What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 69
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- Capítulo 69 - 69 Capítulo 68 Ojos Carmesí
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69: Capítulo 68: Ojos Carmesí 69: Capítulo 68: Ojos Carmesí El sol se estaba poniendo sobre los límites exteriores de Konoha, tiñendo el cielo de un color violeta amoratado.
Naruto estaba en la orilla de un río, lavándose la cara.
El agua fría ayudaba a calmar el ardor en sus ojos.
Últimamente, sus conductos lagrimales picaban constantemente, como si tuviera arena detrás de los párpados.
Kurama le había dicho que era el Ketsuryūgan adaptándose a su nervio óptico, pidiendo ser usado.
Naruto se secó con la manga rota de su camiseta.
Entonces, lo sintió.
No fue el Sakki (intención asesina) de un enemigo.
No fue la vigilancia pasiva de Jiraiya (que había desaparecido hacía unas horas).
Fue un zumbido.
Una vibración en la base de su cráneo, similar a la que había sentido en la torre, pero ahora, en el silencio del bosque, era ensordecedora.
Naruto se giró lentamente.
Sus sentidos se enfocaron hacia un grupo de arbustos a veinte metros.
—Sal —dijo Naruto.
Su voz no era una amenaza, sino una afirmación.
Hubo una pausa.
El crujido de una rama.
Y luego, una figura emergió de la espesura.
Era ella.
La chica de la Aldea de la Hierba.
La del pelo rojo.
Karin se ajustó las gafas con un dedo tembloroso.
Llevaba su uniforme beige, sucio de tierra y hojas.
Parecía haber estado corriendo o escondiéndose.
Naruto notó las marcas de mordiscos en sus brazos.
Viejas cicatrices.
Nuevas heridas.
Su sangre hirvió por un segundo, una reacción instintiva de protección que no entendió.
Karin no se movió.
Estaba paralizada.
Para ella, mirar a Naruto no era ver a un chico rubio bajito.
Su Ojo de la Mente de Kagura se activó involuntariamente.
Lo que Karin vio la dejó sin aliento.
Vio un océano de chakra azul brillante, vasto como el mar.
Pero debajo, en las profundidades, vio una masa de magma rojo, denso, odio puro y frío (Kurama).
Y flotando en esa mezcla, vio algo más.
Vio cadenas rotas.
Vio remolinos.
Y vio dos ojos color sangre mirándola desde el alma del chico.
—Tu chakra…
—susurró Karin.
Su voz era apenas un hilo—.
Es…
aterrador.
Naruto dio un paso hacia ella.
—¿Quién eres?
—preguntó.
—¿Por qué hueles a mí?
Karin retrocedió un paso, pero luego se detuvo.
No podía irse.
Sentía una atracción magnética.
Era incómodo.
Era visceral.
Sentía que si se acercaba a él, sus células encajarían como piezas de un rompecabezas.
No era atracción romántica.
No le gustaba su cara, ni su actitud.
Era hambre.
El hambre de alguien que ha estado solo en una habitación llena de extraños y de repente encuentra a alguien que habla su idioma.
—Soy Karin —dijo ella, abrazándose a sí misma para dejar de temblar—.
Me perdí.
Me alejé de mi equipo.
—Ellos…
ellos me muerden.
—Tú…
tú no muerdes.
Tú devoras.
Naruto se detuvo a tres metros de ella.
La miró a los ojos.
Eran del mismo color que los suyos cuando se enfadaba.
Por primera vez en su vida, Naruto se sintió observado.
Pero no juzgado.
Los aldeanos lo miraban con odio.
Hiruzen lo miraba con lástima.
Sasuke lo miraba con rivalidad.
Jiraiya lo miraba con decepción.
Karin lo miraba y veía el desastre que era: el demonio, la sangre, el caos genético.
Y no veía un monstruo que debía ser eliminado.
Veía un hecho.
Veía una verdad biológica.
—Tienes frío —dijo Naruto.
No era una pregunta.
Veía el flujo sanguíneo de ella contrayéndose por la bajada de temperatura y el miedo.
—Tú quemas —respondió Karin, mirando el pecho de Naruto donde estaba el sello—.
Tienes un sol oscuro ahí dentro.
Se quedaron en silencio.
El viento movió el cabello rojo de ella y el cabello rubio de él.
Había una tensión en el aire.
La necesidad de tocarse, de comprobar si eran reales, era abrumadora.
Pero ambos eran criaturas heridas.
Ambos sabían que el contacto podía doler.
Karin dio un paso vacilante hacia adelante.
Levantó la mano, como si quisiera tocar el aire alrededor de Naruto, para probar su chakra.
—Uzumaki…
—susurró la palabra prohibida.
Naruto se tensó.
—¿Qué dijiste?
—No lo sé —Karin parpadeó, confundida, retirando la mano como si se hubiera quemado—.
Solo…
me vino a la cabeza.
—Ese color.
Tu energía.
Sabe a…
remolinos.
Karin bajó la mirada.
Se ajustó las gafas de nuevo, rompiendo el hechizo momentáneo.
—Tengo que irme.
Si mis compañeros me encuentran hablando con el enemigo…
me castigarán.
Naruto no la detuvo.
Entendió la dinámica de la víctima.
Él había vivido eso.
—Vete —dijo Naruto—.
Pero no dejes que te vacíen.
—Si muerdes de vuelta, a veces dejan de hacerlo.
Karin lo miró una última vez.
Hubo un destello de gratitud en sus ojos rojizos.
Y algo más.
Reconocimiento.
Tú eres el otro.
Karin se dio la vuelta y corrió hacia el bosque, desapareciendo entre las sombras.
Naruto se quedó solo en la orilla del río.
Se tocó el pecho.
Su corazón latía con un ritmo extraño, pesado.
No era amor.
Naruto ni siquiera sabía qué era el amor.
Era la confirmación de que no era un error de la naturaleza.
Había otro espécimen en el mundo.
—…
En su interior, Kurama observaba en absoluto silencio.
El Zorro no se burló.
No hizo comentarios sarcásticos.
Había visto la interacción.
Había sentido cómo el chakra de Naruto intentaba alcanzar el de la chica.
Kurama cerró los ojos y apoyó la cabeza en sus patas.
Los fragmentos se atraen, pensó la Bestia.
La sangre llama a la sangre.
Al final, el clan siempre intenta reconstruirse, incluso sobre las cenizas.
Naruto recogió su toalla.
Sus ojos azules brillaron por un segundo con un tono carmesí bajo la luz de la luna.
—Karin —archivó el nombre en su memoria, justo al lado de “Gaara” y “Sasuke”.
Pero en una categoría diferente.
“Aliada potencial”.
O quizás…
“Familia perdida”.
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