X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Sin Descanso
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21: Sin Descanso 21: Sin Descanso El Nudo de Vías se estremecía ante tales batallas.
Era un laberinto de rieles dormidos, trenes apagados y estructuras de carga que vibraban como si se estuvieran preparando para despertar en cualquier momento.
El Nudo de Vías era el reposo de los trenes, la preparación para ponerse a toda marcha en Murti antes de ser cargados.
Las peleas del equipo de chicos eran fuertes y, aunque sucedían al mismo tiempo ante la separación momentánea, Zary y Rin no tenían nada claro lo que venía, pero pronto su poder y fuerza serían revelados y convencerían a sus enemigos del peligro inminente del régimen.
Zary avanzaba rápido entre las plataformas, con Rin pisándole los talones.
Tenían una orden clara: encontrar una vía activa y colarse en un tren rumbo a Murti antes de que cerraran las compuertas.
Al ser separados por los subcapitanes, juntos decidieron huir entre los nudos de vías en un túnel tan hondo y oscuro, con trenes apagados.
El movimiento era difícil… pero no llegaron lejos.
Las luces de emergencia se encendieron en rojo.
Un pulso estalló, provocando un fuerte dolor en la cabeza de Zary y de Rin.
“¡Maldita sea, qué es eso!” gritó Rin.
Dos sombras se materializaron entre los vagones estacionados.
Sereth Nox fue el primero en aparecer, envuelto en un aura oscura que distorsionaba el aire.
Sus cadenas ígneas se movían solas, como si tuvieran hambre.
A su lado cayó, desde una grúa, Keen Driva, armadura samurái ajustada, espada larga roja apoyada contra el hombro.
Cuando la hoja tocó el suelo, lo derritió un poco.
Rin tensó sus cadenas.
“Mierda… esas cadenas son mejores…” Zary soltó aire.
“Ni hablar.
Después de todo, si nos vieron y no estamos precisamente de incógnitos… Estos tipos son diferentes.
Ten cuidado.” Keen dio un paso adelante.
“El maestro Kael Dravos quería medirlos.
Me pidió traer sus cuerpos completos.
No desfigurados.
Ciertamente es importante tenerlos, ya que tienen mucha información.
Después de todo, ya llegaron hasta aquí.” Sereth levantó la mano sin mirar a su compañera.
“Concéntrate en el tuyo, Keen.
Estos dos no representan un reto equitativo si están juntos.
Los malditos han derribado muchos soldados y son unos niños… Así que prefiero verlos separados.” Zary sintió cómo el aire cambiaba antes de que el ataque llegara.
Sereth expandió su campo de distorsión, un muro de presión que rompió el suelo entre ella y Rin.
Sus armaduras eran diferentes: tenían Necrium, y este, de alguna forma, les daba cierta energía a las armaduras.
Al igual que el subcapitán musculoso que fue abatido por su propio jefe… pero estas eran mejores, pensó Zary.
“Separados”, gritó fuertemente.
“¡Liberación!” La energía, como si fuera una explosión donde él era el epicentro de la expulsión de ondas, fue tan rápida que la empujó hacia las tuberías laterales.
Zary abrió los ojos con furia.
“No me vas a—” “Liberación.” El campo la volvió a expulsar y la arrastró sin permitir resistencia.
Rin quedó frente a Keen.
Keen bajó la espada, apuntando directo a él.
“Tú, bruto.
Comencemos.” Rápidamente, Keen, con su armadura de batalla de estilo samurái y la máscara roja sonriente, se acercó.
Ella era experta en el combate con espada, era conocida como la Decapitadora.
Con su espada intenta golpear a Rin usando el mango, pero Rin lo detiene con las cadenas, posándolas de frente, deteniendo el impacto.
“Pero qué hábil.
Lastimosamente…” En ese momento la cadena empieza a derretirse por el calor creado de su katana iluminada en el calor de su poder.
La espada en cuestión era demasiado pesada; por eso lleva una armadura.
Pero se ve delgada… ¿Cuál es la razón de que pueda levantarla?
se pregunta Rin mientras esquiva las ráfagas que provocaba su espada.
Juntos quedaron peleando uno esquivando y atacando a alguien que parecía querer hacerle daño.
Y así se dividió el combate.
Zary cayó de pie entre tuberías gruesas.
El sonido retumbó en todo el pasillo.
Intentó activar su Kor… pero algo la ahogó.
El aire pesaba como un bloque de concreto.
Sereth entró caminando, sin prisa, las cadenas girándole alrededor como satélites.
“Solo eres una pequeña niña”, dijo sin emoción.
“No esperaba encontrar a una de tu calibre aquí.
Ustedes deberían estar en laboratorios, no en contra de nosotros.
