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World of Xera: La familia de los Sueños Oscuros - Capítulo 106

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  4. Capítulo 106 - 106 Espejismo II Un nuevo amor
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106: Espejismo II Un nuevo amor 106: Espejismo II Un nuevo amor -Creo entonces que nos ha pasado lo mismo, Pedro- me contesto la bella Seradriel, como dijo llamarse aquella guerrera del bosque, luego de que explicara como morí para aparecer al fondo de la laguna aquella;-yo morí, efectivamente, por la zarpa de un lince cuando trate de ayudar a mi hermana en…

un momento en que no debí estar-.

-Dice entonces mi Dama que esto es recurrente aquí, pero que no es ningún paraíso o hades-.

Ella me regalo una sonrisa, provocada al parecer a como yo hablaba y comportaba.

-Esto dista de cualquier paraíso, pero sí, se sabe de más “aparecidos”, que es como le llama al menos el sabio de mi pueblo, es un buen hombre, me crio y soporto mi carácter, le quiero como un padre-.

-Espero aquello mi Dama, que aquel buen sabio sepa que hacer conmigo, pues he vivido toda mi vida por la espada, y es todo cuanto se hacer-.

-Si estás aquí Valdivia, es porque algo quiere el destino contigo, y son tiempos violentos, bestias rondan estos bosques, y nos hará falta un guerrero con hazañas como las tuyas-.

*** Seradriel me prestó su capa para cubrir más efectivamente mi desnudes, y ante la mirada curiosa de los campesinos, que de bonachones todos tenían aspecto, transitamos directamente a una curiosa choza, muy parecida a las de los Araucanos.

“Entiendo”, pronunció el anciano, que llevaba su rostro oculto por un velo, su voz era profunda y ronca, intrigante e incluso sospechosa, como si de un dragón se tratase.

Ya le había explicado Seradriel al anciano que presentó como Nekdan, quién decía ser yo, cómo y dónde me había encontrado y la similitud con el caso de ella.

-Eres entonces Pedro de Valdivia, del Reino de España, del mundo de la Tierra-.

-Ese soy, buen señor-.

-No eres el primer aparecido de aquel mundo, pero sí el más decente al parecer-.

-y quién sería aquél villano-.

-Aquí en Xera, reina y manda un ser maligno e inmortal, que alguna vez fue noble, y antes humano, ese Demonio es el Soñador Oscuro GarDal, conozco bien su historia, porque fui su enemigo hace mucho tiempo, el murió siendo un asesino, pero salvando su Mundo en una gran batalla del Mal menor contra el mal mayor, el año 2032 después del que llaman ustedes Cristo-.

-Al menos me contenta saber que la Tierra perdura tantos años después de mí, e incluso a seres tan malignos como el demonio aquel GarDal que mencionáis-.

-Su Tierra a expulsado seres aborrecibles como GarDal, pero como él hay en todas las realidades, es bueno que llegaras acá Don Pedro de Valdivia, su espada será útil junto al arco de mi querida guardabosques-.

*** Luego de aquello la espléndida Seradriel me mostró un poco del pueblo, muy parecido a las villas campesinas de España, me condujo a un almacén de armas mientras de tanto en tanto me miraba curiosa, yo solo podía ser cortes con mi anfitriona, aunque ya pensaba que me tenía de bufón.

-No es la gran cosa, pero te servirá- me dijo al verme armado con unas viejas placas, una rodela de madera y una espada desafilada; – supongo que quieres descansar, morir y volver a nacer no es de lo más ligero, acompáñame a casa, Mogrek, mi prometido, estará contento de cruzar historias de batallas contigo-.

Aunque tenía el recuerdo de Inés vivo en mi mente, me dolió un tanto saber que la dama que tanto había llamado mi atención e ímpetu estaba en fin comprometida.

*** No podía creer lo que veían mis ojos, el tal Mogrek, prometido de la Dama Seradriel, tampoco era humano, pero a un nivel que distaba mucho de esta condición, si bien la bella guardabosques me había explicado que sus orejas caracterizaban a su especie élfica, de la cual no tenía más noción que las ninfas de los mitos griegos, aquel Mogrek era según ellos un semi-orco, mitad humano y por lo que veía mitad monstruo, de piel verdosa y rugosa, imponente estatura más allá de lo que podía concebir, y un cuerpo en exceso musculoso, era sacado de un relato homérico, pero era sin embargo, afable y educado, de un particular sentido del humor, que no restó oportunidad para mofarse de mi bigote y barba en perilla, así como de mi acento extremeño.

-entonces, pequeño- me dijo con adjetivo que me había apodado tan solo por ser un humano;- haz liderado y ganado muchas batallas, de ejércitos extensos y viajado mucho-.

-en efecto señor, peleé en los reinos de Italia flor de la civilización de Europa, región que acoge a España, mi patria.

Al igual como luché en las Américas, contra las huestes del pueblo Mapuche, un aguerrido grupo de gente, tal cual es la tuya, buen Mogrek Canción de Lobo-.

