What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 60
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- Capítulo 60 - 60 Capítulo 59 La Torre de los Depredadores
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60: Capítulo 59: La Torre de los Depredadores 60: Capítulo 59: La Torre de los Depredadores El aire en la torre central se estaba volviendo viciado.
No había ventilación suficiente para limpiar el olor a sudor, sangre seca y ozono quemado que dejaban los combates.
Naruto estaba apoyado en la barandilla superior, lejos de su equipo.
Sus brazos descansaban sobre el metal frío.
Sus ojos azules, ahora perpetuamente velados por una capa de hielo analítico, observaban la arena.
La pantalla electrónica giró de nuevo.
Kankurō vs.
Misumi Tsurugi.
El combate fue breve y desagradable.
Misumi, un compañero de equipo de Kabuto, se lanzó al ataque confiando en su habilidad para dislocar sus articulaciones y convertirse en una serpiente humana.
Se envolvió alrededor del ninja de la Arena.
—¡Te rompí el cuello!
—gritó Misumi, apretando.
Naruto no parpadeó.
Su olfato ya le había dicho la verdad antes de que ocurriera.
El “Kankurō” atrapado no olía a carne.
Olía a madera vieja, barniz y aceite lubricante.
Crack.
El cuello se rompió, pero Kankurō no murió.
La cabeza giró 180 grados, revelando un rostro de madera maciza.
Era una marioneta.
El verdadero Kankurō emergió de un bulto vendado que Misumi había ignorado.
—Kugutsu no Jutsu: Karasu (Jutsu de Marioneta: Cuervo).
La marioneta atrapó a Misumi.
Los brazos de madera se cerraron como un torno industrial.
Se oyó un sonido húmedo, como ramas verdes partiéndose.
Huesos rotos.
Gritos.
—Me rindo —jadeó Misumi antes de desmayarse por el dolor.
Naruto observó cómo se llevaban el cuerpo.
Titiritero, anotó mentalmente.
Ataca a distancia.
Usa engaños visuales.
Debilidad: el usuario está indefenso si superas a la marioneta.
Kankurō miró hacia arriba, buscando aprobación, quizás de Gaara.
Pero Gaara solo miraba al vacío.
Y Naruto…
Naruto miraba a través de él.
El siguiente combate fue anunciado.
Sakura Haruno vs.
Ino Yamanaka.
Naruto suspiró.
Vio a Sakura tensarse.
Vio a Ino burlarse.
Era una pelea de rencores infantiles.
“Me gustaba Sasuke”.
“A mí también”.
“Eres frentona”.
“Tú eres una cerda”.
Bajaron a la arena.
Durante diez minutos, la pelea fue un intercambio de taijutsu básico y dudas emocionales.
No había intención asesina.
Había vacilación.
Naruto cerró los ojos y se apoyó en la pared.
Le importaba Sakura, sí.
Pero verlas pelear así, después de lo que él había visto en el bosque…
después de Orochimaru, después de los asesinatos…
se sentía como ver a dos niños peleando por un juguete en medio de un campo de minas.
—Están jugando —murmuró Naruto para sí mismo.
—Son civiles con banda ninja —corrigió Kurama en su mente.
—No han matado.
No han visto morir.
Su chakra es suave, vacilante.
Al final, Ino usó su Shintenshin no Jutsu (Jutsu de Transferencia de Mente).
Atrapó a Sakura.
Estuvo a punto de rendirse usando el cuerpo de su amiga.
Pero Naruto vio algo interesante.
Vio a Sakura morderse el labio sangrando dentro de su propia mente.
Vio una chispa de furia genuina.
Sakura expulsó a Ino por pura fuerza de voluntad y orgullo.
Ambas se golpearon en la cara simultáneamente.
Ambas cayeron.
Doble K.O.
Nadie pasó.
Naruto las miró mientras las llevaban a la enfermería.
Al menos tienen agallas, pensó.
Pero las agallas sin poder solo sirven para morir más rápido.
No fue a visitarlas.
Se quedó en su puesto.
La pantalla giró.
Temari vs.
Tenten.
Tenten, la compañera de Neji y Lee, era una especialista en armas.
Entró con confianza.
Temari, la hermana de Gaara, entró arrastrando su abanico gigante de hierro.
El combate fue unilateral.
Tenten llenó el aire de acero.
Kunais, shurikens, bolas con pinchos.
Una lluvia de muerte.
Temari ni siquiera se movió de su sitio.
Solo abrió su abanico.
Primera luna.
Segunda luna.
Tercera luna.
—Fūton: Kamaitachi (Elemento Viento: Comadreja Cortante).
