What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 75
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- Capítulo 75 - 75 Capítulo 74 La victoria que no se quiere
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75: Capítulo 74: La victoria que no se quiere 75: Capítulo 74: La victoria que no se quiere El silencio en el estadio se rompió lentamente tras la salida de Neji en camilla.
Los murmullos sobre “Namikaze” y el intento de decapitación llenaban el aire como un enjambre de abejas nerviosas.
Naruto subió las escaleras hacia la sala de espera de los competidores.
Su rostro estaba impasible.
No había sudado.
No había jadeado.
Simplemente había ejecutado.
Al entrar en la balconada, el ambiente cambió.
Kankurō y Temari retrocedieron un paso instintivamente.
Shino permaneció inmóvil, pero sus insectos zumbaban agitados bajo su abrigo.
Gaara…
Gaara lo miró con esos ojos hambrientos, la arena deslizándose del corcho de su calabaza.
Naruto ignoró a todos y se dirigió a la barandilla.
Pero alguien se interpuso en su camino.
No con hostilidad, sino con una pereza calculada.
—Oye…
—dijo Shikamaru Nara, con las manos en los bolsillos.
Naruto se detuvo.
Miró al estratega.
—¿Qué quieres, Shikamaru?
Shikamaru suspiró, rascándose la nuca.
—Ese nombre que dijiste abajo…
y esa espada.
—Has asustado a mucha gente, Naruto.
—Incluso a mí.
—Ese golpe final…
¿realmente ibas a hacerlo?
Naruto sostuvo la mirada del Nara.
—Sí.
Shikamaru no retrocedió, pero su expresión se volvió seria.
—Qué fastidio.
—Solías ser el tipo que pintaba los monumentos, no el que los llenaba de sangre.
—Ten cuidado.
Si te conviertes en una amenaza demasiado grande, la aldea te tratará como tal.
—Ya lo hacen, Shikamaru —respondió Naruto, pasando por su lado—.
Solo que ahora tienen una razón real.
—Suerte en tu combate.
Intenta no morir.
Shikamaru lo vio pasar, sacudiendo la cabeza.
—Problemático…
realmente problemático.
Genma anunció el siguiente combate desde la arena.
—¡Siguiente ronda!
¡Temari de la Arena contra Shikamaru Nara!
Shikamaru bajó a la arena con la desgana de quien va a una ejecución.
Temari bajó con una sonrisa confiada, arrastrando su abanico de hierro gigante.
—Voy a acabar rápido contigo, vago —dijo Temari.
—Comiencen.
Temari no perdió el tiempo.
Abrió el abanico completamente.
Tres lunas.
—Fūton: Kamaitachi (Elemento Viento: Comadreja Cortante).
El vendaval azotó la arena.
Shikamaru corrió, escondiéndose detrás de los árboles y rocas del terreno.
Naruto observaba desde arriba con ojos analíticos.
No le importaba quién ganara.
Le importaba el Viento.
Ella usa el viento para controlar el espacio, analizó Naruto.
Crea zonas de muerte donde no puedes entrar.
Es fuerza bruta aplicada a distancia.
Mi viento es diferente.
El mío es corte y penetración.
La pelea fue un juego del gato y el ratón.
Temari destruía el terreno, obligando a Shikamaru a moverse.
Shikamaru usaba las sombras de los escombros para extender su alcance.
Parecía que el chico de Konoha estaba acorralado.
Pero Naruto vio el patrón.
Está midiendo la distancia.
Está esperando a que el sol baje para alargar las sombras.
Y así fue.
Con una estrategia brillante, usando su chaqueta como paracaídas para crear una sombra móvil y aprovechando el agujero que Naruto había hecho antes en el suelo con su Doton, Shikamaru atrapó a Temari.
—Kagemane no Jutsu (Jutsu de Posesión de Sombra).
Completado.
Temari se quedó paralizada, con el abanico en alto.
Shikamaru caminó hacia ella.
Ella se vio obligada a imitarlo.
Estaba a su merced.
El público gritó, esperando el golpe final.
Esperando que Shikamaru le rompiera el cuello o la noqueara.
