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X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 34

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Capítulo 34: Supervivencia

Conforme Vandal, Anya y Sombra caminaban, la naturaleza se deformaba de un modo tétrico. La oscuridad y los seres que observaban no dejaban de mirar, y Vandal sintió por primera vez un sentimiento de intriga. Su mente no sabía qué iba a suceder, pero esa era su nueva misión: demostrarse a sí mismo su capacidad de mejorar.

El silencio no duró dentro de aquella selva, y la niebla rompía toda facultad de ver.

Un golpe seco contra la tierra rompió la quietud.

Luego otro.

Y otro más.

Rítmicos, con fuertes estruendos y galopes en la lejanía. Se podía sentir un pequeño temblor en el suelo.

No como el Brontax.

Más rápidos.

Más violentos.

Sombra erizó el lomo, emitiendo un gruñido bajo, profundo… contenido.

Vandal no retrocedió.

Al contrario.

Avanzó un paso.

—”Sal” —murmuró, casi en un susurro.

Anya sonrió y miró a Vandal.

—”Vaya, por primera vez veo uno de cerca”.

—”¿A qué te refieres?” —preguntó Vandal.

El suelo vibró.

Y entonces lo vieron.

Desde la penumbra, una silueta emergió entre raíces abiertas. Un cuerpo robusto, cubierto de placas óseas irregulares. Sus patas delanteras eran cortas, pero las traseras… largas, musculosas, tensas como resortes.

Saltó.

Tan fuerte que cambió de lugar en un segundo.

Cayó a pocos metros de ellos, hundiendo el suelo. El impacto levantó polvo verde fosforescente.

Dos cuernos curvos sobresalían de su cabeza, oscuros, con vetas brillantes que goteaban lentamente.

Sus ojos pequeños se fijaron en Vandal.

Sin miedo.

Sin duda.

—”Rukhar Venacorne…” —susurró Anya desde atrás, sin intervenir—. “No lo subestimes”.

Vandal dio otro paso al frente.

—”Eso espero”.

El Rukhar golpeó el suelo con sus patas traseras.

Una.

Dos.

Y desapareció.

El salto fue tan rápido que el aire quedó vibrando.

Vandal giró apenas—

Impacto.

El golpe lo lanzó varios metros, atravesando raíces y golpeando un tronco. Aturdido, sacudió la cabeza; su pecho sangraba por ese golpe brutal.

El aire salió de sus pulmones.

Pero no cayó.

Se sostuvo.

Escupió sangre.

Y sonrió.

—”Bien… esto es distinto. Si quiero vencer a un Brontax, primero te venceré a ti”.

Sus manos se cerraron lentamente.

—”Esto es lo que vine a buscar”.

El Rukhar no le dio tiempo.

Segundo salto.

Más alto.

Más directo.

Vandal no esquivó.

Lo recibió.

Sus brazos chocaron contra el cuerpo del animal. El impacto le hizo crujir los huesos, pero sus pies se clavaron en la tierra.

Los cuernos pasaron rozando su hombro.

La piel se abrió.

El líquido que goteaba entró.

Un ardor inmediato recorrió su cuerpo, como fuego líquido extendiéndose por sus venas.

Sombra avanzó e intentó morder a la bestia, pero esta, con sus patas traseras, de un golpe lo envió contra un árbol. Sombra cayó nuevamente contra el suelo.

—”¡NO!” —rugió Vandal.

El animal retrocedió con otro salto, rodeándolo. Midiéndolo. Esperando que el líquido hiciera su trabajo.

Vandal respiró hondo.

—”No puede ser…” —dijo.

Tocó su herida y, al oler el líquido verdoso mezclado con su sangre, dedujo en un instante que estaba envenenado.

El aire pesaba.

Su visión tembló.

Y entonces…

Recuerdos.

Un pasillo metálico.una mansión gigante y todos los ren dando su voto y visión sobre los niños ren . En ese pasillo

Frío.

Limpio.

Demasiado limpio.

