World of Xera: La familia de los Sueños Oscuros - Capítulo 107
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- Capítulo 107 - 107 Espejismo III Engaño
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107: Espejismo III Engaño 107: Espejismo III Engaño La fuerza de Mogrek era tremenda, la pequeña arena de entrenamiento del pueblo se había abarrotado de espectadores, todos viendo como yo, un aparecido, se batía en duelo con su querido Campeón por la mano de la guardabosques.
Cada vez que trataba de acercarme con mi mandoble y traspasar la defensa del medio orco, este agitaba su hacha por el suelo, encegueciéndome con una nube de polvo, y casi inmediatamente contratacaba con una fiereza silenciosa, en un movimiento circular y amplio, que de tocarme me destrozaría en nada.
Parecía tarea casi imposible mantener el ritmo del combate y lograr una mínima ventaja, esquivar sus golpes era trabajoso, y atacarlo infructuoso.
Acaso moriría en breve, víctima de la furia de un hombre de corazón roto por la traición de su prometida y su amigo.
Estaba muy enfocado en el combate, no tuve tiempo para ver como la pobre Seradriel reaccionara a tan triste espectáculo.
“Solo se puede terminar con Sangre”, concluyó Nekdan, golpeteando su bastón al suelo, “si has de romper lo que yo he dispuesto, lo harás como yo disponga, Seradriel es mi hija y Mogrek mi espada, demuestra que eras mejor arma que él y te dejare casarte con mi protegida”.
No tenía más sentido que todo lo que ocurriese en el Viejo Mundo, donde todo se solucionaba de la misma forma, el honor y las tradiciones lo eran todo.
Acepté el desafío y no me retractaría, ni renunciaría a mi amor por salvar mi vida.
Probé entonces con otra estrategia, mostrarme más vulnerable e invitar a Mogrek para que él atacara.
Retrocedí algunos pasos con mi espada en alto, entonces, fingí tropezarme y caer de espaldas.
Mi rival, furioso, rugió como un león y envistió con fuerza, ahí mostré mi estrategia, de la cual no pude sentirme orgulloso, levanté sin mucha dicha mi espada que se clavó con la misma fuerza del orco en su torso.
Escupió una bocanada de sangre sobre mi rostro, grité ahora yo, de ira conmigo mismo.
*** Nekdan se acercó silenciosamente al agonizante Mogrek, que yacía sus últimos momentos en la cama que alguna vez compartió con Seradriel.
No me atreví a cruzarme en su mirada, pero sentí el llanto de mi Dama, quien no soltó su mano en ningún momento desde que varios hombres le recogieron de la arena.
“Acércate Pedro”, me llamó el moribundo orco; “no te guardo rencor amigo, ven escúchame, y ustedes déjenme un segundo a solas con mi hermano Valdivia”.
Nekdan, dudo unos instantes, pero se fue jalado por la mano de Seradriel.
-No te fíes de Nekdan- me dijo Canción de Lobo, con apenas aliento para abrir la boca;-toma a Seradriel y llévatela lejos, a la Ciudad Imperial, me estoy muriendo amigo- su voz se debilitaba tanto como el sentido de sus palabras;-la nube que cubría mis ojos se está disipando, Nekdan nos tiene a todos hechizados, déjalo matarse con Fen’Rar y llévate a Seradriel lejos de él, sálvala, Don Pedro de Valdivia, hazlo si la amas, hazlo por mi amigo- respiró hondamente;- no te guardo rencor, me has liberado-.
*** “No puedo creerte, Pedro”, me respondió, Seradriel, confundida cuando le relaté lo que me contó Mogrek en sus últimos momentos, “Nekdan es mi padre, el me crio cuando aparecí en este mundo extraño y hostil” -Es lo que Mogrek me dijo, mi amor, debemos huir de este pueblo hoy mismo, todo acá es extraño, Nekdan es frio y pensativo, alejado de la imagen de padre que me contáis, y su rostro, siempre cubierto por aquel velo, en poco se diferencia de la sombra de Fen’Rar, esto parece ser un conflicto entre ese demonio Gar’Dal y lo que Nekdan defienda-.