-ya llegará el momento de que ambos prueben sus habilidades de guerra- dijo Seradriel invitándonos ya a apagar las velas y dejar la conversación, tan interesante como tensa, para mañana; – no dudo que los dos serán buenos camaradas de armas, aunque ninguno jamás podría vencerme-.

Reímos todos, yo ya comprendiendo que había una diferencia importante que comprendía lo físico entre dos guerreros como yo y Mogrek, y de técnica y talento con la sorprendente Seradriel.

*** Todos los que dormíamos en la rustica morada, despertamos sobresaltados con el sonido de un cuerno de guerra.

-Es la señal de un ataque- advirtió enérgicamente Mogrek, abalanzándose rápidamente hacia la pared donde colgaban un buen número de armas, escogió una enorme hacha, y me lanzó una pica que atrape ávidamente; – es hora de demostrar tu valentía, Valdivia-.

Seradriel cogió su arco y cruzó un carcaj a la espalda, y velozmente salió antes que nosotros mientras el sonido en las calles se tornaba bullicioso y caótico.

Me vi poseído por una fuerza brutal, intrépida y extraordinaria.

A pesar de que las hordas de monstruos que cruzaban las puertas ya derribadas de la empalizada que fortificaban la villa, eran de lo más escalofriantes, hombres perros, de piel moteada, dientes afilados, de burlescos aullidos, armados con espadas y estrellas de batalla.

Corrí a toda velocidad con la lanza que me aprovisionó Mogrek, hasta atravesar uno de mis rivales, luego cogí su enorme espada mandoble y al ver como los invasores eran cada vez más numerosos y salvajes, grité a toda voz: “Atrincherarse en la plaza, retroceded al mercado, ahí seremos fuertes”.

Seradriel, hizo un gesto a los defensores, que no eran más que granjeros mal armados, y estos me hicieron caso.

Ambos les seguimos desde atrás, Mogrek se demoró un tiempo más al estar claramente extasiado con la sangre que no paraba de derramar de los hombres-bestia.

– ¡qué son esas cosas, mi dama!

– le pregunté a la guardabosques, una vez estuvimos todos bien refugiados atrás de carretas y tiendas que volcamos para improvisar barricadas.

-Son Gnolls Pedro, mitad hiena, mitad hombre, los trajo GarDal del mundo del cual una vez fui parte-.

-Son demasiados- inquirió el semi orco, que se refugió con nosotros hace solo unos instantes; – alguna idea Capitán- preguntó refiriéndose a mis habilidades de comandante-.

-Debemos obligarlos a huir, ya bien matando su líder, o causando conmoción con alguna explosión, ¿tenéis pólvora en algún lugar?

-.

-En el arsenal de armas, al otro lado de la plaza, tres barricas- respondió Seradriel.

-Hay que hacer explotar el arsenal-.

– ¡yo voy!

– gritó Mogrek dándose valentía.

-y yo te acompaño- le repliqué.

Seradriel asintió con la cabeza.

Avanzamos con tanta gallardía como velocidad, abriéndonos paso con nuestras armas y siendo asistidos a distancias por el precisoo y rápido arco de nuestra Dama elfa.

Me encomendé a Dios y a San Santiago, y por la gracia divina logramos llegar indemnes al arsenal.

Mogrek derribó el portón de una patada y me dio la señal.

“¡Corramos a la trinchera, Seradriel se hará cargo!”.

Entendí entonces y emprendimos viaje de vuelta sintiendo el silbido de una flecha prendida en fuego que cruzó el dintel de la puerta, prendiendo la pólvora en una tremenda explosión que por poco nos atrapa.

Las bestias huyeron despavoridas, pero, vimos, desde el suelo, aturdidos por la explosión, la figura de su comandante.

No era uno de los llamados Gnoll, más bien un humano ataviado de ropas negras, que parecían absorber la luz, un ser sombrío que me infundió un miedo que en mi vida nunca sentí.

Dio media vuelta y se fue junto a sus huestes.

*** No pude dormir aquella noche.

La brutalidad del ataque ya la había sufrido en mi vida pasada, pero, aquella sombra pérfida y maligna, me perturbo de sobremanera.

Salí a caminar fuera de la casa, me habría gustado montar mi fiel Sultán, ya hace tantos años muerto, aquí en la villa no había animal de montar alguno.

Aún olía a sangre y muerte.

Me alejé de la morada de mis anfitriones, luego del pueblo, como si quisiera buscar a aquel que perturbaba mi espíritu.

“No deberías salir a estas horas”, me dijo, sorprendiéndome con su sigilo, la hermosa Seradriel, “hay grandes animales, peores que los Gnolls”.

-Llevó una espada mi Dama- le respondí afirmando la espada que tenía al cinto; -no temo a animal alguno-.

-pero aun así te veo asustado, ¿quieres hablar?

-.

Ambos nos sentamos bajo un árbol, sobre sus enormes raíces, guardamos un breve, pero incomodo silencio.

-¿extrañas tu mundo?- me pregunto dándome un peque empujón con el brazo.