—”El dolor es irrelevante. La misión no lo es.

La voz de Nerax Ren. Su padre,siempre a los momentos que el cuerpo humano parece morir ve lo que quizás lo mantiene con vida,con esa voz firme

Inquebrantable.siempre aconsejando y guiando siempre recordando su pasado.

Un niño era él

Vandal.

Descalzo. Atónito. Con sus ojos brotando lágrimas

Frente a cuerpos.

—”Míralos.”—

—”No apartes la vista.”—

Otra voz.

Más suave.

Más peligrosa.

“Si puedes caminar entre la muerte… podrás crearla.”

Kora. Su prima. Viendo cómo sus

Manos pequeñas cubiertas de sangre.

No suya.

Nunca suya. Siempre lo cubrían con sangre de otras personas para que se acostumbrara a verse así .

—”Un Ren no tiembla.”—

El presente volvió de golpe.

El Rukhar atacó otra vez.

Vandal no reaccionó a tiempo.

El cuerno atravesó su costado.

No profundo..

Pero suficiente.

El veneno entró de nuevo.

Sus piernas fallaron.

Cayó de rodillas.

Respiración irregular.

Pulso acelerado.

El mundo se inclinó.

Otros recuerdos del pasado

El agua oscuro y silenciosa

Oscura de

Albor Lake.

Recuerda vividamente los gritos y disparos

El fuego reflejándose en el agua. Los

Cuerpos flotando.

Pequeños.

Demasiado pequeños.

Vandal caminando entre ellos.

Sin detenerse.

Sin mirar.

Por primera vez…

Duda.

—”No preguntes. Ejecuta.” Dice su padre

Pero esa vez… no pudo.

Se vio reflejado, lleno de sangre. Solo un niño.

El recuerdo era fuerte.

Un cuerpo temblando, cubierto de sangre, respirando apenas, mientras la bestia saltaba por doquier.

Y luego ella.

Anya.

—”Si sigues así… ya estás muerto”.

El presente explotó en su cabeza.

Vandal apretó los dientes.

Sus manos temblaban.

No de miedo.

De rabia.

—”…Yo…”

El Rukhar se preparó para el golpe final.

Saltó.

Directo a su cabeza.

—”…no…”

El veneno recorría todo su cuerpo.

Su corazón latía como si fuera a romperse.

—”…voy…”

Sus dedos se hundieron en la tierra.

La tierra vibró.

El impacto nunca llegó.

Porque Vandal se movió.

Demasiado rápido.

Con su propia cabeza y sus manos recibió el golpe brutal. Un choque directo, cabeza contra cabeza.

Su mano atrapó el cuerno en el aire.

Y aunque estaba envenenado, resistió.

—(Quizá está empezando a controlar la adrenalina… aunque aún es un vestigio) —pensó Anya.

Vandal agarró al Rukhar y, aunque tenía casi su estatura, lo levantó por los aires. Lo estrelló contra el suelo, lo alzó de nuevo y, con un golpe brutal, le quebró el hocico junto con los cuernos.

Lo derrotó.

Pero el Kor… no había despertado completamente.

Anya gritó, alentándolo:

—”¡Vamos, paliducho! Sí que tienes fuerza bruta”.

Sombra se acercó a Vandal, aún aturdido.

Pero la celebración no duró mucho.

Un rugido más fuerte brotó del fondo del bosque.

Los árboles se movieron… y cayeron.

De pronto, el silencio envolvió la selva.

Un estruendo, como un meteorito, cayó del cielo.

Revelando un Rukhar mucho más grande.

A diferencia del anterior, el líquido que goteaba de sus cuernos quemaba por donde caía.

El impacto levantó una onda de aire a su alrededor.

Anya, sorprendida, gritó:

—”Oye… parece que es su madre”.

—”…Y yo maté a su hijo…” —susurró Vandal, mirando a la bestia.

Esta vez…

Se mediría qué tan decidido estaba a despertar el Kor.

Si te gusto dejar piedras de poder .

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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