What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 48
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- Capítulo 48 - 48 Capítulo 47 El piso que no existe
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48: Capítulo 47: El piso que no existe 48: Capítulo 47: El piso que no existe El edificio de la Academia Ninja era un hormiguero de ansiedad.
Cientos de aspirantes de distintas aldeas se agolpaban en los pasillos, destilando una mezcla tóxica de arrogancia y miedo.
El Equipo 7 subía las escaleras.
Sasuke lideraba con paso firme, Sakura iba en medio repasando mentalmente sellos, y Naruto cerraba la marcha, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida, o eso parecía.
Subieron un tramo.
Piso 1.
Subieron otro tramo.
Piso 2.
Al llegar al rellano, se encontraron con una multitud bloqueando el pasillo.
Frente a una puerta marcada con el número 301, dos guardianes (Izumo y Kotetsu disfrazados) estaban golpeando a un chico que intentaba entrar.
—¡Es por vuestro bien!
—se burlaba Izumo, pateando al aspirante—.
El examen es un infierno.
Mejor rendirse ahora y volver con mamá.
La mayoría de los Genin miraban la escena intimidados.
Sakura temblaba ligeramente ante la violencia gratuita.
Pero Naruto se detuvo tres metros antes de llegar al grupo.
Su nariz se arrugó levemente.
No por el olor a sudor, sino por el olor a madera vieja.
Huele a polvo y cera rancia, analizó Naruto.
El tercer piso fue barnizado la semana pasada para el examen.
Huele a limón y químicos.
Este no es el tercer piso.
No necesitó activar su chakra.
No necesitó un “kai”.
Simplemente contó los escalones y olió el aire.
La realidad física no coincidía con la información visual del cartel “301”.
—Están todos ciegos —murmuró Kurama, aburrido desde el interior.
—Creen en un cartel pintado antes que en sus propios pies.
—La gente ve lo que espera ver —respondió Naruto mentalmente.
—Tú no.
Tú ya no tienes ese filtro.
Percibes la anomalía porque no respetas la “autoridad” de la ilusión.
Sasuke avanzó entre la multitud, apartando a los mirones.
—Quítate de en medio —dijo el Uchiha con frialdad.
—¿O qué, niño bonito?
—desafió Kotetsu.
Sasuke sonrió con suficiencia.
—Deshaz el genjutsu.
Quiero ir al verdadero tercer piso.
Solo hemos subido las escaleras una vez.
Este es el segundo.
El murmullo de confusión recorrió a los presentes.
El aire onduló y el cartel de “301” se derritió para revelar el verdadero “201”.
Izumo y Kotetsu sonrieron.
—Nada mal.
Tienes buena vista.
Sasuke se giró hacia su equipo, hinchado de orgullo.
—Vámonos.
No perdamos tiempo con perdedores.
Mientras se daban la vuelta, Naruto notó algo por el rabillo del ojo.
Un chico con traje verde ajustado (Rock Lee) estaba entre la multitud.
Naruto vio sus manos: llenas de callos deformados.
Vio sus vendas: apretadas.
El chico de verde miraba a Sasuke fijamente.
Naruto supo, en ese instante, que ese chico también había notado el genjutsu, pero había elegido callar para evaluar a la competencia.
Inteligente, pensó Naruto.
Se hace el tonto para que lo subestimen.
El equipo avanzó hacia las escaleras reales para subir al tercer piso.
El ambiente se sentía más ligero tras dejar atrás el genjutsu, pero esa calma duró poco.
—¡Esperen!
Una figura saltó desde el balcón superior y aterrizó suavemente frente a ellos, bloqueando el paso.
Era el chico del traje verde y el corte de tazón.
Rock Lee.
El Equipo 7 se detuvo.
Sasuke lo miró con fastidio.
Naruto se recostó en la pared, haciéndose invisible en el acto.
Rock Lee se irguió con una postura rígida y formal.
Sus ojos, redondos y llenos de intensidad, pasaron de largo de Naruto como si fuera una planta decorativa.
Ni siquiera lo registró.
Su atención se centró primero en Sakura.
—Tú eres Sakura Haruno, ¿verdad?
—dijo Lee, y sus mejillas se tiñeron de rojo—.
¡Soy Rock Lee!
Lee levantó el pulgar y sonrió, un destello blanco brillando en sus dientes.
—¡Por favor, sé mi novia!
¡Te protegeré con mi vida hasta el día de mi muerte!
Sakura retrocedió un paso, con una expresión de rechazo absoluto.
—¡¿Eh?!
¡No!
¡Ni hablar!
—Eres…
eres demasiado raro.
¡Y esas cejas son enormes!
La flecha del rechazo atravesó a Lee visiblemente.
Bajó la cabeza, deprimido.
—Eres muy directa…
Pero la depresión duró un segundo.
Lee levantó la vista de nuevo, y esta vez, la timidez desapareció.
Sus ojos se clavaron en Sasuke Uchiha.
La atmósfera cambió de comedia romántica a tensión marcial.
—Y tú —dijo Lee, señalando a Sasuke—.
El del clan Uchiha.
Sasuke alzó una ceja.
—¿Qué quieres?
—Quiero pelear contigo.
Aquí y ahora.
Naruto, desde su posición de espectador ignorado, observó la postura de Lee.
Centro de gravedad bajo.
Músculos de las piernas hipertrofiados.
No tiene intención de usar ninjutsu.
Este tipo es un arma cinética.
—Quiero probar mis técnicas contra el linaje más fuerte —declaró Lee con una seriedad absoluta—.
El genio contra el trabajo duro.
Quiero demostrar que puedo vencerte.
Sasuke soltó una risa corta, llena de arrogancia.
Acababa de descubrir el genjutsu.
Se sentía superior.
Su sangre Uchiha estaba caliente y confiada.
—¿Desafiarme a mí?
—Sasuke dio un paso adelante, bajando la barbilla—.
Tienes agallas, Cejotas.
Sasuke miró el reloj imaginario en su muñeca.
—Faltan treinta minutos para el registro.
—Está bien.
Jugaré contigo.
Te enseñaré la diferencia entre la clase alta y la basura.
Naruto suspiró silenciosamente desde la pared.
Vio la confianza ciega de Sasuke.
Y vio los vendajes apretados en los puños de Lee, que ocultaban nudillos rotos y vueltos a soldar mil veces.
—El Uchiha va a morder el polvo —comentó Kurama, divertido.
—Sí —coincidió Naruto, sin intervenir—.
Va a aprender que no todos los monstruos usan magia.
Sasuke se puso en guardia, confiado.
Lee se puso en guardia, con una sola mano a la espalda.
El aire se tensó.
El duelo estaba aceptado.
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