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What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 62

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  4. Capítulo 62 - 62 Capítulo 61 Huérfano de Maestro
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62: Capítulo 61: Huérfano de Maestro 62: Capítulo 61: Huérfano de Maestro La adrenalina de los combates se disipaba, dejando paso a la burocracia.

Los nueve finalistas estaban alineados frente al Hokage.

Hiruzen Sarutobi dio una calada a su pipa, observando a la nueva generación.

Había monstruos, genios y estrategas.

Era una buena cosecha.

—Las finales serán dentro de un mes —anunció el Hokage—.

Necesitamos tiempo para informar a los señores feudales y a los líderes de otras aldeas.

—Además, necesitáis tiempo para prepararos.

Ahora vuestros enemigos conocen vuestras técnicas.

La sorpresa ha terminado.

—Este mes es para analizar a vuestro oponente y cubrir vuestras debilidades.

Anko Mitarashi apareció con una caja negra.

—Sorteo —dijo con una sonrisa sádica—.

Sacad un papel.

Naruto metió la mano sin dudar.

Sacó el número 1.

Miró a su alrededor.

Neji Hyūga levantó su papel.

Número 2.

Naruto miró al Hyūga.

Neji le devolvió la mirada con una arrogancia tranquila, sus ojos blancos brillando con desdén.

—Parece que el destino quiere que limpie la basura en la primera ronda —dijo Neji en voz baja.

Naruto no respondió.

Simplemente arrugó el papel y lo guardó en su bolsillo.

Hyūga.

Combate cerrado.

Jūken.

Bloqueo de tenketsu.

No puedo dejar que me toque.

El sorteo continuó.

Sasuke Uchiha vs.

Gaara.

El murmullo fue general.

El último Uchiha contra el monstruo de la Arena.

Sasuke sonrió, una sonrisa tensa y oscura.

Gaara simplemente parpadeó, prometiendo muerte.

Kankurō vs.

Shino Aburame.

Temari vs.

Shikamaru Nara.

Dosu Kinuta quedaba libre en la primera ronda (debido al número impar), esperando al ganador de uno de los bloques.

—Disuélvanse —ordenó Hiruzen—.

Nos vemos en un mes.

Los equipos se dispersaron.

Naruto caminó hacia la salida de la torre, con la intención de irse a dormir durante tres días seguidos.

Pero una mano se posó en su hombro.

—Naruto.

Tenemos que hablar.

Era Kakashi.

El Jōnin peliplateado tenía una expresión seria, su ojo visible mostraba conflicto.

Se apartaron a un pasillo lateral, lejos de oídos curiosos.

—¿Qué pasa?

—preguntó Naruto.

Su tono era neutro.

—Sobre el entrenamiento de este mes —empezó Kakashi—.

No podré supervisarte.

Naruto no mostró sorpresa.

—Vas a entrenar a Sasuke.

—Es necesario —justificó Kakashi, sintiéndose incómodo ante la falta de reacción del rubio—.

Se enfrenta a Gaara.

Has visto lo que ese chico puede hacer.

Si Sasuke no aprende a usar su velocidad y a penetrar esa defensa, morirá.

—Además, su Sello Maldito es inestable.

Necesito estar cerca para vigilarlo.

—Entiendo —dijo Naruto.

Era lógico.

Sasuke era el activo valioso, el Sharingan, la élite.

Él era el contenedor resistente.

—Pero no te dejaré solo —añadió Kakashi rápidamente—.

He conseguido a un tutor sustituto.

Es un Jōnin de élite, especialista en entrenamiento básico y control.

—Se llama Ebisu.

Naruto se detuvo.

¿Ebisu?

¿El tutor privado de Konohamaru?

¿El hombre que lo miraba con asco en la calle?

¿El “Jōnin de élite” que había caído ante su jutsu sexy hace años?

Kakashi continuó, ajeno al cambio en la temperatura del aire.

—Es estricto, pero es lo que necesitas para pulir tus fundamentos y…

—No —cortó Naruto.

Kakashi parpadeó.

—¿Naruto?

Escucha, Ebisu es un buen maestro y…

Naruto levantó la vista.

Sus ojos azules estaban muertos.

No había rabieta.

No había “¡Quiero que me entrenes tú!”.

Había una advertencia letal.

—Kakashi —dijo Naruto, usando el nombre sin el título de sensei—.

No me insultes.

—Me estás abandonando por el Uchiha.

Lo acepto.

Es una decisión táctica.

—Pero si me mandas a ese pervertido de armario…

si intentas ponerme bajo la tutela de un hombre que me odia y que es más débil que yo…

Naruto dio un paso hacia Kakashi.

Dejó escapar una fracción de su Sakki (Intención Asesina).

No era la del zorro.

Era la suya propia, cultivada en el bosque.

—Lo mataré —susurró Naruto—.

Si Ebisu se me acerca con aires de superioridad, no sobrevivirá al primer entrenamiento.

—Y su sangre estará en tus manos.

