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X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 40

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Capítulo 40: Cazadores

Ante la pelea fallida con la Vortyrax y la separación con Anya, Vandal y Sombra siguieron su camino para llegar a la Montaña Quebrada. Vandal necesitaba más de esa sensación que le había dado pelear con esa serpiente. Por fin había podido despertar algo: un pequeño rastro del Kor.

La Selva Quebrada se volvía más oscura cuanto más se internaban en ella. Los árboles crecían torcidos, como si hubieran sido retorcidos por alguna fuerza invisible, y las raíces gigantes emergían del suelo formando laberintos naturales. El aire era pesado y húmedo, cargado con el olor de la tierra mojada y de criaturas que acechaban en cada rincón.

Vandal caminaba lentamente entre el barro, con los músculos aún tensos después de la pelea en el pantano. Anya ya no estaba. Había desaparecido horas atrás entre los árboles, dejando claro que si él quería crecer debía enfrentarse solo a la selva.

Ahora solo quedaban él y Sombra.

El enorme lobo negro avanzaba unos pasos delante, olfateando el aire con cautela. Sus ojos blancos brillaban en la penumbra verde de la jungla.

Vandal observaba cada movimiento de su compañero.

Sombra se detuvo.

Sus orejas se levantaron.

Un gruñido bajo salió de su garganta.

“¿Qué pasa?”, murmuró Vandal.

El lobo no respondió, pero su cuerpo estaba rígido.

Entonces ocurrió.

Algo silbó en el aire.

Una masa blanca cayó desde lo alto de los árboles.

La telaraña golpeó a Vandal de lleno, envolviendo su torso y sus brazos antes de que pudiera reaccionar. La sustancia pegajosa lo arrastró contra el suelo con violencia.

Otra red descendió inmediatamente después.

Sombra intentó saltar hacia un lado, pero la telaraña lo atrapó por las patas y lo estrelló contra el barro.

La sustancia comenzó a endurecerse.

Vandal intentó moverse.

Sus brazos apenas respondían.

Los músculos se sentían pesados.

Algo en la telaraña estaba entrando en su sangre.

Un veneno.

Sus párpados comenzaron a volverse pesados.

Desde lo alto del árbol descendió lentamente la criatura.

La Arakthra.

Era una monstruosidad salida de las pesadillas de la selva. Su cuerpo era del tamaño de una carreta, con ocho patas largas como lanzas negras que se clavaban en el barro con precisión. En la parte trasera de su abdomen se levantaba un enorme aguijón curvo, grueso como una espada, que brillaba con un líquido venenoso.

Sus múltiples ojos reflejaban la luz verde de la selva.

La criatura observaba a sus presas atrapadas.

Pacientemente.

Sombra gruñó, intentando liberarse, pero cada movimiento solo hacía que la telaraña se tensara más.

La Arakthra avanzó.

Su aguijón descendió lentamente hacia el lobo.

El veneno paralizante comenzaba a hacer efecto en el cuerpo de Vandal.

Su visión se volvía borrosa.

El mundo parecía volverse más lento.

Entonces la selva rugió.

No fue un simple sonido.

Fue un rugido profundo.

Antiguo.

El suelo tembló.

Las hojas vibraron violentamente.

El aire mismo pareció estremecerse.

La Arakthra se detuvo.

Sus patas se tensaron.

Parecía que algo más grande y poderoso se escondía en la selva.

El rugido volvió a escucharse, aún más lejano, pero cargado con una presencia aterradora.

Instinto.

Puro instinto.

La criatura retrocedió.

Giró su enorme cuerpo y desapareció entre los árboles con una velocidad sorprendente.

El silencio regresó lentamente a la selva.

Vandal abrió los ojos con esfuerzo.

Su respiración era pesada.

Su corazón comenzó a latir con fuerza. Sorprendido, miraba hacia la oscuridad del bosque, viendo cómo una sombra gigantesca rugía y desaparecía de un salto.

Sus músculos se tensaron contra la telaraña.

Las fibras comenzaron a estirarse.

Vandal apretó los dientes.

Un rugido salió de su garganta.

La telaraña explotó.

Los hilos se rompieron bajo la presión de sus músculos.

Vandal se levantó con dificultad, aún mareado por el veneno.

Caminó hacia Sombra y rasgó la telaraña que lo envolvía.

El lobo cayó al suelo, respirando con dificultad.

Pero poco a poco sus patas volvieron a responder.

Sombra se levantó lentamente.

Sacudió el barro de su pelaje.

Sus ojos blancos brillaban con furia.

Vandal miró hacia la dirección por la que había huido la criatura.

“Nos intentó comer”, dijo con calma.

Sombra gruñó.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Vandal.

“Vamos a devolverle el favor”.

El rastro era fácil de seguir. Las patas de la Arakthra habían destrozado raíces y aplastado plantas mientras huía.

No tardaron en encontrarla.

La criatura estaba trepando por un árbol gigantesco, intentando desaparecer en la altura del bosque.

Pero Vandal ya corría hacia ella.

Sombra se adelantó.

El lobo saltó como una sombra negra y se lanzó contra una de sus patas traseras.

Sus colmillos se clavaron profundamente en la articulación.

La Arakthra chilló y levantó el aguijón para atravesarlo.

Pero Vandal ya estaba allí.

Saltó desde una raíz elevada y cayó sobre el abdomen de la criatura.

El aguijón descendió hacia él.

Vandal lo atrapó con ambas manos.

El veneno goteaba desde la punta, cayendo a centímetros de su rostro.

Los músculos de sus brazos se tensaron.

Las venas se marcaron bajo su piel.

La criatura intentó empujarlo hacia atrás, pero la fuerza de Vandal era brutal.

Con un movimiento violento desvió el aguijón hacia un lado.

Luego tiró con toda su fuerza.

El aguijón se clavó en el propio abdomen de la Arakthra.

La criatura chilló con furia.

Sombra soltó la pata y saltó hacia su cabeza.

Sus colmillos destrozaron uno de sus ojos.

La Arakthra se sacudió violentamente, intentando quitárselo de encima.

Pero Vandal ya estaba golpeando.

Su puño cayó sobre el caparazón del abdomen.

Una vez.

El sonido fue seco.

Dos veces.

El caparazón comenzó a agrietarse.

Tres veces.

La placa se rompió.

La criatura se retorció con un chillido final.

Luego quedó inmóvil.

El silencio volvió a la selva.

Vandal respiraba con fuerza.

Sombra caminó hacia él y se sentó a su lado.

Durante unos segundos ambos observaron el enorme cuerpo de la Arakthra.

Finalmente, Vandal habló:

“En esta selva… o cazas, o te cazan”.

Sombra gruñó suavemente.

Vandal se inclinó hacia el cadáver.

Cortó una parte de la carne con su cuchillo.

La arrojó frente al lobo.

Sombra comenzó a comer.

Vandal hizo lo mismo.

La carne era dura, pero nutritiva.

Mientras comían, Vandal levantó la mirada hacia la selva profunda.

Aquel rugido todavía resonaba en su mente.

Algo en esta selva había asustado a un depredador como la Arakthra.

Algo mucho más grande.

Mucho más peligroso.

Vandal terminó su comida y se levantó.

Sombra hizo lo mismo.

Ambos miraron hacia el norte.

Hacia el corazón de la Selva Quebrada.

Vandal respiró hondo.

“Sea lo que sea…”

Sus ojos brillaron con determinación.

“Voy hacia allí”.

Y sin mirar atrás, ambos continuaron caminando entre las sombras de la selva.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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