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X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 30

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Capítulo 30: tormenta sobre el marmol

El suelohogar ya estaba agrietado.

Kynox respiraba con dificultad. Luke tenía la sangre bajándole por la ceja. Los demás apenas podían mantenerse en pie. Las batallas anteriores cobraban factura. Todo estaba en contra del plan: Liora no estaba y ahora todos yacían en el suelo, derrotados, sin más opción que ver cómo patrullaban alrededor de la mansión Sinopex. Un Nael completamente borracho reía, feliz por lo sucedido.

Y frente a ellos, inmóvil, estaba Kael, el capitán de policía.

Su armadura no era voluminosa; estaba hecha justo a su medida, con placas negras recorridas por líneas azules, un tono adquirido por la electricidad que lo rodeaba y que vibraba bajo la superficie como venas vivas.

Su piel de ébano contrastaba con los destellos fríos que iluminaban su rostro cada vez que el sistema liberaba una microdescarga.

—No estaban listos. Nunca lo estuvieron.

Extendió la mano.

Una descarga silenciosa recorrió el aire.

Luke cayó de rodillas cuando sus músculos dejaron de obedecerle.

—El cuerpo es electricidad. Pensamientos. Movimiento. Decisiones. Solo hay que saber dónde interrumpirla. Mientras ustedes estaban haciendo sus shows y demostraciones de su extraña habilidad, yo estuve estudiándolos y mejoré mi armadura de combate. Ahora puedo pelear con ustedes casi a la par.

Aquello era una gran falacia. Los chicos ya estaban agotados por todo lo que habían pasado. No podían más. El KOR estaba completamente drenado y sus cuerpos aún no estaban listos para pelear como debían.

Kynox intentó avanzar.

El mármol bajo sus pies se volvió conductor.

Una explosión de chispas lo lanzó hacia atrás.

Kael caminó entre ellos como quien inspecciona maquinaria defectuosa.

—Rhaz los entrenó para resistir presión… ahora tendrán que adaptarse a un enemigo con verdadera capacidad bélica.

Se detuvo frente a Kynox.

—¿Quieres saber dónde está Liora? Ya que estás aquí, después de todo, lo mejor es que sepas hacia dónde irás.

Una chispa saltó entre sus dedos.

—Prisión Espejo. Valmora. Subdistrito Alyabar.

El nombre cayó como una sentencia.

—Allí no se castiga el cuerpo. Se rompe la identidad.

Kynox intentó levantarse otra vez.

Kael activó un pulso mayor.

La mansión se iluminó.

Entonces el cielo vibró.

No fue una explosión inmediata.

Fue un rugido.

Un motor forzado entrando en atmósfera baja.

Kael alzó la vista.

Los ventanales de la mansión estallaron cuando una nave atravesó el jardín y se estrelló contra la fuente central. Mármol pulverizado. Agua y humo elevándose en columnas blancas.

La compuerta lateral se abrió.

Una figura descendió lentamente entre vapor y polvo.

Era Zorn.

Su abrigo estaba rasgado. Bajo la tela se marcaban manchas oscuras donde el Necrium había abierto heridas internas. Su respiración era más pesada de lo habitual.

Pero sus ojos estaban firmes.

Zorn avanzó hasta quedar frente a Kael.

Todas las armas de las naves y soldados estaban apuntando, listas para disparar, pero su jefe gritó con fuerza:

—¡Señores, bajen sus armas! Hoy verán cómo arresto, para nuestro presidente, a todos estos terroristas.

Un segundo de silencio.

Y el mundo se comprimió.

Zorn activó el KOR.

El aire se distorsionó a su alrededor. El polvo cayó al suelo como si la gravedad hubiese aumentado de golpe.

Kael respondió al instante.

Su armadura liberó un arco eléctrico que rasgó el espacio entre ambos.

Choque.

Gravedad contra descarga.

El impacto partió el suelo.

Zorn avanzó primero. Puño directo al torso.

Kael bloqueó y contraatacó con una descarga a quemarropa. La electricidad recorrió el cuerpo de Zorn. Su visión se nubló durante un segundo.

El cuerpo de Zorn sintió el cansancio de usar su habilidad durante tanto tiempo.

Dolor interno.

—Estás intoxicado.

Kael golpeó otra vez.

Zorn retrocedió un paso.

Pequeño.

Pero suficiente.

Kael aceleró.

Sus movimientos eran explosivos, impulsados por microdescargas en sus propios músculos. Cada paso era una detonación controlada.

