What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 56
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- Capítulo 56 - 56 Capítulo 55 La Máscara se Rompe
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56: Capítulo 55: La Máscara se Rompe 56: Capítulo 55: La Máscara se Rompe Pasaron dos días en el refugio bajo las raíces.
Dos días de fiebre, sudor y silencio.
El equipo se recuperaba lentamente.
Pero algo se había roto en la dinámica del Equipo 7.
Algo que no se podía arreglar con vendas medicinales.
Naruto fue el primero en levantarse al tercer día.
El sello de Orochimaru en su vientre seguía allí, una mancha de tinta amorfa que interrumpía su flujo de chakra habitual.
Le dolía la cabeza constantemente.
Sentía náuseas.
Pero lo peor era el silencio emocional.
Ese mecanismo de defensa que había construido durante años —la sonrisa falsa, los gritos de ánimo, la estupidez fingida— requería energía.
Y Naruto ya no tenía energía para gastar en teatro.
Sakura se acercó a él con un trozo de pescado asado que habían conseguido.
—Naruto…
—dijo ella, con voz suave, temerosa de romper el equilibrio frágil—.
¿Cómo te sientes?
—Estuviste gritando en sueños.
El antiguo Naruto habría dicho: “¡Estoy genial, Sakura-chan!
¡Solo tenía pesadillas con ramen podrido!”.
Habría sonreído con los ojos cerrados y se habría rascado la nuca.
Naruto tomó el pescado.
No sonrió.
Ni siquiera miró a Sakura a los ojos.
—Estoy pensando—dijo.
Su voz era plana.
Gris.
—Gracias por la comida.
Sakura se quedó helada.
Esa cortesía era más fría que cualquier insulto.
—De…
de nada.
Naruto se apartó para comer solo, mirando hacia la entrada de la cueva, escaneando el perímetro con una paranoia clínica.
Sasuke estaba despierto al otro lado de la cueva.
El Uchiha se sentía extraño.
El Sello Maldito estaba inactivo, pero sentía su eco en la sangre.
Se sentía poderoso.
Y se sentía avergonzado por haber necesitado que Naruto lo salvara antes.
Sasuke observó a Naruto.
Esperaba que el rubio viniera a presumir.
Esperaba un “¡Te salvé el trasero, teme!”.
Sasuke ya tenía preparado un insulto para rebajarlo.
Pero Naruto no fue.
Naruto terminó su pescado, limpió las espinas y se puso de pie.
Se colgó la espada Enma a la espalda.
El peso del acero negro parecía ser lo único que lo mantenía anclado al suelo.
—Vámonos —dijo Naruto sin mirar a nadie.
—Nos quedan dos días.
—Tenemos el rollo del Cielo.
—Necesitamos uno de Tierra.
—Cazaremos por el camino.
Sasuke frunció el ceño.
No le gustaba recibir órdenes.
Y menos de él.
—Oye, dobe —dijo Sasuke, poniéndose de pie y buscando la confrontación habitual—.
¿Quién te crees que eres para dar órdenes?
—El hecho de que hicieras un truco raro con el ninja del Sonido no te convierte en el líder.
Naruto se detuvo.
Giró la cabeza lentamente.
Sus ojos azules estaban vacíos.
No había brillo.
No había rivalidad.
Era la mirada de un soldado cansado mirando a un niño que juega a la guerra.
—No soy el líder, Sasuke —respondió Naruto.
—Soy el que está prestando atención.
—Tú estabas demasiado ocupado gritando en el suelo.
Sasuke apretó los dientes, furioso.
—¡Tú…!
—Ahorra energía —cortó Naruto, dándose la vuelta y saliendo de la cueva—.
La necesitarás si nos encontramos con otro equipo.
—Yo no voy a cargarte de nuevo.
Sasuke se quedó con la palabra en la boca.
Sintió un escalofrío.
Naruto no lo estaba insultando para molestarlo.
Lo estaba evaluando como un activo defectuoso.
La calidez, incluso la calidez irritante de su estupidez, había desaparecido.
El equipo salió al bosque.
Avanzaron en silencio.
Naruto iba en vanguardia.
No hacía bromas.
No se quejaba del hambre.
Se movía con una eficiencia aterradora, cortando ramas con un kunai sin detener el paso.
En su interior, el paisaje mental había cambiado.
El sello de Orochimaru había creado una barrera de estática alrededor de la jaula.
Naruto no podía ver a Kurama claramente.
Solo veía su silueta masiva a través de la niebla violeta del sello.
No podía oír su voz con claridad.
Pero sentía su intención.
Durante meses, Kurama había sido el maestro estricto.
“Corrige la postura”.
“Respira mejor”.
“No seas idiota”.
Ahora, no había correcciones.
Naruto pisó una rama seca por error.
Kurama no dijo nada.
Naruto sintió una oleada de ira asesina al ver a un equipo enemigo a lo lejos.
Kurama no le dijo que se calmara.
El Zorro simplemente estaba allí.
Observando.
Aceptando.
Naruto entendió el mensaje a través de la estática.
“Ya no necesitas que te lleve de la mano.” “Ya has visto el infierno.” “Ahora caminas solo.” “Yo solo miro cómo arde el mundo a tu paso.” Naruto apretó el mango de su espada.
La soledad era absoluta.
Pero por primera vez, no le importaba.
La máscara del “Ninja Número Uno en sorprender a la gente” se había quedado tirada en el suelo de aquella cueva, junto a los restos de pescado y la inocencia perdida.
—Contacto a las doce —señaló Naruto con frialdad.
—Equipo de la Lluvia.
—Tienen un rollo de Tierra.
Sasuke y Sakura se tensaron.
Naruto desenvainó a Enma parcialmente.
Solo un centímetro.
Lo suficiente para que el olor a metal sediento llenara el aire.
—Vamos a terminar con esto —dijo.
Y en ese momento, Sakura y Sasuke se dieron cuenta de que el Naruto que conocían no había salido del Bosque de la Muerte.
Lo que había salido era otra cosa.
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