-no puedo, no puedo- agitó la bella dama su cabeza, negándose a lo que escuchaba, aunque ya parecía entender que era la verdad, finas lagrimas rodaban por sus mejillas;- si es así, Pedro, tengo que enfrentarlo y oír su verdad, si tienes razón le combatiremos, pero si no es así, olvidemos esto y preparémonos para Fen’Rar y sus Gnolls-.
Asentí a su petición, y salimos de la cabaña en dirección a la morada del anciano, estreche sus dedos con los míos, ella los apretó, nos miramos y supimos que juntos poco sería imposible, bajo la luna, bajo las estrellas, respiramos uno frente al otro y antes de continuar a nuestro destino aciago, nos besamos apasionadamente.
Mis dedos no pudieron evitar deslizarse de su espalda a su cintura, de su cintura a la perfección de sus caderas, y como si una afrodisiaca magia nos poseyese nos perdimos en la dirección opuesta a la que íbamos.
Nos adentramos al bosque, corriendo, riendo, amando.
Nos abrasamos y caímos plácidamente en las aguas de la laguna.
Los besos, la pasión que nos embriagaba no se detuvo, nos desnudamos, la ayude a quitar su armadura entallada de cuero y vi la redondez de sus pechos, no pensé ni en prudencia ni en pecado, como si sus senos estuvieran llenos de leche succione sus pezones, ella respondió mirándome a los ojos emitiendo un dulce gemido, tomo mi rostro con sus manos y guio mis labios y lengua por sus senos, por sus hombros, por su estilizado cuello hasta llegar a sus mejillas y labios.
Apreté mi cintura a la de ella, y sintió mi bulto hinchado por la excitación.
Me bajó los pantalones de un tirón bajo el agua y estrecho mi miembro con su delicada mano, agitándolo primero suave, luego frenéticamente, mientras repetíamos nuestros nombres, “Seradriel te amo”, “y yo a ti Pedro” me respondía inmediatamente entre jadeos y gemidos.
Finalmente nos unimos en un solo ser con nuestros cuerpos casi completamente sumergidos, e hicimos el amor.
Empujé mi virilidad por su vagina una y otra vez, mezclando movimientos bruscos, con suaves y otros frenéticos y espasmicos.
No tardamos en llegar gritando al orgasmo perfectamente al mismo tiempo.
Ahí cerca de la laguna, bajo la protección de un árbol, dormimos desnudos y enamorados, siendo ya uno, Seradriel y Pedro, Guadabosques y Conquistador.
*** Despertamos de golpe, sin poder siquiera vernos tiernamente a los ojos, el estruendo y aullidos de hiena era la señal de que el mal esperado ataque Gnoll ya había caído sobre nuestra entrañable villa.
Corrimos en tanto pudimos armarnos con nuestras placas y cueros, espada al cinto y ella arco cruzado.
Corrimos con velocidad, desesperadamente, ya sentía este mi hogar más de lo que lo fue Santiago y las otras ciudades que fundé en Chile, pero para Seradriel esto lo era todo.
Poco quedaba cuando llegamos.
“Así que eres tú de quien hablaba el maestro” me preguntó el sombrío Fen’Rar que se encontraba ya en la plaza del pueblo, rodeado de cadáveres, con apenas control sobre sus huestes que roían las carnes de nuestros queridos vecinos.
– ¡Bestia maldita!
– gritó Seradriel furiosa, apabullada por los sentimientos de culpa y confusión; – “te arrancare los ojos y te desollare las pelotas”-.
Fen’Rar rio.
Sus poderes se mostraban tan amplios que la luz se distorsionaba al llegar a su capa sombría, era un espectro monstruoso.
Y ahora parecía levitar, riéndose desquiciadamente, se elevó ante nuestra mirada de pavor y dos enormes alas de sombra se extendieron desde sus espaldas.
-Pero que me amenazas tu- dijo Fen’Rar, agitando una esfera que saco de sus oscuras ropas; – que acaso no sabes que no existes, que eres una trampa tentando al ratón que es este aparecido-.
