World of Xera: La familia de los Sueños Oscuros - Capítulo 114
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- Capítulo 114 - 114 Todos juntos al mismo tiempo VII
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114: Todos juntos al mismo tiempo VII 114: Todos juntos al mismo tiempo VII La mente de Orion colapsó, algo dentro de él murió definitivamente, él había dejado a Zeraki morir por voluntad propia, de eso tenía pocas dudas.
¿lo había hecho para estar con Tania Zad?
¿acaso se había desecho de Zeraki por aquello?
¡No!
No puede ser así, pensó convencido.
Gritó más fuerte que Morkhal, más que las dragonas, más que Illarian.
Las hoces se electrificaron con una energía negra destellante, si alguien hubiera mirado de cerca, muy de cerca, se habría dado cuenta que incluso el polvo del suelo dejaba de existir al acercarse a esa devastadora energía.
-Te presento Illarian;- le dijo desatando furia como nunca antes en su vida, sus ojos aterradoramente rojos incluso hicieron retroceder a ser tan primigenios como Axaz y Farizza;- la Mácula de Muerte-.
Illarian sintió miedo también, no sabía que era aquello, solo había sentido dos sentimientos en su vida, ira contra todos y el amor por Naxez, pero esto parecía ser una fuerza que le obligaba a retroceder.
Decidió el elemental entonces volverse más pequeño y que sus llamas fueran más intensas.
Pareció, entonces, volverse un humano con piel abrazadoramente verde, de no más de dos metros y algo de altura.
Como ningún ataque en su vida tenía que esquivar esas hoces, sintió que incluso su calor se desintegraba al chocar con ellas.
Fary sabía bien qué clase de magia era aquella, la más grande técnica destructiva de Gar’Dal, aun así le pareció muy extraño, desconcertante que le hubiera enseñado aquello a quien potencialmente era su enemigo mortal.
Aun cuando Illarian era terrible siendo enorme, siendo más pequeño era devastador a lo poco, y extremadamente hábil en la lucha cuerpo a cuerpo.
Redhand buscaba cortar al elemental, pero solo había entrenado poco tiempo usando un arma, y estas no eran Aulladora, si no hoces, espadas curvas que no había visto en su vida.
Solo atinaba a blandirlas de lado a lado con su gran velocidad.
Pero, Illarian era también veloz, con toda su energía concentrada se volvía incluso más rápido y fuerte que Orion.
Entonces concluyó que debía de matar rápidamente a ese molesto humano que tanto le asemejaba a Gar’Dal.
Se lanzó en contra de Red golpeándolo de forma frenética en el cuerpo, mientras al mismo tiempo esquivaba las hojas de muerte.
Red sentía como si blandir esas armas le volvieran más inútil, pero si todos los presentes no habían podido siquiera dañar a Illarian él tampoco lo haría sin el conducto de macula de muerte que Gar’Dal le había otorgado.
¡Maldita sea!- gritó Red frustrado, al momento que lanzó las armas al suelo, clavándolas, al menos atinando que no debían caer en manos enemigas ni perderlas en la batalla;- te haré pedazos a la antigua maldito intento de estufa-.
Era la oportunidad.
Illarian vio que lo más peligroso en el campo de batalla había sido desechado por aquel idiota, así que partiría por acabarlo a él, luego sería el turno del resto.
Lo atacó eyectado como un misil con sus llamas, haciendo explotar el suelo se impulsaba hacia adelante apabullando a Redhand con una incesante cantidad de golpes.
Orion se arrepintió entonces de haber botado sus armas, pero ahora al menos podría usar el resto de sus técnicas.
Pero estaba recibiendo mucho daño, sumado al de su pelea con Gar’Dal, y antes de aquello con el Emperador del Mal, estaba muy debilitado.
Giró como un torbellino hacia el cielo, y ya a varias decenas de metros de altura se propulso golpeando el aire con el zigzag que tanto le había servido en la Tierra Alterna.
Illarian le siguió, impulsado como con un motor de reacción, -¡Red!- se escuchó una voz muy familiar para el segundo grupo de cazadores, una voz fiera pero dulce, una voz salvaje pero reconfortante;- ¡tu puedes Orion Boras!
-Zeraki- gritó Red al dar un vistazo al suelo, era ella, estaba sana y salva, ¿pero no la había visto morir en las llamas de Illarian?;- maldita sea, Zeraki no sé como, pero ganaré, ¡Te amo!
– le gritó el humano, que estaba igual de consternado que Morkhal y el resto.
En tierra, Zadris puso su mano sobre el alto hombro de Zeraki, “no te salvaré dos veces, eres competencia”, Zeraki tomó su mano y la alejo de ella, le mostró una salvaje sonrisa, “Te esfuerzas por ser mala, pero no lo eres, bruja”, le respondió la orca que afirmo con fuerza su martillo de fuego.
Li paso entre ambas con su tabla arcana y como una estela de noche se dirigió a donde estaban esos monstruos peleando con todo su ser.
Como si empuñara una jabalina inexistente, apuntó hacia el corazón del elemental, “no”, pensó, “a su cabeza”; y con una destreza de atleta lanzó una tremenda lanza arcana.
