What If, Naruto con byakugan - Capítulo 94
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- Capítulo 94 - 94 Capítulo 94 Gaara vive suna recuerda
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94: Capítulo 94: Gaara vive, suna recuerda 94: Capítulo 94: Gaara vive, suna recuerda El desierto no perdona, pero a veces, mediante sacrificios que desafían la lógica del chakra, devuelve lo que ha tomado.
En el centro de un círculo de rostros cansados y cenicientos, la anciana Chiyo exhaló su último aliento, transfiriendo su chispa vital al cuerpo inerte del Kazekage.
Fue un milagro, pero un milagro que olía a incienso fúnebre.
Gaara abrió los ojos.
Lo primero que vio no fue el sol, sino el rostro de Naruto Uzumaki, cuya piel estaba marcada por líneas de agotamiento y rastros de ceniza azul.
A su alrededor, cientos de ninjas de la Arena se habían congregado.
No hubo vítores.
El silencio era pesado, cargado con el recuerdo de los que no habían tenido la misma suerte que su líder.
Naruto extendió una mano temblorosa para ayudar a su amigo a incorporarse.
—Gaara…
lo logramos —susurró Naruto, aunque su voz carecía de la convicción de antaño.
Gaara aceptó la mano, pero al tocar la piel de Naruto, su mirada se detuvo.
Como antiguo Jinchūriki, podía sentir la turbulencia bajo la superficie: el frío de Isobu peleando contra un calor volcánico que se negaba a morir.
Gaara miró por encima del hombro de Naruto y vio las hileras de cuerpos cubiertos con sábanas blancas, incluyendo el de su propio hermano, Kankuro.
Mientras Sakura y Temari lloraban la partida de Chiyo y Kankuro, los Ancianos de Suna observaban a Naruto desde la distancia con ojos cargados de sospecha y resentimiento.
Para ellos, el “Fantasma Gris” de Konoha no era un héroe.
Era un ninja que, teniendo un poder legendario capaz de borrar ejércitos, había permitido que la aldea ardiera y que sus hombres murieran por “contenerse”.
—Míralo —murmuró uno de los consejeros de Suna—.
Se mantuvo puro, mantuvo sus manos limpias de lava, mientras nuestros ninjas médicos eran masacrados por las marionetas de Sasori.
Su moralidad nos costó sangre.
Naruto escuchaba cada susurro.
Sus sentidos, amplificados por el Tenseigan, no le daban tregua.
Cada mirada de desprecio de los supervivientes era un tajo en su ya fracturada estabilidad.
Minutos después, alejados del bullicio del entierro improvisado, Gaara y Naruto se quedaron solos frente a las dunas.
El viento soplaba con fuerza, borrando las huellas de la batalla.
—Gracias, Naruto —dijo Gaara, su voz todavía débil—.
Pero te veo…
y no encuentro al chico que conocí.
Veo a alguien que está cargando con un peso que no le pertenece.
—Intenté salvarlos a todos, Gaara —respondió Naruto, mirando sus manos—.
Pero me negué a usar el poder de Mei.
Si lo hacía, si dejaba que la lava fluyera…
Ino no volvería a verme de la misma forma.
Me convertiría en el monstruo que Konoha teme.
Gaara suspiró, cerrando los ojos.
—Entiendo tu miedo, pero hay una verdad que el desierto te enseña por las malas: Sobrevivir no siempre es salvar.
Has sobrevivido tú, y he sobrevivido yo, pero a un costo que la Arena recordará por generaciones.
No puedes salvarlo todo, Naruto, no si decides que tu prioridad es seguir siendo “puro” para una sola persona mientras el mundo se quema a tu alrededor.
Las palabras de Gaara cayeron como plomo.
Naruto entendió que su obsesión por mantener su imagen ante Ino, por no “contaminarse” con el rastro de la Mizukage, lo había vuelto ineficaz en el momento más crítico.
Su amor por ella se había convertido en su mayor debilidad estratégica.
A pocos metros, oculta tras una duna, Ino había escuchado todo.
No fue el dolor lo que sintió, sino una humillación profunda.
Naruto estaba limitando su propio potencial divino, arriesgando vidas ajenas y la suya propia, solo para proteger la sensibilidad de ella.
—¿Crees que soy tan débil, Naruto?
—pensó Ino, apretando los puños hasta que sus uñas sangraron—.
¿Crees que mi amor depende de que no tengas cicatrices?
En ese momento, algo cambió en la joven Yamanaka.
La tristeza por la muerte de Kankuro y la frustración por su propia impotencia se transformaron en una resolución fría.
Si Naruto no quería usar su poder para no asustarla, ella se volvería tan fuerte, tan capaz de ver a través de la oscuridad, que él ya no tendría excusas para contenerse.
Ino decidió que, al volver a Konoha, buscaría los pergaminos de invasión mental profunda de su clan.
Si Naruto era un Dios que se negaba a descender, ella aprendería a subir hasta su nivel, rompiendo sus propios límites sensoriales para obligarlo a ser el hombre que el mundo necesitaba, no el que ella quería imaginar.
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