X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 El Acróbata y el Caos
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20: El Acróbata y el Caos 20: El Acróbata y el Caos Todos los estruendos de las peleas separadas tenían al túnel en explosiones y derrumbamientos de cimientos.
Chispas eléctricas caían como lluvia mientras los generadores de energía zumbaban bajo la tensión del combate.
Luke se deslizó por una viga lateral, con su corazón latiendo fuertemente.
Abajo, Raynn Falcor, el Subcapitán de Ingeniería del régimen, lo observaba con una calma casi inhumana.
Su armadura gris estaba conectada a una red de cables negros que colgaban desde su espalda como tentáculos eléctricos.
En sus manos, dos cuchillas rotatorias emitían un zumbido que hacía vibrar el aire.
—“Eres ágil, chico,” —dijo con voz distorsionada, amplificada por su casco—.
“Pero el movimiento sin propósito es solo desperdicio.
La fórmula siempre absorbe el ruido.” Luke sonrió.
—“Entonces deja que el ruido baile, abuelo.
¿O temes a la música sin partitura?” Saltó.
El Kor rugió dentro de él, detonando un impulso físico brutal en sus piernas que lo lanzó hacia una pared vertical.
Corrió sobre ella, girando y rebotando entre vigas, hasta caer justo detrás de Raynn.
En un solo movimiento, desarmó una de las cuchillas y la hizo girar en su mano.
Raynn giró su cabeza lentamente, sin sorpresa.
—“Improvisación…
Una lástima.
Si canalizaras esa energía, serías una máquina perfecta.
Solo estás malgastando tu increíble potencial.” ¡ZING!
La cuchilla aún en manos de Raynn cortó el aire.
El sonido fue tan agudo que rompió una barandilla cercana.
Las ondas sónicas sacudieron la estructura, haciendo que los trenes colgantes empezaran a balancearse violentamente.
Luke perdió el equilibrio y se aferró a un cable.
El Kor se encendió automáticamente para evitar que cayera.
Su cuerpo tembló al sentir la electricidad recorrerlo.
—“¿Qué pasa, chico?” —rió Raynn—.
“Tu sistema está en sobrecarga.
Generas más impulso del que tu cerebro puede procesar.
Estás al borde del colapso.” Luke jadeó.
Podía sentir su propio corazón descontrolado, el Kor reaccionando a cada latido.
Demasiado rápido.
Demasiado errático.
Su poder se desbordaba sin control.
Raynn lo vio.
Lo midió.
El visor de su casco trazó vectores, prediciendo movimientos, ángulos, trayectorias.
—“Toda acción tiene un patrón, no importa qué tan roto se vea.
Puedo corregir esa desviación.” ¡CLANG!
El subcapitán jaló uno de los cables de su espalda, lanzándolo hacia Luke.
El cable se enroscó como una serpiente metálica y lo arrastró contra una viga.
El impacto lo dejó sin aire.
Un hilo de sangre le corrió por la boca.
Raynn se acercó con pasos pesados, el suelo resonando bajo cada pisada.
—“Mírate.
Estás a punto de autodestruirte por un fallo en la canalización.
Un diseño tan hermoso debe ser rescatado.” Luke levantó la cabeza, riendo con la boca ensangrentada.
—“¿Y tú qué?
¿Solo sabes diseñar trampas para niños?
Eres el ingeniero de la prisión.” —“No.
Yo los dirijo.
Soy el ingeniero del orden.” Raynn levantó ambos brazos, y los cables se elevaron, conectándose con los trenes suspendidos.
El aire chispeó.
Cada tren empezó a moverse como si bailara al compás de una orquesta invisible.
Luke miró alrededor.
Estaban rodeados de estructuras flotantes, de metal y corriente eléctrica.
Una trampa perfecta.
—“Bienvenido al escenario,” —susurró Raynn, con un tono fascinado—.
“La forma en que tu cuerpo genera ese impulso es digna de estudio.
Una eficiencia energética increíble.
Deja de desperdiciarla en el caos.
Una vez que te desactive, te convertirás en el diseño más perfecto que este Régimen haya visto.” El suelo explotó bajo los pies de Luke.
Raynn lo atacó con las cuchillas giratorias, cada una produciendo una onda que destrozaba las vigas como si fueran papel.
Luke saltó, esquivando una, pero la segunda le cortó el antebrazo.
