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What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 58

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  4. Capítulo 58 - 58 Capítulo 57 Variable Peligrosa
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58: Capítulo 57: Variable Peligrosa 58: Capítulo 57: Variable Peligrosa La sala de observación de la Torre Central estaba sumida en la penumbra.

El Tercer Hokage, Hiruzen Sarutobi, sostenía un informe con manos que, por primera vez en años, temblaban ligeramente.

Frente a él, un capitán ANBU con máscara de águila esperaba órdenes.

—Repítelo —ordenó Hiruzen.

—El sujeto, Naruto Uzumaki, llegó a la torre en estado crítico —informó el ANBU—.

Pero lo preocupante son los datos de campo recuperados.

—El equipo del Sonido huyó del combate sin heridas visibles graves, pero con signos de trauma cardíaco agudo.

—Uno de ellos, Dosu Kinuta, murmuró en el interrogatorio preliminar que su “sangre se detuvo”.

—No fue un genjutsu.

Fue físico.

Hiruzen dejó el papel sobre la mesa.

Encendió su pipa, buscando calma en el tabaco.

—Manipulación sanguinea…

—Los viejos textos del Clan Chinoike mencionaban algo así.

Se creía extinto.

O al menos, no presente en la línea principal Uzumaki.

Hiruzen exhaló el humo.

—¿Y el sello?

—Inestable —respondió el ANBU—.

Hay una firma de chakra externa interfiriendo.

Es maligna.

Y familiar.

Hiruzen se levantó.

Se ajustó el sombrero de Hokage.

Sus ojos ya no tenían el brillo bondadoso del “abuelo de la aldea”.

Eran los ojos del “Profesor”, el Dios Shinobi que había sobrevivido a tres guerras mundiales.

—Vamos a la enfermería.

—Y Águila…

cambia la clasificación de Naruto en el Libro Bingo de la aldea.

—Ya no es solo “Contenedor: Prioridad de Protección”.

—Añade: “Variable Desconocida: Prioridad de Observación”.

La enfermería de la torre era estéril y silenciosa.

Naruto yacía en una camilla, conectado a monitores que pitaban con un ritmo irregular.

Hiruzen entró solo.

Se acercó a la cama.

Levantó la camiseta naranja, rasgada y sucia, del chico.

Lo que vio le hizo apretar los dientes.

Sobre el abdomen de Naruto, el Shishō Fūin (Sello de los Cuatro Símbolos) de Minato, una obra maestra de la caligrafía ninja, estaba profanado.

Cinco puntos de tinta violeta, brillando con chakra tóxico, estaban superpuestos de forma caótica sobre la espiral.

—Orochimaru…

—susurró Hiruzen con amargura—.

Siempre tienes que tocar lo que no es tuyo.

El sello del Sannin (Gogyō Fūin) era un sello impar.

El de Minato era par.

La disonancia estaba impidiendo que el chakra de Naruto y el de Kurama se mezclaran o se separaran correctamente.

Estaba creando turbulencia en sus conductos.

Hiruzen concentró chakra azul en las yemas de sus cinco dedos.

No había tiempo para delicadezas.

Tenía que romper la cerradura a la fuerza.

—Gogyō Kai (Desellado de los Cinco Elementos).

Hiruzen golpeó con fuerza el abdomen de Naruto.

Los cinco dedos impactaron sobre los puntos de tinta.

¡FZZZZZT!

Sonó como un cable de alta tensión cortado.

El sello violeta se disipó en vapor.

El cuerpo de Naruto se arqueó violentamente sobre la camilla.

El monitor cardíaco se disparó y luego, instantáneamente, se estabilizó en un ritmo fuerte y constante.

El flujo de chakra se restauró.

La presa se rompió.

En el paisaje mental, la niebla estática desapareció de golpe.

La claridad volvió a la alcantarilla.

Naruto estaba de pie frente a la jaula gigante.

Ya no había interferencias.

