World of Xera: La familia de los Sueños Oscuros - Capítulo 113
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- Capítulo 113 - 113 Todos juntos al mismo tiempo VI
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113: Todos juntos al mismo tiempo VI 113: Todos juntos al mismo tiempo VI Eogrash hizo una señal a la bruja de Arazan, la cual asintió con la cabeza, era momento de retirarse de ese peligroso escenario, jaló a Cyndresa y Arzelen del brazo y las llevo atrás del grupo recién llegado.
-contra Illarian no tenemos oportunidad alguna, dejemos esto al resto, son inconmensurablemente más poderosos que nosotras-.
Eogrash miró en todas direcciones, pero no pudo ver a Fenrar, le buscaba desesperada pues podía sentir su energía, una caótica y muy grande, pero no estaba ahí.
-Fenrar está muerto- le gruño Farizza aún en forma de dragona, Illarian lo carbonizo, venguémoslo Eogrash, es momento de que desates tu poder-.
La orca gritó furiosa, mirando al elemental, pero su mirada se desvió a Li Wang, la mujer que Gar’Dal engañó para que viniera a Xera, ¿qué le pasaba?, estaba devastada, ida, arrodillada atrás de Kuro, con la vista perdida en el suelo, haciendo caso omiso a la llegada de ellos.
Illarian aumento las llamas al ver a los recién llegados.
-Más esclavos de Gar’Dal, da igual, serán combustible para mis llamas- bramó como un sórdido animal y sus llamas verdes se volvieron abrazadoras, todos sintieron como si su piel se quemara al estar incluso tan separados del Príncipe de Fuego.
-Es mío- dijo Redhand, preparándose para saltar al combate.
Borgol se paró al lado de él, haciéndole saber que cazarían juntos.
Morkhal y Azgresh golpearon con sus pies el suelo y desataron un terremoto que agrieto la tierra, desestabilizando a Illarian.
El momento preciso.
Farizza y Axaz se lanzaron en picada contra Illarian, sus pieles de dragón resistían el calor abrazador de su fuego, pero no por mucho tiempo.
El elemental quiso alejarlas con una explosión, pero los colmillos y garras de las dragonas se incrustaron en su núcleo de piedra.
Kuro tomó su magullado escudo e invocando el poder de un Dragón de Tierra salió eyectado contra el elemental, golpeándolo con fuerza en el mentón, o lo que debía de serlo, haciéndolo tambalear nuevamente, pero no lo suficiente.
Illarian se hizo más grande, no lo suficiente para perder el control, pero si para resistir las mordidas de las dragonas y los golpes de Kuro.
Pero, llegó Redhand, alguien que el elemental no sabía que existía.
Lo golpeo moviéndose a la velocidad del rayo, pero con los puños cerrados, cargados de la Furia Ígnea.
No sabía si el magma al fuego haría algo, pero debía de intentarlo.
Su puño se enterró en las llamas de Illarian y lograron golpear su núcleo, causándole un dolor que no pudo resistir, gritó como si lo hubiera atravesado una espada.
“Excelente” pensó Red, que desató una tormenta de golpes tan terriblemente veloces que apabulló los reflejos de Illarian, no podía responder a esa velocidad.
Solo le quedo aumentar su calor.
Fue tanta la temperatura, que las dragonas tuvieron que soltarlo obligadas ante el peligro de ser carbonizadas.
Borgol llegó más tarde e incrustó su Lanza en la pierna del elemental, pero como no era carne humana poco daño le hizo, el poderoso Illarian sacudió su pie y mando a volar lejos al Neanderthal, cayendo cerca de Kalair, que comenzó a disparar balas cargadas de rayos, parecía un arma futurista y devastadora, lo que le encanto.
Illarian apenas sintió el impacto de las balas, no era el elemento preciso para hacerle daño.
Se escuchó entonces un gritó de ira inconmensurable y un rayo purpura, de pura energía arcana, cruzó el campo de batalla.
Atravesando el cuerpo de Illarian, con tanto poder que dejo un hoyo en el elemental, uno que lo hizo tambalear de dolor.
Li Wang se subió a tu tabla arcana y voló hacia el elemental sin dejar de lanzar una tromba de virotes arcanos que Illarian si sintió, como si lo acribillara una ametralladora y su cuerpo fuera de espuma, lo estaba destruyendo.
-Sentirás mi furia- gritó Li; – me quitaste lo que más amaba, te quitare tu existencia-.
-ustedes, malditos- gruñó Illarian; – ustedes si me quitaron lo que más amaba, que es el pestañeo de un mortal ante el amor de un eterno-.
Redhand dio un salto hacia atrás, le mostraría algo nuevo.
Tomó ambas hoces y se cargaron de una extraña energía, no era electricidad, ni magma, era algo más siniestro, algo que Kyl le había mostrado, pero hace tan solo unos momentos Gar’Dal le enseñó, era un buen alumno, cuando se trataba de aprender técnicas mortales.
-¿Illarian es tu nombre?- preguntó Orion con soberbia.
-Pequeña sabandija, tú no eres Gar’Dal, ¿pero lo eres?
-.
-Algo así, más guapo, más letal, ¡Soy el ocaso de los Dioses!, ¡Soy el final, soy Omega!
-.
Todos sintieron un poco de vergüenza ante tanta fanfarronería de Red.
-Hoy tu muerte llega de mi mano, pedazo de mierda- sentencio el Soñador Oscuro.
Pero, antes de que se dispusiera a atacar al elemental, que ardía en furia, vio como Zeraki se movía como un espectro, con magia de la muerte, velozmente en contra de Illarian.
Quiso detenerla, debía detenerla, pero algo lo detuvo, algo que no sabía que era.
El martillo de fuego de Zeraki, que había forjado en Karazkan y Gar’Dal había insuflado de llamas, golpeó de lleno en la cabeza de Illarian, clavándolo al suelo.
Todo parecía ir bien, incluso Kuro creyó que el combate había terminado prematuramente ante el brutal ataque de la orca.
Pero no fue así, se levantó como un remolino de fuego y abrazó con su calor el cuerpo de Zeraki.
Morkhal gritó.
Redhand quedó paralizado.
Zeraki había desaparecido, ya no estaba.
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