nervios usando registros de un antepasado llamado Homura.
¿Tú no sabías nada de esto?
Minato negó con la cabeza, su mirada volviéndose pensativa.
—Mis conocimientos se limitan a lo que sellé.
Sin embargo, Kushina solía hablar de que el Clan Uzumaki descendía de una rama “celestial” muy antigua.
Ella guardaba pergaminos prohibidos.
Posiblemente ella sabía que teníaa esa herencia.
Ella estaría orgullosa de ver que has reclamado lo que es tuyo por derecho de sangre.
Naruto sintió una calidez que ninguna técnica de lava podría replicar.
Era la primera vez que se sentía “completo”.
—Faltan quince días, papá —dijo Naruto—.
Voy a limpiar la aldea.
Voy a arreglar el desastre de los ancianos.
Minato asintió, su imagen empezando a desvanecerse.
—Confío en ti.
Pero ten cuidado, Naruto.
Las Yamanaka son famosas por leer el alma a través de la piel, y tú traes demasiadas frecuencias ajenas en la tuya ahora mismo.
No puedes ocultarle nada a quien habita en tu mente.
Naruto regresó a la realidad con el corazón latiendo con fuerza.
Miró hacia el horizonte, donde Konoha lo esperaba tras los bosques.
—Quince días —pensó—.
Solo espero que mi invierno sea lo suficientemente fuerte.
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