Una ráfaga de viento huracanado barrió la arena.
Las armas de Tenten fueron devueltas con violencia.
La chica de Konoha fue lanzada por el aire, cortada por el viento invisible, y cayó sobre el abanico cerrado de Temari, inconsciente.
Brutalidad absoluta.
Sin esfuerzo.
Temari sonrió.
Pero no miró a su hermano.
Giró la cabeza hacia la balconada.
Sus ojos verdes buscaron unos ojos azules.
Temari había sentido algo en el bosque.
Cuando pasaron cerca del Equipo 7, había sentido una presión que no venía de Sasuke.
Venía del rubio bajito.
Quería saber si su instinto era correcto.
Quería impresionarlo, o al menos, provocar una reacción.
Mírame, decían sus ojos.
Soy peligrosa.
Naruto sostuvo la mirada.
Pero no hubo reacción.
No hubo miedo.
No hubo admiración.
Naruto la miró como quien mira el pronóstico del tiempo.
Viento, analizó.
Afinidad fuerte.
Rango amplio.
Debilidad: combate cerrado.
Temari frunció el ceño, decepcionada y molesta por la indiferencia.
Tiró a Tenten al suelo como si fuera basura y subió las escaleras.
—Aburrido —susurró Naruto.
De repente, una imagen cruzó su mente.
Un destello de memoria provocado por el color del pelo de Gaara al fondo, o quizás por la sangre en el suelo.
Flashback Había ocurrido hacía apenas unas horas, justo después de que Hiruzen terminara su discurso de bienvenida en la sala principal de la torre.
Los equipos se estaban dispersando, buscando sus lugares en la balconada.
Naruto estaba apoyado en la columna.
Su sistema sensorial estaba sobrecargado por la cantidad de chakras extraños en la sala.
Pero entonces, sintió un tirón.
No fue una amenaza.
No fue intención asesina.
Fue como si un diapasón hubiera golpeado una nota dentro de su propia médula ósea y otro diapasón, al otro lado de la sala, hubiera respondido vibrando en la misma frecuencia.
Naruto levantó la vista, buscando la fuente de esa resonancia biológica.
Sus ojos azules barrieron la multitud de ninjas sucios y cansados.
Y la encontró.
Estaba medio escondida detrás de dos compañeros de la Aldea de la Hierba.
Una chica con gafas, mordiéndose el brazo nerviosamente.
Pero Naruto no miró las gafas.
Miró su cabello.
Rojo.
Un rojo intenso, escarlata, inconfundible.
No era un tinte.
Era una bandera genética.
En el momento en que sus miradas se cruzaron, el mundo alrededor de Naruto se volvió gris por un segundo.
El ruido de la sala se apagó.
Solo quedó el latido de su propio corazón y el latido del corazón de ella.
Boom-boom…
Boom-boom.
Estaban sincronizados.
Naruto sintió una urgencia extraña, casi violenta, de acercarse a ella.
No era atracción.
Era reconocimiento de manada.
Era su sangre gritando: “Aquí hay otro.
No eres el último.” La chica se ajustó las gafas y lo miró con los ojos muy abiertos, como si ella también sintiera el calor repentino en sus venas.
Abrió la boca, quizás para decir algo, pero su compañero la empujó hacia las escaleras.
El rojo desapareció entre la multitud de chalecos grises.
Pero la sensación de calor se quedó bajo la piel de Naruto.
Ese color…
ese rojo vibrante…
era el mismo color que teñía su visión cuando perdía el control.
Fin del Flashback —Uzumaki…
—pensó Naruto, tocándose el párpado.
Su sangre recordaba lo que su mente había olvidado.
La pantalla electrónica zumbó, sacándolo de sus pensamientos.
Los nombres se detuvieron.
Shikamaru Nara vs.
Kin Tsuchi.
Naruto prestó un poco más de atención.
Kin era la chica del Sonido que había sobrevivido.
Shikamaru era el chico vago que siempre dormía en clase.
La pelea fue táctica.
Kin usó agujas con cascabeles para crear ilusiones auditivas y atacar desde puntos ciegos.
Shikamaru se escondió en las sombras.
Parecía acorralado.
Parecía que iba a perder.
Pero Naruto notó algo.
La sombra de Shikamaru no se mueve al azar.
Está persiguiendo la línea de las agujas.
Shikamaru usó su Kagemane no Jutsu (Jutsu de Posesión de Sombra).
Pero no para atraparla directamente.
Extendió su sombra a través del hilo de nailon que Kin sostenía.
Una sombra tan fina que era invisible.
La atrapó.
Luego, sacó un shuriken.
