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X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - Capítulo 43: GUERRA
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Capítulo 43: GUERRA

El primer choque fue algo difícil de ver para Vandal. Estas dos tribus que no se sabían que existían, un humano observándolos. Mientras, asombrado los veía, ellos eran hábiles y lograban mostrar mucha inteligencia, un instinto de guerra increíble. Las lanzas cayendo, también empezaron a arrojar piedras. Vandal y Sombra corren esquivando cada ataque enemigo.

Los árboles temblaron cuando las figuras emergieron desde la espesura, avanzando con una fuerza completamente distinta a la de los Kraghar.

Vandal los vio por primera vez.

Eran altos.

Mucho más que los Kraghar.

Casi un metro ochenta, con cuerpos alargados y musculosos, cubiertos por una piel verde oscura que parecía fundirse con la selva. Sus brazos eran desproporcionadamente largos, colgando hasta casi las rodillas, terminando en garras gruesas y afiladas.

Pero lo que más destacaba era su formación. Vandal decidió llamarlos Theryn, porque muchos de ellos, al matar, gritaban “Theryn”, el resto decía lo mismo.

No corrían desordenados.

Avanzaban como una muralla viva.

Cada uno llevaba un escudo hecho de corteza endurecida, grueso, irregular, pero resistente. En la otra mano sostenían hachas de piedra, toscas pero pesadas.

Algunos, en la retaguardia, cargaban tubos de hueso.

Dardos.

Veneno.

“Organización… disciplina”, pensó Vandal.

El primer impacto contra los Kraghar fue devastador. Todos también cayendo de los árboles, atacando a los que veían en el suelo, y otros arrojando rocas hacia los que estaban en los árboles.

Los Theryn empujaron con sus escudos, avanzando en bloque, arrasando con todo a su paso. Un Kraghar saltó desde un árbol intentando caer sobre uno de ellos, pero fue interceptado en el aire.

El escudo lo golpeó con fuerza.

El pequeño cuerpo salió despedido.

Y antes de tocar el suelo…

El hacha cayó.

Vandal no apartó la mirada. Decide correr hacia el hacha, la toma y la cuelga detrás de su espalda.

“Rematan sin dudar… no dejan segundas oportunidades”, pensó al ver el ataque dirigido.

Los Kraghar respondieron.

Como una tormenta.

Desde las ramas, desde las raíces, desde todos los ángulos posibles.

Saltaban.

Rodeaban y, aunque los mataban, ellos seguían apareciendo de la nada.

Uno de ellos cayó sobre la espalda de un Theryn, clavando su cuchilla en el cuello expuesto.

Otro lanzó una red que atrapó las piernas de un enemigo, haciéndolo caer.

Y en ese instante, tres Kraghar más se abalanzaron sobre él.

Rápidos.

Lo despedazaron antes de que pudiera levantarse.

Vandal entrecerró los ojos.

“Velocidad contra fuerza.”

La batalla se convirtió en caos.

Los Theryn avanzaban, empujando, formando líneas.

Los Kraghar rompían esas líneas, atacando desde todos los ángulos.

Los dardos comenzaron a volar.

Uno de ellos impactó a un Kraghar en el hombro.

El efecto fue inmediato.

El pequeño guerrero convulsionó y cayó al suelo, su cuerpo paralizado.

Los Theryn no se detuvieron.

Pasaron sobre él.

Aplastándolo.

Sombra gruñó.

Bajo.

Amenazante.

Sus ojos blancos seguían cada movimiento.

Vandal permanecía inmóvil.

Observando.

Analizando.

“Ambos… son guerreros.”

No había instinto animal en esa lucha.

Había estrategia.

Había intención.

Había guerra.

Un Kraghar cayó cerca de la posición de Vandal.

Su cuerpo rodó hasta quedar a pocos metros.

Aún respiraba.

Sus ojos amarillos se movieron.

Y se encontraron con Vandal.

Ambos quedaron en silencio, se miraron a los ojos, congelados.

Por un segundo… todo se detuvo.

El Kraghar lo miró como si estuviera viendo algo imposible.

Algo que no pertenecía a ese mundo.

Vandal lo supo al instante.

“No han visto humanos…”. Era entendible, Vandal hizo la misma cara al verlos por primera vez.

El Kraghar abrió la boca.