Illarian vio el ataque y apenas pudo esquivarlo, sin prever que era suficiente para que Red tomará ventaja, acortando distancia y perforándole el cuerpo con una sucesión de numerosos taladros del asesino.
El daño para el príncipe de fuego le resulto tan doloroso que pensó en terminar la pelea y huir, pero, debía vengar a su amada.
Expulsó una cantidad de calor tan abusiva que Red tuvo que cesar su ataque.
El elemental fue quien se lanzó al ataque esta vez, tomando con sus incandescentes manos los brazos de Redhand, su fuego no lo derretiría, era muy duro, como si estuviera hecho del metal más resistente, así que quiso inmovilizarlo, y una vez lo hizo convirtió sus pies en cohetes de fuego y voló lejos del resto, tan lejos que Red pudo ver como dejaban el páramo estéril y comenzaban a internarse en un frondoso bosque de pinos, verdes y vivos, pero la estela de fuego vil los iba carbonizando en nada.
“¡Suéltame, maldito intento de fosforo!” gritó el asesino, que lanzando un golpe de energía con la magia de sus ojos logró zafarse del monstruo.
Red estaba más calmado, al ver a Zeraki sana, todo parecía salir bien, solo debía de vencer aquel ser de fuego y lograría… estar con Zeraki, envejecer con ella, o volver con Tana, rayos, era tan confuso, si pudiera elegir las elegiría a ambas, las amaba por igual, las necesitaba consigo y no quería privarse de ninguna.
“mierda”, susurró, “solo debo vencer a esa cosa, luego comer, luego dormir, estoy en mi maldito limite, creo que mi cuerpo se va a desgarrar por completo”.
Redhand gritó con todas sus fuerzas, haciendo mover todo el bosque, incluso las llamas de Illarian retrocedieron, dejaron a entrever su núcleo, estaba herido, muy herido.
Si lograba golpearlo con todas sus fuerzas lo desarmaría, y necesitaba una onda de energía que hiciera mover su fuego.
El príncipe de fuego era astuto, percibió que Redhand estaba pensando lo que precisamente estaba pensando.
Se puso en una posición de artes marciales idéntica a la Zul´Kyl, el “Puño cerrado del Dragón Negro”.
sería magnífico, pues él había aprendido la misma técnica de Kyl.
Ambos se lanzaron contra el otro, y chocaron sus puños con tanta fuerza que se sintió como si Xera mismo llorara de dolor.
Orion trato de prever los movimientos de su rival, era por mucho más lento que los monstruos espaciales que enfrento en la realidad alterna a la que Gar’Dal le envío, pero solo pudo traerse consigo una parte del poder que tanto le había costado conseguir, la energía Ki no le respondía, y la atmosfera, el aire de Xera era muy pesado, pero si era un potente combustible para las llamas verdes de Illarian.
Lo intentó de todas maneras.
Tomó un poco de distancia con su enemigo y chocó sus palmas haciendo mover todo el bosque y emitiendo un sonido tan fuerte que le dolió al el mismo escuchar tan tremenda energía.
Las llamas de Illarian se separaron y se lanzó sin dudarlo, encadenando golpes en su núcleo de roca con el puño cerrado.
Usando su propia técnica de taladro aumento terriblemente su poder destructivo.
Illarian quiso esquivar los golpes moviéndose a base de explosiones, a ratos lo consiguió, pero al contraatacar, Redhand eludía hábilmente sus golpes.
Frank Siegger el buitre le enseñó bien las artes marciales perfectas de Adán Al Khaled, podía prever los movimientos de su rival, y sin tener la presión de que sus preciados amigos salieran heridos pudo luchar sin contenerse.
El príncipe de fuego estaba siendo apaliado, la velocidad y fuerza de Red eran innegables, se estaba volviendo más peligroso a cada instante, como si recobrara fuerzas en vez de perderlas, o como si se estuviera acostumbrando a todo cuanto le rodeaba, es que parecía como si antes estuviera peleando con toneladas a su espalda.
– ¡AAAGHH!
– gruño el elemental; – te haré cenizas-.
Se estaba volviendo tan inestable como al inicio de la batalla, se volvió enorme, sus llamas pasaron de verdes a rojas y aunque colosal se veía menos amenazador.
Aquella figura de un imponente muro de fuego se estaba derritiendo, su lucidez mental tambaleaba, deseaba tanto matarlos a todos, era todo lo que había en su mente, ya no recordaba… ¿por qué?
La enorme figura de fuego quiso desesperadamente absorber el cuerpo de Red y calcinarlo junto con el mundo entero.
Orion supo que hacer, se acuclillo como una rana y saltó velozmente, como un rayo, impulsado por La Furia de la Tormenta, y su puño derecho cargado con Furia Ígnea haciendo un Taladro.
Se adentró en el calcinante fuego de Illarian, debía resistir la temperatura, una vez llegará al centro… podría, solo un poco más, pensó, mientras su piel parecía volverse carbón.
Finalmente.
Salió por el otro lado del Príncipe elemental de Fuego, girando, tratando de desprenderse de aquellas malditas llamas, ahora solo quería un buen baño, pero no era momento aún, miro hacia atrás, y vio las llamas contraerse, y explotar.
Todo el bosque, y seguramente todo cuanto habitaba en él se quemó, sin dejar nada, ni nadie.
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