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X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 31

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Capítulo 31: Rumbo a Alyabar el rescate de liora es un hecho

​El motor de la nave patrullera Clase-S vibraba con un zumbido eléctrico que erizaba la piel. El aire olía a ozono y al miedo primario que emanaba del soldado que pilotaba. Sus manos, enfundadas en guantes de polímero, temblaban tanto que los mandos de navegación emitían pequeñas alertas de inestabilidad. Kynox, sentado justo detrás de él, no le quitaba la vista de encima. El báculo descansaba entre sus piernas, pero su mano estaba lista para actuar ante cualquier movimiento sospechoso.

​”¿Cuánto tiempo falta para salir del perímetro del umbral superior?” preguntó Kynox. Su voz era gélida, despojada de la calidez que solía mostrar a sus amigos.

​El soldado tragó saliva con dificultad. Se llamaba Varek, un nombre que a nadie le importaba en ese momento. “Cinco… cinco minutos si no nos interceptan las patrullas automáticas. Pero la señal del chip… la señal del chip es el problema.”

​Luke, que estaba revisando las heridas de Rin en la parte trasera, se asomó hacia adelante con el ceño fruncido. “¿Qué pasa con el chip? Zorn dijo que necesitábamos a uno de ustedes para que esta chatarra volara.”

​Varek asintió frenéticamente, sin soltar los mandos mientras esquivaba un edificio ornamental. “Las naves de la policía no funcionan por llaves o códigos manuales. El sistema de arranque está vinculado a mi firma biométrica y a mi chip de servicio. Si mi pulso sube demasiado o si me alejo de mi zona de patrulla asignada, el Centro de Comando recibe una alerta. En cuanto crucemos la frontera del distrito, el sistema marcará este vuelo como anómalo. Tenemos apenas veinte minutos antes de que el Régimen bloquee el motor de forma remota.”

​Lyss, que estaba intentando hackear la consola lateral, maldijo entre dientes al ver los protocolos de seguridad. “Tiene razón. Los chips de la Guardia están enlazados a la red neuronal de Nexus. Es una correa digital. Zorn lo sabía, por eso nos dejó a este tipo vivo. Solo él puede mantener el pulso de la nave activo.”

​”¿Cómo sabía Zorn todo esto?” preguntó Rin, cuya voz sonaba débil pero curiosa. “¿Cómo supo dónde estaba Liora? ¿Cómo consiguió esta nave exactamente en el momento justo?”

​Kynox miró hacia atrás, hacia la estela de humo que dejaba la mansión Sinopex. Los recuerdos de lo que Zorn le había contado antes de lanzarse al vacío del Umbral empezaron a encajar como piezas de un rompecabezas sangriento.

​”Antes de encontrarnos en el almacén, Zorn no estaba simplemente escondido” explicó Kynox, cerrando los puños con fuerza. “Él llegó a un Puesto de Avanzada Militar en el sector 4. Entró solo. No usó sigilo, usó fuerza bruta. Asumo que la presión de su KOR fue tan intensa que las cámaras de seguridad se fundieron antes de registrar su rostro.”

​El soldado Varek soltó un quejido ahogado al escuchar el relato, como si reviviera un trauma. “Yo estaba ahí… Estaba en la guardia de la sala de servidores. Ese hombre… no es humano. Entró caminando mientras las balas se desviaban de su cuerpo como si fueran gotas de lluvia. Mató a doce de mis compañeros en menos de tres segundos. Simplemente cerró el puño y el aire los aplastó frente a mis ojos. Luego me arrastró hasta aquí.”

​Kynox asintió con una seriedad sombría. “Zorn dejó vivo a este soldado por una razón: necesitaba a alguien con un chip de acceso de nivel medio para arrancar una nave de largo alcance y navegar los cielos superiores. Mientras los demás morían, Zorn obligó a este hombre a observar cómo accedía a los terminales tácticos. Buscó los registros de traslado de los Ren. Ahí fue donde encontró el nombre: Valmora.”

​”Pero Valmora es solo una leyenda urbana para asustar a los niños de los barrios bajos” dijo Sary, cruzándose de brazos mientras observaba el paisaje cambiar. “Dicen que es un lugar de donde nadie regresa, un agujero negro en la burocracia del Régimen.”

​”No es una leyenda” corrigió Kynox. “Es el subdistrito más profundo de Alyabar.”

​El grupo se quedó en silencio mientras la nave atravesaba una densa capa de nubes, descendiendo hacia una zona donde la luz del sol no alcanzaba. En ese momento decidieron decirle al hombre que, por favor, acelerara con fuerza; este decidió obedecer y, con un último impulso, utilizó todo el combustible de la nave para un salto fuerte de velocidad. Desaparecieron entre las nubes. El paisaje de mármol y oro fue reemplazado por estructuras de hierro negro y chimeneas que escupían fuego químico.

​”Alyabar… el vertedero de carne humana” murmuró Lyss con asco.

​”Exacto” dijo Kynox. “Alyabar no es un distrito residencial ni comercial. Es donde el Régimen lanza a los criminales, a los disidentes y a cualquiera que haya fallado en su deber con Nexus. Es una zona sin ley, controlada por pandillas que trabajan como contratistas para Kane, extrayendo recursos en las chatarrizas. Pero en el centro de ese caos, protegido por muros, está Valmora.”

