What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 80
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- Capítulo 80 - 80 Capítulo 79 Trauma y Sumisión
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80: Capítulo 79: Trauma y Sumisión 80: Capítulo 79: Trauma y Sumisión El aire en el estadio de Konoha se volvió irrespirable.
La presión atmosférica cayó en picado.
El suelo se abrió y una montaña de arena se elevó hacia el cielo, rompiendo la arquitectura del coliseo como si fuera cartón.
El Shukaku de Una Cola se había liberado por completo.
Ya no era una transformación parcial.
Era el Tanuki en toda su gloria demoníaca: marcas violetas malditas pulsando sobre un cuerpo beige masivo, una cola gruesa que barría las gradas, y Gaara colgando inerte de la frente, sumido en el sueño profundo del médium.
—¡YAHOOOOO!
¡POR FIN!
—chilló el Shukaku.
Su voz era aguda, estridente y llena de una locura antigua.
—¡HAY GENTE!
¡HAY CARNE!
¡VOY A MATARLOS A TODOS!
Los ninjas de Konoha y Suna detuvieron sus escaramuzas momentáneamente.
Nadie, ni siquiera los veteranos de guerra, podía ignorar a una Bestia con Cola suelta en el centro de la aldea.
Kakashi Hatake, que acababa de cortar la garganta de un ninja del Sonido en las gradas superiores, se levantó la banda, revelando su Sharingan girando frenéticamente.
—Esto es malo…
—murmuró Kakashi, sudando frío—.
Guy, tenemos que intervenir.
Gaara ha roto el sello.
Might Guy asintió, su rostro inusualmente sombrío.
—Un Bijū en zona urbana…
esto será una masacre.
¡Lee está ahí abajo!
Pero antes de que los Jōnin de élite pudieran saltar, algo ocurrió en la arena.
El Shukaku miró hacia abajo, hacia la pequeña figura humana que se sostenía sobre cuatro patas de sangre cristalizada.
—¡TÚ!
—gritó el Tanuki, señalando a Naruto.
—¡EL GUSANO QUE HUELE A ZORRO!
¡TÚ SERÁS EL PRIMERO!
El Shukaku inhaló.
Su pecho se hinchó como un globo aerostático.
—¡Fūton: Renkūdan!
(Elemento Viento: Bala de Aire Perforadora).
¡BOOM!
Una esfera de aire comprimido del tamaño de un edificio pequeño salió disparada.
La velocidad era supersónica.
El impacto prometía vaporizar a Naruto y destruir la mitad sur del estadio.
Naruto no corrió.
Suspendido por sus Látigos de Carne (tentáculos de sangre), miró la muerte acercarse con aburrimiento.
—Demasiado lento.
Movió dos tentáculos.
Se cruzaron frente a él formando una barrera en X.
Endureció la sangre al máximo, usando chakra Yang.
¡CRAAAAASH!
La bala de aire impactó.
El suelo alrededor de Naruto se pulverizó, creando un cráter de diez metros.
Pero cuando el polvo se asentó…
Naruto seguía ahí.
Los tentáculos de sangre humeaban por la fricción, pero no tenían ni una grieta.
Habían desviado la fuerza bruta del viento hacia los laterales, salvando su vida y, irónicamente, la de Karin, que estaba inconsciente en un saliente protegido por la barrera de Naruto.
El silencio que siguió fue absoluto.
Asuma Sarutobi, con sus cuchillos de trinchera en mano, dejó caer el cigarrillo de su boca.
—Imposible…
—susurró Asuma—.
¿Bloqueó un ataque de nivel Bijū…
con sangre?
Kurenai Yuhi se tapó la boca, horrorizada y fascinada.
—Ese no es el chakra del Kyūbi, Asuma.
Es…
es su propia biología.
Es un monstruo diferente.
En la arena, Naruto suspiró.
Aterrizó sobre una roca elevada, quedando a la altura de los ojos del Shukaku.
Sus ojos rojos brillaban con desdén.
—¿Eso es todo lo que tienes, mapache?
—preguntó Naruto, su voz amplificada por el chakra—.
Eres grande.
Eres ruidoso.
—Pero golpeas como una niña asustada.
—¡¿QUÉ DIJISTE?!