Shikamaru levantó la mano.
El público contuvo el aliento.
Naruto entrecerró los ojos.
—Me rindo —dijo Shikamaru.
El estadio se quedó en silencio por segunda vez en el día.
—¿Qué?
—gritó Temari, confundida.
—He gastado casi todo mi chakra —explicó Shikamaru, liberando la técnica y levantando las manos—.
Aunque te gane aquí, no tendré energía para la siguiente ronda.
—Y tengo planes para vivir una vida larga.
—No vale la pena arriesgarse más.
—Árbitro, me retiro.
El público estalló.
Pero no en aplausos.
Abucheos.
Insultos.
“¡Cobarde!” “¡Tenías la victoria!” “¡Vergüenza para Konoha!” Temari se quedó allí, de pie, victoriosa pero sintiéndose derrotada intelectualmente.
Shikamaru subió las escaleras, ignorando la basura que le tiraban desde las gradas.
Naruto lo vio llegar.
—Buena decisión —dijo Naruto.
Shikamaru se detuvo, sorprendido.
Esperaba que Naruto, el rey de “nunca rendirse”, lo regañara.
—¿Ah, sí?
—Sobrevivir es ganar —dijo Naruto—.
Una victoria pírrica es una derrota disfrazada.
—Elegiste vivir para pelear otro día.
Eso es inteligencia.
Shikamaru sonrió levemente.
—Vaya.
Al menos alguien lo entiende.
Mientras se preparaba el campo para el siguiente combate, Naruto se recostó contra la pared.
Cerró los ojos un momento.
—Oye, cachorro.
La voz de Kurama sonó curiosa.
—Lo de antes.
“Namikaze”.
—¿Vas a empezar a usar el nombre de tu padre?
¿Vas a reclamar su herencia?
Naruto negó mentalmente.
—No.
—Namikaze es el nombre de un héroe muerto que Konoha adora.
—Usé el nombre solo para ver la cara de Hiruzen.
Para decirle: “Lo sé todo, viejo mentiroso”.
Fue un arma política, no una identidad.
—Yo soy un Uzumaki, Kurama.
—Ese nombre me pertenece.
Es el nombre del clan que fue temido y destruido.
—Namikaze es demasiado brillante.
Demasiado…
dorado.
Naruto tocó su pecho, donde su corazón bombeaba sangre potente.
—Uzumaki es más acorde con el cabello rojo de mi madre.
Y con el color de mis ojos nuevos.
—Bien dicho —gruñó el Zorro.
—El remolino se traga al relámpago.
La pantalla mostró el siguiente combate.
Shino Aburame vs.
Kankurō.
Kankurō, el titiritero de la Arena, miró la pantalla.
Miró a Shino, el chico silencioso de los insectos.
Y luego miró a Gaara, que estaba temblando en la esquina, esperando su turno contra Sasuke.
Kankurō sabía la misión.
La invasión empezaría pronto.
No podía arriesgarse a revelar los mecanismos de su marioneta “Cuervo” (Karasu) antes de la operación real.
Y los insectos de Shino eran peligrosos; podían atascar las articulaciones.
Kankurō levantó la mano antes incluso de bajar a la arena.
—Me rindo.
—Paso.
Genma parpadeó, sacándose el senbon de la boca.
—¿Estás seguro?
—Guarda tus preguntas —dijo Kankurō—.
No tengo ganas de pelear con el bicho raro.
Me retiro.
Genma suspiró.
—Ganador por abandono: Shino Aburame.
El público abucheó de nuevo.
Dos combates seguidos terminados por rendición.
La gente estaba furiosa.
Querían sangre.
Querían espectáculo.
Naruto miró a Kankurō.
—Están ocultando algo —murmuró—.
Nadie viene a una final internacional para rendirse sin pelear.
—Están reservando fuerzas.
—La invasión —confirmó Kurama.
—Se huele en el aire.
—Prepárate, Naruto.
—El siguiente combate es el del Uchiha.
—Y ese mapache inestable está a punto de explotar.
Naruto miró hacia la arena vacía.
—Que explote —dijo—.
Yo estaré listo para recoger los pedazos.
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