What If, Naruto con byakugan - Capítulo 96
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- Capítulo 96 - 96 Capítulo 96 El despertar del odio
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96: Capítulo 96: El despertar del odio 96: Capítulo 96: El despertar del odio El aire en Konoha seguía viciado por las consecuencias políticas del desastre en Suna, pero para Naruto, el mundo se había reducido a un mapa de frecuencias y sombras.
Mientras la aldea intentaba sanar sus alianzas, el destino movía piezas en los rincones más oscuros del continente.
Jiraiya apareció en el balcón de Naruto con una expresión inusual.
No traía un informe, sino una orden directa de rastreo.
—Se ha detectado actividad de Akatsuki en un puesto de avanzada cerca del País de los Campos.
Es una zona de tránsito de Orochimaru.
Ve allí, limpia el lugar y averigua qué buscaban.
Pero hazlo rápido, Naruto.
No quiero que el Consejo sepa que te envié solo.
Naruto partió de inmediato.
Al llegar al puesto de avanzada, el olor a hierro y madera quemada lo recibió.
Eran subordinados de Sasori que habían sido emboscados por renegados de la zona.
Naruto no perdió el tiempo con sutilezas.
Lejos de los ojos de Konoha, lejos de la mirada juzgadora de Ino o la cautela de Kakashi, el “Fantasma Gris” se desató.
No usó el manto del Tenseigan; no quería que su resplandor cian fuera visto a kilómetros, pero usó todo lo demás.
Se movió entre los enemigos como una fuerza de la naturaleza.
Usó el Hyōton para congelar el aire en los pulmones de sus adversarios y el Elemento Vacío para implosionar las estructuras donde se escondían.
Cuando el líder de los renegados intentó huir, Naruto extendió su mano derecha.
El calor del desierto había dejado una herida abierta en su autocontrol, y esta vez, la dejó sangrar.
—Yōton: Guren no Shōnetsu (Loto Carmesí).
Un torrente de magma líquido brotó de su palma, fundiendo el suelo y atrapando al fugitivo en una masa de roca incandescente que lo redujo a cenizas en segundos.
Naruto no sintió asco; sintió una liberación aterradora.
Entre los restos calcinados del campamento, Naruto encontró lo que buscaba: un pergamino de comunicación cifrado.
Al decodificarlo con su percepción del Tenseigan, la información lo golpeó como un rayo: Sasori tiene un espía infiltrado con Orochimaru.
Se reunirán en el Puente del Cielo y la Tierra en seis días.
Esa noche, Naruto no esperó a que la marca de su hombro pulsara por sí sola.
Tras la adrenalina de la batalla, el rastro de Mei Terumī en su sangre estaba más vivo que nunca.
Provocó el vínculo deliberadamente.
En un destello de estática cian, proyectó su conciencia al despacho privado de la Mizukage.
Mei lo esperaba con una mirada que mezclaba la curiosidad con una satisfacción depredadora.
—Has usado mi fuego hoy, Naruto-kun —dijo Mei, acercándose a la proyección mental—.
Puedo sentir el rastro del magma en tu red de chakra desde aquí.
¿Viste qué fácil es cuando dejas de fingir que eres solo un niño de la Hoja?
Hablaron durante horas.
Mei no solo lo instruyó en el control de la viscosidad de la lava, sino que le habló de la identidad.
Le explicó que el Tenseigan y el Yōton no eran herramientas opuestas, sino las dos caras de la creación: el vacío que da espacio y el fuego que da forma.
Naruto, por primera vez, no la vio como una intrusa, sino como la única persona en el mundo que no le pedía que se contuviera.
—Tú y yo somos iguales —susurró Mei—.
Ino te ama por quien crees que eres; yo te deseo por lo que realmente eres capaz.
Al regresar a su cuerpo físico, Naruto se sintió más alejado de Konoha que nunca, pero por primera vez, la lava en sus venas no quemaba; fluía con una calma letal.
A cientos de kilómetros de allí, en un complejo subterráneo tallado en roca viva, un joven de ojos azabache observaba un informe que sus espías habían recuperado de las fronteras.
Sasuke Uchiha leyó sobre la masacre en el puesto de avanzada.
Leyó cómo un solo ninja había usado hielo, vacío y una lava que recordaba a la Mizukage para borrar a un escuadrón entero en minutos.
—Naruto…
—susurró Sasuke.
Su voz era una vibración de puro rencor.
La idea de que su “perdedor” compañero lo hubiera superado de forma tan divina, que hubiera obtenido naturalezas elementales mientras él seguía siendo un experimento de Orochimaru, fue el detonante final.
Sasuke sintió que su cerebro ardía.
El desprecio por su propia debilidad y el odio hacia el progreso de Naruto chocaron con el trauma de su pasado.
El dolor en sus ojos fue insoportable.
Los globos oculares de Sasuke sangraron, y el patrón de tres aspas de su Sharingan empezó a girar, deformándose, extendiéndose hasta formar un diseño complejo, geométrico y letal.
El Mangekyō Sharingan se había manifestado.
No por la pérdida de un ser querido, sino por el odio absoluto y la envidia destructiva hacia la figura de Naruto Uzumaki, quien ahora representaba todo lo que Sasuke no había podido alcanzar por sí mismo.
—Ya no importa cuántos ojos despiertes, Naruto —dijo Sasuke, mientras su nueva visión grababa la oscuridad de la cueva con una claridad aterradora—.
Voy a matarte, y voy a extinguir ese brillo tuyo con mi propia oscuridad.
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