Zorn respondía con presión, compactando el espacio, forzando el peso del entorno sobre Kael.

Pero su respiración se volvía irregular.

El Necrium ardía dentro.

Kynox gritó su nombre desde el suelo.

Zorn lo miró apenas un instante.

Eso casi le cuesta la mandíbula.

Kael impactó su rostro con un golpe cargado.

Zorn cayó sobre el mármol roto.

Kael avanzó.

—Tu error siempre fue confiar en la resistencia humana. La electricidad no se cansa.

Zorn escupió sangre.

Se puso de pie otra vez.

—Pero necesita un sistema que la contenga.

Activó el KOR al máximo.

El jardín entero se hundió medio centímetro.

Con sus palmas golpeó a Kael en el pecho, lanzándolo contra la infraestructura. Al mismo tiempo, todo el Umbral Superior observaba atónito y aun así relajado, despreocupado. Personas tranquilas a la expectativa de cómo se resolvería el asunto. La confianza en el régimen era sorprendente, casi irreal.

Las rodillas de Kael flexionaron por primera vez.

Una grieta leve apareció en una de las líneas luminosas de su armadura.

Kael levantó la vista.

Interesado.

No furioso.

Interesado.

Zorn giró hacia los chicos.

—¡A la nave! ¡Corran, ahora!

Kynox negó con la cabeza.

—No te voy a dejar.

Zorn caminó hacia él, lo levantó del uniforme y lo sostuvo frente a sí.

—Valmora. Prisión Espejo. Alyabar. Ese es el objetivo ahora.

—¿Pero tú cómo lo sabes?

—Solo lo sé.

Kael observaba en silencio, energía acumulándose en sus manos. Toda la electricidad comenzó a concentrarse mientras el traje cargaba su poder.

Zorn empujó a Kynox hacia la compuerta. El resto de los chicos, al ver la escena, corrieron dentro de la nave. Las patrullas comenzaron el ataque al ver a Kael estrellado contra el muro. Los soldados entraron en la mansión mientras los chicos cruzaban el jardín y lograban llegar a la nave.

—Yo lo detengo.

—Estás herido.

Zorn los miró directamente.

—Por eso mismo.

Una descarga masiva explotó detrás de él.

Zorn giró y extendió el brazo, cubriéndose el rostro del impacto.

La gravedad se comprimió en un punto.

Electricidad y presión chocaron como una tormenta contenida.

La nave comenzó a elevarse.

Kael aumentó la potencia. Las naves de policía, al atacar, se dañaron brutalmente cuando Zorn explotó por última vez su habilidad de presión somática.

El aire se volvió estática pura.

Zorn gritó.

No de miedo.

De esfuerzo.

El Necrium quemaba su interior. La visión se fragmentaba. El pulso se desincronizaba.

Pero mantuvo la compresión el tiempo suficiente.

Dentro de la nave, Luke murmuró:

—No puede ser…

Todos miraban atónitos. La nave funcionaba porque había un soldado enemigo pilotándola. Esas naves necesitaban chips de control y aquel soldado las manejaba manualmente.

—Oye, tú… ¿qué haces? ¿Por qué nos ayudas?

El hombre, temblando y cubierto con la sangre de sus compañeros, respondió:

—Ese hombre me dijo que si lo ayudaba no me mataría. Pudo con todo mi escuadrón. Ustedes parecen ser muy fuertes…

La nave cruzó el perímetro del jardín.

Se perdió en el nivel superior.

Silencio.

Solo mármol humeante.

Kael bajó la intensidad.

Miró a Zorn con algo cercano al respeto.

—Elegiste quedarte. Pero ellos no irán muy lejos. Ahora sé hacia dónde van. Los estaré esperando.

Zorn respiraba con dificultad.

—No podían volar contigo detrás.

—Correcto.

Kael activó su modo completo.

La armadura se iluminó por completo. Rayos finos comenzaron a recorrer el suelo buscando conductor.

—Ahora estamos solos.

Zorn enderezó la espalda.

Su campo gravitatorio volvió a expandirse, pero era más débil. Kael sonrió.

—¿Sabes qué noto? Una bala de Necrium te afectó. Estás envenenado. Mi armadura detectó algo tóxico en tu sistema. Nuestras armas sí les afectan. Sus extrañas habilidades tienen un límite muy claro.

El cielo comenzó a oscurecerse por la interferencia energética.

Tormenta contra presión.

Kael dio el primer paso.

Zorn no retrocedió.

Y esta vez no era un rescate.

Era una declaración de guerra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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