Kin, forzada a imitarlo, sacó el suyo.
Ambos lanzaron.
Ambos esquivaron.
Pero Shikamaru se agachó.
Y Kin, al imitarlo, se golpeó la cabeza contra la pared de piedra que tenía justo detrás.
K.O.
por trauma craneal autoinfligido.
—Qué fastidio —dijo Shikamaru, rascándose la cabeza.
—Genio —murmuró Naruto.
Respetaba eso.
Shikamaru no tenía grandes reservas de chakra, ni fuerza bruta.
Tenía un cerebro que funcionaba diez pasos por delante.
Peligroso si le das tiempo, archivó Naruto.
La pantalla giró por penúltima vez.
La tensión en la grada subió.
Quedaban pocos.
El nombre se detuvo.
Naruto Uzumaki vs.
Kiba Inuzuka.
Kiba soltó una carcajada ruidosa.
—¡Sí!
¡Qué suerte tengo!
—gritó, chocando la mano con Akamaru—.
¡Nos ha tocado el premio gordo, Akamaru!
¡El perdedor de la clase!
Kiba saltó la barandilla y aterrizó en la arena con una floritura.
—¡Oye, Naruto!
—gritó señalando hacia arriba—.
¡Baja de una vez!
¡Voy a acabar esto en cinco segundos y luego me iré a celebrar que pasé a las finales!
Naruto no saltó.
Caminó hacia las escaleras.
Bajó los escalones uno por uno.
Sin prisa.
Sin emoción.
Sus manos estaban en los bolsillos de su pantalón naranja, ahora sucio y desgarrado.
La espada Enma había sido dejada arriba, por orden de Hayate (se permitían armas, pero Naruto prefirió no depender de ella todavía).
Llegó al centro de la arena.
Kiba estaba rebotando sobre sus pies, lleno de energía y arrogancia.
Akamaru, el pequeño perro blanco sobre su cabeza, soltó un ladrido alegre.
Pero entonces…
Akamaru olió.
El perro se congeló.
Su pequeña nariz húmeda se contrajo.
Olió a Naruto.
No olió al niño que compartía bocadillos en la Academia.
Olió a sangre seca.
Olió a una mezcla tóxica de chakra rojo y chakra violeta residual.
Y, más profundo, olió a la Bestia.
Yip.
Akamaru se metió dentro de la chaqueta de Kiba, temblando violentamente.
—¿Eh?
¿Qué pasa, Akamaru?
—preguntó Kiba, confundido—.
¿Tienes miedo?
¡Es solo Naruto!
Naruto se detuvo a cinco metros.
Miró a Kiba.
Kiba seguía hablando.
—Escucha, Naruto.
Ríndete.
No tienes oportunidad.
Yo voy a ser Hokage, así que no puedo perder el tiempo con…
Naruto desconectó el audio externo.
Su mente se hundió hacia adentro.
—El perro sabe —dijo Kurama desde la oscuridad.
—Los animales tienen mejores instintos que los humanos.
Huele al depredador.
—Es ruidoso —dijo Naruto mentalmente—.
Kiba siempre fue ruidoso.
Cree que ser ninja es ladrar más fuerte.
—¿Qué vas a hacer?
—preguntó el Zorro, con curiosidad sádica.
—Podrías usar los ojos.
Una mirada, un apretón en sus arterias femorales, y caerá al suelo sin que le toques un pelo.
Sería una demostración de poder.
Naruto consideró la opción.
Sintió la picazón familiar en sus retinas.
El Ketsuryūgan estaba listo.
Podía ver el corazón de Kiba latiendo rápido por la emoción.
Podía ver la sangre bombeando a sus piernas para el ataque.
Sería fácil.
Demasiado fácil.
—No —decidió Naruto—.
Hiruzen está mirando.
Kakashi está mirando.
Los Jōnin de otras aldeas están mirando.
—Si uso los ojos ahora, perderé el factor sorpresa para las finales.
—Y me convertiré en un objetivo de laboratorio antes de tiempo.
—Aburrido —bufó Kurama.
—Pero inteligente.
Entonces, ¿a la vieja usanza?
—A la vieja usanza.
En el mundo real, Kiba se estaba impacientando por el silencio de Naruto.
—¡¿Me estás escuchando?!
—gritó Kiba—.
¡No me ignores!
Kiba se agachó.
Lanzó una píldora de soldado a Akamaru.
El perro salió, transformándose en una réplica roja de Kiba.
—¡Te vas a arrepentir!
—Jūjin Bunshin (Clon de Bestia Humana).
—¡Gatsūga!
(Colmillo sobre Colmillo).