Kakashi se quedó helado.

Por un segundo, no vio a su alumno.

Vio a un desertor en potencia.

Vio a alguien capaz de cumplir esa amenaza sin pestañear.

—Naruto…

tú…

—Kakashi intentó buscar las palabras, pero la brecha ya era insalvable.

—Entrenaré solo —sentenció Naruto—.

Como siempre.

El rubio se dio la vuelta y se alejó por el pasillo oscuro, dejando a Kakashi solo, con la sensación terrible de que acababa de cometer el error más grande de su carrera como maestro.

Horas más tarde.

Naruto estaba en un campo de entrenamiento abandonado, cerca de los límites de la aldea.

Estaba sentado sobre una roca, mirando sus manos.

Estaba solo.

Sin equipo.

Sin maestro.

Sin familia.

—Neji tiene razón —murmuró al aire—.

Los perdedores siempre caminan solos.

—Deja de lloriquear.

Es patético.

La voz de Kurama resonó clara y potente.

Sin estática.

Sin sellos que la bloquearan.

Naruto cerró los ojos y entró en su mente.

El Zorro estaba sentado, con las nueve colas ondeando perezosamente.

—Ese cíclope te hizo un favor.

Ese tal Ebisu es basura.

Solo te habría enseñado a caminar sobre el agua y a ser un buen soldado obediente.

—Tú no necesitas eso.

—Necesito poder, Kurama —dijo Naruto, mirando a la bestia a los ojos—.

Neji me va a cerrar los puntos de chakra.

Gaara me va a aplastar.

Y Orochimaru…

Orochimaru me va a cazar.

Kurama sonrió, mostrando sus colmillos blancos.

—Entonces, deja de buscar maestros humanos.

Son limitados.

Tienen miedo.

—Yo te entrenaré.

Naruto alzó una ceja.

—¿Tú?

—Soy un ser de chakra puro que ha vivido siglos.

He visto guerras que harían que tus “Grandes Guerras Ninja” parezcan peleas de bar.

—Te enseñaré a usar lo que tienes.

Tu sangre.

Y mi poder.

El Zorro acercó su rostro a la reja.

Su expresión se volvió extrañamente solemne.

—Además…

es hora de que sepas de dónde vienes.

—Ese viejo mono de Hiruzen te lo ha ocultado para “protegerte”.

Kakashi no tiene las agallas para decírtelo.

—¿De qué hablas?

—De tu herencia, cachorro.

—¿Crees que tu resistencia, tu vitalidad y esos ojos rojos que despertaste son casualidad?

—Perteneces al Clan Uzumaki.

Un clan de monstruos de la longevidad y el sellado, temidos tanto que las otras naciones se unieron para exterminarlos y borrar su país del mapa.

—Tu madre era Kushina Uzumaki.

La anterior contenedora.

Naruto sintió que el suelo de la alcantarilla temblaba.

—¿Mi madre…?

—Era ruidosa.

Y violenta.

Te pareces a ella.

—Pero tu padre…

Kurama hizo una pausa, como si le doliera admitir respeto por ese humano.

—Tu padre fue el hombre que me encerró aquí.

El único humano lo suficientemente rápido para superarme.

—Minato Namikaze.

El Cuarto Hokage.

El silencio en la mente de Naruto fue absoluto.

La revelación cayó como una bomba atómica.

El Cuarto.

El héroe.

El hombre que él admiraba.

Era su padre.

Y Hiruzen lo sabía.

Y Kakashi lo sabía.

Y lo habían dejado pudrirse en un apartamento bebiendo leche caducada.

La ira de Naruto no estalló hacia afuera.

Implosionó.

Se convirtió en un agujero negro de resentimiento frío.

—Así que…

soy el hijo del Cuarto —dijo Naruto con voz muerta—.

Y el último Uzumaki.

—Tienes el cuerpo de tu madre y, potencialmente, el talento de tu padre.

—Minato creó un jutsu.

Una técnica que no requiere sellos de mano.

Una técnica de forma pura, basada en la rotación y el poder.

—La dejó inconclusa.

Quería inyectarle naturaleza elemental, pero murió antes de lograrlo.

Kurama señaló la mano de Naruto.

—Se llama Rasengan.

—Es una esfera de destrucción giratoria.

—Si aprendes eso…

y le añades tu afinidad de Viento…

y mi chakra…

—No necesitarás trucos de marionetas ni insectos.

—Podrás borrar a ese Hyūga de la faz de la tierra.

Naruto abrió los ojos en el mundo real.

Miró su mano derecha.

Ya no veía una mano vacía.

Veía el legado que le habían robado.

Se puso de pie.

—Enséñame —ordenó a la voz en su cabeza.

—Enséñame a hacerlo.

—Y cuando gane…

voy a tener una charla muy larga con el Hokage.

—Ese es el espíritu —rio Kurama.

—Empecemos.

Naruto apretó el puño.

El mes de entrenamiento no sería para cubrir debilidades.

Sería para afilar los colmillos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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