-a mi mundo no, solo a alguien que vivía en él, pero, de todas maneras, ya la había perdido-.

Miré el cielo perfectamente despejado, estrellado, una luna enorme, se erizaron los pelos de mis brazos y un breve escalofrío me agobió.

– ¿Ella te amaba?-.

-si, al menos de eso estoy seguro, siempre me amo, tanto como yo a ella, pero mi locura de conquistar lo desconocido termino con lo nuestro, y con mi vida-.

-debe ser hermoso aquello, amar y ser amado-.

La miré un tanto sorprendido, sus ojos se veían perdidos ahora en el cielo estrellado.

– ¿acaso Mogrek no te ama?

-.

-me ama, demasiado, pero yo no a él, le quiero, es un buen compañero, un gran guerrero, pero fue Nekdan quien decidió por mí-.

Me sentí indudablemente atraído cuando nuestras miradas se cruzaron y se fijaron una a la otra, tomé con una timidez casi infantil su mano.

“Sería difícil no amarte, mi bella Seradriel”, no lo creía posible, pero me correspondió tímidamente el beso.

*** -Necesitamos más pólvora, arcabuces y espadas- expuse al consejo del pueblo, del cual me incluyeron por mi indudable aporte en el último ataque.

-Es imposible, Pedro- me contesto Seradriel;- tanto la pólvora como las armas de fuego solo se consiguen en la Ciudad Imperial y Zul´Moran y es un viaje muy largo de aquí allá;-espadas, tendremos que usar las que tenemos y las que dejaron los Gnolls, pero serán insuficientes-.

-Entonces, debemos asaltar su campamento, unos pocos hombres y matar su líder, el mago oscuro Fen´Rar- propuso Canción de Lobo, golpeteando la asta de su enorme arma contra el suelo.

-Dudo que podamos ante un enemigo tan formidable- dijo solemnemente el Ancio Nekdan;-es el discípulo mayor del Soñador Oscuro GarDal, pero veo que es la única oportunidad de desbandar el ejército Gnoll- se tomó un momento para pensar; – ustedes tres son los guerreros más hábiles aquí, no veo nadie mejor para esta complicada misión-.

-no les fallaré- les dije mirando tanto a Seradriel como a Mogrek, aun sintiendo algo de culpa por aquel beso, ya consideraba después de estas dos semanas al gigante como mi amigo, pero realmente la Dama elfa me tenía embelesado.

*** Los granjeros de la villa eran empeñosos en el uso de las armas, aunque les tomo algo tiempo asimilar las estrategias de guerra que les quería enseñar.

Desde la reunión con Nekdan, habían pasado ya otras 2 semanas, y durante ese lapso no se repitieron más incursiones de Fen’Rar y sus bestias Gnoll.

El aíre de Xera me sentaba bien, era muy parecido al de los valles de Chile, e incluso más pacífico y alejado de conspiraciones e intrigas, me agradaba, también, no tener Rey al que rendir pleitesía, mi única autoridad era Dios Nuestro Señor, y muy bien me sabía sus mandamientos.

Aunque eso me tenía a pesar, si bien durante mi vida, fui infiel a mi esposa Marina con mi amada Inés, nunca desee la mujer de un amigo, y ahora Mogrek era un buen camarada de armas y su prometida Seradriel me recordaba de buena forma a mi Dama de Plasencia.

Salí a caminar, nuevamente, a fuera de la empalizada, una vez me encargué de dejar bien enseñado el uso de la falange y el escudo en la veintena de hombres que aún podían luchar en el poblado.

Traté de buscar el camino que me llevaba a la fuente en la que renací, pero el bosque se tornaba selvático y confuso, y no tarde en sentir compañía caer desde los árboles.

Era la bella elfa.

-Seradriel, no soy un niño para que me escoltes cada vez que tomo un poco de aire-.

-Pedro, nada en este bosque se escapa de mis oídos, y tus torpes pies hacen demasiado ruido, te confundí con un gnoll-.

Reímos un poco.

-Dígame mi Dama, en que puedo servirle-.

-Sólo quiero hablar un poco-.

-Dígame entonces-.

-Hablaré con Nekdan para cancelar mi matrimonio con Mogrek-.

-Seradriel- dije sorprendido;- ¿y eso por qué?-.

-ya lo sabes, Pedro de Valdivia, en 4 semanas me has enamorado en lo que en 25 años Mogrek no pudo ni quiso-.

Me apresuré entonces a tomar sus manos entre las mías y juntar mis labios con suyos, no pude resistirme ni a su belleza ni a su dulzura.

-yo te amo mi Dama, también lo hago, si has de hablar con el sabio yo te acompañaré, si he de batirme con el Noble Mogrek por tu mano, a mi pesar, pero gustoso lo haré-.

Esta vez ella me beso, acaloradamente, tal cual lo hacía Inés, pero la olvidé totalmente en segundos, era solo yo y Seradriel, la amaba y no habría ni conquista, ni reino ni rey que me detuviese en amarla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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