What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 72
- Inicio
- Todas las novelas
- What if, Naruto con el ketsuryugan
- Capítulo 72 - 72 Capítulo 71 Karin
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
72: Capítulo 71: Karin 72: Capítulo 71: Karin El mundo de Karin era un mapa de temperaturas y colores invisibles para el resto.
Para la gente normal, el bosque era árboles y tierra.
Para ella, era una red de señales.
Algunas eran cálidas y seguras.
La mayoría eran frías, hostiles y puntiagudas.
Estaba acurrucada en la rama alta de un árbol, lejos de su equipo de la Aldea de la Hierba.
Se sujetaba el brazo izquierdo.
Las marcas de dientes palpitaban.
Zosui la había mordido hace una hora para curarse un tobillo torcido.
No pidió permiso.
Nunca lo hacían.
Solo agarraban su brazo, clavaban los dientes y succionaban su vida como si fuera un refresco barato.
—Me voy a secar aquí…
—pensó Karin, ajustándose las gafas con dedos temblorosos—.
Un día me morderán demasiado fuerte y no despertaré.
Cerró los ojos y activó su Kagura Shingan (Ojo de la Mente de Kagura).
Quería asegurarse de que nadie se acercara.
Pero en lugar de buscar amenazas, su mente volvió a él.
Al chico del río.
El rubio con la mirada muerta.
Naruto Uzumaki.
Karin se estremeció.
No era frío.
Era una reacción eléctrica.
Había visto miles de chakras en su vida.
El de Sasuke Uchiha era frío y afilado, un azul oscuro fascinante pero arrogante.
El de Orochimaru era un abismo púrpura, podrido y lleno de serpientes.
Pero el de Naruto…
Naruto era una catástrofe natural contenida en piel humana.
—Es tan…
ruidoso —susurró Karin al viento.
En su memoria sensorial, el chakra de Naruto no era un flujo constante.
Era una tormenta.
Un remolino masivo y violento.
Pero lo que la había aterrado —y atraído— no era el volumen.
Era la tristeza.
Debajo de esa capa de furia roja y naranja, Karin había sentido un núcleo de soledad tan profundo que le dolía el pecho solo de recordarlo.
Era un vacío.
Un agujero negro que gritaba en silencio.
“Mírame.
Estoy aquí.
No me dejes.” Y luego estaba lo otro.
La Sangre.
Karin se miró las manos pálidas.
Cuando lo vio cerca del río, su habilidad sensorial había captado algo que sus ojos físicos apenas vislumbraron.
Los ojos de él.
Esos iris rojos.
No eran un Doujutsu normal como el Sharingan.
El Sharingan era chakra en los ojos.
Lo de Naruto era biología.
—Su sangre estaba cantando —analizó Karin, recordando la vibración—.
Sus glóbulos rojos tenían chakra propio.
—Estaban…
vivos.
—Igual que los míos.
Karin sintió una punzada de miedo.
Sabía, por instinto genético, lo que eso significaba.
Ese poder era antiguo.
Pertenecía a historias de terror que los ancianos de la Hierba contaban sobre el “Clan de los Demonios Rojos” que vivían en el Valle del Infierno.
El poder de controlar el líquido de la vida.
—Es peligroso —se dijo a sí misma—.
Si me acerco a él, me destrozará.
—Tiene un monstruo dentro.
Una bestia de odio puro que está encadenada a su alma.
—Si esa bestia se suelta, quemará el mundo.
Pero, a pesar del terror, Karin no podía dejar de pensar en él.
Por primera vez en su vida, alguien la había mirado y no había visto un botiquín con piernas.
No había mirado sus brazos mordidos con hambre.
La había mirado con reconocimiento.
Como un lobo solitario que encuentra el rastro de otro lobo en la nieve.
—Uzumaki…
—repitió la palabra que Naruto había dicho.
El nombre de un clan muerto.
Su clan.
Karin miró hacia la dirección de Konoha.
Sabía que las finales eran en unos días.
Sabía que él estaría allí.
Y sabía que su equipo de la Hierba planeaba asistir como espectadores para recopilar información para Orochimaru.
—Voy a ir —decidió Karin.
Se levantó, ignorando el dolor en su brazo.
No era amor.
Karin no sabía qué era el amor, aparte de una fantasía para escapar de su realidad de ser mordida.
Esto era curiosidad mórbida.
Era la necesidad de ver qué pasaba cuando alguien con su misma sangre decidía dejar de ser la víctima y empezaba a ser el verdugo.
—Mi destino acaba de cambiar —murmuró, sintiendo un escalofrío premonitorio en la nuca.
Hasta ayer, su destino era morir seca en una misión oscura.
Ahora, había una bifurcación en el camino.
Y esa bifurcación tenía el color rojo de los ojos de Naruto.
Karin saltó de la rama, volviendo con sus abusadores, pero con una pequeña llama encendida en su interior que no estaba allí antes.
Iba a observar al monstruo.
Y tal vez…
solo tal vez…
aprendería cómo morder de vuelta.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com