-De que hablas vil pedazo de mierda- preguntó Seradriel con furia y fuerza que hizo eco en todo el lugar, extendió entonces su arco y apunto 3 flechas directo a la posición de Fen’Rar.
Disparó, pero antes de que atravesara la cabeza del vil hechicero, las flechas se diluyeron en un espejismo.
Solo alcancé a ver a Seradriel otro instante, hasta que conocí la terrible realidad, Seradriel desapareció, regalándome una última mirada de confuso terror.
No pude emitir más ruido que un gritó hondo y el chillido de la negación a lo que había pasado.
Seradriel no estaba.
-Lo siento, mi buen conquistador, GarDal te necesita, vivo aún-.
Le miré con odio y confusión.
-que le hiciste, demonio hijo de perra-.
-Nekdan creó todo esto para ti- rio compulsivamente para luego guardar silencio en una seriedad que me asqueó; -nada de lo que conociste fue real, solo una artimaña para alejarte de tu destino-.
-no entiendo, que destino- empuñé mi espada con tanta fuerza y furia que mis manos sangraron, grité incoherentemente y corrí tan furiosamente como pude a donde se encontraba el demonio.
-Verás- me explicó esquivando con una facilidad grosera cada uno de mis ataques;- GarDal te quiere de su lado, pero para tenerte ahí te utilizará con esto;- movió la esfera obsidiana de lado a lado- Con esto Nekdan creo la ilusión, con ella GarDal la volverá realidad, permanentemente, él ya ves, es omnipotente-.
Fen’Rar pareció diluirse en un espiral desapareciendo, tan solo quedo la esfera y un mapa en el suelo.
Las huestes de Gnolls se extinguieron en polvo.
Mi destino estaba echado, perseguir a GarDal hasta el fin del mundo, y que me devolviera a Seradriel, mi amada Dama elfa, mi luz, mi corazón.
*** Siempre tuve la compañía de buenos soldados o la Inés misma en mis aventuras y guerras en el Mundo de Tierra.
Aquí ahora estaba solo, y siempre lo estuve al parecer, porque ni Seradriel ni el buen Mogrek, así como todos los habitantes del pueblo a excepción de Nekdan, no existían en la realidad, era si, imágenes independientes y pensantes, creadas hace tan solo unas semanas para atraerme a lo que Fen’Rar llamó, y bien lo hizo, ratonera.
Me sentía así ahora, como un triste ratón aplastado por la ilusión de un magnífico premio.
Seradriel se había ido, pero la posibilidad de recuperarla me mantenía cuerdo, o quizá más loco y determinado que nunca.
Haría sufrir a Fen’Rar, GarDal y aquellos a los que Nekdan perteneciese.
Caminé sin mucha orientación con el extenso mapa en las manos, había atado muy firmemente una bolsa con paja que protegiera a la esfera oscura, esa era ahora mi cosa más preciada.
Traté de mirar las estrellas, pero la memoria del cielo del mundo de Cristo se me superponía a lo poco que había aprendido de mis conversaciones con Seradriel.
Hacía el norte, siempre al norte, hasta que encontrase el camino real hacía Imperial, la majestuosa ciudad que abarcaba un buen trecho del mapa.
Si mis cálculos eran exactos, esto quedaría a muchas leguas de distancia, demasiadas, y la ansiedad me estaba carcomiendo las entrañas.
Así como el hambre.
Me moví sigilosamente improvisando un arco y flecha con lo que encontré en los restos de la villa, debía de cazar un animal y cocer su carne.
Me sentía fatigado, de caminar hacia lo que creía que era el norte.
Este mundo era aún extraño y terrible para mí.
Disparé mi flecha hacía un ciervo y se clavó en una de sus patas, invalidándolo, entonces le ejecute con mi espada.
Una fogata tan solitaria en mi vida no había estado.
Lloré pensando que no era humanamente posible vencer a enemigos tan terribles y poderosos.
Comí y dormite a ratos, nada era seguro acá, como me dijo mi Dama una vez, en los bosques hay bestias más terribles que un Gnoll.
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