Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión
  4. Capítulo 18 - 18 El Nudo de Vías
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: El Nudo de Vías 18: El Nudo de Vías La oscuridad del Nudo de Vías vibraba como si respirara.

Cada viga y cada cable parecían pulsar con vida propia bajo el rugido distante de los trenes suspendidos.

Kynox avanzaba entre el vapor caliente que se filtraba desde las tuberías rotas, con el báculo firmemente en la mano.

Detrás de él, el eco metálico de sus pasos era devorado por el murmullo constante de la maquinaria.

Sabía que los demás estaban peleando.

Podía sentirlo.

Cada estallido, cada grito, resonaba dentro de su pecho como si el Kor respondiera a la adrenalina de los suyos.

A lo lejos, se escuchaban impactos secos, disparos desviados y el eco metálico de las armas de Lys, Zary y Rin enfrentándose a sus propios enemigos.

El túnel entero temblaba, como si cada combate fuera parte de un solo corazón latiendo.

Entonces lo escuchó.

Un chasquido eléctrico.

Un sonido corto, seco, que no pertenecía al metal del túnel.

—“Tu pulso es irregular” —dijo una voz grave, modulada por un amplificador—.

“Tensión muscular excesiva.

Inestabilidad total.” Kynox giró bruscamente, su báculo describiendo un arco defensivo.

Una figura emergió entre las sombras: Vraxel Rok.

Su armadura negra con rojo, compacta, reflejaba las luces del pasillo como un espejo líquido.

En su mano, un bastón telescópico giraba lentamente, emitiendo un zumbido agudo que hacía vibrar el aire.

—“Así que tú eres el experimento que asustó al Consejo” —dijo Vraxel, acercándose—.

“Tus movimientos, tu frecuencia cardíaca, tu respuesta muscular…

todo apunta al uso de alguna fórmula.

El régimen quiere capturarte vivo y descubrir la razón de tus actos tan increíbles.

Es de respeto saber que siempre la paz ha reinado bajo el régimen, y un día cualquiera, unos jóvenes con uniformes del régimen se meten a desatar el caos.

Es inaceptable.

Demasiado corazón, poca mente.” Kynox intentó devolver la burla, forzando un tono ligero que apenas le salía.

“Parece que a ti te sobra mente y te falta un buen chiste, oficial.

Deberías sonreír más, arrugas menos.

Si nos quieres, ven a buscarnos.” Sintió el impulso del Kor correrle por las venas: ardiente, salvaje.

Se lanzó hacia adelante.

El impacto de su primer golpe retumbó en el pasillo.

El báculo chocó con el bastón de Vraxel, produciendo un destello azul.

Pero Kynox se detuvo en seco.

Su cuerpo… no respondía.

Por un instante, los músculos de su brazo derecho se contrajeron fuera de ritmo, como si su propio reflejo lo hubiera traicionado.

Vraxel sonrió detrás del visor.

—“Te lo dije.

Ya predije tu movimiento antes de que tú lo decidieras.

Tu cerebro está en delay.

Tu adrenalina corre más rápido que tu pensamiento.

Y déjame decirte por qué te arriesgas tanto, líder…

es para compensar.” El ataque verbal fue más preciso que el bastón.

Kynox sintió una punzada de frío, no en el cuerpo, sino en la memoria.

—“Tu fracaso en salvar a tu gente, la cobardía de huir cuando te convertiste en su última esperanza.

Esa es la verdadera inestabilidad, muchacho.

Tu suero no cubre esa debilidad.

Solo la amplifica.

Siempre has actuado como si tuvieras el control, pero es una máscara ridícula de un niño asustado.

Dime, ¿qué harás cuando yo te arrebate el control de tu propio cuerpo?” Kynox retrocedió, jadeando.

Cada intento de moverse era contrarrestado con precisión.

Vraxel no atacaba con fuerza, sino con previsión.

Cada vez que Kynox movía un músculo, el bastón lo interceptaba con milésimas de ventaja.

Era como pelear contra su propio reflejo acelerado.

Tengo que mantener la calma.

Tengo que confiar en mí.

La voz de la confianza que siempre había usado era un susurro patético contra la amplificación de Vraxel.

Si pierdo la cabeza, él gana.

Si se dan cuenta de cuánto me afecta…

—“Mirror Synapse,” —murmuró Vraxel, como si enseñara—.

“Un sistema de lectura neuromotora.

Traduce tus microexpresiones musculares y calcula tu próximo movimiento antes de que ocurra.” —“Entonces… que puedas leer esto.” Kynox giró el báculo y lo lanzó directamente al suelo, cerca de Vraxel.

El impacto liberó una onda de vapor y polvo que cubrió la visión.

Aprovechó la cortina para lanzarse a ciegas, guiado por su instinto.

Pero el bastón de Vraxel lo esperaba.

Golpeó su abdomen con una fuerza vibratoria que le cortó la respiración.

Kynox cayó de rodillas, escupiendo sangre.

—“Caos.

Instinto.

Desperdicio,” —dijo Vraxel, caminando con calma hacia él—.

“El suero que tienes carece de tecnología.

Puede dar poder, pero no propósito.

Eres un animal que se cree soldado… y, por la forma de tu cuerpo, veo que apenas eres un niño que ha visto demasiada muerte.” Kynox lo miró con los dientes apretados.

¡Miente!

¡Yo puedo controlarlo!

—“Y tú…” —tosió, levantándose con dificultad— “…eres un tonto que piensa que ganará leyendo manuales.” El bastón volvió a brillar.

Vraxel atacó con una serie de golpes rápidos, pero Kynox comenzó a moverse de forma irregular, errática.

