What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 73
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- Capítulo 73 - 73 Capítulo 72 Antes del Rugido
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73: Capítulo 72: Antes del Rugido 73: Capítulo 72: Antes del Rugido El sol de la mañana de las finales quemaba sobre Konoha.
Las calles estaban abarrotadas.
Aldeanos, nobles feudales, turistas y ninjas de todas las naciones se dirigían hacia el estadio principal como un río de ruido y color.
Naruto Uzumaki caminaba en dirección contraria a la corriente, usando los callejones traseros.
Había cambiado.
Ya no llevaba su vieja chaqueta naranja desgastada.
Llevaba una camiseta negra ajustada, pantalones anbu grises y una capa de viaje oscura con el remolino rojo de los Uzumaki en la espalda, recuperada de una tienda de segunda mano.
La espada Enma cruzaba su espalda.
Sus brazos estaban vendados hasta los nudillos.
Caminaba tranquilo.
Sin nervios.
La ansiedad había desaparecido durante el mes de tortura autoinfligida.
Ahora solo quedaba la ejecución.
Al doblar la esquina hacia la entrada de competidores, se detuvo.
Había alguien bloqueando el camino.
Un hombre alto, robusto, con una melena blanca salvaje y una línea roja bajando por sus ojos.
Llevaba un protector de frente con el kanji de “Aceite”.
Naruto no preguntó quién era.
Sabía quién era.
Lo había sentido observándolo durante semanas.
Jiraiya, el Sannin Legendario, se giró.
Su rostro no tenía la sonrisa bufonesca habitual.
Estaba serio.
Había dolor en sus ojos oscuros mientras escaneaba al chico.
Vio el parecido con Minato.
Vio la barbilla de Kushina.
Pero sobre todo, vio el vacío en sus ojos.
—Así que…
tú eres Naruto —dijo Jiraiya.
Su voz era grave, cargada de arrepentimiento.
Naruto no se inclinó.
No sonrió.
Mantuvo las manos en los bolsillos.
—Y tú eres Jiraiya —respondió Naruto.
Su tono fue plano.
Como si estuviera leyendo una lista de la compra.
Jiraiya dio un paso adelante, intentando cerrar la distancia física y emocional.
—Tenía la intención de buscarte antes.
—Quería entrenarte este mes.
—Kakashi me dijo que te fuiste por tu cuenta.
—Soy…
yo conocí a tus padres.
Fui el maestro de tu padre.
Naruto ladeó la cabeza ligeramente.
—Lo sé.
La respuesta corta desarmó a Jiraiya.
El Sannin esperaba preguntas.
Esperaba un “¿Cómo eran?” o un “¿Por qué no viniste antes?”.
Esperaba la emoción de un huérfano hambriento de conexión.
—Naruto, escucha —Jiraiya levantó una mano—.
Sé que tienes preguntas.
Sé que Hiruzen cometió errores ocultando tu herencia.
—Pero estoy aquí ahora.
—Después de las finales…
me gustaría llevarte conmigo.
Enseñarte.
—Hay cosas que debes aprender sobre el mundo.
Y sobre lo que llevas dentro.
Naruto miró la mano tendida de Jiraiya.
Luego miró a los ojos del Sannin.
Fue una mirada de hielo absoluto.
No había odio ardiente como el que sentía por la aldea.
Había algo peor: Indiferencia.
—Llegas tarde —dijo Naruto.
No gritó.
No le tembló la voz.
Fue una declaración de hecho.
—Tengo doce años, Jiraiya.
—He dormido solo en un apartamento vacío durante ocho años.
—He comido ramen instantáneo porque nadie me vendía verduras frescas.
—He sido odiado, escupido y perseguido.
Naruto dio un paso hacia el estadio, pasando por el lado del hombre gigante.
—Si hubieras venido hace cinco años…
te habría abrazado.
—Si hubieras venido hace un mes…
te habría escuchado.
—Pero ahora…
Naruto se detuvo a su lado sin mirarlo.
—Ahora no necesito un maestro.
—Y definitivamente no necesito un padre que aparece cuando el trabajo duro ya está hecho.
Jiraiya se quedó helado.
Sintió como si le hubieran clavado un kunai en el corazón.
—Naruto…
no lo haces por ti.
Lo haces por rencor.
Naruto soltó una risa seca y sin humor.
—No es rencor, Sannin.
—Es eficiencia.
—Tú eres una distracción.
Y yo tengo una guerra que pelear.
Naruto siguió caminando.
Su capa ondeó tras él.
Jiraiya no se giró para detenerlo.
No podía.
Entendió, con una claridad devastadora, que había perdido a su ahijado antes incluso de conocerlo.
El “Niño de la Profecía” que buscaba no era este chico.
Este chico era un superviviente que había aprendido a no necesitar a nadie.
—Bien hecho.
La voz de Kurama resonó en la mente de Naruto, satisfecha y orgullosa.
—No temblaste.
—No dudaste.
—Ese hombre representa el pasado que te falló.
—Nosotros somos el futuro.
Naruto entró en el túnel oscuro que llevaba a la arena.
Al final del túnel, la luz del sol brillaba intensamente y se oía el rugido de miles de personas gritando por sangre.
—Sí —pensó Naruto, tocando el mango de Enma—.
El pasado está muerto.
Naruto salió a la luz.
El estadio rugió.
Pero el verdadero rugido…
el rugido del dragón y del zorro…
estaba a punto de empezar en silencio.
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