What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 55
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- Capítulo 55 - 55 Capítulo 54 Sangre Despierta
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55: Capítulo 54: Sangre Despierta 55: Capítulo 54: Sangre Despierta El claro del bosque estaba en silencio, salvo por los sollozos de Sakura y la respiración errática de Sasuke.
El Uchiha, tras romperle los brazos a Zaku, había colapsado de nuevo.
El Sello Maldito retrocedió, calmado por el abrazo desesperado de Sakura.
Dosu, el líder del Sonido, estaba de pie, sudando frío.
Sus dos compañeros estaban fuera de combate: Kin inconsciente por el golpe en la cabeza, Zaku mutilado y en shock.
Dosu sabía que debía aprovechar el momento.
Sasuke estaba débil.
Sakura estaba exhausta.
Solo quedaba el rubio inconsciente al fondo de la cueva.
Dosu dio un paso hacia ellos.
Levantó su guantelete resonante.
—Esto termina ahor…
Se detuvo en seco.
No porque quisiera.
Sino porque su cuerpo se negó a dar el siguiente paso.
Sintió una pesadez repentina en las piernas.
No era fatiga muscular.
Era como si su propia sangre se hubiera convertido en plomo líquido.
Desde la oscuridad de la cueva, se oyó un gemido.
No era de dolor.
Era de asfixia.
Naruto Uzumaki estaba despertando.
Pero no estaba despertando bien.
El Gogyō Fūin (Sello de los Cinco Elementos) de Orochimaru había desajustado su red de chakra.
El chakra residual de la espada Enma, que había drenado su sistema horas antes, había dejado un vacío hambriento en sus bobinas.
Y el dolor físico de la batalla había llevado su estrés biológico al límite.
Naruto abrió los ojos.
El azul cerúleo había desaparecido.
Tampoco eran los ojos rojos con pupila rasgada del Kyūbi.
Eran de un color rojo oscuro, profundo y espeso.
Color sangre venosa.
La pupila se había transformado en una línea horizontal negra, vibrante.
El Ketsuryūgan (Ojo del Dragón de Sangre) se había asomado por la grieta del trauma.
Naruto se incorporó lentamente.
Su cabello seguía siendo rojo y revuelto, pero bajo esa luz y con esos ojos, parecía coronado por una tormenta.
Miró a Dosu.
Pero no vio a un ninja vendado.
El mundo se veía diferente.
Ya no veía colores, ni texturas, ni ropa.
Todo era gris.
Excepto por los ríos rojos y brillantes que pulsaban dentro de las personas.
Veía el sistema circulatorio de Dosu.
Veía el corazón bombeando.
Veía las arterias dilatadas por el miedo.
Naruto levantó la mano.
No fue un gesto consciente.
Fue un espasmo.
Sus dedos se crisparon, como si quisiera agarrar algo invisible en el aire.
—Ah…
—jadeó Dosu.
El ninja del Sonido se llevó las manos al pecho.
Su corazón se saltó un latido.
Luego dos.
Su sangre se detuvo en las venas por un segundo, obedeciendo la orden silenciosa de los ojos de Naruto.
La parálisis fue total.
Dosu cayó de rodillas, boqueando como un pez fuera del agua, intentando obligar a su propio corazón a funcionar.
—Vaya…
En el interior del sello, Kurama observaba la escena a través de la distorsión del sello de Orochimaru.
El Zorro no podía hablarle a Naruto; la conexión estaba llena de estática.
Pero podía ver.
—El sello de la serpiente intentó bloquear mi chakra, pero al hacerlo, obligó al chico a buscar otra fuente de poder.
—Ha rascado el fondo de su propia genética.
—Esos ojos…
el legado de los “Chinoike”.
—Lo bueno demora en llegar.
Naruto miró su propia mano.
La veía roja, pulsante.
Sentía el flujo de Dosu conectado a sus dedos, como hilos de marioneta hechos de líquido.
Podía sentir el terror del enemigo disuelto en su plasma.
Era asqueroso.
Era íntimo.
Era aterrador.
—Para…
—susurró Naruto.
Su voz temblaba.
No estaba amenazando a Dosu.
Se lo estaba diciendo a sí mismo.
—Para…
detente…
Naruto entró en pánico contenido.
No sabía cómo apagarlo.
Sentía que si cerraba el puño, el corazón de Dosu explotaría dentro de su pecho.
Y no quería hacerlo.
Matar con una espada era una cosa.
Reventar a alguien desde dentro con una mirada era una monstruosidad que no estaba listo para aceptar.
Naruto cerró los ojos con fuerza.
Se cubrió la cara con las manos.
Rompió la línea de visión.
En el instante en que Naruto dejó de mirar, Dosu recuperó el control.
El ninja del Sonido tosió violentamente, inhalando aire, con el corazón galopando para compensar la pausa.
Miró a Naruto con un terror absoluto.
Más miedo del que le tuvo a Sasuke y su marca maldita.
Sasuke era un monstruo físico.
Ese chico Pelirrojo…
ese chico acababa de tocarle el alma.
—Q-quedense con el rollo —jadeó Dosu, dejando su pergamino en el suelo con manos temblorosas—.
Nos vamos.
—No nos sigáis.
Dosu cargó a Zaku.
Agarró a Kin.
Y huyó.
Huyó del bosque, huyó de los ojos rojos, huyó de la sensación de ser un títere de carne.
Naruto se quedó sentado en la oscuridad de la cueva.
Abrió los ojos de nuevo.
El rojo había desaparecido.
El azul había vuelto, pero estaba apagado, cansado.
Miró sus manos.
Estaban limpias, pero él las sentía manchadas por dentro.
Sakura, que había visto todo sin entender nada, se acercó cautelosamente.
—¿Naruto?
Naruto la miró.
Estaba pálido.
Sudaba frío.
—Estoy bien, Sakura-chan —mintió Naruto.
—Solo…
necesito dormir un poco más.
Se recostó contra la pared de roca, abrazando sus rodillas.
Había despertado algo.
Y por primera vez, Kurama no era lo que más le asustaba de su propio cuerpo.
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