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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 85

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  4. Capítulo 85 - 85 Capítulo 85 El umbral de la doble lealtad
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85: Capítulo 85: El umbral de la doble lealtad 85: Capítulo 85: El umbral de la doble lealtad 1 día antes del regreso a Konoha.

Ubicación: Los bosques fronterizos del País del Fuego.

El aire de la mañana era distinto.

Ya no arrastraba el salitre pesado de las costas del País del Agua, ni el frío seco de las montañas de la Tierra.

Aquí, el aire sabía a resina de roble y a tierra húmeda, el aroma inconfundible del hogar que Naruto Uzumaki había abandonado hacía tres años.

Sin embargo, para el joven que caminaba bajo las copas de los árboles, el concepto de “hogar” se sentía como una frecuencia que se desvanecía, interferida por el estruendo de los dos titanes que ahora habitaban su sello.

Jiraiya se detuvo en un claro donde los rayos del sol filtraban motas de polvo dorado.

Se ajustó el enorme pergamino a la espalda y miró a su alumno.

Naruto ya no era el niño ingenuo de naranja; era una silueta de gris y negro, con una presencia que parecía doblar la luz a su alrededor.

—Cachorro, aquí nos dividimos —dijo Jiraiya con una seriedad impropia de él—.

Debo entrar primero y formalizar tu regreso con Tsunade.

Danzō ha estado moviendo sus hilos desde que llegaron los informes sobre lo de Pain y Kiri.

Si entramos juntos, serás visto como mi subordinado.

Si entras solo, entras como una fuerza independiente.

Y eso es lo que necesitamos que entiendan.

Jiraiya sacó un kunai especial, marcado con un sello rúnico de su propia invención.

—Como yo no poseo el Hiraishin, usaremos esto.

Cuando estés listo para cruzar la puerta, o si las cosas se ponen feas con los sensores de la aldea, inyectaré mi chakra en este kunai.

Podrás sentirlo a kilómetros.

En ese momento, teletranspórtate a mi ubicación y entraremos a Konoha como una declaración de intenciones.

Naruto tomó el kunai con un movimiento fluido.

—Entiendo, Sensei.

Me tomaré este tiempo para…

estabilizarme.

Jiraiya asintió, dándole una última mirada de advertencia antes de desaparecer en un estallido de velocidad.

Naruto se quedó solo.

El silencio del bosque debería haber sido reconfortante, pero en su hombro derecho, la marca de Mei Terumī empezó a latir con un calor rítmico.

Ella lo estaba llamando.

Naruto no opuso resistencia, pero no fue por deseo, sino por la imperiosa necesidad de zanjar una deuda que amenazaba su paz.

En un destello de estática cian, se materializó en el despacho privado de la Mizukage.

Mei estaba allí, frente al ventanal.

No vestía su túnica de batalla, sino un kimono de seda ligera que dejaba ver la marca del Hiraishin en su hombro, brillando como una brasa.

—Sabía que vendrías —dijo Mei, volviéndose lentamente—.

Mañana volverás a ser el héroe de la Hoja.

Y yo me pregunto si realmente estás listo para volver a esa jaula de reglas morales después de haber probado la libertad del fuego aquí conmigo.

Naruto se mantuvo a tres metros, con los brazos cruzados y el rostro como una máscara de hielo.

—Mei, deja los juegos.

Sabes por qué acepté tu ayuda en aquel refugio: era supervivencia, nada más.

Mi lealtad no es algo que se pueda comprar con calor o alianzas políticas.

Mei se acercó, sus ojos verdes fijos en los de él.

—Los ninjas de nuestro nivel no encajamos en los moldes de la gente común, Naruto-kun.

Ino es una civil en comparación con la tormenta que eres ahora.

Ella nunca entenderá la lava que corre por tus venas o el peso de Isobu.

Yo sí.

Quédate.

Sé el pilar de la Niebla y te daré un imperio que Konoha jamás soñaría.

Naruto soltó una risa seca, carente de humor.

—¿Un imperio?

No entiendes nada.

Ino no es una “civil” para mí; ella es la razón por la que no me perdí en el vacío.

Puedes ofrecerme todas las naciones del mundo, puedes ofrecerme compartir tu trono y tu sangre, y mi respuesta seguiría siendo la misma: No.

—¿Tan poca cosa es la Mizukage para ti?

—preguntó ella, herida en su orgullo.

—No se trata de tu rango, Mei.

Se trata de que Ino es el centro de mi mundo.

Lo que sucedió entre nosotros fue un error técnico nacido de la agonía.

Si crees que puedes usar esa noche para crear un vínculo permanente o una “unión de poder”, estás fantaseando.

No habrá pactos secretos, ni visitas nocturnas, ni un lugar para ti en mi vida privada.

Ino está por delante de cualquier alianza, de cualquier aldea y, por supuesto, por delante de ti.

Naruto elevó su chakra, haciendo que la habitación vibrara.

—Escúchame bien: no vuelvas a llamarme por este sello.

Si lo haces, vendré, pero no será para hablar.

Borraré esta marca de tu hombro y de la historia de Kirigakure si intentas interponerte entre ella y yo.

Quédate con tu aldea y yo me quedaré con mi paz.

En ese momento, el bolsillo de Naruto vibró.

Era el kunai de Jiraiya.

—Se acabó la conversación, Mizukage.

Esta es la última vez que me ves de esta forma.

Naruto desapareció de la Niebla sin una despedida, materializándose instantáneamente al lado de Jiraiya, frente a las puertas de Konoha.

El clima cambió en un segundo.

Una bruma espesa y gélida empezó a envolver el bosque, una mezcla de humedad extrema y una presión atmosférica aplastante que dificultaba la respiración de los guardias.

Izumo y Kotetsu palidecieron al ver las dos figuras emerger de la niebla.

Jiraiya caminaba con calma, pero Naruto era una visión aterradora.

Su capa gris ondeaba con un aura cian intermitente, y el aire a su alrededor olía a ozono y ceniza volcánica.

Al cruzar el umbral, su chakra se expandió como una onda de choque.

A kilómetros de allí, en la florería Yamanaka, Ino dejó caer un jarrón de cristal.

El estruendo del vidrio rompiéndose fue eclipsado por el grito de su propia mente al reconocer la frecuencia de Naruto: era él, pero traía consigo una oscuridad y un calor ajenos que la hicieron temblar de puro miedo.

—Naruto…

—susurró ella, su rostro palideciendo—.

Has vuelto…

pero ¿qué demonios has traído contigo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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