Sabes lo que podemos hacer juntos, niña: darle a la humanidad algo más de lo que puedan comprender.
Ven conmigo y nada pasará.” Zary apretó los dientes.
“Cállate.” Sereth levantó la palma.
“Mi pulso daña el sistema nervioso.
Es como si te noqueara.
Curiosamente, nunca vi a nadie resistirlo.
Eso interviene tus habilidades raras.” Cerró la palma y formó un puño severo.
Zary lo ignoró y cargó.
Aunque el campo la retenía, su cuerpo aún era fuerte.
Se dio cuenta de que había usado el pulso dos veces seguidas.
Él esperó y atacó con sus cadenas.
Entonces comprendió: usa las cadenas porque el pulso tiene un límite.
Esquivó una cadena, luego otra.
Agarró una tubería rota del suelo, de casi un metro.
Sereth inclinó la cabeza, curioso.
Zary la lanzó como lanza.
El Silenciador la desvió con la cadena… pero el impacto rompió una válvula y el vapor hirviendo cubrió el pasillo.
Zary atravesó la nube de vapor con un salto.
Logró golpearlo con el codo en el pecho.
“¿Crees que tus trucos evitarán que pueda hacerte daño, anciano?” Sereth retrocedió un paso.
Solo uno.
“Fuerza… por Dios… impresionante”, murmuró.
“Pero yo no soy un tonto.” Sus cadenas se cruzaron y envolvieron la pierna de Zary antes de que ella pudiera reaccionar.
La quemaron incluso a través de la ropa.
Sereth la empujó hacia un muro metálico, haciéndola temblar.
Sereth, alegre, miró su mano.
Vio una batería brillando en verde: el testigo de su armadura avisándole que cargó su energía.
Procedió a saltar contra Zary, abrazándola contra una columna del túnel.
La miró a los ojos directamente y, acercándose de forma grotesca, dijo: “Pobre niña… Liberación.” El pulso estalló, atravesando el cuerpo de la niña.
Zary sintió la vista nublarse.
“Tu fuerza mengua”, dijo Sereth.
Zary respiró hondo.
Sabía que no iba a durar mucho así.
Pero también sabía algo más: Si lograba mantener activado su Kor, aunque fuera a medias… teniendo en cuenta que esa técnica es justamente para sobrevivir, y su entrenamiento fue demasiado exigente… este no era su fin.
Y el poder no se apagaba tan fácil.
“¿Con que pobre niña?” gruñó Zary.
“Tu pulso no me detiene.” Despertó una descarga de adrenalina que rompió parte del campo por un segundo.
Lo suficiente para liberarse de las cadenas y golpear el piso con fuerza.
El impacto levantó polvo y distorsionó la barrera.
Sereth abrió los ojos, sorprendido.
Zary avanzó.
“Soy más fuerte de lo que crees.” Sereth volvió a usar su recurso una vez más.
Dijo fuertemente: “¡Liberaci—!” Pero justo cuando iba a terminar la frase, Zary ya estaba encima de él, mirándolo fijamente, con su rostro y su pelo rojo pegado a los ojos brillando en verde.
Lentamente se acercó y le murmuró: “Pobrecito.” Mientras tanto, en ese mismo momento, tembló la tierra y apareció en la otra sección del Nudo de Vías el polvo de las peleas consecutivas: los disparos de la francotiradora enemiga peleando contra Lyss, Kynox y su batalla contra el hombre del bastón tecnológico.
Ahí estaba Rin.
Rin lanzó una de sus cadenas quemadas hacia la cabeza de Keen.
Ella movió la espada tres centímetros y desvió el golpe como si quitara una hoja seca de su hombro.
“Tu entrenamiento se nota en tus movimientos”, dijo Keen.
“Eso te hace predecible.” Rin se lanzó con todo.
Keen giró la espada, y el aire caliente lo golpeó de frente.
Sintió la piel de sus brazos arder.
Esquivaba cada una con un poco de problema, pero aún no activaba su Kor.
Keen se movía sin esfuerzo.
Cada paso era limpio, recto, sin desperdicio.
“Kael Dravos me enseñó el principio básico: la fuerza debe ser contenida para ser usada.
Tú… la regalas.” Rin volvió a atacar; esta vez intentó envolverle la espada con una cadena.
Las enrolló en sus manos, agarró la espada brevemente.
Sus ojos se encendieron en verde y, con un golpe fuerte en el estómago de la mujer, ella se levantó en el aire con todo y armadura.
Keen activó un mecanismo de la empuñadura: una onda térmica recorrió la hoja, obligando a Rin a soltarla de inmediato.
Rodeaba con un calor excesivo el diámetro cercano de la espada, ayudando a fatigar al enemigo.