—el Shukaku rugió, golpeando el suelo con sus garras, haciendo temblar todo el estadio.
—¡SOY LA ENCARNACIÓN DEL DESIERTO!
—Eres aburrido —interrumpió Naruto.
Naruto hizo algo impensable.
Retrajo sus tentáculos.
Las alas de sangre en sus hombros se licuaron y regresaron a su piel.
Las heridas en su espalda se cerraron.
Se quedó solo con su cuerpo humano, su ropa negra y su espada.
—¿Sabes qué?
—dijo Naruto, desenvainando a Enma lentamente—.
Usar mi Manifestación Hemática contra ti es injusto.
Eres demasiado torpe para esquivarlos.
—Vamos a emparejar las cosas.
—Solo acero y viento.
—Si logras tocarme, te dejaré vivir.
—¡ARROGANTE!
¡TE APLASTARÉ!
El Shukaku, ciego de ira, lanzó un zarpazo horizontal que cubría toda la arena.
Naruto desapareció.
No fue un Shunshin normal.
Kakashi, con su Sharingan, apenas pudo seguirlo.
—Es…
es el paso de Minato-sensei —jadeó Kakashi—.
No es teletransportación, es pura velocidad física mejorada con viento en las plantas de los pies.
Naruto apareció corriendo sobre el brazo de arena del Shukaku.
La bestia intentó sacudírselo.
Naruto saltó.
En el aire, giró con Enma.
—Fūton: Kaze no Yaiba (Espada de Viento).
Una hoja invisible extendió el alcance de Enma tres metros.
¡SLASH!
El brazo derecho del Shukaku fue cortado limpiamente desde el hombro.
Toneladas de arena cayeron al suelo con un ruido sordo.
—¡GAAAHHH!
El Shukaku retrocedió, intentando regenerar la extremidad.
Pero Naruto ya estaba en el otro lado.
¡SLASH!
Un corte en la rodilla.
El gigante cayó de rodillas.
¡SLASH!
La cola fue rebanada por la mitad.
El estadio era testigo de una disección en vivo.
Un niño de doce años estaba desmembrando a una calamidad natural con la precisión de un cirujano y la crueldad de un verdugo.
—¡Es demasiado rápido!
—gritó un ninja de la Arena desde la grada, aterrorizado—.
¡El Shukaku no puede fijar el blanco!
El Shukaku intentó usar su técnica definitiva.
Empezó a acumular chakra para una Bijū dama (Bola de Bestia con Cola).
—¡MUERE!
¡DESAPARECE!
Naruto apareció frente a la boca de la bestia, suspendido en el aire.
No tenía miedo.
Tenía lástima.
—No tienes tiempo para eso.
Naruto lanzó una patada descendente cargada de chakra en la mandíbula del Shukaku.
¡CRACK!
La mandíbula de arena se rompió, cerrándole la boca de golpe.
La energía de la Bijū dama explotó dentro de la garganta del Shukaku.
¡BOOOM!
(Amortiguado).
El humo salió por las orejas y la nariz del Tanuki.
El Shukaku tosió, aturdido, con la cabeza zumbando.
Naruto aterrizó suavemente en la frente de la bestia, justo al lado del cuerpo dormido de Gaara.
Clavó su espada en la arena, a milímetros de la yugular del pelirrojo.
El Shukaku se quedó inmóvil.
El miedo, frío y paralizante, inundó su sistema.
Naruto se agachó.
Puso su mano sobre el ojo gigante de arena del Shukaku.
Activó el Ketsuryūgan al máximo, haciendo que su pupila roja vibrara.
Y dejó que Kurama se asomara.
—Míralo, hermano —dijo Kurama desde el interior, con una mezcla de orgullo sádico y lástima familiar.
—Te ha puesto de rodillas sin usar su poder real.
—Es un depredador alfa.
Tú solo eres una presa grande.
El Shukaku vio la sombra del Nueve Colas detrás del chico.
Pero lo que más le aterrorizó no fue Kurama.
Fue el vacío en los ojos de Naruto.
Ese chico no tenía miedo a morir.
No tenía miedo a matar.
Era un abismo.
—No…
no me mates…
—gimió el Shukaku.
Su voz chillona se volvió un susurro patético—.
