X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 38
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Capítulo 38: Equilibrio
La lona dejó de vibrar. El silencio que siguió fue más pesado que cualquier grito. Rhaz caminó al centro de la tienda y las antorchas proyectaron sombras irregulares sobre los ocho Dorus.
“La exposición en Nexus cambia todo”, dijo con voz firme. “El régimen ya no sospecha. Ahora confirma que, después de la guerra civil de hace 40 años, sabe que hay un grupo en su contra”.
Garrick golpeó el suelo con el talón. “Entonces ataquemos. Distritos simultáneos, bases energéticas, centros de transporte. Que sepan lo que es una guerra real”.
Vex sonrió con impaciencia. “Estoy de acuerdo. Movimiento total. No les demos tiempo de adaptarse”.
Elara cruzó los brazos. “Eso es exactamente lo que quieren. Que salgamos, que nos concentremos y dejemos nuestros escondites”.
Bram habló desde el fondo. “El problema no es solo Nexus. Es Vandal”.
La palabra cayó como una piedra. Un antiguo Exterminador del régimen, un asesino de élite, un símbolo del terror de Valtherion Kane.
Drox apretó los puños. “¿Cómo es posible que aceptáramos a uno de ellos? ¿Cuántos de los nuestros murieron por su mano, por la mano de su maldita familia de enfermos? Odio a los malditos Ren. Asesinaron a mi familia. ¿Cómo pueden permitirlo?”.
Sila no habló, pero el aire a su alrededor se volvió inquietante.
Rhaz no desvió la mirada. “Vandal ya no es un Exterminador”.
“Lo fue”, replicó Garrick. “Y Kynox, que también es del Umbral, aprendió el Kor. Ahora ese mismo chico volvió y lo derrotó… Es débil, ese tal Vandal, y tú decides dejarlo quedarse”.
Rhaz se quedó mirando a Garrick.
“Mira, sé que están bien informados, que has observado todo con tus pequeños espías, pero déjale eso al régimen. Entre nosotros deberíamos estar unidos”.
Murmullos y división recorrieron la tienda. Elara intervino antes de que escalara.
“Vandal es información. Conoce la estructura interna del régimen, protocolos, arsenales y tácticas. Eso no se aprende infiltrándose; se aprende desde dentro”.
Nia inclinó la cabeza. “La verdad es que, si Rhaz confía, nosotros deberíamos confiar”.
Rhaz dio un paso al frente. “Con respecto a Kynox, el chico quería… y vi en sus ojos que no pertenecía al Umbral. Es uno de los pocos niños que logran despertar algo del Kor. Kynox quiere rescatar a su madre. Zorn no fue enviado solo para extraer reclutas; su misión real era traerlo, pero decidió ayudarlo. Él también conoce los riesgos y, si se expuso, es porque es la hora. Ahora tiene la misión de quedarse en Nexus”.
“¿Quedarse?”, preguntó Vex.
“Sí. Como espía”.
“Zorn provocó el alboroto para crear confusión”, explicó Rhaz. “Asumimos que fue imprudencia, pero creo que el régimen debía ver el poder mientras algo más se movía debajo”.
Elara asintió. “Si tenemos a Liora, tenemos al régimen”.
La tienda quedó inmóvil.
“Sus fuentes de poder, rutas de abastecimiento, laboratorios y la forma más directa de acercarnos al presidente”.
“Liora fue científica de la base energética central”, continuó Elara. “Nadie conoce mejor la infraestructura”.
“Y es la madre de Kynox”, añadió Rhaz. “Esa motivación no podemos desperdiciarla”.
Garrick gruñó. “¿Y mientras tanto qué? ¿Esperamos?”.
“Nos movemos desde esta noche”, respondió Rhaz.
Comenzó a dar órdenes claras: cada Doru regresará a su distrito, se evacuarán escondites primarios y se activarán refugios móviles.
“Los reclutamientos se descentralizan. Ningún grupo superará las veinte personas por célula. La Zona K deja de existir oficialmente”.
Un murmullo tenso recorrió la tienda.
“¿Retirada?”, preguntó Drox.
“Reubicación estratégica”, corrigió Elara.
Rhaz continuó: “Retrasamos el golpe porque somos millones en espíritu, pero apenas miles controlamos el Kor. Ellos tienen armamento avanzado; nosotros, voluntad”.
“Y flechas”, murmuró Vex.
“Flechas que no atraviesan blindajes”, agregó Bram.
“Las armas del régimen solo funcionan con chips implantados”, explicó Rhaz. “Cipher encontró la forma de removerlos. Podemos liberar soldados, pero no usar sus armas”.
Sila susurró: “Seguimos siendo primitivos en tecnología ofensiva”.
Rhaz miró hacia la entrada. “Ya no”.
Una figura delgada apareció entre las sombras, con ojos brillantes y manos manchadas de químicos. Cipher, el genio inventor de los Acracios.
Se acercó con un pequeño saco de tela colgando del cinturón. “La razón por la que no iniciamos la revolución total no es miedo, es equilibrio”.
Dejó caer sobre la mesa un polvo oscuro, fino y antiguo.
“Durante siglos el régimen monopolizó la energía y la narrativa. Nos hicieron creer que ciertas cosas eran obsoletas”.
Una chispa eléctrica cayó sobre el polvo y la explosión fue pequeña, controlada, pero suficiente para tensar la lona.
Los ojos de Garrick se abrieron; Vex sonrió; Elara no parpadeó.
“Recreé una fórmula olvidada. Hace siglos la llamaban pólvora”.
El silencio fue absoluto.
“No depende de chips ni de energía centralizada. Bien utilizada puede equilibrar la balanza. Producción limitada, pero escalable y letal”.
Garrick dejó escapar una risa baja. “Ahora sí hablamos de guerra”.
Elara miró a Rhaz. “Esto cambia todo”.
Rhaz observó el polvo como si contemplara el inicio de una nueva era. Sus ojos se endurecieron con determinación.
“No. Esto lo comienza”.
Jace y sus amigos escucharon todo desde el árbol, mientras los Dorus discutían logística, rutas y entrenamiento con explosivos.
En las montañas, una grieta luminosa se abrió en la roca negra. El Rey Doru del Fuego exhaló.
Dentro de una cueva en constante explosión, un hombre de aspecto mayor, grande y fornido, se asomó hacia el exterior. Al salir, detrás de él quedó una cueva de piedra destruida. El hombre producía fuego; su uso del Kor apenas comenzaba a estabilizarse.
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