Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

What If, Naruto con byakugan - Capítulo 86

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. What If, Naruto con byakugan
  4. Capítulo 86 - 86 Capítulo 86 Confesiones bajo el cielo de Konoha
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

86: Capítulo 86: Confesiones bajo el cielo de Konoha 86: Capítulo 86: Confesiones bajo el cielo de Konoha El aire en la avenida principal de Konoha se había vuelto irrespirable.

La presencia de Naruto no era un anuncio, era una invasión sensorial.

Los aldeanos, que recordaban al niño ingenuo y de sonrisa fácil, se apartaban instintivamente, sintiendo un escalofrío que no pertenecía al sol radiante del verano.

Jiraiya caminaba a su lado, manteniendo una distancia prudencial, observando cómo su alumno avanzaba con la mirada fija en la Torre del Hokage, como un espectro plateado reclamando su lugar en la historia.

Sin embargo, antes de llegar a la primera intersección, la bruma cian que rodeaba a Naruto chocó contra una presencia familiar.

Ino Yamanaka no llegó corriendo; llegó como una exhalación de furia, ansiedad y un amor que se negaba a romperse.

Se detuvo a tres metros, su largo cabello rubio ondeando violentamente, sus ojos azules fijos en el rostro de porcelana de Naruto.

Jiraiya se detuvo, soltando un suspiro cargado de décadas de arrepentimiento.

Miró a Naruto y luego a Ino, comprendiendo que este era el único campo de batalla donde el Rasengan era inútil.

—Cachorro, me adelantaré a la Torre.

Tsunade debe estar rompiendo su tercer escritorio de la mañana —dijo Jiraiya, dando un paso al costado.

Antes de desaparecer en un remolino de hojas, se inclinó hacia el oído de Naruto, pero susurró lo suficiente para que Ino, con sus sentidos de sensor al límite, escuchara perfectamente—: Recuerda, Naruto…

en la historia de los clanes antiguos, ha habido ninjas legendarios con más de una mujer.

No es el fin del mundo, solo es el inicio de una nueva complejidad.

Los ojos de Ino se encendieron en un destello de ira pura.

Jiraiya desapareció, dejando tras de sí una sentencia que cayó como ácido sobre la joven Yamanaka.

—¿Más de una mujer?

—la voz de Ino era un susurro peligroso, cargado de una vibración que Naruto reconoció como el preludio de una tormenta—.

¿Eso es lo primero que tiene que decirte sensei al volver después de tres años?

Naruto se quedó inmóvil.

Sus ojos celestes intentaron suavizarse al verla, pero la frialdad del Tenseigan era una barrera difícil de penetrar.

Ino dio un paso adelante, y en ese instante, sus habilidades sensoriales —refinadas hasta la obsesión durante su ausencia— chocaron contra el núcleo del chakra de Naruto.

Su rostro palideció drásticamente.

Retrocedió un paso, llevándose una mano a la boca, como si el aire de Konoha se hubiera vuelto tóxico.

—Tu frecuencia…

—Ino empezó a temblar—.

Tu chakra está envuelto en una vibración que no reconozco.

Hueles a ceniza volcánica, a mar profundo…

y a una mujer que no conozco, Naruto.

Está grabada en tu piel, impregnada en tu propia red de energía.

¡Hueles a lava y a traición!

—Ino, escucha —empezó Naruto, su voz grave y mecánica—.

Sucedió algo en Kirigakure.

El sello del Sanbi colapsó.

Isobu se forzó a entrar en mi sistema y la presión rompió mi arquitectura tricapa.

Estaba muriendo desde adentro hacia afuera.

—¿Y la solución fue “marcarte” con otra mujer?

—espetó Ino, las lágrimas de rabia empezando a surcar sus mejillas—.

No me des la versión oficial de informe ninja, Naruto.

No me digas lo que le dirás al Consejo para salvar tu pellejo.

Quiero la verdad que solo un hombre le debe a su ancla.

Naruto cerró los ojos un momento.

Sabía que ocultar la verdad solo haría que ella la buscara en los rincones más profundos de su mente.

Con una honestidad brutal, relató lo sucedido: la cámara subterránea, la necesidad del calor corporal de Mei Terumī para actuar como refrigerante térmico y cómo el Tenseigan usó ese acto para mapear la estructura molecular de la lava.

—No sentí que fuera necesario dar detalles…

—murmuró Naruto.

—¡Exijo los detalles!

—gritó Ino—.

¡Dímelo todo!

¡Dime cómo fue ese “intercambio de energía”!

Naruto suspiró, el aire escapando de sus pulmones como vapor frío.

Con una precisión técnica dolorosa, confesó cómo Mei lo había tomado, cómo sus cuerpos se habían fundido bajo la presión de la lava y el hielo, y cómo el placer biológico se había mezclado con la agonía de la supervivencia.

