What If, Naruto con byakugan - Capítulo 9
- Inicio
- Todas las novelas
- What If, Naruto con byakugan
- Capítulo 9 - 9 Capítulo 8 El día de la graduación
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
9: Capítulo 8: El día de la graduación 9: Capítulo 8: El día de la graduación El aula estaba cargada.
No por gritos, sino por expectativa contenida.
Los alumnos hablaban bajo, algunos repasaban sellos con los dedos, otros miraban al frente sin parpadear.
Naruto Uzumaki estaba sentado en su lugar.
Espalda recta, respiración controlada, chakra estable.
No estaba nervioso, había hecho esto cientos de veces.
—Hoy se gradúan como genin —anunció Iruka—.
Se evaluará control y ejecución.
Naruto levantó la vista un instante.
Control, pensó.
Eso lo tengo.
El examen comenzó.
Transformación.Sustitución.Clon básico.
Cuando fue su turno, Naruto caminó al centro del aula.
Ejecutó los sellos con calma, sin forzar chakra.
El clon apareció.
Estable.Pálido.Correcto… pero incompleto.
No cayó.No se dispersó.
Iruka lo observó en silencio.
—…No es suficiente —dijo al final.
Naruto asintió.
—Entiendo.
No hubo burlas, no hubo risas.
Solo un límite claro, Sasuke pasó después.
Perfecto.Impecable.Aprobado.
Naruto no apartó la mirada, no con envidia, sino con análisis.
Después del examen Naruto salió del aula sin apuro.
No estaba frustrado, pero tampoco conforme.
Fallé por técnica, pensó.
No por chakra.
—Oye.
Naruto se detuvo.
Mizuki estaba apoyado contra el pasillo, sonriendo de forma relajada.
—Escuché que casi lo lograste —dijo—.
Es una pena.
Naruto lo miró con atención.
—¿Casi no sirve?
Mizuki soltó una risa corta.
—Para Iruka no.
Pero hay otra forma.
Naruto no respondió de inmediato.
—Si aprendes una técnica especial del pergamino prohibido —continuó Mizuki—, el Hokage no tendrá opción.
Te convertirás en genin.
Naruto frunció el ceño.
—¿Una técnica?
—Sí.
Solo una.
No necesitas dominarla.
Mizuki se inclinó un poco.
—Con tu chakra, te será fácil.
Naruto guardó silencio, no creyó todo, pero entendió algo importante.
Mizuki quiere que haga esto.
—¿Y por qué me lo dices?
—preguntó.
Mizuki sonrió.
—Porque sería injusto que alguien como tú se quedara atrás.
Naruto asintió lentamente.
—Entiendo.
El robo No fue impulsivo, Naruto esperó.
Observó los turnos de guardia, midió los espacios, controló el chakra al mínimo.
Entró.Tomó el pergamino.Salió.
Sin dramatismo.
Sin alarma.
El bosque Naruto se sentó bajo el árbol y desenrolló el pergamino con cuidado.
No estaba emocionado.Estaba concentrado.
Las primeras técnicas eran complejas.
Sellos largos, descripciones densas, advertencias claras.
Naruto las leyó sin apuro, dejando que la información se asentara.
—Esto no es para pelear… —murmuró.
Muchas de esas técnicas requerían algo más que chakra: sincronización perfecta, experiencia, o un cuerpo preparado para soportar el retroceso.
Naruto eligió una al azar.
Un jutsu de manipulación básica del entorno.
No ofensivo.
No avanzado.
Aparentemente sencillo.
Probó.
Nada.
Ajustó el flujo.Redujo potencia.Corrigió la respiración.
Nada otra vez.
Naruto se detuvo.
No estaba fallando por falta de chakra.Estaba fallando porque no entendía el propósito real del jutsu.
Frunció el ceño y volvió a leer.
Entonces lo notó.
El pergamino no enseñaba técnicas para improvisar.Enseñaba herramientas para situaciones específicas.
Naruto pasó páginas hasta que volvió a encontrarlo.
Kage Bunshin no Jutsu.
Leyó despacio.
No por el poder.Por la explicación.
Y ahí lo entendió.
—…no son solo copias —susurró.
Los clones no servían solo para confundir o atacar.
Servían para experimentar, aprender, observar sin exponerse.
Para alguien como él… —Por eso nunca encajé con el clon básico… Naruto respiró hondo.
Probó.
El primer intento falló.El segundo también.
No se frustró.
Ajustó.
En el tercer intento, dos clones aparecieron frente a él.
Inestables.Reales.Mirándolo.
Naruto los observó unos segundos.
—No los necesito para pelear —dijo—.
Los necesito para entender.
Uno de los clones se dispersó.El otro permaneció un segundo más… y desapareció.
Naruto cerró el pergamino.
—Esto es suficiente.
Naruto cerró el pergamino un momento.
Ya había aprendido algo importante.Pero no suficiente.
Si todo fallaba…si los clones no servían…si huir no era posible… ¿Qué quedaba?
Volvió a abrirlo.
Las páginas finales estaban marcadas con sellos.Advertencias escritas en un lenguaje más antiguo.