Emitió un sonido agudo.

Una señal.

Y entonces todo cambió.

Las miradas comenzaron a girar.

Uno a uno.

Kraghar.

Theryn.

Todos.

Se detuvieron.

Los movimientos cesaron.

Las armas quedaron suspendidas en el aire.

Y sus ojos…

Se clavaron en Vandal.

Un extraño.

Un ser desconocido.

Algo que no era presa.

Algo que no era depredador.

Algo diferente.

Sombra dio un paso al frente, mostrando los colmillos.

El gruñido creció.

Los Kraghar reaccionaron primero.

Un grupo de ellos descendió rápidamente de los árboles, rodeando la zona.

Los Theryn no tardaron.

Sus filas se reorganizaron.

Esta vez…

No se atacaban entre ellos.

Avanzaban.

Hacia Vandal.

“Interesante…”, pensó él.

Sus músculos se tensaron.

Su respiración se volvió más lenta.

La adrenalina comenzaba a fluir, pero de una forma en la que él podía controlar; aún no era nada parecido al Kor.

El primer Kraghar saltó.

Rápido.

Directo al cuello.

Vandal lo vio venir.

Y lo interceptó en el aire.

Su mano se cerró alrededor del cuerpo del pequeño guerrero.

Lo lanzó contra el suelo con fuerza.

Un solo golpe.

El cuerpo quedó inmóvil.

Pero no hubo tiempo.

Dos más aparecieron por los lados.

Sombra se movió.

Se abalanzó sobre uno de ellos, derribándolo y hundiendo los colmillos en su hombro.

El otro alcanzó a lanzar una red.

Vandal la esquivó por poco.

Pero entonces…

Los Theryn llegaron.

Tres de ellos avanzaron en formación.

Escudos al frente.

Hachas listas.

Golpearon el suelo con fuerza.

Un avance coordinado.

Vandal retrocedió un paso.

Un dardo pasó rozando su rostro. Al ver su color, se dio cuenta de que se parecía al líquido de la bestia que él se encontró al llegar al Rukhar.

“Veneno”.

Más Kraghar se unían.

Más Theryn rodeaban.

Ya no era una guerra entre ellos.

Era una cacería.

Y él…

Era la presa.

Sombra gruñó con más fuerza.

Su pelaje erizado.

Sus ojos blancos brillando.

Un Theryn lo vio.

Se detuvo.

Lo señaló.

Emitió un sonido grave.

Los Kraghar también reaccionaron.

Sus expresiones cambiaron.

Hostilidad pura.

Vandal lo notó.

“¿Qué…?”

Un Kraghar avanzó.

Pero no hacia Vandal.

Hacia Sombra.

Otro lo siguió.

Luego otro.

Los Theryn también giraron.

Sus armas ahora apuntaban al lobo.

Sombra mostró los dientes.

Listo para matar.

Vandal sintió la tensión cambiar.

Algo más profundo que la simple caza.

“Lo odian…”

La comprensión llegó de golpe.

No era solo él.

Era Sombra.

Los lobos.

Estas criaturas…

Los detestaban.

Un odio antiguo.

Instintivo.

Compartido.

Los líderes aparecieron.

Desde ambos lados.

El líder Kraghar descendió desde las alturas.

El líder Theryn avanzó desde la formación.

Ambos se observaron.

Por un instante…

El campo de batalla volvió a quedar en silencio.

Luego…

Miraron a Sombra.

Y a Vandal.

Una decisión.

Sin palabras.

Pero clara.

Un gesto.

Y las dos especies…

Se movieron al mismo tiempo.

Unidas.

La guerra había cambiado.

Ya no luchaban entre ellos.

Ahora…

Cazaban juntos.

Sombra rugió.

Vandal apretó los puños.

Y por primera vez desde que entró en la Selva Quebrada…

Sintió algo diferente.

No era miedo.

Era desafío puro.

“Perfecto…”, murmuró.

Y dio un paso al frente.

“Hoy será el día en el que mataré o moriré”. Voltea y mira a Sombra, poniéndose enfrente de él, cierra sus puños y empuña el hacha que había colgado detrás de su espalda.

“Todos contra mí”, gritó con fuerza.

El ejército iracundo decidió ir contra él, ahora Vandal va a usar todas sus habilidades en esta batalla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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