Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

What if, Naruto con el ketsuryugan - Capítulo 81

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. What if, Naruto con el ketsuryugan
  4. Capítulo 81 - 81 Capítulo 80 Cálculos Fallidos
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

81: Capítulo 80: Cálculos Fallidos 81: Capítulo 80: Cálculos Fallidos La arena del estadio estaba en silencio, salvo por los gemidos de los heridos y el crujir de las estructuras rotas.

Naruto había sometido al Shukaku.

Pero no había terminado.

Mientras caminaba hacia la salida, notó que algunos ninjas del Sonido y de la Arena, desesperados y acorralados, intentaban reagruparse para atacarlo por la espalda, pensando que estaba agotado.

Naruto se detuvo.

No se giró.

Simplemente se mordió ambos pulgares a la vez.

—Parece que el mensaje no quedó claro —dijo Naruto al aire.

Golpeó el suelo con ambas manos.

El chakra fluyó de manera torrencial.

—¡Kuchiyose no Jutsu: Mure!

(Jutsu de Invocación: Manada).

¡PUFF!

¡PUFF!

¡PUFF!

¡PUFF!

El humo negro explotó en cuatro puntos cardinales alrededor de Naruto.

Invocó a Los Carroñeros.

Cuatro dragones de Komodo más pequeños (del tamaño de cocodrilos grandes), pero mucho más rápidos y ágiles, emergieron de la nube sulfurosa.

Sus escamas eran de colores apagados: marrón, gris, verde podrido.

Sus ojos brillaban con hambre reptiliana.

Los ninjas enemigos se congelaron.

—¿Más?

—gritó uno—.

¡¿Cuántos monstruos tiene este niño?!

Naruto señaló a los enemigos con un gesto perezoso de su mano.

—Coman.

—Pero no toquen a los de Konoha.

La orden fue absoluta.

Los dragones no dudaron.

No atacaron por instinto ciego; atacaron con disciplina militar.

Se lanzaron sobre los ninjas de Oto y Suna.

Fue una carnicería rápida y sucia.

Mordiscos en los tobillos para derribar.

Veneno neurotóxico que paralizaba los músculos.

Desgarros de gargantas.

Los ninjas de Konoha (Genma, Guy, Kakashi) observaron la escena con un escalofrío.

Las bestias pasaban corriendo al lado de los aliados, ignorándolos por completo, para despedazar a los enemigos a metros de distancia.

Era una demostración de control total.

Naruto no estaba “desquiciado” en el sentido de perder la razón.

Estaba desquiciado porque tenía la capacidad de invocar un escuadrón de la muerte y controlarlo como si fueran marionetas, sin mostrar ni una pizca de emoción humana ante la sangre derramada.

—Vamos —dijo Naruto, reanudando su marcha mientras sus mascotas terminaban el trabajo—.

Limpien el desorden.

Tejado de la Torre Hokage.

La batalla había llegado a su punto de quiebre.

Jiraiya se movía como un bailarín pesado entre el caos elemental.

Hashirama (Madera) y Tobirama (Agua) eran formidables, pero Orochimaru no podía controlarlos perfectamente mientras se defendía de Hiruzen.

Jiraiya vio la apertura.

Tobirama estaba preparando un dragón de agua.

El Sannin apareció detrás del Segundo Hokage en un parpadeo.

Su mano brillaba con un sello de chakra azul eléctrico.

—¡Fūja Hōin: Kai!

(Método de Sellado del Mal: Cancelación).

Jiraiya estampó el sello directamente en la nuca del cadáver reanimado, justo donde el kunai de control de Orochimaru estaba insertado.

La tinta se extendió por la cerámica del cuerpo.

Tobirama se congeló a mitad del sello.

Sus ojos negros se apagaron.

Cayó inerte como una marioneta con los hilos cortados.

—¡Uno!

—gritó Jiraiya.

Hiruzen, viendo la oportunidad, usó a Enma en forma de bastón para extenderse y golpear a Hashirama, inmovilizándolo contra la barrera violeta.

Jiraiya repitió el proceso.

Estampó el sello en el Primer Hokage.

Hashirama dejó de forcejear.

La madera que había creado comenzó a pudrirse y deshacerse.

Orochimaru se quedó solo.

Jadeando.

Sangrando por un golpe del bastón de Hiruzen.

Miró a sus dos peones desactivados.

Miró a Jiraiya, que lo observaba con una decepción infinita.

Miró a Hiruzen, que aunque viejo y cansado, seguía en pie con la voluntad de fuego ardiendo en sus ojos.

—Se acabó, Orochimaru —dijo Hiruzen, respirando con dificultad—.

Tu ambición termina aquí.

No puedes vencernos a los dos.

Orochimaru rechinó los dientes.

Odió admitirlo.

Si fuera solo el viejo, podría haber ganado.

Pero con Jiraiya aquí, anulando el Edo Tensei…

las matemáticas no cuadraban.

