World of Xera: La familia de los Sueños Oscuros - Capítulo 108
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- Capítulo 108 - 108 Todos juntos al mismo tiempo
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108: Todos juntos, al mismo tiempo I 108: Todos juntos, al mismo tiempo I Redhand sentía el pesado aire de Xera en su rostro, por alguna razón el Ki que había aprendido a utilizar no funcionaba, tenía que moverse golpeteando el aire, estaba furioso, con él mismo, es que Zeraki tenía razón, ¿Cuánto había pasado desde que había aparecido en ese mundo?¿en cuánto tiempo decidió ser infiel a Zeraki con Tania Zad?
Su mente no estaba clara, ahora solo quería matar a Gar’Dal, pero haría devolver la vida plena a Zeraki, y lo haría devolver a la Tierra de Tana.
Siguió aumentando la velocidad, y subiendo más y más a lo que ya se veía como la cumbre del mundo.
*** Alguna vez fui un cronista en la expedición de Valdivia en Chile, o quizá también un soldado, pero si algo me definía era mi tenacidad, luché y morí en la Tierra por mi orgullo y honor.
Seguramente a muchos les sucedió algo así.
No sabía si al morir nuestras almas eran enviadas a diferentes mundos, me habría gustado que así fuera, pero en Xera me di cuenta que yo era un caso particular, un aparecido, muy pocos seres eran como yo, quizá aquello me volvía especial, tener un propósito tal vez superior en este mundo.
Llámenme, Valduvar, que es como me llamaron acá en Xera, y si tengo una verdadera habilidad, es hacer un constante monologo siempre, si algo o alguien me oye es porque me gusta repasar cada respiro como si de una novela se tratase.
Y siento sin embargo que algo oscuro me vigila, y lee lo que escribo en mi mente.
Decidí, luego de mucho tiempo de hacer de guardia en una hacienda, cerca de Ciudad Foro, emprender mi propio viaje.
Me armé con un casco y coraza muy parecida a los que vestí bajo las ordenes en la conquista de Chile, los mandé a forjar especialmente para mi próxima hazaña, la más grande, esperaba.
Si de alguna aventura se tratase, esta estaría en el centro del mundo, Foro, una ciudad que tenía en medio una montaña prendida en fuego, pero esto no haría amedrentar para que mientras más se acercara la gente a la montaña más pobres y corajudos eran.
Lleve mi rodela a la espalda, con el símbolo de un dragón pintado con rojo, ningún significado especial, pero el dibujo lo encontraba perfecto para imponer respeto en los interiores de la ciudad.
Mi espada la había cuidado con detenimiento para que mantuviera un filo letal, era ahora, a mi aparecer, el peligro mismo, nada me daba miedo, todos debían respetarme.
No como lo fui en Chile, ahí se me trato como un debilucho y una rata de libros, pero de todas formas me lleve muchos mapuches conmigo a la muerte.
Valdivia había sido un buen amigo, al igual que Inés, incluso con el joven Felipe que más tarde se llamaría Lautaro, aquel que tuvo la dicha de apagar mi vida, seguramente hizo lo mismo a Don Pedro, aunque hace tan solo unos años fueron muy cercanos.
Es que la conquista se volvió grosera, yo que tuve la labor de documentarla fui testigo de la crueldad de los españoles con los indios, el mismo Valdivia, que tan héroe fue en las guerras en el Viejo Mundo, se vistió de torturador para detener la gallardía Araucana.
Pero, no pudo.
Pero qué más da repasar en el pasado.
Mi destino aguardaba en la ciudad de fuego.
Me moví a pie por entre las abochornadas calles de Foro, fui pasando distrito tras distrito, hasta que el calor se volvía agobiante y las miradas más peligrosas.
En un momento un hombre calvo y alto, de tez blanca y ojos negros, me detuvo.
-Muy lejos de tu patrulla, soldado- me dijo con tono ronco.
-No soy soldado- respondí, pensando que la confusión estaba en mi armadura bien pulida, mi rodela y mi espada; – busco un lugar para comer y beber, soy un mercenario y busco algo que hacer-.
-ehm, un mercenario- dijo un hombre casi raquítico que apareció detrás del anterior; – nos convierte en colegas, amigo, hay muchos trabajos y grupos buscando guerreros, pero para pasar de acá, colega o no debes pagar por paso-.
Pensé un momento en pasarles unas cuantas monedas, pero eso avivaría a que el resto me pidiera peaje también.
Antes que reaccionaran me lance con bravura contra el más grande, golpeándolo con mi mano enguantada con placas, haciéndolo perder el equilibrio, dio un par de pasos hacia atrás pero finalmente no cayó.
Me miró furibundo, pero no levanto sus manos, ni saco arma alguna.
-Perro valiente, déjenlo pasar- alzó la voz para que toda la calle lo escuchase;- tiene el favor de Orok Reg-.
La gente me miro y luego desviaron los ojos a lo que estaban haciendo, el hombre más bajo me hizo una reverencia y me dejaron pasar, haciéndome una seña para que supiese donde ir.
Seguí las indicaciones y entre a una taberna un par de calles más cerca de la montaña.
Cruce la puerta y esta vez nadie me miró, lo que me hizo sentir aliviado del hecho de no tener que forzar mi suerte al filo de mi espada.
Me acerqué al mesón y soltando una moneda pedí una cerveza.
Estaba tibia, pero era lo esperable a aquella distancia de la montaña, aun así, fue increíblemente refrescante.