Keen le dio un rodillazo en el estómago.
Rin cayó de rodillas.
“Eres fuerte”, admitió Keen.
“Pero la fuerza aislada no es suficiente para vencer a alguien entrenado para matar.
Ustedes son niños.
Se nota sus estaturas.
¿Están locos?” Rin escupió sangre.
“Pues yo sigo vivo.
Tu entrenamiento no sirvió.” Se levantó y apretó las cadenas por última vez.
“Soy el que te va a romper.
No le temo a golpear chicas.” Keen sonrió ligeramente.
“Inténtalo.” La pelea continuó, rápida, precisa.
Rin lograba bloquear por puro instinto.
Keen atacaba con técnica pura, como si recitara movimientos memorizados.
Pero algo cambió.
Un temblor atravesó el Nudo de Vías.
Keen se giró hacia el lado opuesto.
“¿Qué fue eso?” Rin levantó la cabeza, jadeante.
Solo una persona podía causar un temblor así dentro del campo de Sereth.
“Zary…” Zary avanzó rompiendo segmentos de los trenes, en la distorsión, con fuerza bruta, aunque le costara sangre y aire.
Cada golpe contra el suelo hacía vibrar la estructura.
Sereth retrocedía, no por miedo, sino por cálculo.
O eso quería creer… pero estaba temblando del miedo.
“Esto no debería ser posible”, murmuró.
Zary respiraba con dificultad, pero no paraba.
Con un rodillazo golpeó la tubería principal.
Una explosión de vapor hirviendo estalló entre ellos, y el campo vibró.
Sereth perdió control del drenaje.
Por primera vez.
Zary cargó con todo su peso.
Sereth cruzó sus cadenas.
Zary golpeó.
Aunque resistieron, decidió golpear otra vez.
Con la mano en forma de espada, activando su Kor: su brazo se volvió como una enorme cuchilla.
El impacto lo arrastró hasta un vagón estacionado.
Al mismo tiempo, Rin logró sujetar la espada de Keen por el mango usando ambas cadenas.
Ella lo empujó hacia atrás, pero Rin no soltó.
Keen se giró.
“Suéltala.” “No.” “Te vas a quemar.” “Pues que me queme.” Zary rompió una parte del centro de la armadura de Sereth.
Una onda vibró en todo el Nudo.
Keen perdió el equilibrio por un segundo.
Rin aprovechó ese segundo para lanzarla hacia una columna metálica.
Sereth aún intentaba reactivar su campo.
Zary le dio un puñetazo directo al estómago.
Sonó como si un motor explotara.
Sereth cayó de rodillas.
En la destrucción, por fin se veían las caras.
Zary agarró fuertemente a Sereth y lo lanzó hacia Rin.
Zary levantó la cabeza.
“¡RIN, AHORA!” Rin enrolló las cadenas alrededor del torso de Keen.
Zary tomó carrera y volvió a golpear a Sereth en el aire con una fuerte patada.
El hombre ahora era una bala de cañón.
Rin tomó a Keen con su Kor, le dio un fuerte golpe en la cabeza con su propia frente y la arrojó hacia Sereth.
En el aire, chocaron al mismo tiempo.
Keen y Sereth salieron disparados hacia vagones opuestos.
Silencio.
Los dos subcapitanes quedaron tendidos, derrotados.
Rin cayó sentado, exhausto.
“Maldita sea… eso fue… intenso.” Zary respiró hondo.
“No era opción perder.
No aquí.” El eco de pasos los alertó.
Zary y Rin tensaron el cuerpo.
Pero quienes aparecieron fueron Kynox, Luke y Lyss.
Todos heridos.
Ropa rota.
Sangre y marcas de combate.
Kynox apenas podía levantarse.
“Bien… veo que ustedes… lo lograron.” Luke se apoyó en una viga.
“Tenemos… treinta segundos antes de que los sistemas reactiven los trenes…” Lyss señaló hacia adelante.
“Uno está arrancando.
Si no lo tomamos, nos quedamos aquí.” Zary le ofreció el brazo a Kynox.
“Ven.
Te subes primero.” Rin ayudó a Lyss y Luke.
El tren comenzó a moverse, lento al principio.
Zary miró atrás: Sereth y Keen seguían inconscientes.
“Listo”, dijo.
“Vamos.” El tren aceleró.
Juntos se subieron al tren que estaba a punto de avanzar.
Pero el régimen no estaba del todo ciego: habían visto todo, y ahora el grupo de extracción iba a darles cacería en movimiento.
La siguiente parada era Nexus, y por fin tendrían información de Liora.
Las cosas, al parecer, no salieron del todo como se planearon, pero ellos iban en un camino sin retorno.
Todo tenía su respectiva consecuencia.
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