Moriría si se quedaba.

—Kukuku…

—Orochimaru soltó una risa amarga—.

Tienes suerte, Sarutobi-sensei.

El destino te ha dado una prórroga.

—Pero Konoha ha sido herida.

—Y he visto cosas interesantes hoy.

Un chico rubio con ojos rojos…

Jiraiya se tensó.

—Si te acercas a él, te mataré yo mismo.

Orochimaru hizo un sello rápido.

Escupió una gran cantidad de viento y fuego para crear una cortina de humo y explosiones.

La barrera violeta, mantenida por los Cuatro del Sonido, comenzó a parpadear.

—¡Nos vamos!

—ordenó Orochimaru.

La barrera cayó.

Orochimaru y sus subordinados huyeron hacia el bosque a una velocidad desesperada.

Jiraiya hizo ademán de perseguirlos, pero Hiruzen colapsó sobre una rodilla, tosiendo sangre.

El uso de chakra había sido excesivo para su cuerpo anciano.

—¡Sensei!

—Jiraiya corrió a socorrerlo.

Hiruzen se sentó en las tejas, pálido, temblando, pero vivo.

Miró el cielo azul donde el humo comenzaba a disiparse.

—Se escapó…

—murmuró Hiruzen—.

He fallado de nuevo.

—Sobreviviste —dijo Jiraiya, poniendo una mano en su hombro—.

Eso es lo que importa ahora.

La aldea necesita estabilidad.

Hiruzen miró a su alumno.

Sus ojos estaban vidriosos.

—Estoy viejo, Jiraiya.

Demasiado viejo.

—Casi muero hoy.

Si no hubieras llegado…

—Toma el sombrero.

—Sé el Quinto Hokage.

La aldea te respetará.

Tú detuviste la invasión.

Jiraiya negó con la cabeza inmediatamente, con una sonrisa triste.

—No, viejo.

—Yo no soy material de Hokage.

—Soy un espía.

Un escritor.

Un vagabundo.

—No pude salvar a Minato.

No pude salvar a Orochimaru de sí mismo.

Y acabo de fallar en salvar el corazón de Naruto.

—No soy apto para sentarme en esa silla.

Hiruzen suspiró, cerrando los ojos.

—Entonces…

tendré que aguantar un poco más.

—Hasta que encontremos a alguien digno.

Bosque a las afueras de Konoha.

Naruto corría entre los árboles.

Se alejaba del estadio.

De repente, se detuvo en una rama alta.

Cerró los ojos y extendió sus sentidos.

Sintió una firma de chakra oscura y serpentina alejándose rápidamente (Orochimaru).

Y sintió dos firmas de chakra poderosas en el tejado de la torre, estáticas pero vivas.

Una era Jiraiya.

La otra, débil pero estable, era Hiruzen.

Naruto abrió los ojos.

Chasqueó la lengua con fastidio.

—Mierda.

—¿Qué pasa?

—preguntó Kurama.

—Ganamos.

Humillaste al mapache.

Asustaste a la aldea.

—Ese es el problema, Kurama —dijo Naruto, golpeando el tronco del árbol—.

El Viejo no murió.

—¿Y qué?

¿Querías que muriera?

—Estratégicamente…

sí.

—Si Hiruzen moría, la estructura de poder de Konoha se rompería.

Habría caos, transición.

En el caos, es fácil moverse.

Es fácil renegociar mi posición.

—Pero está vivo.

Naruto miró hacia la Torre Hokage.

—Ahora Hiruzen sabe lo que soy capaz de hacer.

—Sabe que tengo el Ketsuryūgan.

Sabe que tengo el contrato de los dragones.

Sabe que sé sobre mi padre.

—Y sigue siendo el Hokage.

Sigue teniendo la autoridad.

—Hoy demostré demasiado poder.

Me lucí pensando que mañana amanecería sin jefe.

—Te dejaste llevar por el espectáculo —se burló Kurama.

—Querías que te temieran.

—Sí —admitió Naruto, frustrado—.

Cometí un error de cálculo.

—Ahora van a subir la guardia.

—ANBU no me dejará respirar.

Danzo probablemente saldrá de su agujero.

—Me he pintado una diana gigante en la espalda y el tirador sigue vivo.

—Bah.

Igual lo hubieras hecho —dijo Kurama, restándole importancia.

—No tienes paciencia para seguir fingiendo ser un idiota.

—Además, es mejor así.

Que sepan que si intentan enjaularte, tienes los dientes para romper los barrotes.

Naruto suspiró, relajando los hombros.

—Supongo.

—Lo hecho, hecho está.

Miró una última vez hacia la aldea humeante.

—Sobrevivieron a la invasión.

—Ahora veremos si sobreviven a mí.

Naruto desapareció en la espesura, buscando un lugar donde esconderse hasta que el polvo se asentara y pudiera planear su siguiente movimiento en este nuevo tablero político donde el Rey (Hiruzen) se negaba a caer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo