World of Xera: La familia de los Sueños Oscuros - Capítulo 105
- Inicio
- Todas las novelas
- World of Xera: La familia de los Sueños Oscuros
- Capítulo 105 - 105 Espejismo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
105: Espejismo I Nuevo Mundo 105: Espejismo I Nuevo Mundo No pensé cuando niño que conocería tanto mundo.
Cruzar el ancho mar hasta las Américas y morir luchando en las más australes tierras de estas.
Chile.
Poco caso tiene ahora rememorar como viví e incluso cómo morí.
Tan solo decir que soy Pedro de Valdivia Fundador de Santiago de Nueva Extremadura, fui hasta hace poco Gobernador de este Chile indómito y morí en Tucapel, a manos del muchacho que crie y quise como hijo.
Felipe, o Lautaro como se hizo llamar antes sus interminables huestes de Mapuches.
Esta extraña tierra debe ser el paraíso, aunque no creo merecérmelo, pues ninguna soldado está libre del pecado del asesinato ni expiado de la crueldad intrínseca de la guerra.
Si, fui cruel, ruin, justo, villano y héroe depende a quien preguntéis.
Desperté tan pronto como sentí el garrote en la cabeza, mientras hacía con esfuerzo memoria del rostro de mi amada Inés.
Fui feliz entonces, antes de ensañarme con la conquista de un reino tan extenso de gente tan aguerrida y valerosa.
Abrí los ojos bajo el agua, que por poco me mata del susto nuevamente.
De haberme visto envuelto aún con la armadura de caballero habría perecido ahogado de nuevo, pues tuve que esforzarme en escapar de la profundidad de aquella laguna.
Nadé como pude, con una fuerza que hace muchos años no sentía hasta la orilla.
El aire era limpio, no sentía el hedor a muerte y polvo de hace unos instantes, no era esta la vegetación de la selva Araucana, ni siquiera el mismo sol me parecía conocer.
Estaba desnudo, por lo que me vi rápidamente abrumado por la forma jovial de mi cuerpo, de aquel soldado que partía a Roma bajo las consignas de su Emperador y su Reino de España.
¿Qué era todo esto?
No era acaso el paraíso pues lugar tan afable mas no puede ser ni purgatorio ni infierno, ni lugar alguno del viejo o nuevo mundo.
*** Improvisé un taparrabo al pudor de buen hombre cristiano y con aquella fuerza que sentía nuevamente en el cuerpo emprendí exploración al bosque que circundaba la laguna.
Elegí una buena rama de árbol caída y probé agitándola como espada y luego apuntándola como pica, si alguien, indio, moro o cristiano se plantara frente a mí no saldría bien parado de este Pedro de Valdivia rejuvenecido y ungido por el valor de una nueva aventura.
Que, si no la ansía de emoción, fama, memoria, pero sobre todo aventura me había motivado a tan disparatadas y locas empresas.
Imaginé por momentos mientras me abría paso con una sonrisa, pero en seño agudo y atento el oído, si me encontraría acaso con Julio Cesar, Héctor, Aquiles, Odiseo, el Rey David o el mismo Cid Campeador en aquel nuevo lugar.
Eche a rodar mi mente por fantasías de caballería de conocer tan hidalgos nombres y compartir historias y canciones de batallas, amores y gestas.
Recé y no recé por ver quizá a Inés nuevamente, que la Inquisición y el Imperio apartó de mi para poder continuar mi empresa de ser Rey de Chile, me arrepiento de no haber renunciado a todo, haber tomado al amor de mi vida, al niño que sería después mi verdugo y habernos asentado en la paz de algún lugar alejados del odio, la guerra y las complicaciones del mundo que no entendió nunca que el amor era lo más importante.
Yo tampoco pues lo entendí hasta mi último segundo.
Sentí entonces el silbar de una flecha afilada pasar por entre las hojas y clavarse en la corteza de un árbol a pocos instantes de mi cara.
-¡¿Quién eres?!- grito una voz femenina, imponente tal cual encantadora e hipnotizante.
-No vengo en plan de guerra mi Señora, pero si no se muestra yo tampoco lo haré, solo no soy de acá estoy confundido y perdido en este bosque- le contesté manteniendo como pude mi impronta y serenidad a pesar de que mi corazón se aceleraba de emoción de entrar a combatir nuevamente, con esta fuerza vigorizada.
Pasaron unos pocos segundos y luego de unos cuantos sacudones de hojas, salto a unos bastantes metros de mí una dama tan hermosa como extraña y atemorizante, siempre apuntándome con su arco y flecha, vestida como guerrillera, pensé que de una amazona se tratase, Atenea, Artemisa o quizá la misma Hipólita.
Mucha extrañeza me infundió sí que por sobre su capucha parecían salir unos extraños adornos, rozados como la piel, inquietantemente hermosas parecían ser orejas terminadas en punta.
Esa mujer no era humana, un ángel quizá.
-¿Y ahora?, me dirás que haces acá, quien eres y que quieres en mis bosques-.
-No sabía lo siento mi dama, que fueran tuyos estos árboles, yo solo he aparecido acá cual milagro de nuestro Señor, bajo las aguas de una laguna, aquí desnudo, soy yo quien no sé dónde está y para dónde va, mi nombre, mi señora, es Pedro de Valdivia, nacido en Extremadura, España, sirvo a su majestad el emperador y Cristo nuestro Señor…-.
-De rodillas y las manos arriba- gritó la mujer con una fiereza tal impropia de su delicada semblanza, recordándome el temple de Inés; -No entendí nada de lo que dices, solo que sirves al Emperador, es del Rey Demonio de quien hablas, del Soñador Oscuro, GarDal el ruin-.
Haciéndole caso me arrodillé lanzando mi improvisada arma varios metros al lado y me preparé para replicarle.
-A ningún demonio yo sirvo, soy caballero cristiano, no conozco ni he escuchado nunca al tal Soñador que mencionáis-.
-entonces- guardó un silencio mientras me miró de arriba abajo y de abajo a arriba;- supongo que necesitas ayuda, puedes seguirme pero tendré que atarte, no deberías estar aquí, “Pedro de Valdivia”, en mi villa sabrá el sabio que hacer contigo, y como ayudarte-.
Extendí agradecido y sumiso mis manos para que aquella mujer de cabellos rubios, facciones perfectas y angelicales, de efectivamente orejas largas y no humanas, me amarrase como un prisionero.
En tan poco tiempo y en dos mundos diferente, era prisionero nuevamente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com