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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 89

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  4. Capítulo 89 - 89 Capítulo 89 El desierto amplifica todo
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89: Capítulo 89: El desierto amplifica todo 89: Capítulo 89: El desierto amplifica todo El cambio de clima fue una bofetada violenta.

Al cruzar la frontera del País del Fuego hacia el País del Viento, el frescor de los bosques fue reemplazado por un aire seco y abrasador que succionaba la humedad de los poros en segundos.

Para un ninja común, era una incomodidad ambiental; para Naruto Uzumaki, era el inicio de un tormento interno.

El equipo avanzaba a gran velocidad sobre las dunas.

Kakashi lideraba, seguido de cerca por Sakura, mientras Ino se mantenía a la retaguardia, con sus sentidos sensoriales extendidos como una red invisible sobre sus compañeros.

Naruto, situado en el centro de la formación, sentía que su propia sangre empezaba a hervir.

No era una metáfora.

El sol incandescente del desierto actuaba como un catalizador para el Yōton (Lava) que Mei Terumī había dejado latente en sus canales de chakra.

La temperatura externa estaba “llamando” a la energía térmica interna, provocando micro-respuestas que Naruto tenía que aplastar con una voluntad de hierro.

“Úsalo, Naruto…” —la voz de Isobu resonaba con una hostilidad inusual—.

“Este terreno es una tumba seca.

Mis reservas de agua se están evaporando.

Si no liberas el calor a través del vapor o la lava, tu sistema tricapa va a colapsar por presión interna.

¡Este lugar me está matando!” Naruto apretó los dientes, su mandíbula tensa hasta el punto del dolor.

Sus venas empezaron a marcarse con un brillo anaranjado tenue bajo su ropa.

Cada vez que el Yōton intentaba manifestarse, él lo sofocaba con ráfagas de chakra gélido, provocando un conflicto de temperaturas dentro de sus nervios que lo hacía estremecerse.

Detrás de él, Ino palideció.

Sus ojos se abrieron con una mezcla de desconcierto y temor.

A través de su percepción sensorial, la frecuencia de Naruto ya no era la de un hombre; era un mapa de guerra.

—¿Qué es esto…?

—susurró Ino para sí misma, esforzándose por mantener el ritmo.

Detectó lo que ella llamó “Zonas Muertas”.

Lugares en la red de chakra de Naruto donde su frecuencia Yamanaka ya no lograba penetrar.

Eran como agujeros negros de energía donde el calor era tan intenso que “quemaba” cualquier intento de lectura sensorial.

Eran puntos donde Naruto ya no era accesible, donde el “Fantasma Gris” estaba siendo devorado por algo más denso y peligroso.

Naruto, sintiendo que el calor lo superaba, realizó un sello manual rápido.

De repente, el suelo bajo sus botas se cubrió de una fina capa de escarcha.

Cada paso que daba sobre la arena caliente generaba un siseo de vapor.

Estaba usando el Hyōton no para atacar, sino para disipar su propio calor corporal hacia el exterior.

Kakashi Hatake, desde la vanguardia, no necesitaba el Sharingan para darse cuenta de lo que estaba pasando.

Notó el rastro de hielo que Naruto dejaba atrás, una anomalía climática en mitad del Sahara ninja.

—Naruto —dijo Kakashi, reduciendo ligeramente la velocidad para ponerse a su lado—, estás desperdiciando una cantidad masiva de chakra solo para mantener la temperatura baja.

Si seguimos a este ritmo, vas a entrar al campo de batalla con las reservas a la mitad.

—No tengo opción, Kakashi-sensei —respondió Naruto.

Su voz sonaba distorsionada, como si hablara a través de una máscara de cristal—.

Si dejo que el calor suba un grado más, el sello de la Mizukage se activará por instinto.

No voy a permitir que ella pelee mis batallas.

Kakashi guardó silencio, pero su preocupación aumentó.

Naruto no solo estaba peleando contra Akatsuki, estaba peleando una guerra de desgaste contra su propia biología alterada.

Cuando las puertas de la Aldea de la Arena finalmente aparecieron en el horizonte, Naruto tropezó levemente.

Su respiración era errática y pequeñas gotas de sudor frío —que se congelaban al instante— rodaban por su sien.

Estaba debilitado, agotado por el simple hecho de existir en ese entorno.

Ino se acercó a él al llegar a la entrada, intentando sostener su brazo, pero de nuevo sintió esa descarga de rechazo automático.

—Estás al límite, Naruto —le dijo Ino, su voz cargada de una sospecha dolorosa—.

Estás ocultando algo mucho más grave que un simple “cambio de chakra”.

Si no dejas que entre y te ayude, no vas a durar ni diez minutos contra esos cuatro de Akatsuki.

Naruto no la miró.

Sus ojos plateados estaban fijos en el rastro de chakra de Deidara y Sasori que aún flotaba en el aire de la entrada.

—Entonces tendré que terminar esto en nueve minutos —sentenció Naruto, aunque sus manos temblaban ligeramente bajo su capa.

Ino apretó los puños.

Sabía que la misión de salvación de Gaara podría convertirse, en cualquier momento, en el funeral de la humanidad de Naruto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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