¡SHRAK!
Un hilo de sangre saltó en el aire, brillando bajo la luz roja.
El Kor se acumuló en su herida, no para sanarla, sino para acelerar el bombeo de sangre.
Su propia energía se estaba volviendo contra él, convirtiendo el dolor en pánico y la adrenalina en temblor.
El dolor lo obligó a reaccionar con un salto invertido.
Giró en el aire, cayó sobre el techo de un tren suspendido, y rodó hasta una compuerta.
Raynn aterrizó sobre el mismo tren con una elegancia casi matemática.
Sus pasos medidos generaban pequeñas ondas que mantenían el equilibrio exacto del vagón.
—“Tu motivación debe ser el conflicto.
La mía es ingeniería pura.” El casco brilló.
—“Yo te mido.
Tú te agotas.
Entrégate, muchacho, y te daré un propósito.” Luke respiró profundo.
El Kor respondió con violencia.
Demasiada energía.
Demasiado ritmo.
Y entonces lo entendió.
El problema no era el caos.
Era que lo estaba combatiendo.
Dejó de resistir.
Cerró los ojos.
Dejó que el Kor siguiera su propio pulso.
No trató de imponer un ritmo.
Solo lo sintió.
Las vibraciones del tren.
Las chispas cayendo desde el techo.
Todo tenía un compás.
Y su cuerpo comenzó a moverse con él.
Saltó justo antes de que Raynn atacara, girando por encima del enemigo, usando el impulso de las cuchillas sónicas para ganar altura.
El Kor brilló en sus manos, golpeó el suelo con tal fuerza que lo lanzó hacia otro tren colgante.
Raynn se giró, intentando calcular.
Pero los números no coincidían.
Los movimientos de Luke eran erráticos, imposibles de predecir.
Era caos con ritmo.
El Kor ya no estallaba: flotaba con él, guiando cada salto, cada impulso, cada respiración.
Técnica: “Flow Kor.” Un estado en el que el usuario no domina la energía, sino que fluye con ella, volviéndose impredecible para cualquier sistema de orden.
Luke corrió sobre los trenes, deslizándose entre cables, esquivando cortes sónicos por milímetros.
Cada rebote era una nota.
Cada golpe, un tambor.
El túnel se convirtió en su escenario.
Raynn gritó, lanzando todos sus cables a la vez.
Las líneas metálicas se cruzaron como una telaraña eléctrica.
Pero Luke las usó como cuerdas.
Saltó sobre ellas, giró, y con un tirón exacto, las cortó entre sí, usando su propia tensión magnética.
Los cables explotaron en una lluvia de chispas.
Raynn intentó recalibrar su sistema, pero Luke ya estaba encima.
Un golpe fuerte en el cuello con su pie, esquivando los cables que se movían de su armadura.
Otro.
Rodillazo al estómago.
Una patada giratoria al casco.
El visor de Raynn se fracturó, dejando ver un ojo humano, lleno de furia y miedo.
Luke agarró una de las cuchillas del suelo.
Sangre le corría por los brazos y la mandíbula.
—“El Kor no necesita plano,” —dijo con voz ronca—.
“Solo necesita moverse conmigo.
Y mi ritmo siempre romperá tu diseño.” Clavó la cuchilla en el pecho del enemigo.
El metal chirrió al penetrar la armadura.
Raynn intentó hablar, pero solo salió un gorgoteo de sangre y aceite.
El vagón se sacudió violentamente.
Los cables cortados comenzaron a caer, arrastrando a Raynn hacia el vacío.
Luke lo miró un segundo antes de soltar la hoja.
Raynn cayó entre los trenes colgantes, desapareciendo en el abismo, su cuerpo destrozado por las propias estructuras que había diseñado.
Luke se dejó caer de rodillas, respirando con fuerza.
El Kor aún vibraba dentro de él, pero ya no lo hería.
Era como una melodía compartida.
Miró hacia arriba, donde las luces del techo parpadeaban.
Podía oír, a lo lejos, las explosiones de otros combates.
Kynox, Lys, Zary… todos seguían peleando.
Se limpió la sangre con el dorso de la mano y sonrió.
—“Caos uno… ingeniería cero.
¡Y el show debe continuar!” El tren colgante se balanceó lentamente, como despidiéndose.
Y el túnel se mezcló con su risa, resonando entre las sombras del Nudo de Vías.
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