El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier rugido de Bijuu.

Ino no gritó de inmediato.

Simplemente lo miró como si el hombre frente a ella fuera una cáscara vacía habitada por un monstruo.

—¿Entonces…

la poseíste para “analizar” su elemento?

—la voz de Ino tembló de puro asco—.

¡¿Me estás diciendo que mientras yo entrenaba hasta el desmayo para ser digna de estar a tu lado, tú estabas fundiendo tu chakra con el de la Mizukage en una cama de pieles?!

—No estaba en mis cabales, Ino —intentó explicar Naruto, extendiendo una mano que ella rechazó—.

La presión de dos Bijuus me estaba desgarrando los nervios.

Era sucumbir a ella o convertirme en un cráter que borraría a toda la Niebla.

Ino no escuchó razones.

Su mano se cerró en un puño cargado de chakra y golpeó el pecho de Naruto.

Fue un golpe seco, pero él no se movió.

Luego vino otro, y otro.

Naruto no se defendió.

Dejó que ella lo usara de saco de boxeo en mitad de la calle.

Los golpes de Ino, potenciados por su furia y su dolor, hacían que la capa gris de Naruto ondulara violentamente, pero él permanecía como una estatua de hielo, recibiendo cada impacto como una penitencia.

—¡Te odio!

¡Eres un idiota!

—gritaba Ino entre sollozos—.

¡Prometiste que yo era tu ancla!

¡Pero has vuelto marcado por otra!

Ella lo empujó con desprecio y salió corriendo hacia el sector de los bosques, desapareciendo de su rango sensorial en una explosión de velocidad.

Ino llegó a la residencia Yamanaka casi sin aliento, entró a trompicones y se encerró en su habitación.

Se colapsó contra la puerta, dejándose caer hasta el suelo.

El mundo se sentía sucio.

Como sensor de élite, todavía podía sentir la vibración de Naruto a la distancia, pero ahora esa vibración tenía esa nota extraña, un calor volcánico persistente.

—Es un monstruo…

—susurró, rompiendo en llanto de nuevo—.

Pero lo peor es que puedo sentir a través de la conexión que todavía me ama…

y eso hace que me duela mil veces más.

Esa mujer de la Niebla…

Mei Terumī…

ella lo marcó a propósito.

Mientras tanto, Naruto llegó a la oficina de la Hokage.

La atmósfera era eléctrica.

Tsunade estaba de pie tras su escritorio, flanqueada por un Kakashi incómodo y Shizune.

—¿Qué demonios pasó en Kiri, Naruto?

—preguntó Tsunade—.

Jiraiya me dio un resumen, pero quiero la versión del portador del Tenseigan.

Naruto relató la verdad técnica: la asimilación forzosa de Isobu, el despertar definitivo del Tenseigan y la intervención de la Mizukage.

Tsunade guardó silencio.

Luego, sin previo aviso, le propinó un puñetazo cargado de chakra en el hombro, justo sobre la marca de Mei.

El impacto hizo que Naruto retrocediera un paso y que el suelo de la oficina se agrietara.

—¡Eso es por ser un idiota y no saber controlar las variables de tu propio cuerpo!

—rugió Tsunade.

Luego, suspiró—.

Quédate aquí con Kakashi.

Yo voy a hablar con Ino.

Tsunade encontró a la joven en su cuarto, sumida en la oscuridad.

La Hokage se sentó al borde de la cama.

—Escucha, Ino.

Sé lo que sientes.

He visto a hombres perderse en situaciones donde el chakra llega a niveles inhumanos.

Cuando Naruto estaba en ese refugio, su mente ya no operaba bajo reglas humanas.

Fue una maniobra de supervivencia pura.

Ino levantó la vista.

—Ella lo marcó, Tsunade-sama.

Puedo sentir su olor a ceniza en él.

No es solo un recuerdo, es una frecuencia que vive en su red de chakra.

Tsunade asintió amargamente.

—Lo sé.

Mei Terumī es una Kage, Ino.

Son territoriales y calculadoras.

Ella sabía que al salvarle la vida de esa manera, dejaría una huella que tú no podrías ignorar.

Probablemente esa mujer no lo deje tranquilo nunca; ella ha reclamado una parte del “Dueño del Vacío”.

Pero la pregunta real es: ¿Vas a dejar que ella gane el lugar que tú construiste?

Tienes que decidir si vas a ser la que domine esa tormenta o la que se deje arrastrar por ella.

Tsunade dejó a Ino en silencio, sabiendo que la batalla real no sería contra Akatsuki, sino por el alma de un joven que ahora pertenecía a dos mundos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo