What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 78
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- Capítulo 78 - 78 Capítulo 77 Cruce Inevitable
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78: Capítulo 77: Cruce Inevitable 78: Capítulo 77: Cruce Inevitable El estadio de Konoha estaba sumido en una atmósfera extraña durante los treinta minutos de descanso.
No había la excitación habitual de un torneo deportivo.
Había un peso en el aire, una presión barométrica que hacía que los civiles se abanicaran nerviosamente y los niños lloraran sin razón aparente.
Los operarios habían trabajado a marchas forzadas para limpiar la sangre de Sasuke y retirar los escombros de la explosión de Gaara, pero las manchas oscuras persistían en la piedra gris, como un presagio.
En la sala de espera de la torre, Naruto estaba sentado en un banco, con los ojos cerrados, ajustando sus vendas.
No estaba meditando.
Estaba calibrando su flujo sanguíneo.
Kankurō y Shino se habían marchado.
Shikamaru estaba en la enfermería.
Solo quedaban Temari y él.
Temari caminaba de un lado a otro, el sonido de sus sandalias resonando en el pasillo vacío.
Se detuvo frente a Naruto.
—Gaara no está bien —dijo ella.
Su voz, usualmente fuerte y segura, tenía un temblor casi imperceptible—.
El golpe del Uchiha…
y los insectos…
han despertado al Shukaku más de lo normal.
—Ya no distingue entre aliados y enemigos.
Naruto abrió un ojo.
El azul brillaba con una frialdad ártica.
—¿Y?
—Y te va a matar —espetó Temari, inclinándose hacia él—.
No lo entiendes.
Gaara nunca duerme.
Su defensa es automática.
Y ahora tiene hambre.
—Si valoras tu vida, ríndete.
Naruto se levantó lentamente.
Quedó cara a cara con la chica de la Arena.
A pesar de la advertencia de muerte, Naruto notó cómo las pupilas de Temari se dilataban al tenerlo cerca.
El miedo y la atracción bailaban un vals peligroso en su mirada.
—Me dijiste que te gustaban los tipos peligrosos —recordó Naruto, con una voz suave pero áspera—.
Gaara es peligroso.
Yo soy letal.
—Hay una diferencia, Temari.
—El peligro es una posibilidad de daño.
La letalidad es una certeza.
Naruto se ajustó la capa negra con el remolino rojo.
—No te preocupes por mí.
Preocúpate por quién va a recoger los pedazos de tu hermano cuando termine con él.
Temari tragó saliva, retrocediendo un paso, intimidada por la densidad del chakra que Naruto estaba conteniendo a duras penas.
—Espero que sobrevivas, Namikaze —susurró—.
Todavía me debes una respuesta.
—Ya veremos.
El tiempo se agotó.
Genma Shiranui, ahora acompañado por dos Jōnin de refuerzo en los laterales de la arena (Raidō y Aoba), anunció el evento principal.
—¡Final del Examen Chūnin!
—¡Naruto Uzumaki de Konoha contra Gaara del Desierto de Suna!
Naruto salió a la luz.
Gaara salió de la oscuridad del túnel opuesto.
Cuando ambos Jinchūriki pisaron la arena al mismo tiempo, el público guardó silencio.
No hubo vítores.
La gente sentía instintivamente que esto no era un deporte.
Era un ritual.
Gaara caminaba encorvado, con la mano izquierda colgando inerte, murmurando para sí mismo.
La arena se agitaba a sus pies como agua hirviendo.
Naruto caminaba erguido, con las manos vacías, pero con una sombra que parecía extenderse más allá de su silueta física.
—Madre…
—dijo Gaara, levantando su rostro agrietado—.
Él está aquí.
—Huele a sangre vieja.
Huele a zorro.
—¿Puedo comerlo?
¿Puedo?
—Inténtalo, mapache —respondió Naruto.
—Naruto.
La voz de Kurama resonó en su cráneo, clara y autoritaria.
—Mira el palco.
Mira a los ANBU.
—La tensión es insostenible.
La invasión es inminente.
—Hiruzen probablemente morirá hoy.
El viejo sistema caerá.
—Ya no tienes que esconderte.
—Si vas a reclamar tu lugar en la cadena alimenticia…
hazlo ahora.
—Muéstrales el linaje.
Naruto sonrió.
Una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Entendido.
Genma bajó la mano.
—¡Comiencen!
Gaara no esperó.
—Sabaku Kyū (Ataúd de Arena).
Una ola masiva de arena se levantó, buscando aplastar a Naruto en el primer segundo.
Naruto no corrió.
Juntó las manos.
Inhaló aire hasta que sus pulmones dolieron.
El chakra de Viento se mezcló con partículas microscópicas de Tierra en su garganta.
—Fūton: Atsugai (Elemento Viento: Daño de Presión).
Naruto exhaló una esfera de viento ultracomprimido.
No fue un corte.
Fue una bomba de aire.
¡BOOOM!
El viento impactó contra la ola de arena, dispersándola violentamente hacia los lados.
La fuerza fue tal que las primeras filas del público tuvieron que cubrirse la cara.
Gaara ni se inmutó.
—Más…
¡Más!
Levantó ambas manos.
El suelo del estadio comenzó a romperse.
Gaara estaba moliendo las rocas del subsuelo para crear más arena.
—Sabaku Sōtaisō (Funeral Imperial de Capas de Arena).
Un tsunami de tierra se alzó sobre Naruto, tapando el sol.
Naruto miró la sombra que se cernía sobre él.
—Demasiada arena.
—Si me muevo, me seguirá.
—Tengo que romper su control.
Naruto clavó las manos en el suelo.
El chakra fluyó.
—Jiton: Jikai Kōsen (Elemento Imán: Rayo de Campo Magnético).
No fue un ataque visible.
Fue una onda de estática.
El aire alrededor de Naruto se cargó de electricidad estática negativa.
Las partículas de polvo que Naruto había estado sembrando con su Doton anterior se activaron.
De repente, la ola de arena de Gaara se detuvo en el aire.
Se volvió pesada.
Lenta.
Los granos de arena se pegaban entre sí, perdiendo su fluidez líquida.
La “voluntad” magnética de Gaara estaba siendo interferida por el campo estático de Naruto.
Gaara frunció el ceño, confundido.
—¿Por qué…
por qué no se mueve?
¡Madre!
¡Muévete!
—Tu arena es solo tierra magnetizada —dijo Naruto desde abajo—.
Si ensucio la señal…
solo es tierra muerta.
Naruto se enderezó.
Cerró los ojos un segundo.
Y cuando los abrió…
el azul había desaparecido.
El estadio jadeó al unísono.
Sus ojos eran de un rojo carmesí, con la pupila rasgada horizontalmente vibrando.
El Ketsuryūgan brillaba con luz propia.
—Ahora, observa —dijo Naruto.
La piel de su espalda baja explotó.
Cuatro tentáculos de sangre cristalizada, gruesos y oscuros, emergieron rugiendo (Látigos de Carne).
Se clavaron en el suelo, levantando a Naruto dos metros en el aire como una araña grotesca.
Al mismo tiempo, sus hombros liberaron una nube de cristales rojos que se solidificaron en formas de alas dentadas (Alas del Purgatorio).
Era una visión de pesadilla.
Un niño humano convertido en una abominación biológica.
Karin, desde las gradas, se tapó la boca para no gritar de emoción y terror.
Hiruzen se puso de pie, derribando su silla.
—Eso es…
el poder de Chinoike…
y las cadenas de Kushina…
¿mezclados?
Gaara, lejos de asustarse, soltó una carcajada maníaca.
—¡SÍ!
¡SÍ!
¡UN MONSTRUO!
¡ERES COMO YO!
Gaara se lanzó al ataque, ignorando su arena lenta.
Se impulsó con una plataforma de arena comprimida.
Naruto movió un pensamiento.
Los tentáculos de sangre (Látigos de Carne) se dispararon hacia adelante.
Eran más rápidos que la arena ralentizada.
¡SMASH!
Uno de los tentáculos golpeó la defensa automática de Gaara.
La arena, pesada por el magnetismo, no pudo reaccionar a tiempo.
La sangre endurecida atravesó la barrera.
Golpeó a Gaara en el pecho.
El chico de la arena salió volando, rodando por el suelo.
Su armadura de arena se agrietó, cayendo en pedazos.
—¡Levántate!
—ordenó Naruto.
Las alas de sus hombros (Alas del Purgatorio) vibraron.
¡THWIP-THWIP-THWIP!
Una lluvia de balas de sangre cristalizada bombardeó la posición de Gaara.
Cada impacto perforaba la roca.
Gaara se cubrió con un domo esférico.
Pero el domo se estaba deshaciendo bajo el bombardeo constante y la interferencia magnética.
—No tienes nada, Gaara —dijo Naruto, caminando hacia él con sus patas de sangre—.
Si te quito tu arena, eres solo un niño pequeño que llora porque nadie lo quiere.
Dentro de la esfera, Gaara estaba en posición fetal.
Las palabras de Naruto dolían más que los golpes.
—No…
Madre me ama…
el tío Yashamaru…
—Están muertos —la voz de Naruto atravesó la arena—.
Y tú estás solo.
—Igual que yo.
—Pero yo decidí ser el que sostiene el cuchillo, no el que recibe el corte.
Naruto llegó frente a la esfera agrietada.
Levantó sus cuatro tentáculos de sangre.
Los fusionó en una sola punta de lanza gigantesca.
Iba a perforar la defensa final.
Kurama observaba la red de chakra de Gaara.
—Podrías matarlo ahora, Naruto.
—Con esos ojos…
podrías tomar el control de la sangre dentro de su cuerpo.
—Podrías hacer que su corazón explote o que sus venas se conviertan en agujas.
—Sería instantáneo.
Naruto detuvo el golpe a un metro de la esfera.
Miró a través de las grietas.
Vio el ojo aterrorizado de Gaara.
—No —pensó Naruto—.
Eso es demasiado fácil.
—Si uso su sangre contra él, no aprenderá su lugar.
—Tengo que romperlo desde fuera.
Tengo que demostrar que mi monstruo es más fuerte que el suyo.
Naruto deshizo la lanza.
Usó los tentáculos para agarrar la esfera de arena.
Con un grito de esfuerzo puro, levantó la esfera (con Gaara dentro) en el aire.
Toneladas de arena.
Y la estrelló contra el suelo.
¡CRASH!
La esfera se rompió como un huevo.
Gaara quedó expuesto, tirado en los escombros, sangrando, con la armadura desecha.
Naruto puso un pie (humano) sobre el pecho de Gaara.
Los tentáculos de sangre se cernieron sobre él, listos para empalarlo.
Las alas rojas se desplegaron, proyectando una sombra demoníaca.
El estadio estaba en silencio absoluto.
El miedo era tangible.
Nadie se atrevía a respirar.
Naruto Namikaze Uzumaki había humillado al arma definitiva de la Arena sin recibir un solo rasguño.
—Ríndete —dijo Naruto.
Sus ojos rojos brillaban con desprecio—.
O te arrancaré al Tanuki del estómago a pedazos.
Gaara miró a Naruto.
Su mente se rompió.
La humillación.
El miedo.
La impotencia.
El sello, que ya estaba debilitado por el golpe de Sasuke y los insectos, se disolvió ante el trauma emocional.
—¡AAAAAGGGHHHHH!
No fue un grito humano.
Fue el sonido de una tormenta de arena cobrando vida.
—¡DORMIR!
—gritó Gaara—.
¡VOY A DORMIR!
¡MADRE, MÁTALO!
De repente, una pluma blanca cayó suavemente frente a la nariz de Naruto.
Naruto parpadeó, desconcertado.
¿Una pluma?
Miró hacia arriba.
Miles de plumas blancas caían del cielo sobre el estadio.
Era hermoso.
Era mortal.
—¡Genjutsu!
—rugió Kurama.
—¡Disipa!
Naruto y Kurama expulsaron chakra al unísono, rompiendo la ilusión antes de que tocara su cerebro.
Pero el público no tuvo tanta suerte.
En las gradas, miles de civiles, señores feudales y genins débiles cayeron dormidos instantáneamente, desplomándose sobre sus asientos como muñecos cortados.
—Nehan Shōja no Jutsu (Templo de Nirvana).
—Ha empezado —dijo Naruto, retrocediendo de un salto, alejándose de Gaara.
¡BOOOM!
Una explosión sacudió el palco del Hokage.
Humo violeta cubrió la zona VIP.
Cuatro figuras aparecieron en las esquinas del techo, levantando una barrera rectangular de color violeta oscuro.
Shishienjin (Formación de las Cuatro Llamas Violetas).
Hiruzen Sarutobi estaba atrapado dentro con el “Kazekage”.
Al mismo tiempo, entre el público dormido, docenas de “espectadores” se levantaron.
Se quitaron las capas.
Ninjas del Sonido.
Ninjas de la Arena.
Lanzaron kunais contra los guardias de Konoha que aún estaban despiertos.
El caos se desató.
Gritos.
Acero chocando.
Explosiones.
En la arena, Gaara aprovechó la distracción de Naruto.
La arena se remolinó violentamente.
Su cuerpo comenzó a hincharse.
La arena marrón se volvió carne.
Un brazo gigante, con marcas azules, emergió de su espalda.
Una cola gruesa barrió el suelo, destruyendo la pared del estadio.
—¡YAHOOOO!
—la voz chillona del Shukaku resonó, no en la mente, sino en el aire físico.
—¡POR FIN SALÍ!
¡VAMOS A MATARLOS A TODOS!
Gaara no estaba haciendo la transformación completa fuera de la aldea como estaba planeado.
Estaba liberando al Bijū en medio del estadio lleno de gente dormida.
Genma Shiranui apareció al lado de Naruto, con un kunai en la mano.
—¡Naruto!
¡El examen se canceló!
¡Es una invasión de Rango A!
Naruto miró al gigante de arena que crecía frente a él.
Luego miró hacia el palco del Hokage, donde veía las siluetas de Hiruzen y Orochimaru enfrentándose.
Y finalmente, miró a un punto alto en las gradas.
Allí estaba Jiraiya.
El Sannin no estaba mirando a Naruto.
Estaba mirando el fuego violeta en el techo.
Su rostro era una máscara de furia y dolor.
Jiraiya no dudó.
Invocó a un sapo gigante, Gamahiro, que cayó sobre una serpiente de tres cabezas que intentaba romper la muralla de la aldea.
Pero Jiraiya no se quedó a pelear con las invocaciones.
Saltó.
Se dirigió directamente hacia la barrera violeta.
Hacia su maestro.
—Sarutobi-sensei…
—escuchó Naruto murmurar al viento.
Naruto se quedó solo en el centro del huracán.
Tenía a un Jinchūriki transformándose frente a él.
Tenía ninjas enemigos cayendo de las gradas.
Y tenía sus cadenas de sangre listas.
—Genial —dijo Naruto, sonriendo con sus dientes afilados—.
Se acabaron las reglas.
—Kurama…
barra libre.
—Destroza todo lo que no sea de Konoha —ordenó el Zorro.
—Es hora de cazar.
Naruto se lanzó hacia el Shukaku, no para huir, sino para silenciarlo.
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