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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 95

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  4. Capítulo 95 - 95 Capítulo 95 Cicatrices diplomaticas
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95: Capítulo 95: Cicatrices diplomaticas 95: Capítulo 95: Cicatrices diplomaticas El viaje de regreso a Konoha fue un desfile de sombras.

El equipo avanzaba en un silencio sepulcral, con el peso de una misión que, aunque técnicamente exitosa por el rescate de Gaara, se sentía como una derrota aplastante.

Al cruzar las puertas de la aldea, no hubo comité de bienvenida entusiasta.

La noticia de la muerte de Kankuro y de decenas de ninjas de Suna ya se había adelantado a través de los mensajeros alados.

En la Torre del Hokage, la atmósfera era eléctrica.

Tsunade permanecía de pie frente a los consejeros de la aldea y una delegación de Suna que exigía explicaciones.

Cuando Naruto entró en la sala, las miradas de los diplomáticos de la Arena eran dagas de hielo.

—Has traído a nuestro Kazekage de vuelta, sí —sentenció uno de los embajadores de Suna, su voz cargada de veneno—, pero lo has traído a una aldea que ha perdido a su heredero y a sus mejores hombres.

Los informes dicen que el “Fantasma Gris” de la Hoja se mantuvo observando mientras las marionetas de Sasori hacían una carnicería.

¿Es esa la ayuda que prometió Konoha?

¿Una fuerza que se contiene mientras sus aliados mueren?

Naruto permaneció inmóvil, con los brazos cruzados.

No se defendió.

No podía decirles que su contención era lo único que evitaba que el Tenseigan y la Lava borraran la aldea entera del mapa.

Tsunade golpeó su escritorio.

—¡Basta!

Konoha cumplió con el rescate.

Los riesgos de la guerra son conocidos por todos.

Sin embargo, la semilla de la desconfianza estaba plantada.

Suna ya no veía a Naruto como un protector, sino como una amenaza inestable y egoísta.

La alianza que tanto esfuerzo costó construir empezaba a mostrar grietas profundas que ningún tratado podría sellar.

Mientras Naruto enfrentaba el juicio político, Ino Yamanaka se encontraba en el sótano de la biblioteca del clan, rodeada de pergaminos prohibidos que olían a polvo y a secretos antiguos.

Su rostro estaba pálido y tenía ojeras profundas que no eran solo por el viaje.

Ino extendió un pergamino que detallaba el Shinkenshin: Invasión Mental Profunda.

Era una técnica que permitía al usuario fragmentar su propia conciencia para infiltrarse en mentes protegidas por sellos de grado Bijuu, pero el riesgo era la esquizofrenia o la pérdida total de la identidad.

—Si no puedo sentir tu frecuencia actual porque te ocultas tras ese muro de vacío…

entonces aprenderé a romper el vacío —susurró Ino.

Cerró los ojos e intentó la técnica contra un ave de presa que mantenía en una jaula.

El choque de frecuencias fue violento; Ino sintió un dolor punzante en la base de su cráneo y un sabor metálico en la boca.

Su propia mente se retorcía, intentando procesar datos sensoriales para los que el cerebro humano no estaba diseñado.

No le importó.

Si Naruto se estaba convirtiendo en algo inhumano, ella sacrificaría su propia cordura para no quedarse atrás.

Esa misma noche, en la soledad de su departamento, Naruto sintió que la marca en su hombro ardía con una intensidad renovada.

No era un latido rítmico, era una llamada directa.

Naruto no luchó contra ella; necesitaba respuestas, o quizás, simplemente necesitaba alguien que entendiera el monstruo en el que se estaba convirtiendo.

Al proyectar su conciencia a través del Hiraishin, Mei Terumī apareció en su mente, no como una imagen estática, sino como una presencia vibrante y cargada de una sensualidad peligrosa.

—Me han llegado noticias del desierto, Naruto-kun —dijo Mei, su voz resonando en la psique de él con la suavidad de la seda—.

Dicen que dejaste que el hermano del Kazekage muriera porque tenías miedo de usar mi “calor”.

—No fue miedo, Mei.

Fue una decisión —respondió Naruto, sintiendo que el magma en su interior respondía a la voz de la mujer.

Mei soltó una risa melódica, pero cargada de desprecio.

—Fue debilidad.

Intentas ser el héroe puritano para esa niña Yamanaka, y el resultado es un rastro de cadáveres en la arena.

¿De qué sirve tu moralidad si el precio es el fracaso?

Eres el portador del Tenseigan y el heredero de mi lava.

No puedes esconderte en la grisura para siempre.

Cuanto más te reprimas, más violento será el estallido cuando finalmente cedas.

Naruto apretó los puños, el aura cian de su cuarto parpadeando.

—No voy a ceder.

—Ya lo hiciste, Naruto.

Al dudar, ya cediste ante mí.

La próxima vez que Akatsuki ataque, ¿cuántos más morirán para que tú sigas sintiéndote “puro”?

—Mei se acercó en la visión mental, su aliento pareciendo quemar su piel—.

Acéptalo.

Eres mío por derecho de sangre y chakra.

Ella nunca podrá tocar la lava que yo encendí en ti.

La conexión se cortó, dejando a Naruto en la oscuridad total.

El silencio del cuarto era interrumpido solo por el siseo de la escarcha que se formaba en las paredes por su propio chakra de Isobu, tratando desesperadamente de enfriar un corazón que Mei ya había incendiado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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