What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 51
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- Capítulo 51 - 51 Capítulo 50 Bosque de la Muerte
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51: Capítulo 50: Bosque de la Muerte 51: Capítulo 50: Bosque de la Muerte El segundo escenario de los Exámenes Chūnin no era un aula.
Era una jaula gigante.
Frente a los candidatos se alzaba una valla metálica de alambre de espino, marcada con carteles de prohibido el paso y peligro biológico.
Detrás de la valla, árboles gigantescos bloqueaban la luz del sol, creando una oscuridad perpetua en su interior.
Una mujer de cabello violeta y gabardina beige estaba parada frente a la puerta cerrada.
Anko Mitarashi sonrió, y en su sonrisa había algo depredador, como si estuviera mirando un buffet libre.
—Bienvenidos al escenario de la etapa dos —dijo Anko, lamiéndose un kunai—.
El Campo de Entrenamiento 44.
—También conocido como…
el Bosque de la Muerte.
Naruto observó la estructura.
Su nariz captó el olor que emanaba de entre los árboles.
Moho.
Humedad.
Excremento de animales grandes.
Y sangre seca, mucha sangre seca acumulada durante décadas en el suelo.
—Antes de empezar —anunció Anko, sacando un taco de papeles de su abrigo—.
Tenéis que firmar esto.
Naruto tomó una de las hojas que circulaban.
Era un formulario de consentimiento.
“Renuncia de responsabilidad por muerte, pérdida de extremidades o daño psicológico permanente”.
—Si morís ahí dentro, no quiero que ensuciéis mi expediente —rió Anko.
Naruto firmó el papel sin leer la letra pequeña.
Sasuke hizo lo mismo, con una mueca de impaciencia.
Sakura dudó, su bolígrafo temblando sobre la línea de puntos, pero al ver la calma de sus compañeros, firmó.
Anko explicó las reglas.
—Es una batalla de supervivencia.
—Todo vale.
—El objetivo es llegar a la torre central en un plazo de cinco días.
Sacó dos pergaminos.
Uno blanco y uno negro.
—Ten no Sho (Rollo del Cielo).
—Chi no Sho (Rollo de la Tierra).
—Cada equipo recibirá uno.
—Para aprobar, debéis llegar a la torre con ambos rollos.
—Eso significa que la mitad de vosotros tendrá que quitarle el rollo a la otra mitad…
por la fuerza.
El Equipo 7 fue a la caseta de intercambio.
Entregaron sus formularios.
A cambio, recibieron un rollo envuelto en tela verde para que nadie viera cuál era.
Les tocó el Ten no Sho (Rollo del Cielo).
Naruto se lo guardó en la bolsa trasera, asegurándolo con chakra adhesivo.
—Tenéis treinta minutos antes de que se abran las puertas —dijo el supervisor—.
Id a la Puerta 12.
El equipo caminó hacia su punto de entrada asignado.
La Puerta 12 era una reja de hierro oxidada, cerrada con cadenas y candados.
Un Chūnin estaba de guardia, mirando su reloj.
El silencio cayó sobre el perímetro.
No era un silencio de paz.
Era el silencio de la respiración contenida antes del disparo de salida.
Naruto se acercó a la reja.
Puso una mano sobre el metal frío.
Cerró los ojos.
Su sistema sensorial, afinado por meses de entrenamiento en aislamiento, se expandió hacia el interior del bosque.
Sintió algo extraño.
No era solo chakra de otros ninjas.
Era el bosque mismo.
Las raíces vibraban con una sed antigua.
Los insectos zumbaban en una frecuencia agresiva.
Naruto sintió que el entorno no era un escenario pasivo; era un organismo vivo que reaccionaba a la intrusión.
El entorno “despertaba” ante la presencia de tanta carne fresca.
Su sangre reaccionó, acelerando su circulación levemente en respuesta a la amenaza ambiental.
—Ten cuidado, Naruto.
La voz de Kurama resonó grave en su cabeza.
—Este lugar no es un bosque normal.
—Ha sido alimentado con chakra y cadáveres durante generaciones.
—La naturaleza aquí está torcida.
—Lo siento —pensó Naruto—.
Es como si los árboles nos estuvieran mirando.
—No solo miran.
—Esperan.
—El Bosque de la Muerte amplifica los errores.
—Si dudas un segundo, te comerá.
—Si muestras miedo, te olerán.
—Aquí no gana el más fuerte.
—Gana el que se adapta más rápido a la cadena alimenticia.
El Chūnin miró su reloj.
Las manecillas marcaron la hora en punto.
—¡Es la hora!
—gritó el guardia.
Clac.
El candado se abrió.
Las cadenas cayeron al suelo con un ruido pesado.
La reja chirrió al abrirse, revelando la boca oscura del bosque.
—¡Vamos!
—ordenó Sasuke.
El Equipo 7 saltó hacia la oscuridad.
En cuanto cruzaron el umbral, la luz del sol desapareció, filtrada por las copas densas de árboles de treinta metros.
La temperatura bajó cinco grados.
El aire se volvió espeso.
Naruto aterrizó en una rama gruesa, flanqueando a Sakura.
Ya no estaban en Konoha.
Estaban en territorio hostil.
Y en algún lugar de esa oscuridad, Orochimaru ya se estaba moviendo, deslizándose como una pesadilla hacia ellos.
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