World of Xera: La familia de los Sueños Oscuros - Capítulo 109
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- Capítulo 109 - 109 Todos juntos al mismo tiempo II
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109: Todos juntos al mismo tiempo II 109: Todos juntos al mismo tiempo II Red se mantuvo en el aire golpeteando la nada con un pie, Gar’Dal se sonrió en silencio.
-Eres Gar’Dal, no hay duda, pero eres más pequeño y joven que yo-.
-6000 años cambian un poco la apariencia Red, tú por el contrario pareces un bolo de carne golpeado-.
-no sabes cómo te has dejado odiar, te odio, te odio tanto Gar’Dal Dark Dreams-.
-Aunque no lo creas yo te aprecio, me eres útil y necesario como no te puedes llegar a imaginar, Orion Boras-.
Gar’Dal era pequeño y joven, casi un niño, una gran melena blanca cubría sus hombros y espalda, hasta llegar al suelo, vestía un cuello blanco mullido, y ropas verdes toxico, tan similar a las de Fenrar que hizo que Red lo odiara incluso más.
Sus ojos no eran rojos como los suyos, eran blancos, sórdidamente blancos, y su sonrisa parecía la de un tiburón.
-Tienes que saber, sin embargo, Orion, que yo no mande a Fenrar a matar a tu querida Zeraki, y si, antes que lo preguntes, se todo cuanto te ha pasado y sí, yo te envié a la Tierra alterna para que te volvieras más fuerte-.
-Yo no haría sufrir así a nadie, por más malo que yo sea, te creo Gar’Dal, pero Fenrar era tu esbirro y eso te vuelve responsable por sus actos-.
-vamos que, él no es más ya uno de mis estudiantes, aunque creo que aún vive…-.
-¿Vivo?, le molí, lo deje hecho pulpa de carne y sangre, como puede vivir-.
-acá en Xera hubo seres poderosos antes que yo, y uno es particularmente capaz de todo, y es más caprichoso e insidioso que yo, Sun Sok Kal el creador, la luz de Xera, él con seguridad le dio vida de nuevo y lo insufló con el poder de un Dragón Blanco-.
-no entiendo lo que dices, pero si vive, le volveré a matar, a él y su luz-.
Simplemente hay cosas que no puedes hacer, no aún al menos, Sok Kal por ahora es invulnerable, es incorpóreo y está encerrado en el cielo.
-No Gar’Dal, no vine a hablar de inmortales, vine a matarte, pero antes revivirás a Zeraki, y luego me enviaras con tu último aliento donde Tania Zad-.
-crees que puedes siquiera hacerme un poco de daño- Gar’Dal burlistamente hizo el gesto de tiritar de temor; – hay una diferencia entre nosotros dos, como de un universo a otro, soy infinitamente más poderoso que tu…-.
Red no desperdició la pasividad de su enemigo, se disparó como un misil, golpeando el rostro de Gar’Dal con su puño cerrado, con tanta fuerza que lo hizo volar como una bala de cañón contra de una de los muros del castillo.
Trozos de obsidiana se desprendieron de la pared, y Gar’Dal cayó al suelo como un muñeco de trapo.
“¿Eso es todo?”, pensó Red, acaso el temido Rey Demonio era tan débil.
Entonces una especie de vapor verdoso empezó a salir desde la enorme melena blanca de Gar’Dal.
Y una fuerza sórdida expulso una tremenda ola de aire en todas direcciones.
Gar’Dal estaba de pie nuevamente, lo sostenía una viscosa entidad con ojos por toda su existencia, si se podía llamar así a aquello.
-Gracias- dijo Gar’Dal; – eso dolió Redhand, pero es previsible que seas más fuerte que yo en mi estado actual- hizo un gesto altivo y la sombra viscosa lo cubrió, lo engulló completamente y luego de unos segundos en el que pareció volverse una perfecta bola de brea negra volvió a tomar forma.
Era aún pequeño, pero le cubría una armadura obscura como las paredes del castillo, y dos ojos sórdidos y naranjos se dibujaron bajo los blancos del mismo Gar’Dal, un yelmo de sombras con cuernos cubrió toda su cabeza, de la que solo salía su abundante melena.
Redhand se sintió asqueado al ver esa transformación, pero algo le decía que debía ser cauto.
-dices que hay una diferencia de un Universo entre ambos, pero me dices que eres más débil que yo, dime Gar’Dal, que pretendes decir-.
-que hay una diferencia entre la fuerza y el poder, tienes la fuerza para destruir todo y mover cualquier cosa, pero yo puedo hacer lo que sea, a mi voluntad, podría suprimir tu existencia sin ni siquiera mover un musculo, sin la más mínima fuerza, pero, es inevitable que esa brecha entre tu fuerza y mi poder se desvanezca-.
-no vine a hablar de filosofía Gar’Dal, vamos a pelear de una buena vez-.
Gar’Dal le miró diferente, con cierta maldad, con cierto odio, con cierta furia, extendió su mano apuntando a Orion.
-¡Devóralo Todo!, ¡Noche Sangrienta!- gritó, y de su armadura viviente se extendió aquella sombra a gran velocidad, tomando la forma de un lobo con miles de colmillos afilados, abriendo su colosal quijada persiguió a Redhand que hizo todo lo posible por evadirlo con toda rapidez y destreza, pero finalmente lo engulló.
Redhand se sintió abrumado, estaba siendo paralizado por aquella entidad de la que tanto había escuchado hablar, podía ver dentro de su mente aquellos ojos escudriñando en sus recuerdos y pensamientos, se reía, se reía tan asquerosamente que de no estar en la situación en que estaba habría sentido nauseas.