Naruto no las entendía del todo.
Pero entendía el mensaje.
“No usar salvo pérdida segura.” Tragó saliva.
El jutsu no tenía nombre completo.Solo una descripción fragmentada.
Un sello de contención vital.Un método para atar el alma al cuerpo por un instante más.
No curaba.No protegía.
Retrasaba la muerte.
Naruto sintió frío.
—Esto… sí da miedo.
El costo era claro.
Chakra masivo.Dolor.Daños internos.
Naruto apoyó la mano en el suelo.
—Si esto existe… es porque alguien lo necesitó.
No intentó memorizarlo todo.
Sería imposible.
Copió solo el patrón base.Una forma incompleta.
Imperfecta.
Se mordió el dedo.
Trazó el sello en su brazo con sangre.
Activó.
El chakra explotó hacia adentro.
Naruto gritó.
No fue poder.
Fue resistencia.
Su corazón latió contra la presión.Sus pulmones ardieron.
Por un segundo…sintió que algo intentaba soltarse de él.
Y no lo dejó.
El sello se apagó.
Naruto cayó de rodillas, vomitando.
Pero seguía vivo.
Temblando.Roto.
Vivo.
—…esto no es un jutsu —susurró—.—Es una promesa.
Borró el sello de su brazo.
—Nunca más… salvo que sea morir.
Cerró el pergamino.
La traición El bosque había recuperado el silencio.
Naruto guardó el pergamino dentro de la mochila improvisada y se levantó con cuidado.
El cuerpo todavía le dolía.
No como una herida, sino como si algo dentro de él hubiera sido estirado demasiado.
—No otra vez hoy… —murmuró.
Fue entonces cuando lo sintió.
No chakra hostil.No intención asesina.
Presencia.
—Buen trabajo, Naruto.
La voz llegó desde atrás, tranquila, casi amable.
Naruto giró sin sobresaltarse.
Mizuki estaba apoyado contra un árbol, brazos cruzados, sonrisa relajada.
Como si siempre hubiera estado ahí.
—Te tomó menos tiempo del que pensé —continuó—.
Eso habla bien de vos.
Naruto no bajó la guardia.
—¿Por qué estás acá?
—preguntó.
Mizuki se encogió de hombros.
—Iruka me pidió que te vigilara.
Estaba preocupado.
Naruto lo miró unos segundos.
No vio mentira.Pero tampoco vio verdad.
—Ya aprendí —dijo—.
Puedo volver.
Mizuki negó con la cabeza.
—No todavía.
Hay algo más que tenés que saber.
Se acercó un paso.
—¿Sabés por qué te hicieron fallar tantas veces?
Naruto frunció el ceño.
—Porque no era lo suficientemente bueno.
Mizuki sonrió.Una sonrisa torcida.
—Eso es lo que ellos quieren que creas.
Naruto sintió un nudo en el estómago.
—Decilo —dijo—.
O dejalo.
Mizuki suspiró, como si le pesara.
—Porque sos el recipiente del Kyūbi.
El mundo no se rompió.
No hubo gritos.No hubo rabia.
Solo silencio.
—Eso no es cierto —respondió Naruto.
—Lo es —insistió Mizuki—.
Sos un arma.
Una que usan cuando les conviene… y descartan cuando estorba.
Naruto apretó los dientes.
—Entonces ¿por qué me ayudás?
La sonrisa de Mizuki se ensanchó.
—Porque yo no quiero que sigas siendo una herramienta.
El shuriken salió disparado.
No hacia Naruto.
Hacia donde Iruka acababa de aparecer.
—¡Naruto, cuidado!
—gritó Iruka.
Naruto se movió.
No pensó.No dudó.
El clon apareció, recibió el impacto y se disipó.
Naruto cayó junto a Iruka.
—Te mintió —dijo Iruka, respirando con dificultad—.
Yo… Mizuki se rió.
—¿De verdad pensás que él te ve como persona?
Sacó un segundo shuriken, más grande.
—¿Querés saber por qué te odian?
Naruto se puso de pie.
—No.
Mizuki se congeló.
—¿Qué?
—No quiero saberlo de vos.
El chakra explotó.
Varios clones aparecieron a los costados.
Mizuki retrocedió, sorprendido.
—¿Cuántos…?
—Los suficientes —respondió Naruto.
El combate fue corto.
No elegante.No heroico.
Eficiente.
Mizuki cayó al suelo, inconsciente.
Naruto respiraba agitado.
Iruka lo observó en silencio.
—Naruto… ¿por qué no huiste?
Naruto miró el suelo.
—Porque esta vez… alguien me dijo la verdad a medias.
Le entregó el pergamino.
—Y ya no quiero aprender así.
Iruka tomó el pergamino con manos temblorosas.
Luego sacó la banda ninja.
—Uzumaki Naruto… —dijo—.
Te gradúas.
Naruto la sostuvo.
No sonrió.
Pero algo en su pecho se acomodó.
No había vencido al destino.
Todavía no.
Pero por primera vez…no lo había obedecido.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com