Dos torbellinos de garras y colmillos se lanzaron contra Naruto a velocidad sónica.
El viento cortaba la piedra.
Era un ataque frontal devastador.
Naruto no se movió hasta el último microsegundo.
Sus ojos, aunque azules, seguían el movimiento con una precisión mejorada por la experiencia del bosque.
Izquierda.
Derecha.
Giro.
Naruto dio un paso lateral.
El primer tornado pasó rozando su hombro, rasgando la tela.
Naruto se agachó.
El segundo tornado (Akamaru) pasó sobre su cabeza.
—¡Fallas!
—gritó Kiba, dando la vuelta en el aire y volviendo a cargar.
El combate se convirtió en un juego del gato y el ratón.
Kiba atacaba con ferocidad.
Rompía el suelo.
Levantaba polvo.
Naruto esquivaba.
No atacaba.
Solo se movía lo mínimo necesario.
Ahorraba energía.
Observaba los patrones.
—¡Deja de huir, cobarde!
—rugió Kiba, frustrado por no poder conectar un golpe limpio.
Naruto se detuvo en el centro de la arena.
No estaba jadeando.
Miró a Kiba con aburrimiento.
—No estoy huyendo, Kiba —dijo Naruto.
Fue la primera vez que habló en el combate.
Su voz resonó tranquila en la arena silenciosa.
—Estoy esperando a que te canses.
—Tu técnica gasta mucho chakra.
Estás respirando fuerte.
Tu perro está temblando.
Kiba se detuvo, jadeando.
Era cierto.
El Gatsūga era agotador.
—¡Cállate!
¡Te voy a destrozar!
Kiba se preparó para el ataque final.
Iba a poner todo en un solo golpe.
La velocidad máxima.
Naruto suspiró.
—Se acabó.
—Enséñale la diferencia entre un perro doméstico y un lobo —susurró Kurama.
Naruto canalizó chakra.
No a sus ojos.
Sino a su intención.
Liberó una fracción de la malicia que había absorbido del Kyūbi y de Orochimaru.
No fue un jutsu.
Fue una proyección de Sakki (Intención Asesina).
Kiba se lanzó.
Pero justo antes de impactar, Naruto lo miró.
Y Kiba vio la muerte.
Vio su propia garganta arrancada.
Su instinto animal, el mismo que le daba fuerza, se volvió en su contra.
El miedo primario paralizó sus piernas.
El tornado se deshizo.
Kiba tropezó, perdiendo el momento.
Naruto avanzó.
Un paso.
Entró en la guardia abierta de Kiba.
No usó clones.
Cerró el puño.
Concentró chakra en los nudillos.
Un golpe simple.
Eficiente.
Brutal.
¡PAM!
El puño de Naruto se hundió en el plexo solar de Kiba.
El aire salió de los pulmones del Inuzuka con un sonido agónico.
Kiba se dobló sobre el puño de Naruto.
Sus ojos se pusieron en blanco.
Naruto retiró el puño.
Kiba cayó de rodillas, boqueando, incapaz de respirar.
Akamaru, al ver a su amo caer, intentó morder a Naruto.
Naruto simplemente miró al perro.
Una mirada fría.
—Si me muerdes, te rompo el cuello.
Akamaru se detuvo en el aire, lloriqueó y aterrizó junto a Kiba, lamiendo su cara.
Naruto se giró hacia Hayate.
—Ya no se levanta.
Hayate miró a Kiba, que estaba vomitando bilis por el golpe en el diafragma.
—El ganador es…
Naruto Uzumaki.
La grada estaba en silencio.
No hubo vítores.
Habían esperado ver al payaso de la clase hacer algo ridículo.
Habían visto una demolición táctica y psicológica.
Naruto no había sudado.
No había usado ninjutsu.
Simplemente había sido superior.
Hinata miraba con los ojos muy abiertos, sonrojada pero también un poco asustada por el cambio en él.
Sasuke apretó el puño en la barandilla.
Se ha vuelto fuerte…
demasiado rápido.
Kakashi leía su libro, pero su ojo visible estaba serio.
Ese estilo…
no es el de la academia.
Es el de un veterano.
Naruto subió las escaleras.
Pasó junto a la camilla donde se llevaban a Kiba.
Kiba lo miró con un ojo entreabierto, lleno de confusión y dolor.
—Tú…
no eres…
Naruto…
Naruto no se detuvo.
—Naruto murió en el bosque —pensó, pero no lo dijo.
Volvió a su rincón, lejos de los demás.
Cerró los ojos y volvió a la oscuridad de su mente, donde la única compañía que no le decepcionaba tenía nueve colas y un odio infinito.
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