X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 17
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17: Separación 17: Separación La oscuridad era espesa y olía a agua estancada y ozono quemado.
El grupo se había refugiado en una antigua estación de bombeo en desuso, un nicho abandonado en las entrañas del túnel.
Los seis drones destruidos quedaban atrás, junto al cuerpo sin vida de Brann Kruger.
El único sonido era el goteo constante de una tubería rota.
Todos estaban agotados.
El uso del Kor había dejado sus cuerpos al límite, una especie de resaca física intensa.
Zary se desplomó contra una pared de ladrillo húmedo, su respiración superficial y rápida.
“Ese… ese hombre,” musitó Luke, su espada temblando ligeramente mientras la dejaba caer.
“Estaba usando… ¿el qué?
¿Un exoesqueleto?
¿Y esa cosa negra de los brazaletes?” “Necrium,” respondió Kynox, más para sí mismo que para el grupo, mientras limpiaba el báculo.
“Y el traje era un refuerzo hidráulico, el tipo de equipo pesado que usan en las minas.
Él simplemente lo convirtió en arma.” Rin, con su complexión grande, se sentó pesadamente, revisando el estado de sus cadenas.
Su rostro serio no mostraba cansancio, solo concentración.
“Kynox, Kael Dravos te vio.
A todos nosotros.
Ya no es una búsqueda de un Subcapitán frustrado.
Esto es el mando general.” Una punzada de miedo frío recorrió a Kynox, pero la adrenalina aún latente lo mantenía firme.
“Lo sé.
Y por su reacción, parece que lo que hicimos en la pelea… les asustó.
O al menos, les interesó demasiado.” Lys, todavía tensa, vigilaba la única entrada posible.
“Él lo mató sin dudar.
A su propio hombre.
No podemos quedarnos aquí.” “No podemos movernos todavía,” replicó Zary, con esfuerzo.
“El Kor nos dio una ventaja, pero nos agotó por completo.
Si nos atacan ahora, no tendremos nada.” Un crujido metálico hizo que todos saltaran.
Un hombre emergió de las sombras.
Era el civil que había causado el apagón, el rostro curtido por el trabajo.
Llevaba una linterna débil y un manojo de cables.
“Tranquilos, chicos.
Soy Orlon.
Uno de los técnicos,” susurró Orlon.
“Vi lo que hicieron.
Vimos al gigante caer y…
vimos la esperanza.” Orlon les tendió una cantimplora de agua y un par de barras de proteína racionadas.
“El nudo de vías está a media hora de aquí.
Pero está bajo control.
La única ruta es por el Túnel Iggan-Murti, un ducto de mantenimiento.
Yo puedo activarlo.” “¿Y por qué nos ayudas?” preguntó Luke, desconfiado.
Orlon sonrió con tristeza.
“Porque ustedes, muchachos…
son nuestra única maldita oportunidad.
Cuando vi a su líder caer, y a la chica…
a Zary…
golpear como un martillo neumático, supe que no era solo un truco.
El régimen cree que tienen un suero de súper-soldado nuevo.
Están desesperados por conseguirlo.” La suposición de Orlon golpeó a Kynox.
¿Un suero?
Era mejor que supieran eso, para que no entendieran el verdadero potencial del Kor.
“El ducto los sacará del túnel principal y los dejará en las afueras de la ciudad de trenes, Murti.
Es un laberinto, pero es su mejor opción.
Tomen esto,” dijo, entregando a Kynox una llave de acceso temporal: un pequeño disco metálico.
“Solo sirve una vez.” Kynox asintió, tomando la llave.
“Gracias, Orlon.
No lo olvidaremos.” Una hora más tarde, con la fuerza apenas recuperada, el grupo se movía por el estrecho y oscuro ducto.
El olor a ozono era fuerte y el aire vibraba con la cercanía de las turbinas del tren.
La llave de Orlon funcionó, abriendo un panel de acceso a una pasarela sobre el Nudo de Vías, una intersección caótica y gigantesca donde convergían docenas de líneas férreas.
Columnas de acero macizo sostenían el techo, formando un laberinto vertical de sombra y metal.
Kynox lideraba la marcha, mirando el mapa digital en el comunicador que le había dado Orlon.
“Una vez crucemos el nudo, estaremos en Murti.
Desde allí podremos…” Un estruendo metálico hizo eco en el Nudo de Vías, cortando su frase.
No era un tren; era el sonido de múltiples objetos golpeando acero a alta velocidad.
Desde lo alto de una viga, la voz fría y amplificada de Kael Dravos resonó, aunque el holograma no estaba presente.
“¡Atención, fugitivos!
Su ‘suero’ es fascinante.
Una mejora inaudita.
Permítanme presentarles a mis especialistas.
Ellos determinarán la dosis que es digna de mi laboratorio.” El suelo tembló cuando cinco figuras con armaduras oscuras y detalles en Necrium descendieron o saltaron de diferentes puntos del Nudo de Vías.
Estaban posicionados tácticamente para evitar una confrontación grupal.
Un sonido agudo y discordante, como un cristal rompiéndose dentro del oído, paralizó a Kynox.
Vraxel Rok, con su armadura Neuro-Frame negra y su bastón telescópico brillando, apareció justo frente a él, bloqueando su camino con una velocidad aterradora.
“El líder,” siseó Vraxel, con una calma espeluznante.
“Me fascina tu perfil de combate.
Pero veo inestabilidad.
La furia de un niño.
¿De verdad crees que la adrenalina descontrolada es poder?” Vraxel levantó su bastón.
Su habilidad Mirror Synapse se activó, enfocándose en los movimientos musculares y la postura de Kynox.
“Tus patrones son obvios.
Un hombre traumatizado siempre busca el golpe frontal para terminar la agonía.
Mi análisis de tu estilo de combate predice tu siguiente movimiento antes de que tu médula lo registre.
¿Crees que tu ‘suero’ te da velocidad?
Solo te hace más fácil de predecir.
Lo que llamas poder, yo lo llamo esquizofrenia de combate.
Mi Neuro-Frame te dará la estabilidad que necesitas.
Ríndete.” Kynox apretó el báculo, sintiendo la humillación de ser analizado.
Su única opción era volverse irracional.
Se lanzó a un pasaje lateral, obligado a huir para ganar un segundo.
Una ráfaga de energía cinética pulverizó la pasarela principal justo detrás de Lys, enviando una lluvia de chispas y escombros.
Naira Solven, invisible en las sombras de las vigas superiores, solo dejó ver el destello de su rifle.
El ataque la obligó a saltar a un nivel superior para buscar cobertura, separándola en la vertical.
CLANK.
Un segundo disparo golpeó la viga.
La voz de Naira Solven se filtró a través del intercom, fría y con un matiz profesional.
“No te escondas, arquera.
Yo no juego.
Yo tengo un sistema de puntería que calcula la desviación del viento, la temperatura del cañón y la fuerza de Coriolis en tiempo real.
Tú confías en tus nervios y en la buena suerte.
Lo que llaman ‘intuición’ es solo estadística de supervivencia fallida.” Lys tensó su arco, apuntando a donde creía que estaba el sonido.
Era inútil.
El zumbido constante del dron rastreador “Falcon-9” sobre su cabeza la delataba.
“Veo el calor de tu corazón latiendo demasiado rápido.
Veo el aire que se mueve cuando tiemblas.
No puedes esconderte de mi Echo Sight.
Eres una niña.
Dime, ¿cuántos de tus amigos vas a salvar antes de que te quedes sin flechas y te canses de respirar?” El camino de Luke, el más ágil y proclive al parkour, fue cortado por una figura que se movía como un relámpago entre las columnas.
Raynn Falcor, el Acróbata de Acero, aterrizó con una gracia mortal, sus dos cuchillas retráctiles de Necrium unidas a cables que cortaban el aire con silbidos agudos.
“¡Tu agilidad es desordenada, novato!
Saltas como un mono asustado.
¡Mira cómo me muevo!” se rio Raynn, rebotando en un pilar, creando un muro de acero.
“Yo soy la coreografía de la muerte, la velocidad sin esfuerzo.
Y tú eres el caos imprudente.
¿Crees que el ‘suero’ te da alas?
Solo te hace caer más rápido contra el verdadero Acróbata de Acero.” Raynn lanzó un cable de Necrium que se enroscó en la espada de Luke.
El joven tiró, pero Raynn aprovechó el impulso para ascender y lanzarse desde el techo.
Luke se vio forzado a desenvainar su espada, atrapado entre los pilares.
Zary y Rin se encontraron acorralados.
Sereth Nox, con sus cadenas ígneas envueltas en Necrium, se movía como una sombra, mientras que Keen Driva, con su armadura estilo samurái, cargaba directamente contra ellos, su espada larga roja brillando con calor.
Sereth, el Silenciador, creó un campo de distorsión entre los dos, obligando a Zary a tomar una ruta de escape separada, hacia las tuberías laterales.
El aire alrededor de Sereth se sentía pesado, y Zary sentía un drenaje sutil de su propia energía.
“Detente, niña de la ‘fuerza’.
Te tengo en mi campo,” susurró Sereth, su voz un eco hueco.
“He pasado mi vida buscando la fuente de la energía.
Ustedes la derrochan.
Su ‘suero’ es una afrenta a la disciplina.
Tu fuerza es una mentira.
Es prestada.
Es fugaz.
Yo canalizo la quietud.
Y una vez que tu ‘suero’ se agote, mi Necrium consumirá lo que queda de tu alma, dejándote como un cascarón vacío.” Zary se encontraba en una trampa: tenía que huir y usar su astucia, porque su poder se estaba silenciando.
Keen Driva se dirigió a Rin, enfrentando directamente al hombre grande y serio.
La diferencia de tamaño y estilo era notable, pero Keen no mostró miedo, solo un enfoque de acero.
Keen sonrió, pero su rostro reflejaba una seriedad total.
“Soy la discípula de Kael Dravos.
Mis movimientos son honor, mi victoria es inevitable.
Tu estilo es rústico.
Eres una mancha de rabia y músculo.” Rin no respondió con palabras, solo con un rugido de desafío, desenrollando sus cadenas.
“Usas la fuerza bruta, la ira animal.
Yo uso el fuego de la disciplina,” declaró Keen, sus ojos brillando con Crimson Flux.
“Te dije que el régimen quería tu muestra.
Yo solo quiero demostrarte que la furia nunca vencerá al honor.
Prepárate.
Este duelo será tu incineración, Bruto.” El primer golpe de la espada ardiente de Keen se dirigió al rostro de Rin.
Él bloqueó con sus cadenas, sintiendo el calor intenso a pesar de la protección.
Se encontró solo, obligado a enfrentarse a la espadachina élite en un duelo frontal de fuerza bruta contra precisión letal.
El Nudo de Vías se convirtió en un campo de batalla fragmentado.
Los cinco héroes estaban ahora separados, enfrentando a los cinco mejores Subcapitanes del régimen, cada uno en un duelo hecho a medida para probar (y capturar) su supuesto “suero de súper-soldado”.
Los duelos comenzaban.
“El Nudo de Vías era ya un eco de su unidad, fragmentado en cinco batallas desesperadas.
La meta se había desdibujado por la necesidad de sobrevivir.
Para volver a encontrarse, cada uno tendría que superar sus propios límites individuales y demostrar que el poder que poseían era más grande que la suma de sus miedos.”
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