Saltó hacia atrás, luego giró a la izquierda sin lógica aparente.

El Kor se desbordaba en pulsos irregulares, encendiendo sus nervios como relámpagos.

Era un incendio descontrolado, pero eso era exactamente lo que Vraxel no podía calcular.

Kynox soltó la necesidad de la táctica.

Dejó que el miedo, la furia y la desesperación se mezclaran en un torrente químico puro.

Su cuerpo se movía sin un plan lineal, saltando hacia atrás para inmediatamente arrojarse al frente.

El patrón de lucha se convirtió en un gráfico caótico y no lineal.

Vraxel se confundió por una fracción de segundo.

Ese instante bastó.

Kynox se abalanzó, giró el báculo por debajo de su brazo y golpeó el suelo, generando un impulso ascendente que lo lanzó por encima del enemigo.

Cayó detrás de él y golpeó la espalda del exoesqueleto, dañando una de las placas del Neuro-Frame.

Vraxel giró con rapidez inhumana, pero esta vez Kynox lo esquivó.

Su respiración se volvió más lenta, su mirada fija, fría.

El Kor no rugía.

Sus movimientos ya no eran impulsivos: eran silenciosos, como si su cuerpo actuara sin esperar permiso del cerebro.

—“¿Qué… qué hiciste?” —gruñó Vraxel, reajustando el bastón.

—“Callé al Kor,” —respondió Kynox.

Durante unos segundos, el combate cambió de ritmo.

Los golpes se volvieron menos espectaculares, más precisos.

Cada vez que Vraxel predecía un movimiento, Kynox ya no estaba ahí.

El sistema del Mirror Synapse empezaba a fallar: su algoritmo no encontraba patrones.

Los sensores emitían alertas caóticas.

—“Imposible,” —susurró Vraxel—.

“Tus señales neuromotoras…

desaparecieron.” —“Porque ya no las uso.” Kynox se movió en silencio absoluto.

No había tensión previa, no había impulso eléctrico detectable.

El Kor fluía, pero no como un torrente: era un río controlado, una corriente dirigida.

Aún no dominaba por completo esa habilidad propia del ser humano; por eso los Acracios nunca se habían revelado del todo.

Sabían que aún les faltaba mucho por controlar para alcanzar ese nivel.

Ahora Kynox y sus amigos lo demostraban: el régimen había estado toda la vida, pero ellos —aunque jóvenes— ya habían llegado.

Y no había marcha atrás.

Vraxel atacó de nuevo.

Corrió directo hacia Kynox y lanzó su bastón; el joven se cubrió con su báculo, pero Vraxel ya estaba demasiado cerca.

Cargando un golpe brutal con su armadura, lo impactó por debajo del rostro, levantándolo del suelo.

Kynox, en el aire, enderezó la pierna y le devolvió un rodillazo al pecho.

Ambos retrocedieron por el impacto.

La mirada intensa entre los dos revelaba que ya no había contención: era una pelea real.

Vraxel estiró la mano; su bastón volvió a él con magnetismo.

Lo tomó con fuerza.

Rápidamente, ambos siguieron el combate.

Kynox reactivó el Kor, recogió su báculo retráctil y lo lanzó con precisión hacia unas tuberías.

Vraxel lo desvió con fuerza, pero el báculo, al ser pequeño, rebotó en tres esquinas del túnel hasta llegar detrás de su cabeza, justo a tiempo para que Kynox saltara y, al activarlo, la expansión del arma golpeara violentamente la parte trasera del casco enemigo.

El impacto, aunque la armadura lo amortiguó, lo mareó y lo lanzó al suelo.

Vraxel se levantó enseguida, desafiante.

Intentó activar el campo del bastón, pero Kynox ya había colocado su mano sobre el núcleo de energía del traje.

Una descarga lo atravesó, fundiendo los circuitos del Mirror Synapse.

Vraxel gritó, su visor chispeando, hasta que el sistema se apagó completamente.

Kynox se alejó, respirando con dificultad.

Su cuerpo temblaba, pero no por agotamiento: era el Kor, pidiendo más.

Tuvo que concentrarse para no dejarlo escapar.

Se arrodilló, apoyando el báculo en el suelo.

El cuerpo de Vraxel quedó inmóvil, su casco emitiendo una última frase mecánica: —“Patrón no identificable… error en predicción… sujeto impredecible.” El eco se desvaneció entre los hierros.

Kynox levantó la vista.

El túnel estaba cubierto de humo, luces rojas parpadeando sobre el metal húmedo.

Por un momento, el silencio fue total.

Luego, a lo lejos, un rugido: otro combate.

Explosiones, descargas, gritos distantes.

Podía escuchar la voz de Lys entre los estruendos, el eco metálico de las armas de Rin y el rugido de Luke al chocar contra su oponente.

El Nudo entero era un campo de batalla interconectado.

El Kor seguía ardiendo dentro de él, pero ya no lo dominaba.

Usarlo tanto lo había dejado exhausto.

Podía sentirlo moverse por su cuerpo como un segundo corazón… que finalmente dejaba de latir.

—“No fui más rápido…” —murmuró—.

“Solo dejé de pensar.” El comunicador en la muñeca de Vraxel parpadeó con estática.

La voz distorsionada de Kael Dravos resonó por el sistema: —“Interesante sujeto.

Tu sinapsis cambió de frecuencia.

Has aprendido algo que ni mis laboratorios pudieron replicar.

Pero no te emociones… el resto de tus amigos no tendrá tanta suerte.” El sonido se cortó.

Kynox cerró el puño.

El eco metálico de su respiración se confundió con el rugido distante del Nudo de Vías.

El primer duelo había terminado.

El siguiente apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo