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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 90

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  4. Capítulo 90 - 90 Capítulo 90 Cuatro no vienen a capturar
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90: Capítulo 90: Cuatro no vienen a capturar 90: Capítulo 90: Cuatro no vienen a capturar El aire en la Aldea de la Arena no olía a polvo, sino a muerte y pólvora.

Al cruzar las grandes puertas de piedra, el equipo se encontró con un escenario de pesadilla.

Los edificios de arcilla estaban reducidos a escombros humeantes, y el hospital de Suna era un caos de gritos y vendajes empapados de sangre.

Temari recibió al equipo con el rostro desencajado.

No hubo tiempo para saludos.

—Se lo llevaron —dijo ella, con la voz quebrada—.

Pero no se han ido.

Han bloqueado las rutas de salida.

Están jugando con nosotros.

El primer choque no fue un duelo de espadas, sino un bombardeo sistemático.

Desde el cielo, una figura sobre un ave de arcilla blanca sobrevolaba las rutas de evacuación donde los civiles intentaban escapar.

Deidara soltaba sus creaciones con una sonrisa demente, mientras que en la entrada sur, una carnicería silenciosa tenía lugar.

Kakuzu e Hidan avanzaban como una fuerza imparable.

Los ninjas de Suna caían ante la guadaña de tres hojas de Hidan, mientras que los hilos y las máscaras de Kakuzu desataban ráfagas de fuego, rayo y viento que incineraban cualquier defensa organizada.

Naruto cerró los ojos, activando la percepción sensorial del Tenseigan.

Su mente se expandió sobre el mapa de la aldea, y lo que vio lo dejó helado.

Los cuatro miembros de Akatsuki no se estaban alejando con Gaara; estaban formando un perímetro.

Un círculo de caza.

—No están huyendo —susurró Naruto, su voz vibrando con una tensión eléctrica—.

Nos están cercando.

No…

me están cercando a mí.

Un estruendo sacudió la entrada principal.

Naruto se movió en un parpadeo cian, apareciendo frente a una barricada que acababa de ser demolida por una ráfaga de fuego.

Allí, entre el humo, emergió la figura imponente de Kakuzu.

El hombre de las costuras lo miró con una frialdad comercial, evaluando la energía que emanaba del Uzumaki.

—Ah, ahí estás…

el objetivo adicional —dijo Kakuzu, su voz profunda y rasposa—.

El Líder fue claro.

Gaara es la prioridad, pero tú eres el bono que no podemos ignorar.

Kakuzu dio un paso adelante, y las máscaras en su espalda rugieron.

—Dos Bijuus…

y una naturaleza que no debería existir en este plano.

Hueles a la Mizukage, muchacho.

Hueles a una sangre que se ha fundido con el magma.

Tu cabeza vale más que todas las recompensas de este libro juntas.

Detrás de Naruto, Ino llegó justo a tiempo para escuchar esas palabras.

El estómago se le revolvió.

“Una naturaleza que no debería existir”.

Ver a un monstruo como Kakuzu reconocer el rastro de Mei Terumī en Naruto fue como recibir una puñalada de realidad.

La provocación de Kakuzu y el calor sofocante de las llamas circundantes hicieron que el sistema de Naruto flaqueara.

El Yōton (Lava) en su interior comenzó a burbujear, pidiendo una salida.

Sus venas brillaron con un naranja violento.

—¡Suéltalo, Naruto!

—rugió Kurama en su paisaje mental—.

¡Esa basura de las máscaras nos va a rodear!

¡Quémalo todo!

¡Si no liberas el calor ahora, vas a explotar desde adentro!

—¡No usaré su poder!

—respondió Naruto, sus dientes crujiendo por la presión—.

¡No en esta aldea!

¡No frente a Ino!

Naruto estaba colapsando.

El “calor” de Kurama, lejos de ayudarlo, estaba potenciando la lava.

Fue entonces cuando una presencia masiva y serena se interpuso en su psique.

Isobu, la tortuga de tres colas, emergió de las profundidades del lago mental.

—Cachorro…

el zorro solo te dará más fuego, y eso te matará ahora mismo —la voz de Isobu resonó como el eco en una fosa abisal—.

Déjame a mí.

Mi chakra es una marea fría, el peso del océano profundo.

Usaremos mi energía para sepultar ese magma.

No es una solución permanente, pero detendrá el incendio.

Naruto sintió un alivio gélido recorrer sus canales de chakra.

Una energía azul oscura y pesada empezó a fluir desde su centro, sofocando el brillo naranja de sus venas.

No era el frío cortante del Hyōton, sino una presión hidráulica que estabilizaba sus nervios.

Naruto se puso de pie, su piel recuperando su tono pálido, aunque sus ojos plateados estaban nublados por el esfuerzo.

—No voy a usar la lava, Kakuzu —sentenció Naruto, extendiendo su mano hacia el enemigo—.

Ni hoy, ni mañana.

Si quieres mi cabeza, tendrás que venir a buscarla al fondo del vacío.

Ino, observándolo desde atrás, notó el cambio.

La zona muerta en el chakra de Naruto se había vuelto aún más densa, protegida por la “marea fría” de Isobu.

Ella entendió que Naruto estaba dispuesto a morir por agotamiento de chakra antes que usar el poder que lo vinculaba a la Mizukage.

—Está debilitado —pensó Ino, sus manos temblando mientras preparaba sus sellos—.

Está gastando más energía en reprimirse que en pelear.

Akatsuki lo sabe…

y lo están esperando.

Naruto se lanzó al ataque, pero por primera vez en años, el “Fantasma Gris” no era una mancha de velocidad absoluta, sino un guerrero que arrastraba el peso de sus propios secretos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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