X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 27
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Capítulo 27: Límites
El viento silbaba en sus oídos mientras descendía. El Umbral no era un simple complejo: era una ciudad invertida en Nexus, una joya arquitectónica de X-Colonus. Aquella megaestructura pendía entre capas de gravedad artificial, plataformas invertidas, ascensores orbitales y anillos de vigilancia militar. Desde arriba, parecía un abismo; desde abajo, una ciudad colgando del cielo.
Zorn atravesó la frontera gravitatoria como un meteoro. El impacto no fue limpio: una corriente de gravedad lateral lo atrapó y lo lanzó contra una pared metálica, haciéndolo girar violentamente. Ajustó el KOR al instante para estabilizar su masa, usando la presión como un ancla invisible. Aterrizó sobre una pasarela inclinada, dejando una huella profunda en el acero.
Las alarmas estallaron y las luces rojas barrieron los niveles inferiores.
“Intrusión confirmada en Umbral Inferior.”
“Sector militar comprometido.”
“Activar protocolos de contención.”
Los soldados se movilizaron en plataformas suspendidas mientras los drones pesados emergían de los hangares. Desde las torres de control, los oficiales observaban incrédulos las lecturas. “Es el mismo objetivo, pero no entiendo… ¿no eran tres niños? ¿Quién es él ahora?”, “La anomalía de presión continúa activa.”
Zorn se incorporó lentamente. El cerebro luchaba por procesar la gravedad tirando en direcciones opuestas: hacia abajo, hacia los costados, hacia el vacío central. Sonrió apenas. “Perfecto… me gusta lo difícil.” De pronto, un dolor agudo le atenazó el pecho. Mareado y cubierto de sudor frío, pensó: “Decidiste ayudarlos, no puedes descansar aún… pero necesito comer algo y dormir. El uso excesivo de mi técnica agotó mi cuerpo.”
Corrió. Pero allí el movimiento no era lineal. Cada salto lo proyectaba en arcos imposibles, como si el espacio estuviera doblado. Usó el KOR para impulsarse entre placas flotantes, atravesando corredores abiertos y columnas suspendidas.
Los primeros disparos lo alcanzaron… o eso creyeron. Los proyectiles se desviaron, curvándose al entrar en su campo de presión. “¡No responde a balística estándar!”, “¡Cambien a anclajes electromagnéticos!”
Un escuadrón intentó cerrarle el paso descendiendo por cables. Zorn no frenó. Saltó hacia ellos y, en pleno aire, comprimió el KOR en un pulso direccional. La gravedad los aplastó contra su propia trayectoria; los cuerpos salieron despedidos contra las paredes como fragmentos inertes.
En ese momento, un soldado veterano decidió cargar su arma con una bala recubierta de Necrium. Eran escasas debido a su peso excesivo y a que seguían en fase de prueba. Con un esfuerzo enorme y el sudor corriéndole por el rostro, logró apuntar. “Es como disparar un mazo”, pensó, apoyándose en su armadura semicorpórea para soportar el peso. Finalmente, disparó.
Para su suerte, el proyectil alcanzó a Zorn, quien cayó hacia una zona de escape. “¡Lo tengo!”, gritó el soldado. Otros corrieron tras él, pero al llegar, Zorn ya no estaba. Había escapado.
Más adelante, saltando sobre los edificios, Zorn sintió la ropa humedecida y un dolor punzante en la espalda. Al revisarse, se quedó atónito al ver su propia sangre. “Desde que entrenaba no veía mi sangre… esto es peligroso. Cipher tenía razón: algún día usarían el Necrium para armas mortales, y ya lo lograron. Eso lo complica todo… tendré más cuidado.” Cubrió rápidamente la herida, provocada por el rebote del proyectil, y aterrizó de rodillas en una plataforma central.
Al alzar la vista, vio una ciudad sumida en la angustia; hacía años que nadie desafiaba al régimen de esa forma. Decidió calmarse y ocultarse. Su plan era que los chicos llegaran a la parte superior para encontrar a Liora. Él, por su parte, buscaría un vehículo; necesitaba una nave sin chip para sacarlos a todos y robar los datos de los REN.
Mientras tanto, el grupo avanzaba mezclado entre los civiles. Luke caminaba con los hombros encogidos para aparentar normalidad. Rin mantenía la cabeza baja, contando mentalmente las cámaras. Zary caminaba tensa, lista para reaccionar, mientras Lyss observaba los reflejos en los vidrios rotos. Kynox sentía el pulso de la ciudad distinto. “Algo está pasando.”
Un temblor leve recorrió el suelo. No fue un sismo, sino una vibración profunda, como si la estructura completa hubiera respirado. Alrededor, la gente comenzó a murmurar. “¿Escucharon eso?”, “Otra falla de energía…”, “No, eso fue más fuerte…”
Las pantallas públicas parpadearon y la señal cambió a una transmisión militar: “Alerta. Intrusión confirmada en el Umbral. Redireccionar todas las unidades disponibles.”
Luke apretó los dientes. “Zorn… nos está ayudando. Debemos aprovechar el caos.”
Kynox asintió. “Nos está comprando tiempo.”
“Entonces no lo desperdiciemos”, añadió Zary. “Si el tráfico militar se va al Umbral, el perímetro bajará.”
Rin consultó un mapa holográfico robado. “Tres bloques más y entramos al sector de tránsito inferior. Es la ruta hacia el módulo de prisioneros. Podemos liberarlos y cruzar hacia la parte superior.”
“Ahí debe estar Liora”, susurró Lyss.
Un dron pasó sobre ellos a toda velocidad, ignorándolos para dirigirse al combate. La ciudad estaba mirando hacia otro lado, exactamente como Zorn quería.
En el Umbral, Zorn se detuvo sobre una plataforma de observación. Frente a él, una batería automática comenzó a cargar un núcleo energético pulsante. “Bien… hagamos ruido.”
El KOR se elevó de nuevo. La gravedad del Umbral respondió y las estructuras vibraron hasta que los sensores colapsaron. Durante un instante, la presión apagó las cámaras, permitiéndole desaparecer. Ya oculto, se sentó a recuperar fuerzas con un poco de agua y raciones de carne.
“Chicos, por favor, encuéntrenla mientras recargo energías.”
El uso del KOR tenía límites que el régimen aún no comprendía… y que él mismo todavía estaba aprendiendo a respetar.
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