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What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 66

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  4. Capítulo 66 - 66 Capítulo 65 Cadenas que No Son Cadenas
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66: Capítulo 65: Cadenas que No Son Cadenas 66: Capítulo 65: Cadenas que No Son Cadenas La noche en los páramos del norte era helada.

El viento aullaba entre las rocas como un lamento.

Dokuga, el dragón de Komodo, dormía hecho un ovillo cerca de una fogata moribunda, su respiración sibilante siendo el único sonido rítmico.

Naruto no dormía.

Estaba sentado en posición de loto, con la espalda desnuda expuesta al frío.

Estaba intentando moldear chakra, pero se sentía estancado.

Tenía el ataque (Rasengan, Viento).

Tenía la invocación.

Pero le faltaba algo fundamental: defensa y contención, aparte de su elemento tierra.

Gaara tenía su arena.

Sasuke tenía velocidad.

Naruto solo tenía su cara para recibir golpes.

—Naruto.

La voz de Kurama rompió su concentración.

—Estás pensando en defensa.

—Es irónico.

Tu clan, los Uzumaki, eran los maestros absolutos de la contención.

—Tenían una técnica secreta.

Un Kekkei Genkai que incluso yo respetaba…

y temía.

Naruto abrió los ojos.

—¿Cuál?

—Kongō Fūsa (Cadenas de Diamantina).

—Tu madre, Kushina, podía proyectar cadenas de chakra dorado desde su espalda.

—Eran indestructibles.

Podían levantar barreras, sellar bijuus y atravesar montañas.

—Ella me ató con ellas la noche que morí.

Los ojos de Naruto brillaron.

—Enséñame.

—Si tengo eso, la arena de Gaara no será un problema.

—No puedes.

El rechazo fue seco y brutal.

Naruto frunció el ceño.

—¿Por qué?

Soy un Uzumaki.

Tengo su sangre.

—Porque tu chakra no es puro, cachorro.

—Llevas doce años mezclando tu energía con la mía.

Mi chakra es corrosivo.

Es odio líquido.

—Las Cadenas de Diamantina requieren una pureza espiritual y un tipo de chakra “sólido” que tú ya no posees.

—Si intentas crear cadenas de luz, mi ácido las disolverá antes de que salgan de tu piel.

Naruto apretó los puños, golpeando sus muslos.

—Entonces, ¿para qué me lo cuentas?

¿Para burlarte?

—Para darte una alternativa.

—No puedes crear cadenas de luz.

—Pero tienes algo más denso.

Algo que ya has empezado a controlar.

Kurama proyectó una imagen mental.

No eran cadenas doradas y etéreas.

Eran apéndices físicos.

Rojos.

Oscuros.

Viscerales.

—Sangre.

—Tu Ketsuryūgan reacciona al hierro en la sangre.

—Los Uzumaki tienen una vitalidad absurda; regeneras sangre más rápido que cualquier humano.

—No uses chakra puro.

Usa tu propia sangre como medio físico y solidifícala con chakra de Viento y Yang.

—¿Sacar sangre de mi cuerpo…

y endurecerla?

—preguntó Naruto, sintiendo una náusea leve—.

Suena asqueroso.

—Es adaptación.

—¿Quieres sobrevivir o quieres ser bonito?

Naruto miró las cicatrices en su pecho.

—Dime qué hacer.

—Concéntrate en tu espalda baja.

En las vértebras lumbares.

—Acumula sangre allí.

Mucha sangre.

Haz que se estanque.

—Luego, usa el chakra para empujarla hacia afuera.

Rompe la piel.

—Dale forma.

No pienses en una cadena.

Piensa en una cola.

O en un tentáculo.

—Piensa en un arma.

Naruto cerró los ojos.

Obedeció.

Redirigió el flujo sanguíneo.

Sintió la presión en su espalda baja.

Calor.

Mucho calor.

Era como tener un absceso gigante a punto de reventar.

Sus ojos empezaron a picar.

El Ketsuryūgan vibró detrás de sus párpados, reaccionando a la manipulación masiva de hematíes, aunque Naruto no lo activó visualmente.

—Duele…

—gimió Naruto.

—¡Empuja!

—rugió Kurama.

—¡Sácalo!

Naruto gritó.

No fue un grito de batalla.

Fue un grito de agonía pura.

Sintió cómo la piel de su espalda se estiraba más allá de su límite elástico.

Sintió cómo los músculos se desgarraban.

¡SPLAAT!

El sonido fue húmedo y terrible.

La piel de su zona lumbar estalló.

Cuatro chorros de sangre salieron disparados.

Pero no cayeron al suelo.

Bajo la voluntad férrea de Naruto y la guía de Kurama, la sangre se detuvo en el aire.

Se coaguló instantáneamente.

Se cristalizó.

Cuatro estructuras emergieron de su espalda.

No eran cadenas con eslabones.

Parecían tentáculos musculares, cubiertos de escamas de sangre endurecida, de un color rojo negruzco brillante.

Eran gruesos, pulsantes en la base y afilados en la punta.

Se movían como extremidades de araña (Rinkaku).

Naruto cayó de rodillas, jadeando, con la frente pegada al suelo.

El dolor era cegador.

Sentía que le habían arrancado la columna vertebral.

—¿Qué…

qué es esto?

—jadeó.

Miró de reojo.

Las cuatro “cadenas” de sangre se mecían detrás de él, goteando plasma caliente.

Eran pesadas.

Eran parte de él.

—Pruébalas.

Naruto intentó mover una.

Se sentía como mover un brazo extra que hubiera estado dormido durante años.

Lanzó un pensamiento: Golpea.

Una de las extremidades de sangre se disparó hacia adelante.

¡CRACK!

Impactó contra una roca de granito.

La roca no se partió simplemente; estalló en grava.

La fuerza cinética era brutal.

La extremidad se retrajo.

La punta estaba intacta.

Era más dura que el acero.

—Cadenas de Sangre (Kessarī).

—No sirven para sellar demonios.

—Pero sirven para desmembrar humanos.

—Felicidades, Naruto.

Te estás convirtiendo en un monstruo precioso.

Naruto se dejó caer al suelo, exhausto.

Las cadenas se licuaron y volvieron a entrar en su cuerpo, cerrando las heridas de su espalda con una regeneración acelerada que dejó cicatrices queloides horribles.

Dolía.

Dios, cómo dolía.

Pero mientras perdía la consciencia por la pérdida de sangre, Naruto tuvo un pensamiento oscuro.

Si Neji intenta tocarme…

se quedará sin manos.

El viento sopló, secando la sangre en la tierra.

El arma estaba casi completa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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