X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Ojo de Cristal
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19: Ojo de Cristal 19: Ojo de Cristal El viento rugía entre las vigas del techo del Nudo.
Cada ráfaga arrastraba polvo metálico, trozos de cables y el olor agrio del metal quemado.
Lys se deslizó tras una columna, con el arco en mano y el pulso acelerado.
La niebla mecánica cubría el suelo como un manto de vapor rojo.
Arriba, en el entramado de pasarelas, una figura metálica avanzaba con movimientos precisos.
Naira Solven.
Su silueta era afilada; el brazo derecho, una extensión del rifle Falcron, un monstruo de adaptación balística.
El cañón se configuraba con clics metálicos, ajustando presión, temperatura, viento y vibración.
El visor en su rostro emitía destellos verdes, trazando líneas por el aire como si el mundo fuera un tablero de tiro.
—“Tu respiración…
tu ritmo cardíaco…
tu miedo.” —su voz era un eco sintetizado, sin emoción—.
“Todo es información.
Y la información me dice que tu ‘poder’ es solo pánico amplificado.
Estás al límite.” Un disparo.
CRACK.
La bala de hierro cortó el aire, perforando la viga donde Lys había estado un segundo antes, tan cerca que sintió el calor en la nuca.
El metal explotó en chispas.
Lys rodó por una pendiente, cayendo sobre una pasarela colgante.
El Kor vibró en su pecho, caliente, furioso, buscando liberarse.
Pero ella no lo usó aún; no podía.
Apenas era nivel uno y sabía que debía guardarlo para el momento preciso.
Sabía que Naira lo estaba midiendo todo: cada exhalación, cada fluctuación de su pulso, cada cambio en la temperatura de su piel.
Naira bajó de las alturas con pasos lentos, letales.
El dron rastreador flotó a su lado, girando con un zumbido agudo.
Su lente rojo escaneó el entorno.
—“Objetivo localizado.
Calor corporal: variable.
Pulso irregular.
Estrés elevado.” —susurró el dron.
—“Lo sé,” —respondió Naira mientras ajustaba el rifle; el Falcron cambió de forma—.
“Su intuición no durará.
Muéstrame el momento exacto en que quiebre, dron.” Lys apoyó una mano en el muro.
Su respiración era rápida.
El Kor rugía como una bestia enjaulada.
Podía sentir cómo la energía alteraba su temperatura corporal; era un faro brillante para el visor enemigo.
Si sigo así, me encontrará sin importar dónde me esconda, pensó.
Tengo que enfriar el corazón.
El siguiente disparo rozó su brazo.
El impacto la lanzó contra una viga lateral.
La carne se abrió, dejando un hilo de sangre que cayó gota a gota hacia el abismo del túnel.
Lys apretó los dientes.
El dolor no debía dominarla.
El Kor debía obedecer.
Naira avanzó con calma.
Sus botas resonaban con una frialdad constante.
Cada paso era acompañado por el clic del cargador, el zumbido del dron y el siseo del viento.
—“Te mueves sin método, arquera.
Malgastas talento en la suerte.
¿De verdad creíste que el instinto vence a la lógica?” Lys levantó la mirada.
El reflejo de las luces rojas del techo se mezclaba con el brillo del aceite y su propia sangre.
—“No.
Pero tengo la intuición de que ganaré, porque no estoy viviendo mi propia vida en una hoja de cálculo.” Saltó a otra viga, su cuerpo moviéndose como una sombra.
El Kor la cubrió, modulando su ritmo cardíaco.
Podía sentirlo.
Podía dirigir cada pulso, cada vibración dentro de su pecho, forzándolos a la quietud.
Su temperatura descendió drásticamente.
Su respiración se volvió un hilo invisible, casi nulo.
La interfaz de Naira parpadeó, mostrando una alarma de error.
—“Señal térmica perdida.
Escaneo fallido.
Lectura de signos vitales: Cero.” El dron zumbó, confundido.
—“No hay ritmo cardíaco detectable.” —“¿Qué…?” —Naira elevó el visor, buscando—.
“Imposible.
Está viva.
¡Encuentra su punto débil, Solven!” Desde las sombras, Lys observaba en silencio, el arco tensado.
El Kor había dejado de rugir.
Ahora fluía como agua congelada.
Técnica: “Silencio del Kor.” Cada célula de su cuerpo vibraba a un mismo pulso, invisible al visor.
Era una muerte aparente.
Un instante fuera del mapa sensorial.
Naira, por primera vez, actuó con incertidumbre.
Disparó hacia las vigas.
¡BANG!
¡BANG!
¡BANG!
Los proyectiles de hierro atravesaron columnas, tuberías y cables, buscando la reacción.
Pero nada.
Ni una señal.
Solo el viento.
Entonces, un sonido minúsculo.
El choque de metal contra metal.
Un rebote.
El visor de Naira calculó el ángulo de inmediato, girando hacia la fuente.
Pero Naira cometió un error crucial: solo predijo el camino obvio.
¡TANG!
¡TANG!
¡CHAK!
La flecha final, que había rebotado tres veces con una habilidad asombrosa, surgió del humo como un destello azul.
Entró por la rendija del visor.
Salió por la nuca.
Naira cayó de rodillas, su rifle golpeando el piso con un sonido hueco.
El dron intentó registrar su señal vital, pero solo detectó estática.
El lente del visor goteaba sangre y aceite.
Lys descendió lentamente, apoyándose en una viga lateral.
Su respiración volvió a hacerse audible, suave, precisa.
El Kor se estabilizó en su pecho como una melodía apagada.
Se acercó al cuerpo.
Naira aún intentaba moverse, los circuitos de su columna chispeando.
—“Cálculo… erróneo…” —susurró con la voz distorsionada—.
“El rebote…
no la vi…
Imposible…
¿Por qué la mentira?” Lys se arrodilló frente a ella.
La miró directamente al visor roto.
—“Deja de calcular,” —dijo con voz firme—.
“La certeza no es la única forma de apuntar.” Apuntó el arco.
—“Y aprende a intuir.” Disparó una última flecha, directa al núcleo del pecho.
El Falcron estalló, y el cuerpo se desintegró en una nube de polvo y metal líquido.
La ráfaga de viento que siguió limpió el aire, dispersando el humo.
Solo quedó el eco del arco vibrando, y la silueta de Lys recortada entre la neblina.
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