​Luke miró por la ventana, viendo cómo los edificios se volvían más toscos y violentos. “¿Y qué es la Prisión Espejo? Suena a algo elegante para un lugar tan podrido.”

​”Se llama así porque no usan celdas de barrotes” respondió Kynox, recordando los fragmentos de información que su padre, Arkan, le había grabado en la memoria hace años. “Usan una tecnología llamada Reflejo Neuronal. Es una habitación de seis paredes de cristal que proyectan tu propia actividad cerebral. Si tienes miedo, la habitación te muestra tu miedo amplificado mil veces. Si tienes remordimientos, los ves personificados. Liora… mi madre… ella ha estado luchando contra sus propios pensamientos durante días. La están rompiendo desde adentro.”

​Un pitido agudo y rojo comenzó a parpadear en el panel de control. El soldado Varek se puso pálido, sus ojos fijos en la pantalla de diagnóstico.

​”Ya está” gritó el piloto. “El Centro de Comando ha detectado la anomalía. Mi chip ha sido marcado como comprometido. El protocolo de seguridad de la nave se ha activado.”

​”¿Cuánto tiempo nos queda?” rugió Luke, agarrando al soldado por los hombros para que no perdiera el control.

​”¡El contador de apagado remoto ha comenzado!” respondió Varek, señalando una cifra que descendía rápidamente en la pantalla: doce minutos exactos. “En doce minutos, los motores se bloquearán y la nave caerá como una piedra. Y lo peor es que la señal GPS está emitiendo nuestra posición exacta. ¡Vienen por nosotros! No quiero morir, solo un botón puede hacernos estallar.”

​En ese momento, dos luces parpadeantes aparecieron en el radar trasero, moviéndose con una velocidad antinatural.

​”Interceptor de la Guardia Carmesí” anunció Lyss con urgencia. “Son más rápidos que nosotros y no tienen un motor a punto de morir.”

​Kynox miró el contador. Doce minutos. Era el tiempo que Zorn les había comprado con su sangre en la mansión. Podía sentir una punzada de dolor en su propio pecho, una advertencia de que su cuerpo también estaba llegando al límite por la intoxicación de Necrium. Pero no podía detenerse ahora.

​”Baja la nave” ordenó Kynox al piloto.

​”¿Qué? ¡Si bajamos a los niveles de superficie de Alyabar nos destrozarán los chatarreros!” gritó Varek.

​”¡Bájala ahora!” insistió Kynox, golpeando el suelo con su báculo. “Si nos quedamos en el aire, somos un blanco fácil cuando el motor muera. En las calles de Alyabar, el radar del Régimen tiene interferencia por los desechos industriales. Es nuestra única oportunidad de llegar a Valmora a pie antes de que rodeen la zona.”

​La nave se inclinó violentamente hacia abajo, realizando un descenso suicida entre torres de alta tensión y cables colgantes. Detrás de ellos, los interceptores dispararon ráfagas de energía que rozaron el fuselaje, haciendo que las luces de la cabina estallaran en chispas.

​Mientras caían hacia la oscuridad de Alyabar, Rin se acercó a Kynox. “Zorn sabía que no volvería, ¿verdad? Sabía que el soldado solo nos serviría para el arranque y que el chip nos delataría. Todo este plan… es una misión de un solo sentido.”

​Kynox no respondió de inmediato. Miró sus propias manos, donde las marcas verdes de la presión somática parpadeaban débilmente, como una llama que se apaga ante una tormenta.

​”Zorn nos dio lo que necesitábamos: una oportunidad” dijo finalmente. “Él está allá arriba enfrentando a Kael, distrayendo a toda la fuerza policial de Nexus para que nosotros podamos entrar por la puerta trasera de su peor pesadilla.”

​La nave golpeó el suelo de una calle lateral en Alyabar con un estruendo metálico, deslizándose por cientos de metros sobre el asfalto roto hasta detenerse en un callejón lleno de niebla. El contador llegó a cero. El motor murió con un último suspiro de vapor caliente.

​Kynox abrió la compuerta lateral. El aire de Alyabar era pesado, con sabor a metal oxidado y podredumbre química. A lo lejos, el brillo azul de la Prisión en Valmora se elevaba como un monolito de cristal sobre la miseria del subdistrito.

​”Salgan todos” ordenó Kynox. Miró al soldado Varek, que estaba encogido en su asiento. “Tú, quédate aquí. Si tienes suerte, tus compañeros te encontrarán antes que los caníbales de este sector.”

​El grupo descendió a la oscuridad. Estaban en el corazón del territorio criminal de Nexus, sin transporte, con el sistema de rastreo del Régimen cerrándose sobre ellos y sus cuerpos fallando por el cansancio del día.

​”Valmora está a tres kilómetros” dijo Lyss, ajustando su equipo mientras escaneaba los alrededores. “Pero el radar dice que ya hay tropas desplegadas en el perímetro. Kael Dravos no es tonto; sabía que este era nuestro único destino posible.”

​Kynox levantó la mirada hacia el edificio de cristal. Sentía el latido de su madre en la distancia, una conexión que ni la Prisión Espejo podía borrar.

​

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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