Miré sin poner mucha atención, ya que no quería que nadie me buscara pelea, alguna señal de que hacer a continuación, pero, algo definitivamente me hizo fijar la mirada en cierto lugar.
Al otro extremo de la barra estaba una mujer, con capucha y vestida con prendas de cuero, llevaba cruzado a la espalda un arco, y amarrado al cinto una espada de lo más particular.
Estaba bebiendo como si mañana no hubiera de salir sol, en transcurso de unos cuantos minutos bajaba jarra tras jarra de licor, algo que se veía mucho más fuerte que lo que yo estaba bebiendo.
Me di finalmente las fuerzas y valor para acercarme a ella, aunque una gran bandera de peligro flameaba sobre sus hombros.
-buenas mi Dama- le dije, sin ser descortés ni minimizando su calidad de guerrera;- busco algo que hacer en Foro, soy un guerrero como usted, y si me lo permite me gustaría unir fuerzas para lo que sea que haga-.
-eres valiente, guerrero, para hablarme- bebió un poco y mostró parte de su rostro al mirarme de reojo, pude ver entonces dos ojos celestes, algo rasgados, unas facciones muy bien definidas y piel pálida un tanto azulada y unos mechones de cabello de color océano que caían por sobre su cuello, completando una sensación de irrealidad en su figura enigmática y atrayente, casi hipnotizante;- dime quien eres y que tan buen guerrero eres, tengo, quizá un trabajo para un mercenario, pero no para cualquiera-.
-Puedes llamarme Valduvar, mi Dama, fui soldado en vida y mercenario y guardaespaldas en esta nueva-.
-un aparecido, lo que me faltaba, pero, quizá si el destino te trajo acá, tenga un propósito, me servirás si tan bravo eres, mi nombre en Nia Onova, nadie me habla acá porque saben que soy una guerrera amazona, y una muy fuerte, hay un grupo de cazadores que deje en muy mala situación, me gustaría pagar su generosidad conmigo, ayudándolos en su cacería-.
-suena muy interesante, Dama, y qué cazan-.
-Dragones, pero veo que tu escudo llevas uno dibujado con mucho detalle, eres acaso un caza dragones para tu suerte-.
Tragué un poco de saliva, sabían que acá en Xera había unos cuantos seres primigenios que eran llamados dragones, pero eran bestias gigantes y más temidas que las que enfrento San Jorge en el Viejo Mundo.
-es solo decorativo mi señora, pero me apunto, tengo cierta habilidad con la espada y el escudo, no hay leviatán que pueda amedrentarme-.
-terminemos esta ronda y luego iremos, al interior de la montaña, tendremos que movernos rápidamente si queremos alcanzarlos-.
*** Si la apariencia de Nia era extraña y poco humana, la de su colega Aryael lo era más.
Lo único humano, y no tanto, de bello que era, en su figura, era su rostro, muy azulado, ojos luminosos y rasgados, una nariz pequeña y respingada y una sonrisa muy natural, que dejaba ver una espléndida dentadura con caninos levemente bestiales.
Su cuerpo era exuberante, muy curvilíneo pero lo que se ganaba más las miradas de los que la rodeaban y pasaban junto a ella, era sus pies, eran pesuñas cabrias, y poseía una simpática cola que salía por sobre su trasero, tenía cuernos, arqueados hacia delante, para su gracia, no excesivamente grandes; y zarcillos que salían por detrás de sus orejas cayendo grácilmente por su cuello.
Se identificó como una Eridi, una especie ancestral y poderosa de más allá de las estrellas, ella había llegado a Xera en una nave espacial, algo que no entendí pero que acepté de cualquier forma, y su poder y fuerza eran más allá de cualquier humano, empuñaba el poder de la luz, algo que me pareció ser un poder angelical de cualquier forma.
Era esa mujer, para mí, un ángel en todas las formas.
Nada nos hizo imaginar que encontraríamos dentro de la Montaña Roca Ardiente, cadáveres orcos por montones, y huellas de una incesante y encarnizada batalla a cada paso.
Cuando al fin llegamos a dónde íbamos no encontramos más que el cadáver de un duende en una maquina muy extraña que parecía una armadura, “Zul’Kay” exclamó Nia, sabía de quién se trataba, era el Rey Duende de Zul’Moran, y junto a ellos cenizas y roca fundida, así como huesos carbonizados completaban un lugar aterrador.
Por suerte encontramos, gracias a la aguda intuición de Aryael, un pequeño túnel que pudimos utilizar a gatas, cuando al fin vimos luz, lo más increíble y aterrador se nos mostró frente a nosotros.
*** Gar’Dal sonrió.
Estaba en la cúspide de la torre más alta del Castillo Negro, la ancestral morada de los dioses antiguos, el Monte Olimpo, 20.000 metros de altura.
Cualquier humano habría muerto con el poco aire que ya había ahí, pero él no era humano, era mitad demonio, mitad Soñador Oscuro.
Vio, con mucha destreza, como un pequeño punto se acercaba a lo lejos, casi al borde del horizonte, zigzagueando como un dragón, uno terrible y lleno de odio.
“¡Redhand, ya vienes!”.
Pensó Gar’Dal, para luego estallar en una risa sórdida, monstruosa.
Mucho más lejos el Nimbus volaba a toda potencia en dirección al Olimpo, estaban debidamente enojados con Redhand, pero era su amigo, un amigo entrañable y no lo dejarían enfrentarse al Rey Demonio solo.
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