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What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 Capítulo 44 Dos Corrientes
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45: Capítulo 44: Dos Corrientes 45: Capítulo 44: Dos Corrientes El cerebro humano no está diseñado para la multitarea perfecta.

Puede alternar rápidamente entre tareas, pero no hacer dos cosas opuestas con la misma intensidad al mismo tiempo.

Intentar frotarse la barriga y darse palmaditas en la cabeza es difícil.

Intentar moldear Viento (Fūton) con la mano derecha y Tierra (Doton) con la izquierda es una tortura neurológica.

Estaban en el paisaje mental.

El agua de la alcantarilla estaba agitada, reflejando el caos en la mente de Naruto.

—Otra vez —ordenó Kurama.

Naruto estaba de pie frente a la jaula.

Su avatar mental parpadeaba, inestable.

—Me duele la cabeza, Kurama.

Siento que se me va a partir el cráneo.

—Tu cráneo es duro.

Aguanta.

—El Viento pide libertad y corte.

La Tierra pide cohesión y peso.

Son filosofías opuestas.

Tienes que dividir tu intención.

Naruto levantó ambas manos.

En la derecha, visualizó hojas afiladas girando.

En la izquierda, visualizó una roca densa e inmóvil.

Su cerebro gritó.

Era como intentar sentir frío y calor extremo en el mismo instante.

El conflicto de naturalezas hacía que su chakra se anulara a sí mismo, disipándose en vapor inútil.

Cualquier otro Genin habría tirado la toalla.

Habría gritado, pataleado o llorado de frustración.

El antiguo Naruto habría hecho un berrinche.

Pero este Naruto no hizo ningún ruido.

Apretó los dientes hasta que, en el mundo real, sus encías sangraron.

Sus ojos azules se desenfocaron, mirando hacia adentro.

No soy una persona, se dijo a sí mismo.

Soy un conducto.

Lado derecho: fluir.

Lado izquierdo: estancar.

—Separa el río —gruñó el Zorro.

—No mezcles las aguas.

Naruto forzó la división.

Sintió un clic en su mente.

Como si un interruptor se rompiera y se bifurcara.

Por un segundo, en su mano derecha mental apareció un pequeño tornado gris.

En su mano izquierda, una esfera negra y pesada.

Ambas existieron simultáneamente durante tres segundos.

Luego, Naruto colapsó en el agua de la alcantarilla, jadeando como si hubiera corrido un maratón.

El dolor de cabeza era cegador.

Pero no se quejó.

Se limpió el agua de la cara y miró a la jaula.

—Tres segundos —dijo con voz ronca—.

Mañana serán cinco.

Kurama sonrió, mostrando sus colmillos.

El chico no se había roto.

Su mente se estaba estirando, volviéndose elástica y monstruosa para acomodar el poder.

Dos semanas después.

Naruto caminaba por las calles de Konoha.

Era un día ruidoso de mercado.

Los vendedores gritaban, los niños corrían, los perros ladraban.

Sakura caminaba a su lado, hablando sin parar sobre lo molesto que era Sasuke últimamente, y cómo Naruto debería comportarse mejor en la próxima misión.

Naruto la escuchaba, pero no reaccionaba.

Asentía en los momentos correctos.

Decía “sí, Sakura-chan” con el tono adecuado.

Pero por dentro, había un silencio absoluto.

Era el “Mushin” (mente sin mente).

El entrenamiento de las “Dos Corrientes” había tenido un efecto secundario inesperado: para poder manejar dos naturalezas opuestas, Naruto había tenido que aprender a aislar el ruido mental.

Ahora, su mente era un lago en calma perfecta.

Podía sentir las emociones de Sakura (ansiedad, deseo de aprobación).

Podía sentir la hostilidad de los aldeanos que lo miraban con asco.

Pero nada de eso creaba ondas en su lago.

Las emociones externas entraban, eran procesadas como “datos”, y eran archivadas sin causar turbulencia.

Llegó a su apartamento y cerró la puerta.

El silencio externo finalmente coincidió con el interno.

Se sentó en su cama.

Esperó la crítica habitual de Kurama.

(“Caminaste mal”, “Te distrajiste”, “Esa chica es insoportable”).

Pero Kurama no dijo nada.

Pasaron diez minutos.

Veinte.

Naruto entró en su paisaje mental.

El Zorro estaba tumbado, con la cabeza sobre las patas, mirándolo con sus ojos rojos entreabiertos.

El agua de la alcantarilla estaba tan quieta que parecía cristal negro.

—Estás muy callado —dijo Naruto—.

¿No vas a decirme qué hice mal hoy?

Kurama abrió un ojo completamente.

—No hiciste nada mal.

Naruto parpadeó, sorprendido.

—Siempre hay algo que corregir.

Mi postura, mi flujo, mi actuación con Sakura.

El Zorro se levantó lentamente y se acercó a los barrotes.

Su inmensa presencia ya no se sentía aplastante, sino familiar.

Como la gravedad.

—He pasado años gritándote porque caminabas a ciegas hacia los acantilados.

Necesitabas que te empujara.

—Pero hoy, mientras caminabas entre la gente que te odia…

tu pulso no subió.

Tu chakra no fluctuó.

Mantuviste la división de la mente sin esfuerzo.

Kurama apoyó la nariz cerca de la reja.

—Ya no necesitas que te diga dónde poner los pies.

Sabes caminar solo.

—¿Entonces?

—preguntó Naruto—.

¿Qué haces ahora?

Kurama soltó un bufido que movió el pelo de Naruto.

No era un bufido de burla.

Era de aceptación.

—Ya no te guío, Naruto.

Te acompaño.

La frase quedó flotando en el aire húmedo.

No era una renuncia al papel de maestro.

Era una promoción para el alumno.

Dejaban de ser “Entrenador y Bestia”.

Ahora eran “Socio y Socio”.

Naruto sonrió.

En el mundo real, su cuerpo se relajó completamente.

—Te acompaño —repitió Naruto, probando el sabor de las palabras—.

Suena bien.

—No te acostumbres —gruñó Kurama, volviendo a tumbarse.

—Si haces una estupidez en los Exámenes Chūnin, me reiré de ti.

—Trato hecho.

Naruto salió de su mente.

Miró por la ventana hacia la Roca de los Hokages.

El silencio en su cabeza ya no era soledad.

Era la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, nunca más volvería a caminar solo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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