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X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Zorn El Acero de Rhas
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24: Zorn: El Acero de Rhas 24: Zorn: El Acero de Rhas El mundo se había detenido en un chirrido ensordecedor.

El equipo no había caído fuera del vagón, sino que el impulso del impacto los había lanzado a través de una pared de concreto destrozada, aterrizando en lo que alguna vez fue un almacén abandonado en los bordes de Nexus.

Escombros, chispas y polvo caían del techo, mientras el sonido de los Reclaimers de afuera se volvía frenético y confuso.

Lyss fue la primera en levantarse, escupiendo polvo.

El impacto les había salvado la vida al lanzarlos fuera de la vía de colisión del tren, pero estaban magullados, cortados y en medio de un campo de batalla.

“Estamos…

en Nexus,” jadeó Luke, quitándose un trozo de metal doblado de la mochila.

“Justo en el edificio.

¡Lo hicimos!”.

Rin, con el brazo visiblemente dislocado, se encogió mientras Zary le ayudaba a respirar.

“Lo hicimos,” repitió Zary, con la voz temblando.

“Pero no de la manera que queríamos.” Kynox se puso de pie, escaneando el perímetro.

Podía sentir las vibraciones de las naves de extracción afuera, pero sabía que la conmoción del choque los mantendría ocupados por un momento.

“Tenemos que movernos ahora.

Antes de que los Reclaimers se den cuenta de que el tren vacío fue una distracción.

Encontremos las alcantarillas…” Justo cuando Kynox se disponía a dar un paso, una voz profunda y seca resonó en el almacén, a pesar del ruido de la destrucción exterior.

— “No van a ninguna parte.” Una sombra se desprendió del caos.

No había entrado por el agujero del tren, sino que había estado esperando en el rincón más oscuro del almacén, inmóvil como una estatua.

Era un hombre alto, de piel morena oscura, con un rostro serio marcado por una disciplina de hierro.

Su cabello negro y largo estaba recogido en una cola alta, y sus ojos afilados, de un color ámbar intenso, miraban al grupo con una mezcla de decepción y severidad.

Llevaba una armadura ligera de cuero endurecido, sin los símbolos del Régimen, pero la forma en que su cuerpo irradiaba poder era inconfundible.

Era un Doru.

El silencio en el grupo fue absoluto, mucho más aterrador que el sonido de la batalla.

Kynox lo reconoció de inmediato: Zorn, uno de los guerreros más letales de los Acracios.

Zorn dio un paso.

El movimiento fue tan rápido y limpio que pareció que el espacio entre él y el grupo se había encogido en un instante.

— “Han pasado tres meses,” la voz de Zorn era un látigo.

“Tres meses desde que Rhas me envió, y yo llegué a esta maldita ciudad en solo dos días.

Supuse que tomarían algún vehículo; los busqué en las rutas principales.

En cambio, me encuentro esperando en el anonimato durante todo este tiempo, mientras ustedes caminan a paso de tortuga por rutas alternas, solo para aparecer con este…

show de explosiones.

Tenían que haber esperado.

Han expuesto a toda la rebelión.” Zary sintió la presión.

El Kor de Zorn era abrumador.

Era como estar bajo el agua, donde cada músculo del cuerpo se negaba a moverse.

— “Zorn,” dijo Kynox, dando un paso adelante.

“No tuvimos opción.

Necesitábamos información sobre mi madre, Liora.

El Régimen nos encontró.” Zorn ignoró la excusa, sus ojos enfocados en el punto más débil de cada uno: el brazo de Rin, el agotamiento de Luke, la tensión en Lyss.

— “Su misión era esperar.

No sabían nada de las habilidades del enemigo, nada del Necrium.

Y ahora, han gritado sus habilidades a todo X-Colonus.

El nivel de Kor que exhibieron en el Nudo de Vías…

es inexcusable.

¿Creen que ese poder no tiene un rastro?” Lyss bajó la mirada, incapaz de sostener la de él.

— “Mi misión es clara.

Rhas estaba furioso.

Iban a comprometer años de trabajo.

Ahora van a venir conmigo.

Volvemos al campamento.” Rin, a pesar del dolor, gruñó: “No vamos a volver.

Estamos a punto de llegar a Liora y…”.