—Ya era hora —gruñó Kurama, estirándose como si hubiera estado encadenado.

—Ese viejo mono tardó demasiado en darse cuenta.

Naruto se tocó los ojos en su avatar mental.

Sentía un calor residual.

Una picazón detrás de los párpados.

—Kurama…

¿qué me pasó en el bosque?

—Cuando desperté frente al tipo del Sonido…

no veía normal.

—Veía su interior.

Veía el líquido.

El Zorro acercó su rostro a los barrotes.

Sus ojos rojos brillaron con una mezcla de orgullo y advertencia.

—No fue una alucinación, cachorro.

—Fue un despertar.

—El estrés, el sello de la serpiente y el drenaje de tu espada empujaron a tu cuerpo al límite.

—Tu sangre reaccionó activando una defensa ancestral.

—Ketsuryūgan (Ojo del Dragón de Sangre).

Naruto bajó las manos.

—¿Un Dōjutsu?

¿Tengo ojos mágicos como Sasuke?

—Mejores —corrigió Kurama.

—El Sharingan ve chakra y movimiento.

El Byakugan ve puntos y distancias.

—El Ketsuryūgan ve la vida misma.

Y la controla.

—Lo que hiciste con ese ninja…

detener su corazón…

puedes hacerlo de nuevo.

Naruto sintió un escalofrío.

—¿Puedo activarlo ahora?

—La vía neural ya está construida.

Es como mover una oreja o flexionar un músculo.

Si te concentras, puedes encenderlos a voluntad.

—¿Quieres probar?

Naruto estuvo a punto de decir que sí.

Quería ver.

Quería entender ese poder.

Pero entonces, sintió una presencia en el mundo real.

Una presencia familiar, pero que ahora se sentía diferente.

Olía a tabaco viejo y a arrepentimiento.

—No —dijo Naruto secamente—.

Ahora no.

—Él está ahí fuera.

—No quiero que vea mis cartas.

En la enfermería, Naruto abrió los ojos.

Eran azules.

Claros, fríos y completamente despiertos.

No hubo parpadeo de confusión.

No hubo “¿Dónde estoy?”.

Giró la cabeza y miró al hombre parado junto a su cama.

El Hokage lo miraba con una expresión de preocupación paternal ensayada.

—Naruto —dijo Hiruzen con voz suave—.

Me alegra que hayas despertado.

Estaba preocupado.

El sello que tenías…

Naruto se incorporó lentamente.

Se sentó en el borde de la camilla, ignorando el mareo leve.

No sonrió.

No gritó “¡Viejo!”.

Miró al Hokage directamente a los ojos.

Y en esa mirada, Hiruzen vio que el niño que pintaba las caras de piedra había muerto en el bosque.

—Hiruzen —dijo Naruto.

El nombre salió seco.

Sin honoríficos.

Sin afecto.

Fue como si un igual saludara a otro igual.

El Tercero parpadeó, sorprendido por la falta de respeto, pero más aún por el tono.

—¿Cómo te sientes?

—preguntó el Hokage, manteniendo la compostura.

—Mejor —respondió Naruto, bajándose de la camilla y buscando sus sandalias—.

Gracias por quitarme la basura de Orochimaru de encima.

Hiruzen se tensó.

—¿Sabes quién te atacó?

—Sé lo que es una serpiente cuando la veo —dijo Naruto, poniéndose de pie—.

Y sé que tú también lo sabías.

—¿Cuánto tiempo vas a seguir dejando que tus errores intenten matarme, Hiruzen?

El Hokage se quedó en silencio.

La acusación flotó en el aire estéril.

Naruto no esperó respuesta.

Caminó hacia la puerta.

—Tengo que prepararme—dijo Naruto sin mirar atrás.

Hiruzen lo vio salir.

Sintió un peso en el pecho.

El arma se estaba afilando sola.

Y por primera vez, el Hokage tuvo miedo de que, el día que esa arma se usara, el mango estuviera demasiado caliente para sostenerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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