Duele…
tus cortes duelen…
Naruto acercó su rostro al ojo de la bestia.
—Te has portado mal.
—Has intentado matar a la chica de pelo rojo.
—Has roto mi estadio.
Naruto giró el mango de la espada, amenazando con perforar a Gaara.
—Jura.
—Jura que te vas a meter en tu agujero y no vas a salir.
—Jura que no vas a torturar más a Gaara con el insomnio.
Déjalo dormir.
—Porque si vuelvo a oír que estás molestando…
—Volveré.
—Y te convertiré en cristal.
El Shukaku asintió frenéticamente, haciendo temblar la arena.
—¡LO JURO!
¡DORMIRÉ!
¡ME IRÉ!
¡SOLO QUITA ESA ESPADA!
—Buen chico.
Naruto sacó la espada.
Le dio una bofetada seca a Gaara en la mejilla.
—Despierta.
La forma del Shukaku se desmoronó instantáneamente.
La montaña de arena colapsó, convirtiéndose en una duna inerte en el centro del estadio destruido.
En las gradas: Temari corrió, tropezando con los escombros, llorando.
Llegó a la base de la duna.
Vio a Gaara acostado, respirando pacíficamente por primera vez en años.
Y vio a Naruto de pie, limpiando la sangre inexistente de su espada negra.
Temari miró a Naruto como si fuera una deidad de la guerra.
—Lo…
lo detuviste.
—Hiciste que te tuviera miedo.
Naruto enfundó la espada.
Clic.
—El miedo es un buen maestro.
Arriba, en las gradas VIP destrozadas, los Jōnin de Konoha estaban paralizados.
Might Guy bajó los brazos.
—Kakashi…
—dijo Guy, muy serio—.
¿Podrías haber hecho eso tú solo?
Kakashi miró a su alumno (o ex-alumno).
—No de esa manera, Guy.
Yo habría tenido que usar todo mi chakra.
Él…
él ni siquiera está jadeando.
—Ese chico…
ya no es un Genin.
Es una disuasión nuclear.
Karin, que había despertado en el saliente, miraba la espalda de Naruto con adoración y terror absoluto.
Él nos protege, pensó ella, tocándose el pecho.
Los monstruos nos protegemos entre nosotros.
En el Tejado de la Torre Hokage: La batalla se había detenido.
Era imposible ignorar la desaparición repentina de la firma de chakra masiva del Shukaku.
Hiruzen Sarutobi miraba hacia abajo, con el corazón encogido.
Había visto la humillación.
Había visto cómo Naruto sometía a una calamidad con pura dominación psicológica y física.
—Minato…
—pensó el Viejo Hokage—.
Tu hijo ha superado tu legado…
pero a un costo terrible.
Ha perdido su humanidad en el proceso.
Jiraiya, el Sannin, tenía los puños apretados.
Sus ojos estaban llenos de dolor.
Sabía que ese poder no venía del entrenamiento feliz.
Venía de la supervivencia solitaria.
—Lo siento, Naruto —susurró Jiraiya—.
Llegué demasiado tarde para salvar tu corazón.
Orochimaru miraba con los ojos dorados brillantes de codicia.
Ignoró a los Hokages reanimados por un segundo.
—Kukuku…
Magnífico.
—Sasuke tiene los ojos…
pero ese chico Uzumaki tiene el cuerpo y la voluntad.
—Tal vez debería reconsiderar mi recipiente futuro.
Abajo, en la arena silenciosa.
Naruto sintió las miradas.
Sintió el miedo de los aliados.
El terror de los enemigos.
La codicia de la serpiente.
Lo vio todo con su percepción sensorial ampliada.
Pero ya no le importaba.
Había hecho su declaración.
Konoha sabía quién era.
El mundo sabía quién era Uzumaki Naruto.
Se dio la vuelta, dándole la espalda a Gaara, a Temari y a los Jōnin.
Caminó hacia la salida sur del estadio, donde la pared había sido destruida.
La invasión seguía en las calles, pero nadie se atrevió a interponerse en su camino.
Los ninjas del Sonido y de la Arena se apartaban, temblando, dejándolo pasar como si fuera un rey leproso.
Naruto caminó hacia la oscuridad.
Su primer acto había terminado.
Ahora, comenzaba su propio camino.
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