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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 93

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  4. Capítulo 93 - 93 Capítulo 93 El azul del fracaso
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93: Capítulo 93: El azul del fracaso 93: Capítulo 93: El azul del fracaso El estruendo de Deidara en el exterior palideció ante el sonido que rompió el alma de las presentes en el hospital: el monitor de signos vitales de Kankuro emitió un pitido largo y monótono.

Sakura Haruno, con las manos temblando y empapadas en una mezcla de chakra médico y sangre oscura, no se detuvo.

Golpeó el pecho del marionetista con desesperación, inyectando ráfagas de energía que solo lograban espasmos artificiales en un cuerpo que ya no pertenecía a los vivos.

Sasori, desde el interior de Hiruko, detuvo su ataque.

Observó la escena con la curiosidad de un entomólogo mirando a una hormiga agonizante.

—Se acabó, niña —dijo la voz rasposa del Escorpión—.

Mi veneno no es una enfermedad; es una sentencia.

Ni siquiera la alumna de Tsunade puede revertir la descomposición a nivel celular una vez que el corazón se detiene.

Ino, que permanecía contra la pared con la mitad de su rostro entumecido por el roce de la aguja, sintió cómo la luz de chakra de Kankuro se desvanecía en su red sensorial hasta volverse nada.

Un vacío frío ocupó el lugar donde antes había vida.

Kankuro, el protector de la Arena, había muerto en su mesa de operaciones.

—No…

—sollozó Ino, dejando caer sus manos—.

Naruto…

Gaara se fue…

y ahora él…

En la entrada sur, Kakuzu caminaba sobre los restos calcinados de las defensas de Suna.

Naruto estaba de pie, con la ropa hecha jirones y el hombro sangrando, pero su mirada ya no era plateada; era de un azul gélido que quemaba.

—Mírate —se burló Kakuzu, sus máscaras rodeándolo como buitres—.

Eres el Jinchūriki más patético que he enfrentado.

Tienes el poder de cambiar el paisaje, tienes la lava de la Niebla bullendo en tus venas, y prefieres morir desangrado antes que usarla.

Tu sentimentalismo es un desperdicio de recursos.

No eres un ninja, eres solo un niño jugando a los mártires.

Naruto no respondió con palabras.

Su chakra empezó a fluctuar de una forma que Kakuzu no reconoció.

No era la marea pesada de Isobu, ni el calor sofocante del magma.

Naruto cerró los ojos y buscó en lo más profundo de su red de energía, allí donde la influencia de Mei Terumī intentaba imponerse.

“¿Quieres fuego, Kakuzu?” —pensó Naruto, su voz interna resonando con un odio que hizo temblar a Kurama—.

“Te daré un fuego que no le pertenece a ella.

Un fuego que nace del vacío.” Naruto realizó un solo sello.

El aire a su alrededor no se calentó; se ionizó.

—¡Katon: Shinkū Seien (Elemento Fuego: Llama Azul de Vacío)!

De la boca de Naruto no salió una llamarada naranja, sino un torrente de fuego azul eléctrico, tan puro y concentrado que no emitía humo.

Las llamas azules chocaron contra la máscara de viento de Kakuzu y, en lugar de ser potenciadas, la incineraron.

El fuego azul de Naruto no necesitaba oxígeno; consumía el chakra mismo del ataque enemigo.

Kakuzu retrocedió, perdiendo por primera vez su compostura.

Uno de sus corazones, el de la máscara de viento, se detuvo instantáneamente, carbonizado por una temperatura que desafiaba las leyes del Katon tradicional.

Naruto avanzó, envuelto en ese aura azulada, pareciendo un espectro de venganza que se negaba a tocar el magma, usando su propia agonía para alimentar un fuego nuevo.

Justo cuando Naruto se preparaba para lanzar una segunda ráfaga contra Kakuzu, y mientras Sasori levantaba su cola para terminar con Sakura e Ino, una señal pulsó en el cielo.

Una bengala de chakra negro estalló sobre la aldea.

—Vaya…

parece que el tiempo se ha acabado —dijo Sasori, retirando sus marionetas con una eficiencia mecánica—.

El Kazekage ya es nuestro y el caos en la Arena es irreversible.

No tiene sentido seguir desperdiciando chakra aquí.

En la entrada sur, Kakuzu recibió la misma señal a través de un anillo que empezó a vibrar.

Miró a Naruto, quien respiraba con dificultad, rodeado de llamas azules que empezaban a extinguirse.

—Tienes suerte, muchacho —dijo Kakuzu, recogiendo sus hilos y guardando sus máscaras restantes—.

Pero no te equivoques.

No nos vamos porque nos hayas vencido.

Nos vamos porque ya no vales el esfuerzo hoy.

Alguna vez, Uchiha Itachi dijo que serías incapaz de proteger lo que amas por tu miedo a convertirte en lo que eres.

Hoy, has demostrado que tenía razón.

Kakuzu desapareció en un remolino de hilos y sombras.

Deidara, desde el cielo, lanzó una última carga explosiva para cubrir la huida de sus compañeros y descendió para recoger a Sasori.

El silencio regresó a la Aldea de la Arena, pero no era el silencio de la paz, sino el de una tumba.

Naruto se quedó solo en la entrada, sus rodillas finalmente cediendo ante el agotamiento.

Sus manos estaban cubiertas de ceniza azul y sangre.

Ino salió del hospital minutos después, caminando como una sonámbula.

Cuando sus ojos se encontraron con los de Naruto, no hubo alivio.

Ino vio a un hombre que había ganado una batalla personal contra su propia lava, pero que había perdido la guerra por la vida de sus amigos.

La profecía de Itachi resonaba en el aire estático del desierto: Naruto era poderoso, quizás el más poderoso de su generación, pero su incapacidad para aceptar la oscuridad que Mei le había dejado —y su obsesión por mantenerse puro para Ino— lo habían vuelto lento.

Había salvado su alma, pero la Arena ahora lloraba a dos hermanos.

Gaara estaba muerto.

Kankuro estaba muerto.

Y la brecha entre el portador del Tenseigan y su ancla se había convertido en un abismo imposible de cruzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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