What If, Naruto con byakugan - Capítulo 97
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- Capítulo 97 - 97 Capítulo 97 El agua que deberia obedecer
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97: Capítulo 97: El agua que deberia obedecer 97: Capítulo 97: El agua que deberia obedecer El aire en el campo de entrenamiento privado de los Uzumaki era pesado, saturado por una humedad antinatural que no pertenecía al clima de Konoha.
Naruto permanecía en el centro de un lago artificial, pero su mente no estaba allí.
El hombro le ardía; la marca que le puso a Mei Terumī pulsaba con una exigencia física que ya no podía ignorar.
—Cachorro…
ella no va a dejar de llamar —la voz de Isobu resonó desde las profundidades, lenta y pesada—.
Y este lago es demasiado pequeño para la presión que estás acumulando.
Ve.
Naruto suspiró, dejando que el aura cian del Tenseigan envolviera su cuerpo.
En un parpadeo de estática, desapareció de la Hoja.
Se materializó en el despacho privado de la Niebla.
El ambiente estaba saturado de vapor, y el olor a azufre y jazmín lo envolvió de inmediato.
Mei Terumī no estaba sentada tras su escritorio; estaba de pie junto al ventanal, sosteniendo algo envuelto en seda negra.
—Has tardado, Naruto-kun —dijo ella, girándose con una sonrisa que mezclaba la ternura con una ambición depredadora—.
Pero sabía que el instinto de la marca te traería.
Se acercó a él, acortando la distancia hasta que Naruto pudo sentir el calor que emanaba de su piel.
Mei extendió los brazos y le entregó el objeto.
Al retirar la seda, Naruto vio una chokutō de acero negro reforzado.
La hoja era mate, diseñada para no reflejar la luz, y la empuñadura estaba envuelta en piel de raya gris.
—Perdiste tu arma contra Pain —continuó Mei, su voz bajando a un susurro—.
Un hombre con tu poder no debe pelear solo con sus manos.
Esta hoja ha sido forjada en las fundiciones más profundas de Kiri.
No tiene poderes sobrenaturales, no es una de las Siete Espadachines…
es solo acero puro, capaz de resistir el calor de mi lava y el frío de tu vacío sin quebrarse.
Es una extensión de tu voluntad.
Naruto empuñó la espada.
El peso era perfecto, equilibrado para ataques de alta velocidad combinados con el Hiraishin.
—¿Por qué me das esto, Mei?
—Porque te vi pelear en Suna a través de nuestro vínculo —respondió ella, rozando el brazo de Naruto—.
Vi cómo te contenías.
Esta espada es para que recuerdes que, a veces, un corte limpio es más humano que una explosión contenida.
Úsala para matar a lo que te retiene.
De regreso en el lago de Konoha, Naruto desenvainó la espada negra.
Pero esta vez, no la usó para cortar el aire.
Cerró los ojos y activó su Byakugan anómalo.
El mundo se volvió un mapa de corrientes y presiones moleculares.
Sin realizar un solo sello manual, Naruto extendió su mano izquierda hacia el lago.
—Muévete.
El agua no solo respondió; obedeció con una hostilidad antinatural.
Un torrente masivo se elevó, girando alrededor de la hoja negra de la espada.
No era un jutsu de estilo de agua convencional.
Era la manipulación directa de la materia permitida por su conexión con el Sanbi.
—El agua no es fuego, cachorro —le recordó Isobu—.
No necesita ser encendida.
Solo necesita ser guiada por el peso de tu voluntad.
Con un movimiento fluido de su nueva espada, Naruto dirigió la masa de agua.
A diferencia del estilo de la Hoja, que suele ser fluido y defensivo, el agua de Naruto se movía con la presión de una fosa abisal.
Podía sentir las corrientes internas, los puntos donde el agua podía volverse tan dura como el acero o tan afilada como un bisturí.
Con un tajo de la espada negra, separó el lago en dos, manteniendo las paredes de agua erguidas por pura presión de chakra, sin necesidad de mantener el flujo constante.
Naruto envainó la espada con un clic metálico que resonó en el silencio del campo.
Tenía el control.
Podía invocar mareas y moldear el elemento con una precisión que avergonzaría a cualquier Jōnin de la Niebla.
Sin embargo, en su pecho, sentía un vacío gélido.
Esto no era como su vínculo con Kurama.
Con el Zorro había una simetría de voluntades, un fuego compartido.
Isobu era una presencia alienígena, una identidad propia que le prestaba su poder pero no su afecto.
El Sanbi le daba el poder del océano, pero lo dejaba solo en su profundidad.
Peor aún, Naruto sabía que este nuevo dominio lo alejaba un paso más de la superficie donde habitaba Ino.
El agua que ahora “obedecía” a Naruto era un medio en el que ella se ahogaría si intentaba alcanzarlo.
—Tengo la espada de Mei y el agua de Isobu —pensó Naruto, mirando su reflejo en el agua que aún vibraba—.
Tengo todo el poder que necesito para el Puente del Cielo y la Tierra.
Pero cada vez que gano una herramienta nueva, olvido cómo se sentía caminar bajo el sol sin que nada en mi interior intentara devorarme.
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