No podía moverse, estaba limitado, y la energía Ki que había aprendido en la Tierra Alterna no funcionaba en Xera, trató de usar entonces sus ojos, siempre le habían funcionado para librarse de poderes y enemigos extraordinarios, pero solo escuchó esa sórdida risa hacer eco con más dicha en su cabeza.
-Crees que puedes darme miedo, Red…hand, Orion Boras, eres patético, y eso que tuvimos la consideración de hacerte más fuerte, eres débil, eres impotente e insignificante- le dijo Noche Sangrienta en un idioma extraño que misteriosamente entendió.
¿era verdad?
Todo había sido inútil, ahora estaba disminuido a nada, ¿su pelea con Gar’Dal había durado tan solo eso?, había defraudado a todos, a todos lo que le había prometido ganar.
Entonces sintió un estruendo, como si un martillo enorme golpeara un metal irrompible.
Vio luz entonces, tan intensa que lo encegueció por un momento.
Cuando volvió a ver, vio un hombre tan alto como él, pero incluso más musculado, vestido como un egipcio antiguo, de piel blanca bronceada, con la cabeza afeitada y ojos blancos, empuñaba un martillo radiante y enorme, que irradiaba una cantidad de Luz tan fuerte que incluso aclaraba los muros del castillo y hacía cerrar los ojos de Noche Sangrienta.
Llevaba el tatuaje de un Ankh rojo sobre su ojo izquierdo, era la viva imagen de una Guerrero del Egipto Antiguo.
-Entonces llegas tú también- dijo Gar’Dal graciosamente; – con tanta Luz de Kal que encegueces al Dios del Vacío, ¡No te da vergüenza temerle a este, eh, Noche Sangrienta!
-.
-No culpes al Rey de Sombra, Gar’Dal Dark Dreams- dijo el hombre con una voz grave, con un eco casi divino; – Ra me ha dado este poder y lo usare para bajarte de tu falso trono-.
Redhand respiró hondamente.
-Luz, Sombra, Dioses, solo creo en mi fuerza, ¡Soy la Muerte y hoy vengo por ustedes tropa de fenómenos!
– gritó el asesino, declarando a todos los presentes como enemigos.
-Soy Radjedef- le dijo el hombre extraño a Red; – hijo de Ra, Rey de Egipto-.
-Un Faraón, no me interesa, no te metas o te mataré por más Dios o Hombre seas-.
-tendrás que escucharme campeón de la muerte, Ra me dijo quién eres y qué papel tienes en esta guerra, acepta mi ayuda, no seas insensato, he enfrentado antes a Gar’Dal y puede ser aterrador-.
Red levantó su ceja, despectivamente, pero por dentro se sentía humillado, debía entonces mostrarse imponente o su orgullo sería el primero en ser derrotado.
-Solo no estorbes, Radjedef, hijo de Ra-.
Red golpeó esta vez el suelo de la montaña y su pierna comenzó a arder, una técnica que había desarrollado en su entrenamiento con Kyl.
Entonces la enterró en la roca y cuando la sacó con violencia estaba cubierta de magma.
-¡Bravo!- rio Gar’Dal;- aprendiste a usar tu magia como se debe-.
-pensé que ya sabías todo, sino, aprenderás que esto es solo el comienzo-.
Se movió rápido, tanto que solo se vio como el suelo se derretía cuando pasaba por él, en nada apareció frente a Gar’Dal y le dio una brutal patada que el mago alcanzó a desviar creando un escudo vil que se rompió instantáneamente.
Radjedef golpeó su martillo contra el suelo y la luz que lo cubría brilló con más intensidad, y dos alas luminosas se formaron en su espalda, y agitándolas voló tan rápido como pudo en contra del Rey Demonio.
Red no se detuvo en su ataque y propino una infinidad de patadas desde todas direcciones que Gar’Dal lograba con lo justo a frenar con diferentes escudos que invocaba con su magia, nada parecía poder resistir la Furia ígnea de Orion, debía contratacar.
Gar’Dal se esfumo en un instante, dejando un humo verdoso en donde estaba.
Orion miró en todas direcciones, ¿se había movido?, no, se había trasladado con magia justó a su punto ciego, y desde ahí golpeo a Red con su puño, con un poder abrumador, incrustando el rostro de Redhand en el suelo.
Otro habría muerto, pero Red era fuerte, Gar’Dal tenía fe en ello.
Llegó esta vez el Faraón, impulsado por sus alas de luz, y agitando su martillo golpeo a un Gar’Dal que había bajado la guardia.
Sonó como una campana, apenas desestabilizándolo, sabía que necesitaría más por lo que no se detuvo, siguió golpeando incesantemente al Rey Demonio con su martillo, dando al oído la sensación de que un templo anunciara algo urgentemente a campanadas.
El ultimo martillazo dio de lleno en la mejilla de Gar’Dal, pero ni si quiera logró moverlo.
Ambos ojos, los de Gar’Dal y los de Noche Sangrienta lo miraron de reojo.
-Débil- dijo con voz doble y al siguiente golpe tomo el martillo con una mano sombría que multiplico su tamaño hasta envolver el arma de Radjedef como si fuera un juguete; – Kal baja cada vez más sus estándares en cuanto a campeones-.
Sin embargo, no pudo destruir el martillo, así que lo agitó junto a su portador que no lo soltó y dando vueltas como un tornado lo lanzó al aire con tanta violencia que se perdió entre las nubes bajas del Monte Olimpo.
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