Antes de que Rin pudiera terminar, Zorn activó su Kor y en una fracción de segundo, atrapó a Rin por el cuello, levantándolo del suelo como si no pesara nada.

La velocidad y la fuerza eran de otro mundo.

— “No tienen el nivel de Kor para debatir conmigo,” siseó Zorn.

“Mi energía dura días.

Mi velocidad es superior.

Su única opción es la obediencia.

Ahora, vamos a salir de esta ciudad de la única forma que debieron haber entrado: en silencio absoluto.” Kynox apretó los puños.

“De acuerdo, Zorn,” dijo Kynox, la rendición clara en su voz.

“Iremos contigo.

Pero tienes que soltar a mi amigo.” El Doru soltó a Rin, dejándolo caer al suelo sin ceremonias.

Inmediatamente, Zorn se arrodilló, tomó el brazo de Rin y, con un movimiento rápido y seco, lo recolocó en su sitio.

Rin gritó por el dolor, pero el alivio fue casi instantáneo.

“Soy un Doru, no un bruto, muchacho,” murmuró Zorn, su rostro serio sin cambiar.

Se puso de pie.

“Vámonos.

Las alcantarillas están cerca.” Mientras se movían entre los escombros hacia un acceso de servicio, Kynox caminó junto a Zorn.

— “Zorn, te conozco.

Sé que Rhas tiene razón, hicimos un desastre.

Pero ya hicimos el desastre.

Ya estamos aquí.

Si volvemos, solo perdemos el impulso.

Ya tenemos la atención del Régimen; no podemos retroceder.

Nos atraparán en el camino de vuelta.” Zorn frenó su paso, sus ojos ambarinos fijos en Kynox.

— “La atención que tienen es su sentencia, Kynox.

El objetivo era la cautela.

Ahora, el único camino lógico es el repliegue.

Tu madre, Liora, no vale la ruina de la rebelión entera.

Mi orden es traerlos de vuelta.” Kynox se detuvo, forzando a Zorn a escucharlo.

— “Escúchame, Zorn.

Esto es personal; ella es mi madre y está en prisión.

Pero no estoy pidiendo un rescate simple.

Si volvemos, perdemos esta oportunidad de oro.

Ya que no podemos ser discretos, seamos estratégicos y obtengamos un premio mayor.” Zorn suspiró, un sonido áspero.

— “La estrategia se basa en información, y no tienen nada.

No voy a ignorar una orden de Rhas por un deseo impulsivo de un joven.

Dame algo que justifique la masacre que has provocado y que sea de valor estratégico para la causa.” Kynox respiró hondo, la mente de estratega volviendo a funcionar, recordando las palabras de su padre.

— “Los Ren son la élite del exterminio del Régimen.

Sus bases y sus sistemas de información manejan la vigilancia de toda la ciudad.

Si logramos infiltrarnos en uno de sus puntos neurálgicos, puedo usar mis conocimientos de los sistemas de X-Colonus para obtener no solo la ubicación de Liora, sino también puntos débiles en la estructura de la ciudad, detalles de la organización de las unidades y patrullajes.

Esta información vale mucho más que el riesgo.

Esto es lo que Rhas necesita para la rebelión.” Los ojos de Zorn se entrecerraron.

La propuesta era de una audacia extrema, pero la información ofrecida era invaluable para los Acracios.

— “Atacar a los Ren por información.

Eso es un suicidio calculado, Kynox.

Pero si puedes usar tu mente para darnos puntos débiles de la ciudad y datos de patrullaje, la ganancia podría justificar esta locura.

Dime el lugar.

Si esto falla, te aseguro que seré yo quien los entregue a Rhas, vivo o muerto.” Kynox asintió, una tensión fría recorriéndole la espalda.

— “Hay un antiguo centro de vigilancia en el Distrito Cenit, cerca de la base principal de los Exterminadores.

Si me das cobertura, puedo entrar.” El Doru tomó la delantera, su voz fría y firme.

— “Bien.

El plan de Rhas está cancelado.

Ahora trabajamos con tus errores, Kynox.

Y no cometas otro.” El equipo se deslizó en la oscuridad del túnel de servicio, marcando el camino hacia las alcantarillas y el corazón peligroso de Nexus.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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